Si se toma en consideración las raíces de la actual CyT, así como algunas facetas de su ecología social supuestamente ajenas a ella, viene al caso examinar la importante reflexión de un prestigioso economista: “Las debilidades del sistema de producción y aplicación de conocimientos [CyT] sólo pueden ser superadas en el marco de una planificación explícita”
(312). Los países desarrollados, llamados del primer mundo, suelen ser en apariencia hostiles a
cualquier planificación más o menos centralizada y reniegan discursivamente de este concepto. Sin embargo, los gobiernos de esos mismos países aplican este principio puertas adentro de su sistema y lo extienden, montado en sus intereses y con graves consecuencias, hacia los países subordinados a sus centros de poder. En ese contexto, otra idea complementaria, que se fortalece en crecientes sectores de los países periféricos, subraya que la planificación en CyT debe derivar de los intereses de la sociedad que los alberga (629), ya que “el objetivo de las
políticas de CyT sólo se valida socialmente por su contribución efectiva al desarrollo económico y social” (312).
Con una intencionada valoración de estas ideas, se puede afirmar que las políticas económicas de los países y el desarrollo de la CyT podrán no ser unívocas, podrán discutirse y ser la base de importantes decisiones. Pero nunca deberían considerarse con exclusión del contexto social y, sobre todo, ignorando las causas reales que provocan las enormes discrepancias y las asimetrías en la distribución del patrimonio nacional e influyen en el fenómeno de la inclusión social (9, 629). Y la CyT no debe ser ajena a estas reflexiones.
Los profundos cambios socio-económico-culturales que anticiparon y provocaron la gran crisis de los años 1930s, iniciada en los E.E.UU. y transferidas hacia todas las naciones y regiones del mundo, hicieron tambalear el patrón oro y también la declinante flema británica, que cedió el paso inexorable y paulatinamente a la agresiva hegemonía de la gran nación del Norte de América. La conocida sucesión de conflictos y sus consecuencias fue relatada por escritores contemporáneos, a la vez testigos y víctimas de esa época (316, 317, 416) (Recuadro 1-
11). Asimismo, el conocimiento de aquella debacle, permite un ángulo de reflexión que ilumina los prolegómenos de lo que luego se vivió y aún se padece a escala planetaria hasta la actualidad: esto es, el condicionamiento absoluto a los poderes económicos y a los objetivos imperiales que manipulan personas, sociedades y organizaciones, incluidas las protectoras Torres de Marfil donde aún anida parte de la Ciencia, los Científicos y sus Instituciones.
Desde la remota antigüedad, sobre los hombros de ilustres pioneros desde Tales de Mileto (624-545 AC) en adelante (589), la hoy denominada CyT irrumpió en occidente luego de la
Primera Gran Guerra y amplió su dominio a partir de la Segunda Post-Guerra Mundial, cuando se proyectaron las bases (Guerra Fría mediante) del actual prorrateo hegemónico del poder fáctico mundial. En la Argentina y toda la región, cuando la CyT se somete a un análisis histórico-dialéctico, es inevitable una recurrente percepción lampedusiana de cambiar algo para que nada cambie (226). Sin embargo, luego de la primigenia etapa colonial, de la museística, del
relevamiento naturalista y de los precursores “sabios alemanes sarmientinos”, se puede admitir que la CyT moderna se inició entre los años 1930s y 1940s (203, 430). Y lo hizo bajo la bandera
de la industrialización, en un país donde los designios económicos del conservadurismo agrícola-ganadero, solo habían necesitado de la lujuria bovina en una fértil y rebosante pampa. No fueron ajenos a este alumbramiento científico la llegada al país de eminentes sabios, fugados de la intolerante España Franquista, como los matemáticos españoles Luis Santaló
(1911-2001) y Julio Rey Pastor (1888-1962), o de la Italia Mussoliniana, como Beppo Levi (1875-1961) y Alejandro Terracini (1889-1968).
Recuadro 1-11.
