Energía, o El Cono de Poder
BENDICIÓN DE BIZCOCHOS Y VINO.
Toda vida es tuya,
Todos los frutos de la tierra Son los frutos de tu matriz, Tu unión, tu danza.
Diosa (y Dios)
Te damos las gracias por tus bendiciones y por la abundancia. ¡Únete a nosotros, festeja con nosotros, disfruta con nosotros! Benditos sean.
Una pequeña libación puede ser vertida al fuego o la caldera. La copa se pasa por todo el círculo y cada miembro da las gracias por las cosas buenas que han ocurrido desde la reunión anterior. Mientras comen, todos se relajan, se ríen, bromean y socializan, o hablan sobre el ritual y planean reuniones futuras. El aspecto social del ritual es fundamental para fortalecer y preservar el vínculo del grupo. Compartir alimentos es compartir un símbolo tangible de amor e interés. Es importante que esta parte del ritual sea divertida: una recompensa para el Yo Más Joven por haber soportado toda la parte seria del ritual y la magia.
Es de vital importancia finalizar formalmente la reunión y romper el círculo. Habiendo caminado entre los mundos cuando iniciamos el ritual, debemos regresar deliberada y conscientemente al tiempo y espacio corrientes. Sólo así podemos conservar la integridad del tiempo y espacio rituales. Nunca debería permitirse que las personas se alejen antes de que se haya abierto el círculo y de que la transición de regreso a la conciencia ordinaria haya finalizados.
Despedida a la Diosa y el Dios[A59]
El poder del ritual debería ser anclado, si es que todavía no se ha hecho. La Sacerdotisa (o quienquiera que realice las invocaciones) se dirige al altar y se coloca mirando a la asamblea de Brujas en posición de pentáculo. Dice:
Diosa y Dios
Os damos las gracias Por vuestra presencia, Por el círculo,
Por la luz y el amor, Por la noche y el cambio. Os pedimos vuestra bendición, Mientras os vais.
¡Salve y adiós! Benditos sean.
Abrir el Círculo[A60]
La Sacerdotisa se dirige a cada una de las cuatro direcciones, una por una, y dibuja un Pentáculo Desterrador (ver ilustración de la página 67), diciendo;
Guardianes del Este (Sur, Oeste, Norte), Poderes del Aire (Fuego, Agua, Tierra), os damos las gracias Por unirnos a nuestro círculo
Y os pedimos vuestra bendición Mientras os vais.
Que haya paz entre nosotros Ahora y siempre. Benditos sean.
Ella alza su athame hacia el cielo y toca la Tierra con él. Luego abre los brazos y dice: El círculo está abierto, pero está intacto.
Que la paz de la Diosa Esté en nuestros corazones,
Alegres nos encontramos y alegres nos separamos. Y alegres nos volvemos a encontrar. Bendito sea.
Capítulo 10
Iniciación[A61]
[B62]
Entre los mundos: LA DIOSA EN EL REINO DE LA MUERTE[A62].
En este mundo, la Diosa es vista en la luna, la luz que brilla en la oscuridad, la que trae la lluvia, que mueve las mareas, Doncella de los misterios. Y como la luna crece y mengua, y camina durante tres noches de su ciclo en la oscuridad, también se dice que, en una ocasión, la Diosa pasó tres noches en el Reino de la Muerte.
Porque, enamorada, Ella busca continuamente a su otro Yo y, en una ocasión, en el invierno del año, cuando Él había desaparecido de la verde Tierra, Ella lo siguió y finalmente llegó a las puertas tras las cuales los vivos no van.
El Guardián de la Puerta la desafió y Ella se quitó la ropa y sus joyas, porque nada puede llevarse en esa tierra. Por amor, Ella fue atada, como deben serlo todos los que entran ahí, y fue llevada ante Él, que era la Muerte misma.
Él la amaba, y se arrodilló a sus pies, colocando ante Ella su espada y su corona, y le dio el beso quíntuple, y le dijo:
«No vuelvas al mundo de los vivos. Quédate conmigo y ten paz, descanso y consuelo».
Pero ella le respondió: «¿Por qué haces que todas las cosas que amo y con las que me deleito mueran y se marchiten?».
«Señora,» le dijo Él, «es el destino que todo lo que vive muera. Todo pasa; todo perece. Yo ofrezco alivio y consuelo a quienes pasan por estas puertas, para que puedan volver a ser jóvenes. Pero tú eres el deseo de mi corazón. No vuelvas ahí; quédate aquí conmigo».
Y Ella permaneció tres días y tres noches con Él, y al final de la tercera noche tomó su corona y ésta se convirtió en un adorno circular que Ella se puso alrededor del cuello, diciendo:
«He aquí el círculo del renacimiento. A través de Ti todo muere en la vida, pero a través de Mí todo puede volver a nacer. Todo pasa; todo cambia. Incluso la muerte no es eterna. Mío es el misterio de la matriz, que es la caldera del renacimiento. Entra en Mí y conóceme, y estarás libre de todo temor. Porque la vida no es sino un viaje hacia la muerte, y la muerte no es más que un tránsito para volver a la vida, y en Mí el círculo está girando eternamente».
Enamorado, Él entró en Ella, y así renació a la vida. Sin embargo, Él es conocido como el Señor de las Sombras, el que alivia y consuela, el que abre las puertas, el Rey de la Tierra de la Juventud, el que da paz y descanso. Pero Ella es la afable madre de toda vida; de Ella proceden todas las cosas y a Ella regresan. En Ella están los misterios de la muerte y el nacimiento; en ella está la realización de todo amor».
MITO TRADICIONAL DEL OFICIO.
