Como se expresó en los párrafos iniciales de este Capítulo, en el arranque del siglo XXI no es evidente que la sensación de frustración y desconocimiento respecto a la CyT haya cambiado mucho. Aunque los avances científicos se incrementaron –a beneficio de una minoría de la especie humana–, la generación de monstruos aumentó sin control, con el agravante que Frankenstein está ahora disfrazado de Caperucita Roja. Hoy es muy difícil para el científico reclinado sobre su bench o sumergido en su notebook valorar realísticamente en donde está parado, por no hablar de la dificultad que enfrenta la mayor parte de la sociedad para conocer la misma realidad. En términos generales, se acepta que la ciencia pueda explicar los fenómenos naturales, pero se acepta menos que la ciencia comprenda el alcance de ese dominio o su extensión y uso. Además, en oposición a la sociedad llana que no parece asumir la ciencia como una actividad neutra o inocua sino sumergida en la ideología-política de la época, muchos científicos descreen de esa posición y mantienen su aislamiento (64, 761).
Por un lado, se sigue sosteniendo con obstinación que la ciencia es una actividad creativa que la sociedad no debe controlar y que los propios científicos deben autorregular, ya que la ciencia se concibe como algo neutro que no necesita ni tolera intromisiones externas. Por otro lado, se reconoce a la ciencia como actividad social, que debe someterse al control ciudadano para fijar sus límites éticos, estimular líneas de investigación financiadas con recursos públicos y evaluar los impactos socio-económico-ambientales de sus actividades. Sin embargo, la percepción de la ciencia como inseparable de la sociedad debe acompañarse de un mayor involucramiento social de los científicos, con una mayor conciencia de los propios límites, del respeto por la naturaleza, de la necesidad de controlar el desarrollo nuclear, de la consideración ética en la manipulación genética; en suma, reconocer en la ciencia un instrumento para mejorar la vida del ser humano y del planeta, pero bajo estricto control ético, jurídico y social.
Aparte de consideraciones ideológicas y examinando sólo la relación entre los recursos limitados y los infinitos temas investigables, resulta suicida (además de necio) no reconocer la necesidad de planificar y decidir qué líneas de investigación tendrían prioridad en la escala de un grupo humano, de la región y del planeta. Si esta idea general puede parecer irreal, al menos se debería reconocer que tal como se desarrolla actualmente, la CyT es absolutamente insostenible y no hay indicios de que se puedan esperar cambios espontáneos favorables, o algún tipo de “derrame académico” de la CyT hacia la sociedad.
Desde los años 1980s-1990s, se consolidó fácticamente el concepto de que el poder transformador de la ciencia ya no se dirige ingenuamente a la salvación de la humanidad, sino al cínico planteo fatalista de que sólo salvará a los individuos con capacidad económica para
acceder a sus beneficios. La Ciencia, los Científicos y sus Instituciones comenzaron a
interpretar con frecuencia su “compromiso social” dedicándose a satisfacer las demandas de quienes podían pagarlas, reduciendo en paralelo los esfuerzos para prevenir o tratar enfermedades evitables asociadas a países pobres (32, 64, 616, 808).
Así, las ciencias biomédicas no se orientan mayoritariamente hacia las epidemias del Hemisferio Sur, sino a prolongar la vida de los grupos opulentos del Hemisferio Norte. Hacia ese propósito están dirigidas la mayor parte de las nuevas tecnologías (365). Como ya fue bosquejado, las técnicas de reproducción asistida ya no son un medio para superar la infertilidad de la pareja, sino un modo alternativo de reproducción humana. Los psicofármacos se utilizan menos para combatir enfermedades psiquiátricas que para proporcionar las características anímicas deseadas. La cirugía reparadora más que resolver problemas congénitos o accidentales, se desarrolla y aplica principalmente hacia la pura estética. La dermatología actúa menos para controlar patologías de la piel que para lograr una piel con apariencia de eterna juventud. La medicina deportiva, más que asistir a personas sometidas a una actividad física, procura incrementar el rendimiento físico más allá de lo que se podría alcanzar con el solo entrenamiento y esfuerzo personal. La psiquiatría, en vez de tratar al abuelo con Alzheimer o al joven con Parkinson, se enfoca en la medicación para lograr el “mundo feliz” de la nueva sociedad. El costo de esta CyT aplicada a la salud es altísimo, y ni hablar del costo social, en donde los controles éticos tienden a ser vistos como una dificultad a esquivar y expresan situaciones que no son muy diferentes en otras áreas del conocimiento (69).