La primera “burbuja” y algo más…(316, 317, 416)
Setenta millones de personas combatieron en la Primera Gran Guerra (1914-1919), de las cuales murieron casi 10 millones. A poco de concluir la guerra y a 33 años de las trágicas jornadas de Chicago del 1° de Mayo de 1886, se inició una nueva huelga obrera, también en los EE.UU. y por idénticos motivos: pedido de jornadas laborales de 8 horas, y la represión, como en décadas anteriores, fue nuevamente cruenta.
Aunque la explotación de los asalariados y peones rurales era moneda corriente en EE.UU., la gran masa de jóvenes que habían conocido la guerra solo por el periodismo, constituían legiones. Pertenecían al país más poderoso de la tierra, habían sido forzados a madurar antes de tiempo y estaban insertados entre la antigua y cerrada sociedad patriarcal, elitista, aristocrática y clerical, y una nueva generación donde se comenzada a idealizar el American dream. Ese “sueño americano” que refundaba los EE.UU. como tierra de abundancia, oportunidades y destino, pensando en el Éxito como objetivo total, con normas que marcarían consecuencias profundas en el comportamiento nacional, luego exportadas con vigor hacia los países dependientes: “Éxito absoluto” (superar la posición inicial), “Éxito competitivo” (triunfar sobre alguien) y “Éxito relativo” (ser mejor que…).
Además, al haber perdido padres, esposos o novios durante la guerra, muchas mujeres ingresaron al mundo del trabajo, una verdadera afrenta para la elite de una sociedad pacata y conservadora. La confrontación entre la temprana emancipación de los jóvenes con mayor libertad sexual y el espíritu puritano de sus mayores, dio origen a una doble moral que tuvo una de sus manifestaciones visibles –entre otras formas de corrupción social– en la famosa Ley Seca. Fue la época de la supremacía blanca, de un renovado Ku Klux Klan, de la “ley del revolver”, del Jazz, de Los Intocables, de Al Capone y de Lucky Luciano. Epoca de una gran asociación “político-mafioso- policial”. Había mucho dinero en circulación pero nadie sabía con certeza su origen: de la guerra, del alcohol clandestino, de la prostitución, de las drogas, de las finanzas…, o de todo ello.
Mientras esto ocurría, se incubaban sottovoce muchas nuevas estrategias de poderío hegemónico y, a fines de 1929 Wall Street hizo crack!!! Los problemas que experimentaba la sociedad norteamericana poco tenían que ver con este estallido que se derrumbó sobre el mundo como un castillo de naipes. La inauguración de un nuevo orden mundial en la Primera Post-Guerra Mundial, con el surgimiento de los EE.UU. como principal potencia, condujo a una nueva e inédita distribución global de las economías, donde hizo entrada la especulación financiera junto con las incipientes megaempresas transnacionales que se comenzaban a instalar en los poderes de decisión política. El estallido de esta primera “burbuja” inauguró una nueva etapa, ahora de una estrecha connivencia “político-financiera”, que nunca más se iría.
La ideología y la política nunca fueron ajenas a la Ciencia
Como contracara de los sucesos mundiales de la primera mitad del siglo XX, se desarrolló un despertar Latinoamericano –atizando las casi extintas conciencias sociales–, motorizado en gran medida por núcleos humanos derivados de los inmigrantes anarquistas y sindicalistas de las anteriores décadas.
Luego de cinco siglos de expoliación colonial y neocolonial, la riqueza y disponibilidad de los recursos naturales de Latinoamérica continuaban siendo necesarios y más que apetecibles para la hegemonía global, con el único resguardo de una comunidad frágil y con profundas desigualdades sociales. Como consecuencia del triste privilegio de compartir esas características, varias naciones de la región comenzaron a movilizarse para superar las relaciones dependientes de los núcleos del poder internacional, a fin de transformar las estructuras que dificultaban la movilización de los recursos hacia un equilibrio social más justo. En diferentes países de la región se iniciaron experiencias en donde se asignaba al Estado un protagonismo más activo en la promoción, planificación y coordinación de la economía, tendientes a mejorar la distribución del ingreso y la calidad de vida de toda la población. Al mismo tiempo, se comenzó a organizar el micromundo de la Ciencia, los Científicos y sus Instituciones.
