1.4. Sobre la historia de la belleza
1.4.2 Lo bello en Platón
No es reprensible que troyanos y aqueos de hermosas grebas sufran prolijos males por una mujer como esta [Helena], cuyo rostro tanto se parece a las diosas inmortales.
Homero. Ilíada.
Según Umberto Eco127 los griegos, al menos hasta Pericles, no contaban con una
teoría estética y por lo tanto casi siempre asociaban la belleza a valores o cualidades como lo conveniente, lo adecuado, lo grato, lo justo, lo bueno o lo verdadero. “Lo más bello es lo justo”, dice por ejemplo el Oráculo de Delfos. De todas estas nociones griegas, quizás la más notoria e influyente es aquella que asocia lo bello a lo bueno:
¿Y tú crees – replicó Sócrates – que una cosa es ser bueno y otra cosa es ser bello? (…) Si una cosa se adecua bien a un fin, respecto a ese fin es bella y buena; fea y mala en caso contrario.128
En la Grecia clásica, Platón escribe dos diálogos en donde explora directamente la noción de “lo bello”: “Fedro, o de la belleza” e “Hipias Mayor”129. En “Fedro, o de la
belleza”, Platón asocia lo bello a lo divino, al amor y a la locura, que se expresa en términos poéticos a través de ángeles, plumas, almas, dioses, visiones y viajes:
Los bienes más grandes nos vienen por la locura, que sin duda es un don divino. (...) Los antiguos que pusieron nombres a las cosas no
127 ECO, Op. Cit., p. 37.
128 Jenofonte. Dichos memorables de Sócrates. Citado por ECO, Op. Cit., p. 49.
129 A partir del siglo XIX algunos filósofos han planteado dudas acerca de la atribución de Hipias
Mayor a Platón. Ver al respecto la Introducción en la versión española, que sigue el texto de BURNET, Platonis Opera, Vol. III, Oxford, 1903 (reimpresión, 1974).
Recuperado de: http://ar.geocities.com/cayocesarcaligula2004/Platon/hipias_mayor.htm Accesado: 25 de julio de 2014
consideraban la locura (manía) como algo vergonzoso ni como un oprobio, pues de ser así no habrían enlazado ese nombre a la más hermosa de las artes, la que juzga el porvenir, llamándolas makiné, adivinación. Por el contrario, le dieron ese nombre juzgando que la locura es una cosa hermosa siempre que tiene origen divino130.
La visión de Fedro, fabulesca y poética, devela aspectos interesantes sobre el rechazo de la sociedad al artista y podría, en el contexto organizacional que exploraremos más adelante, despertar reflexiones acerca del temor de ciertas organizaciones a las libertades, locuras y rebeldías propias del artista:
Viendo la hermosura de este mundo y acordándose de la verdadera, toma alas y, una vez alado, deseando emprender el vuelo y no pudiendo, dirige sus miradas hacia arriba, como un pájaro, y descuida las cosas de la tierra, se le acusa de estar loco: ésta es, pues, de todas las formas de posesión divina, la mejor y la constituida de mejores elementos, tanto para el que la tiene como para el que se asocia a ella, y, por participar de esta locura, se dice del que ama las cosas bellas que está loco de amor.131
***
La dificultad por definir la belleza queda notablemente expuesta en Hipias Mayor. De hecho se trata de un diálogo aporético, pues el problema planteado queda sin resolverse. En términos literarios el diálogo es muy particular al ofrecer un juego cómico entre un Hipias vanidoso, limitado y por momentos ridículo y un Sócrates brillante en su modestia e ironía. Tal vez para llevar su ironía al límite, Sócrates recurre constantemente a un tercer personaje bastante insolente, que dice que lo metió en apuros haciéndole en una conversación reciente la pregunta por lo bello. Este personaje, que pareciera ser el propio Sócrates, se muestra insatisfecho con
130 PLATÓN. (1992). Fedro, o de la belleza. Madrid: Aguilar, S.A. de Ediciones. p. 72-74. 131 IBID, p. 84.
los diferentes argumentos que se exponen a lo largo del diálogo y uno a uno los refuta hábilmente. Es a través de él que Sócrates plantea la pregunta por lo bello en sí, es decir, por lo que hace que unas cosas sean bellas y otras feas,ante lo cual Hipias ofrece tres respuestas.
La primera de ellas es simplemente que algo bello es una doncella bella132.
Después de juzgar la respuesta como bella y brillante133, Sócrates termina por
refutarla, pues lo mismo podría decirse de una yegua, una lira y una olla. Además, dice Sócrates, la doncella más bella es fea en comparación con las diosas134.