El “affaire” de microcefalia + Zika + pesticidas + vacunas + transgénicos
Como en otros temas de este ensayo, lo que sigue es una muestra (de tantas posibles!!!), que se aporta como argumento de discusión general sobre la CyT en el contexto del neoliberalismo.
En una de las revistas médicas más prestigiosas del planeta, científicos brasileros, basados en informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Panamericana de
la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud de Brasil, apoyaron la relación causal entre la infección
prenatal con el virus Zika y la frecuencia de microcefalia en el nordeste de Brasil (371, 766). Vale
la pena un análisis con visión amplia: Brasil y la región
Antes de 2015, los casos de microcefalia denunciados en Brasil, no llegaban a
200 por año y sólo en el segundo semestre de 2015 se denunciaron 4.783 neonatos sospechosos de esta anomalía congénita. Los casos denunciados en Pernambuco pasaron de 29 en octubre de 2015, a 1306 en enero de 2016. De los sospechosos, 1103 fueron clínicamente estudiados, 404 (36,6%) fueron confirmados, 387 tenían anomalías cerebrales, mientras que el virus Zika solo se demostró en 17 niños.
Los autores del artículo concluyeron que el número de microcéfalos era
sobreestimado, aceptaron el aumento de su tasa anual, se apresuraron a asociarla al virus Zika y declararon estar frente a una “epidemia de microcefalia”. En su opinión, las anomalías cerebrales encontradas serían “compatibles con infección congénita” (calcificación, lisencefalia y ventriculomegalia).
Hasta acá, nada insólito para el lector desprevenido, incluso la recomendación
laboratorio. Sin embargo, estas conclusiones obligan a una primera advertencia, ya que esas malformaciones son compatibles con casi cualquier agente nocivo (por ejemplo, un pesticida) que actúe sobre un cerebro embrionario. Por otra parte, en ninguna parte del artículo se aludió a otras posibles causas alternativas de microcefalia que no fuera el virus Zika. Esta visión sesgada podría ser esperable desde que algunos de sus autores son biólogos moleculares, pero otros se especializan en Epidemiología y Medicina Preventiva, y esto sí es más grave. Sucesos similares en la región y un tratamiento del fenómeno desde ángulos menos ortodoxos, impulsaron a mirar por otras ventanas sospechosamente cerradas de la gran prensa nacional y mundial.
Sanidad ambiental y otros asuntos
Una de esas ventanas es la Asociación Brasilera de Salud Colectiva (ASBRA)
(43), quien informó que en el norte de Brasil, región pobre con malas condiciones inmunológicas
y urbanización precaria, donde se alertó sobre microcefalias en octubre de 2015, se aplican
productos químicos muy tóxicos contra Aedes aegypti desde hace más de 40 años, sin resultados
favorables. En la extrema degradación sanitaria de dicha región, destaca el inadecuado saneamiento ambiental, la precaria recolección de residuos y la falta de acceso al agua potable. Es así razonable concluir que el pesticida rociado terminó en los recipientes abiertos (forma inadecuada pero mayoritaria en la región), durante más de 40 años!!! A la fecha, también se pulverizan pesticidas dentro de camiones-tanque de distribución de agua!!!
Brasil consume más pesticidas que cualquier país del mundo. Entre 2000 y 2012
subió el 162% al ser compradas más de 800 mil toneladas de los más potentes sólo en 2012. Se debe considerar asimismo, que muchos pesticidas usados en la región están excluidos en más de 22 países, y que las empresas multinacionales importan, producen y venden en Brasil
pesticidas prohibidos en sus países de origen, aplicando desde 2014 el método Ultra Low
Volume, un sistema de rociado eficiente desarrollado por las Fuerzas Armadas de EE.UU. (812).