Estas renovadas actitudes se apoyaban en gran medida en un inicial desarrollo industrial y en el intento de sustituir importaciones. Y sus propósitos apuntaban –entre otros– al aumento del valor agregado de los recursos naturales y a la promoción de empleos de mayor calificación. En este escenario y en forma paralela, se generaron los primeros pero relevantes progresos hacia la hoy llamada CyT, al establecer los cimientos fundacionales de las industrias metalúrgicas, la explotación petrolera, la incipiente energía atómica, la temprana investigación biomédica y los esbozos institucionales de los organismos de promoción y soporte de la CyT.
El propósito de los países periféricos de instalar decisiones soberanas, que los centros del poder hegemónico no habían logrado controlar eficazmente durante la Segunda Guerra Mundial, les señaló a éstos que el “patio trasero” (*) se estaba desbocando del dictum de la
división internacional del trabajo –luego travestida en globalización–. Por otra parte, la ambición de la periferia apuntaba a dejar de ser países solo exportadores de materia prima y de lograr una cierta independencia económica sobre el principio de una más pareja distribución social de las riquezas, mediante la sustitución de importaciones y de un desarrollo hacia adentro. Estos fueron los motivos que promovieron la reacción del poder hegemónico global que terminó arrasando las intenciones y los logros parciales que se estaban alcanzado. En esa puja entre fuerzas imperiales y domésticas, fueron también determinantes los espurios intereses vernáculos de cada país, conformados por la oligarquía agrícola-ganadera-minera asociada a su milicia armada. El denominador común de esa confrontación fue el mantenimiento a toda costa de un liberalismo que ya comenzaba a superar la etapa capitalista del estado de bienestar para convertirse –como se vería pocos años después– en un hiper-capitalismo sin límites, sin fronteras y sin ética.
En ese marco, en consonancia con otros países de la región, en la Argentina fue el Yrigoyenismo uno de los primeros movimientos nacionales que defendió, orientó y apoyó políticamente a las clases rurales postergadas, aunque sin cuestionar al sistema agrario mismo. También fue quien consintió la contradicción de ser uno de los primeros gobiernos democráticos que aplicó una descarnada y cruenta represión clasista (65), que ni el presidente ni
su partido reconocieron nunca como un salvaje genocidio.
A pesar de las masacres, incitadas y protegidas por los capitales ingleses dueños de gran parte de la Patagonia de esa época, el fastidioso intento de defender algunos derechos de sectores históricamente postergados dejó de ser soportable para las dominantes jerarquías cívico-militares-eclesiásticas, quienes promovieron en 1930 el primer golpe militar formal al gobierno constitucional de Hipólito Yrigoyen, iniciando la tristemente célebre década infame. Casi simultáneamente, obedeciendo a una planificación hegemónica central, estallaron los golpes institucionales contra los gobiernos de Washington Luis (1930) en Brasil, de Augusto B. Leguía y Salcedo (1930) en Perú, de Felipe H. Vásquez Lajara (1930) en República Dominicana, de Isidro Ayora (1931) en Ecuador, de Carlos Ibañez del Campo (1931) en Chile, de Hernando Siles Reyes (1930) y del asesinado Gualberto Villaroel (1946) en Bolivia, entre otros.
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(*)Patio trasero: Expresión de presidentes y secretarios de EE.UU. desde la Doctrina Monroe (1823) (“América
para los Americanos”) referida a “sus” países Latinoamericanos. Este enunciado fue superado recientemente por el Presidente Donald Trump refiriéndose a migrantes de El Salvador, Haití y Naciones Africanas, provenientes de “shithole countries”, coloquialmente “países de mierda”, o más literalmente “países del agujero de la mierda” (Perdón!!!). https://www.theguardian.com/us-news/2018/jan/11/trump-pans-immigration-proposal-as-bringing- people-from-shithole-countries; https://www.theguardian.com/commentisfree/2018/jan/12/racist-in-chief- shithole-countries-donald-trump-bigotry-historic-racism.