Así, Hipias intenta una nueva respuesta, diciendo que lo bello es el oro, pues lo feo, al adornarse con oro, parece bello135. Entonces Sócrates pregunta si acaso,
por no usar oro, es Fidias un mal artista, haciendo que Hipias admita que es lo adecuado a cada cosa lo que la hace bella, como el mármol a las esculturas136. Y
qué es lo adecuado, replica Sócrates, cuando se hace hervir una olla llena de legumbres: ¿una cuchara de oro o una de madera de higuera? Entonces Hipias debe aceptar que es más bella la cuchara de madera de higuera, pues resulta más
adecuada para su fin.137
Ya algo irritado Hipias lanza un tercer argumento, según el cual lo más bello para todo hombre y en todas partes es “ser rico, tener buena salud, ser honrado por todos los griegos, llegar a la vejez, dar buena sepultura a sus padres fallecidos y ser enterrado bella y magníficamente por los propios hijos”138. Una vez más
132 PLATÓN. (2000). Diálogos: Hipias Mayor. Hipias Menor. Biblioteca Básica Gredos. Madrid:
Gredos, p. 287e. 133 IBID, p. 287e. 134 IBID, p. 288-289. 135 IBID, p. 289d. 136 IBID, p. 290. 137 IBID, p. 290-291. 138 IBID, p. 291d.
Sócrates refuta el argumento, no sin antes decirle que esta vez ha contestado de un modo maravilloso: “¿No era bello para Aquiles - dice Sócrates – ser enterrado después de sus padres?”139
Entonces Sócrates procede a plantear y luego refutar sus propios argumentos. Nótese que las respuestas propuestas por Sócrates guardan cierta correspondencia con las opiniones comúnmente aceptadas en el mundo griego, por lo que se podría pensar que uno de los objetivos del diálogo es precisamente cuestionar la validez de estas opiniones, aunque no se consiga desarrollar un argumento satisfactorio.
Comienza Sócrates proponiendo que lo bello es lo adecuado140, lo que le resulta
razonable a Hipias, que agrega que, si un hombre se pone el manto o el calzado que le convienen, aunque él sea ridículo, da mejor apariencia141. Ante esto
Sócrates encuentra que, si en este caso es lo adecuado lo que hace que este hombre parezca más bello que lo que es, entonces no sería más que un engaño en relación a lo bello.142
El segundo argumento de Sócrates es que lo bello es lo útil143. Después de
conseguir la aprobación de Hipias, pregunta Sócrates si el poder, útil para hacer el bien tanto como para hacer el mal, es entonces bello.144 Así, nuevamente se
encuentran ante un argumento incorrecto, pues no es posible calificar como bella una mala acción. Entonces Sócrates modifica su segundo argumento proponiendo que lo bello es lo provechoso, es decir, lo útil y potente para hacer el bien.145 Sin
139 IBID, p. 292d. 140 IBID, p. 293c. 141 IBID, p. 294a. 142 IBID, p. 294a. 143 IBID, p. 295c-e. 144 IBID, p. 296c. 145 IBID, p. 296d-e.
embargo, una vez más se ven en una encrucijada, pues concluyen que lo bello es la causa del bien, pero no el bien en sí mismo, pues lo que es causa no puede ser causa y efecto al mismo tiempo.146 Este punto resulta muy interesante, pues logra
aclarar de algún modo la relación entre lo bueno y lo bello, dos conceptos muy cercanos en la Grecia Clásica: “¿Nos parece bien y estaríamos dispuestos a decir que lo bello no es bueno ni lo bueno, bello?”, ante lo que Hipias responde: “No, por Zeus, no me parece bien de ningún modo” y luego Sócrates: “Por Zeus, Hipias, a mí es lo que peor me parece de todo lo que hemos dicho”.147
La tercera y última respuesta de Sócrates es que lo bello es lo que nos produce placer por medio del oído y la vista.148 Sin embargo, una vez emitido el argumento,
el propio Sócrates comienza a desmentirlo, preguntándose por las razones para separar los placeres producidos por el oído y la vista de aquellos producidos por otras sensaciones, como las de la comida, la bebida, el amor y todas las demás, y si es el hecho de ser estos placeres producidos por el oído y la vista - y no otra cosa – lo que los hace bellos.149 De modo que este tercer argumento, aunque
atractivo, resulta también incorrecto. Ya en este punto Hipias desespera y dice: Pues, ciertamente, Sócrates, ¿qué crees tú que son todas esas palabras? Son raspaduras y fragmentos de una conversación, como decía hace un rato, partidas en trozos.150
Entonces, en la parte final y más poética del diálogo, contesta Sócrates: De mí, según parece, se ha apoderado un extraño destino y voy errando siempre en continua incertidumbre (…) entonces oigo toda 146 IBID, p. 297a-b. 147 IBID, p. 297c. 148 IBID, p. 298a. 149 IBID, p. 298d. 150 IBID, p. 304a.
clase de insultos de aquí y de este hombre que continuamente me refuta. Es precisamente un familiar y vive en mi casa. En efecto, en cuanto entro en casa y me oye decir esto, me pregunta si no me da vergüenza atreverme a hablar de ocupaciones bellas y ser refutado manifiestamente acerca de lo bello, porque ni siquiera sé qué es realmente lo bello. “En verdad, me dice él, ¿cómo vas tú a saber si un discurso está hecho bellamente o no, u otra cosa cualquiera, si ignoras lo bello? Y cuando te encuentras en esta ignorancia, ¿crees tú que vale más la vida que la muerte?” Me sucede, como digo, recibir a la vez vuestros insultos y reproches y los de él. Pero quizá es necesario soportar todo esto: no hay nada extraño en que esto pueda serme provechoso. Ciertamente, Hipias, me parece que me ha sido beneficiosa la conversación con uno y otro de vosotros. Creo que entiendo el sentido del proverbio que dice: “Lo bello es difícil”.151