La historia de la aplicación de modernos pesticidas en Brasil se remonta a 1968,
con el organofosforado Temephos en el agua potable del nordeste brasilero, luego reemplazado
por Diflubenzuron y Novaluron, de conocidos efectos tóxicos sobre el ser humano. Desde 2014
se aplica Malathion, un potencial cancerígeno humano (536) y productor de malformaciones
(teratogénico) (90, 185). En la actualidad se pulveriza en el agua potable el pesticida Pyriproxyfen,
fabricado por Sumitomo Chemical, una “subsidiaria estratégica” japonesa de Monsanto. Estos agentes producen desregulación hormonal y malformaciones en los insectos (¿solamente en insectos?) que impiden su desarrollo hasta el organismo adulto.
Sin embargo, como ocurre con el Glifosato que produce anomalías en embriones
de especies “inferiores” (655) (véase la siguiente sección), algunos opinadores con poder de
decisión sostienen que los datos experimentales (provenientes de empresas productoras del agrotóxico) no han demostrado que el daño pueda ocurrir sobre embriones del “superior” ser humano. Si las declaraciones de estos “expertos” no fueran tan dramáticas, patéticas e
irresponsables, además de falsas (como lo indican estudios epidemiológicos) (597), serían fruto
directo de la ignorancia, toda vez que hoy se sabe que en muchos sistemas biológicos, los mecanismos fundamentales de regulación genética y epigenética son similares desde los
insectos hasta el hombre (y la mujer) (292).
A la panoplia agrotóxica usada contra los insectos vectores se agrega la
se utilizan sin un control estricto y desestimando su potencial peligro para ecosistemas frágiles como el norte de Brasil y otras áreas del planeta. Como ejemplo reciente, la empresa OXITEC, instalada en 2013 en Campinas (Brasil), desarrolló un mosquito transgénico, lo patentó y comercializó en 2014, y ya fue liberado en el norte de Brasil, lo cual motivó una gran disputa
entre grupos de científicos y ecólogos (233). Hoy se sabe que ni los Aedes, ni el Dengue
disminuyeron en Brasil desde la liberación de los mosquitos transgénicos. Tampoco se hicieron estudios a largo plazo y se desconoce la potencial influencia perjudicial de estos mosquitos
sobre otros insectos del área. Por ejemplo, la eliminación del Aedes aegypti podría inducir su
reemplazo por el Aedes albopictus (“mosquito tigre”), una de las especies invasoras más
dañinas del mundo, de rápida reproducción y mucho más agresivo, aunque esto sería parte de otro debate. Las poblaciones humanas que habitan la región nunca fueron consultadas antes de proceder con el “tratamiento”.
Otros actores en este escenario son las vacunas. Sólo como un ejemplo, vale
considerar la vacuna DPT (TdaP = tos ferina-difteria-tétanos). Según la Administración de
Alimentos y Medicamentos de EE.UU. (FDA) (854), esta vacuna es un agente biológico cuya
seguridad en mujeres embarazadas no fue demostrada. No obstante, fue indicada su administración a todas las mujeres brasileras embarazadas a partir de 2014. Esta vacuna, como muchas otras, debería ser considerada potencialmente riesgosa como causa de malformaciones fetales. Pero al anunciar la relación causal entre Zika y microcefalia (sin pruebas científicas que lo fundamenten), ya se anticipó la obtención del genoma viral y la cercana generación de la vacuna.
¿A quién le conviene?
Así como en Brasil (y en todo el planeta) muchas epidemias se asocian a sus
insectos vectores, seguido por la muy lucrativa estrategia: Pesticidas > Resistencia > Más
Pesticidas, las mismas epidemias suelen atribuirse a un virus, no siempre demostrado, pero rápidamente propuesto para desarrollar la panacea vacunatoria. Sin embargo, en la agenda de políticas sanitarias casi nunca figura el más laborioso y poco lucrativo combate a las malas condiciones socio-ambientales, que es desplazado a un inexpresivo puesto subalterno. La misma estrategia se podrá encontrar en la asociación de Africa o India con la pobreza, la falta de agua potable, el Ebola, los agroquímicos y las vacunas.
