El pintor ruso Vasili Kandinsky, en su libro “Lo espiritual en el arte”, se refiere a la vida espiritual, a la que pertenece el arte y de la cual “el arte es uno de sus más poderosos agentes”, como el movimiento del conocimiento, que se puede representar esquemáticamente como un triángulo que se mueve lentamente hacia adelante y hacia arriba.
La vida espiritual:
La vida espiritual, a la que también pertenece el arte y de la que el arte es uno de sus más poderosos agentes, es un movimiento complejo pero determinado, traducible a términos simples, que conduce hacia adelante y hacia arriba. Este movimiento es el del conocimiento. Puede adoptar diversas formas, pero en el fondo conserva siempre el mismo sentido interior, el mismo fin.
216 IBID, p. 158.
Las razones por las que todo movimiento progresivo y ascendente tenga que realizarse “con el sudor de la frente”, a través de sufrimientos, malos momentos y penas, son oscuras. Cuando se ha alcanzado una etapa y se ha apartado más de un pedrusco del camino, una perversa mano invisible lanza sobre él nuevos bloques que parecen cerrarlo y borrarlo por completo.
Entonces surge inevitablemente un hombre en todo semejante a nosotros, pero que lleva dentro una fuerza “visionaria” y misteriosa. (…) Él ve y enseña. A veces quisiera liberarse de ese don superior que a menudo es una pesada cruz. Pero no puede. Acompañado de burlas y odios, arrastra hacia adelante y cuesta arriba el pesado y obstinado carro de la Humanidad que no se atasca entre las piedras218
El Movimiento:
La vida espiritual, representada esquemáticamente, es un gran triángulo agudo dividido en secciones desiguales, la menor y más aguda dirigida hacia arriba. Cuanto más hacia abajo, tanto más anchas, grandes, voluminosas y altas resultan las secciones del triángulo.
El triángulo se mueve despacio, apenas perceptiblemente hacia adelante y hacia arriba; donde “hoy” se halla el vértice más alto, “mañana” estará la próxima sección. Es decir, lo que hoy es comprensible para el vértice más alto y resulta un disparate incomprensible al resto del triángulo, mañana será contenido razonable y sentido de la vida de la segunda sección.
A veces, en el extremo del vértice más alto se halla un hombre solo. Su contemplación gozosa es igual a su inconmensurable tristeza interior. Los que están más próximos a él no le comprenden; indignados le llaman farsante o loco.
En una de sus novelas, Sienkiewicz compara la vida espiritual con la natación: el que no trabaja incansablemente, y lucha sin cesar contra el naufragio, acaba por hundirse sin remedio.219
El cambio de rumbo espiritual:
Si seguimos ascendiendo, encontramos una confusión aún mayor, como en una gran ciudad firmemente construida según las reglas
218 KANDINSKY, Op. Cit., p. 25. 219 IBID, p. 27-8.
matemáticas y arquitectónicas, que, de pronto, fuera sacudida por una fuerza inconmensurable. Los hombres que la habitan viven, de hecho, en una ciudad espiritual, en la que actúan de pronto fuerzas con las que no contaron los arquitectos y matemáticos espirituales. Una parte del grueso muro se ha desmoronado como un juego de naipes. Una torre, que se yergue hacia el cielo, gigantesca, construida sobre muchos pilares espirituales, delicados pero “inmortales”, yace en ruinas. El viejo cementerio olvidado se estremece. Viejas tumbas olvidadas se abren y espíritus olvidados salen de ellas. El sol construido con tanto arte muestra manchas y se oscurece. ¿Dónde están las reservas para la lucha contra las tinieblas?
En esta ciudad viven también seres sordos, atontados por una sabiduría ajena a ellos, que no oyen la caída; seres ciegos porque les ha cegado la sabiduría ajena, que dicen: nuestro sol cada vez da más luz, pronto veremos desaparecer las últimas manchas. Pero también estos hombres oirán y verán.
Más arriba todavía ya no existe miedo. Allí está en marcha un trabajo que sacude intrépidamente los pilares erigidos por los hombres. Allí están los sabios profesionales que analizan una y otra vez la materia, que no tienen miedo a ninguna pregunta, y que, finalmente, ponen en tela de juicio la misma materia sobre la que ayer descansaba todo y sobre la que se apoyaba todo el universo.220
Para Kandinsky, la “necesidad interior” es el principio fundamental del arte221, que
define como “el contacto eficaz de la forma con el alma humana” y que “nace de tres causas místicas y está constituido por tres necesidades místicas”:
1. Como creador, el artista ha de expresar lo que le es propio (elemento de personalidad)
2. Como hijo de su época, el artista ha de expresar lo que le es propio a esa época (elemento del estilo constituido por el lenguaje de la época más el lenguaje de la nación)
3. Como servidor del arte, el artista ha de expresar lo que le es propio al arte en general (elemento de lo pura y eternamente artístico
220 IBID, p. 35-6.
221 Recordemos que también Rilke se refiere a la necesidad como principio fundamental del arte:
“una obra de arte es buena si nace de la necesidad”. RILKE, Rainer Maria. (1999). Cartas a un joven poeta. Bogotá: Editorial Norma. p. 16.
que pervive en todos los hombres, pueblos y épocas, se manifiesta en las obras de arte de cada artista, de cada nación y de cada época y, como elemento principal del arte, no conoce ni el espacio ni el tiempo).222
Sin embargo, dice Kandinsky, a veces “tienen que pasar siglos para que el sonido del tercer elemento llegue al alma de los hombres”223.
222 KANDINSKY, Vasili. (1996). De lo espiritual en el arte. Barcelona: Editorial Paidós. p. 65-6. 223 IBID, p. 66.