Claramente, no se niega acá la posibilidad de una relación causal entre el virus
Zika y las anomalías encontradas en la región. Pero, cuando la respuesta en salubridad sólo se basa en combatir al insecto vector con enormes cantidades de tóxicos en acciones aplicadas sin éxito durante más de 40 años, o recurriendo a la moderna biotecnología con intervenciones
dudosas y no controladas, y sin discutir ninguna otra alternativa etiológica, es legítimo
sospechar que la tendencia de muchos responsables de la salud no está puesta en el interés público ni en la población afectada.
Usualmente, tales responsables y sus agencias socias (cómplices) están
vinculados a las mismas poderosas empresas multinacionales que proveen de productos químicos y transgénicos a la agroindustria. Este modelo comenzó a ser desarrollado en el Hemisferio Norte luego de la Segunda Guerra Mundial y fue introducido en el subcontinente a partir de las décadas de 1950-1960. Tampoco es ocioso recordar que muchas de tales empresas son (o derivan de) las productoras de agentes químicos de destrucción masiva usados en las dos
Guerras Mundiales, de Corea, de Vietnam, Afganistán, Medio Oriente y republiquetas
Muy “tirado de los pelos”
En otro reciente Informe Especial del Centro de Control y Prevención de
Enfermedades y otras agencias –SAR, DJJ, MAH, LRP– de EE.UU. (712), se aceptó la pretendida
relación causal entre el virus Zika y la microcefalia y se enfatizó en la necesidad de la lucha contra el mosquito vector, aconsejando a las mujeres de países vulnerables postergar sus embarazos y a las mujeres embarazadas del Hemisferio Norte no viajar a países con presencia del virus.
Además de no presentar fundamentos ni referencias científicas concretas y serias
sobre dicha relación causal, se desplegaron contradictorias opiniones tales como “el argumento
del virus Zika como causa de microcefalia necesita mayor elaboración”; en consecuencia, “…es necesaria una revisión de dicha asociación”, ya que para poder afirmarla “no existe una evidencia definitiva que confirme al virus Zika como responsable de tal anomalía congénita”. Y para aportar evidencia de la relación entre Zika y microcefalia, los autores del informe
aplicaron los criterios de Sheppard, con los que aprobaron sólo cuatro de sus siete criterios
epidemiológicos y uno de ellos con un limitado número de casos”. Además, se rechazó la
prueba experimental en animales de laboratorio por juzgarla no esencial, y se desestimaron los “postulados de Koch” –de aplicación universal para todas las enfermedades infecciosas (congénitas o no)–. Ambos métodos habían sido aconsejados por la Organización Mundial de
la Salud (OMS) para los protocolos de investigación sobre la asociación Zika-microcefalia (410,
712).
En dicho Informe hay otros aspectos tanto o más graves que los mencionados, si
se leen en “clave empresarial”: (1) Los autores afirman que “si se cambia la hipótesis del virus
Zika asociado a ciertos resultados adversos, por la declaración del virus Zika como la causa de esos resultados, se facilitaría informar sobre consejos sanitarios, implementar el control del vector, identificar métodos diagnósticos y desarrollar vacunas”. (2) También sostienen la “ausencia de explicaciones alternativas sobre las posibles causas que puedan aclarar el aumento de casos de microcefalia”.
Salud, política y negocios
Otra importante publicación científica, exhibe los esfuerzos de científicos y
políticos norteamericanos por lograr apoyo financiero para responder al Zika (455). Luego de una
presentación apocalíptica sobre la “inequívoca causa directa de microcefalia y otras anomalías
congénitas en madres infectadas con virus Zika”, citan el caso de UNA mujer (norte)Americana que habría adquirido el virus en Sudamérica. En ese UNICO caso, también verifican el “extraordinario y virulento neurotropismo del virus”. En paralelo, se reconoce que “muchas personas que contraen el virus no presentan síntomas y sólo en raros casos trastornos neurológicos” (lo que es sabido desde hace 50 años). También declaran que “los efectos del virus Zika están lejos de ser conocidos”.
El resto del artículo se refiere a la demanda de fondos para impedir el ingreso
del Zika a los EE.UU. Los dos mil millones de dólares que había solicitado el Presidente Barack
Obama para las agencias científicas en guerra contra el Zika, se estaban demorando en las
discusiones entre demócratas, republicanos y la Casa Blanca, en plena campaña electoral de fines del 2016. Mientras tanto, esas agencias desviaron fondos de la lucha contra el Ebola, la malaria y la tuberculosis, para destinarlos al desarrollo de herramientas diagnósticas y vacunas anti-Zika. Como se sabe, la malaria y la tuberculosis son aún enfermedades prevalentes en la
población mundial. Pero en los últimos decenios, ha sido más lucrativo financiar para diagnóstico y vacunas que para el tratamiento de enfermedades. El vocero de las agencias
también declaró que “no se sabe si van a poder levantar la hipoteca sobre las áreas de salud
desprotegidas [para Ebola, malaria y tuberculosis]” (455).
Mientras se resolvía esta pelea financiera –presentada con toques de horror y aún
sin fondos asignados–, los científicos y políticos comenzaban a hacer sólidos contactos empresariales para acelerar la producción de vacunas. Con un supuesto primer lote experimental, se iniciaría la Fase 1 del ensayo clínico en setiembre de 2016 y la Fase 2 a comienzos del siguiente año. Para ello, ya se habían iniciado conversaciones con Puerto Rico, Brasil y otros países Sudamericanos, reconociendo que no pueden prever la eficacia de la eventual vacuna.
Siempre por declaraciones del vocero de agencias científicas, también se empezó
a negociar con empresas farmacéuticas, para la venta de ocasionales vacunas o medicamentos,
aunque el relator expresó algunas dificultades ya que esas empresas “solo quieren invertir en
productos comercializados a nivel global, y pretenden garantías de fondos del gobierno federal, además de que éste comparta el riesgo financiero”. A medida que la investigación biomédica se aceleraba y la discusión político-financiera llegaba al rojo, se seguía insistiendo
en que “la solución contra el virus Zika depende de la lucha contra el mosquito vector”;
explicando que esta se empezó a realizar “en varios frentes, en Puerto Rico con larvicidas en
los lugares de cría y contra el mosquito adulto mediante insecticidas pulverizados en las viviendas de mujeres embarazadas” (SIC) (455, 766).
Epílogo (forzosamente) transitorio
1) En resumen, se denunció un aumento explosivo de la tasa de microcefalia en
regiones pobres con enormes deficiencias sanitarias del nordeste brasilero.
2) Se propuso la asociación causal de la “epidemia de microcefalia” con el virus
Zika (sin otra propuesta alternativa), requiriéndose confirmación por radiología y costosos exámenes de laboratorio.
3) De los 4783 neonatos sospechosos, se demostró el virus Zika sólo en 17 recién
nacidos.
4) Desde el establishment no se mencionaron otras potenciales causas de las
anomalías.
5) Desde hace 40 años, se bombardea la región con productos tóxicos, sin éxito.
6) Las microcefalias aparecieron en Brasil en áreas donde el rociado con
Pyriproxyfen en agua potable aumentó en los últimos 18 meses.
7) Se sabe que otros pesticidas utilizados en Brasil y la región (Atrazina,
Metolacloro) producen microcefalia.
8) Laboratorios multinacionales radicados en Brasil desarrollaron y vendieron
mosquitos transgénicos anti-Aedes aegypti de dudosos o poco conocidos resultados.
9) Se trabaja febrilmente sobre vacunas antiZika para combatir una enfermedad
que tradicionalmente fue benigna y, aunque infectó hasta el 75% de la población regional, nunca causó microcefalia ni problemas sanitarios serios desde la década de 1940.
10) En coincidencia con los Juegos Olímpicos de Brasil, 200.000 soldados
fueron preparados para detener la nueva plaga del Zika.
11) Se pidió a las mujeres de El Salvador y otros países que no se embaracen
hecho pensar en un conveniente sistema de despoblación, o en un innovador control de