Una iniciación es una muerte y un renacimiento simbólicos, un rito de tránsito que transforma a cada persona que la experimenta. En el Oficio, marca la aceptación a una asamblea de Brujas, y un compromiso profundo y personal con la Diosa. Es un regalo de poder y amor que los miembros de la asamblea se hacen unos a otros: la experiencia de esos secretos interiores que no pueden contarse porque
van más allá de las palabras. Para el individuo, se convierte en un cambio que provoca una revelación y una comprensión y que produce más crecimiento y cambio.
El momento en que se realiza una iniciación es importante. Tradicionalmente, a las aprendices de Bruja se les exigía que estudiaran durante «un año y un día» para poder ser iniciadas. Esto no siempre se sigue en las asambleas en la actualidad, pero es una buena regla. La formación mágica no puede tener lugar de la noche a la mañana. Como ya hemos dicho, es un proceso de reestructuración neurológica que toma tiempo. A menos que una iniciada pueda, en alguna medida, canalizar energía y entrar en estados alterados de conciencia, no podrá beneficiarse profundamente del ritual.
Hay otro aspecto más sutil de la elección del momento. Una iniciación quiere decir también un «comienzo», y lo que se empieza es el proceso de enfrentarnos al Guardián del Umbral. Es posible que una nueva iniciada[99] todavía no se haya enfrentado a la Sombra, pero debe haberse comprometido a hacerlo. El mandato del Guardián («Mejor caer sobre mi espada y perecer que hacer el intento con miedo en tu corazón») no significa que ella no deba sentir temor, sino que ella debe estar dispuesta a seguir adelante a pesar del miedo, a no salir huyendo, a enfrentarse a sus defensas aunque el proceso pueda ser doloroso. «¿Estás dispuesta a sufrir para aprender?», se le pregunta, porque aprender y crecer siempre implican un sufrimiento.
Cuando una aprendiza es capaz de confrontar a otras personas en el grupo, a enfrentarse a problemas, a asumir la responsabilidad por sus propios sentimientos y actos, y si espera y desea influir en el rumbo del grupo, probablemente está preparada para la iniciación. Ella debe pedirla, porque no estará preparada hasta que se dé cuenta de que ella, y nadie más, controla el curso de su progreso en el Oficio. Una iniciación crea un fuerte lazo emocional y un profundo vínculo astral entre los miembros de la asamblea de brujas, de modo que considerad detenidamente a quién iniciáis.
La muerte y el renacimiento son el tema de la iniciación. La muerte es la raíz de nuestros temores más profundos y la verdadera cara de la Sombra. Es el terror que está detrás de nuestra vulnerabilidad, el horror de la aniquilación que tememos que nuestra ira o nuestro poder provoquen. Como en el mito, lo que nos lleva a arriesgarnos a esa confrontación es el deseo y el anhelo de tener esas partes separadas de nosotros mismos que se encuentran al otro lado del abismo, que por sí solas pueden completarnos y liberarnos al amor. Porque ahí donde no hay valentía no hay amor: el amor exige honestidad, la cual es atemorizadora; de lo contrario, está vacío. Utiliza nuestro poder más profundo, o carece de fuerza. Nos lleva a enfrentarnos con la tristeza, la pérdida y la muerte.
Y así aprendemos el Misterio: la temida Sombra, el Guardián del Umbral, no es otro que el Dios, el cual es nombrado Guardián de las Puertas, en su aspecto de Muerte.
Para atravesar ese umbral y entrar en el reino interior tenemos que despojarnos de nuestras defensas, fingimientos, máscaras, roles; de nuestras «ropas y joyas», de todo lo que damos por sentado y nos ponemos. La puerta sólo se abre para el cuerpo desnudo de la verdad, atado por las cuerdas: nuestro reconocimiento de la mortalidad.
La muerte es seductora, porque una vez que hemos atravesado el aterrador umbral, no hay nada más que temer. El miedo y la esperanza desaparecen: todo lo que queda es descanso, reposo, alivio, la bendita nada, el vacío. Pero del mismo modo que, para los físicos, el vacío es el «estado madre», así también se convierte la corona de la muerte en el adorno circular del renacimiento, y las cuerdas que nos atan en el vínculo umbilical con la vida. La muerte es subsumida a la vida y nosotros aprendemos el Gran Misterio, no como una doctrina, ni como una filosofía, sino como una experiencia: no hay ninguna
aniquilación.
Tradicionalmente, los rituales de iniciación son secretos, aunque no sea más que para preservar el elemento sorpresa. Yo tengo sentimientos un tanto encontrados respecto a publicar una de nuestras iniciaciones, pero creo que el libro no estaría completo sin ella. He omitido el material secreto de las Hadas y me he concentrado en muchos de los elementos creativos del ritual, los cuales solemos escribir de nuevo para cada nuevo miembro. El siguiente texto no debería verse como algo que no se puede cambiar, sino como un anteproyecto para crear vuestros propios rituales.
Una iniciación empieza con un ciclo de muerte: una disolución representada, una aniquilación simbólica y una purificación. En ocasiones se incluye un elemento de prueba. En el campo, puede llevarse a la aprendiza hasta un sendero desconocido e indicársele que encuentre su camino por él. A intervalos, los guías le revelarán secretos, o le señalarán la dirección. En la playa, es posible que se le pida a una aprendiza que está con los ojos vendados que encuentre su camino mediante los olores, el sonido, y finalmente que se desprenda del miedo y camine con confianza hasta las olas, donde unas manos protectoras la harán regresar. En interiores, se le podría decir al aprendiz que mantenga un silencio solemne y se tumbe serenamente mientras se fabrica una máscara de yeso y luego, mientras ésta se seca, se le dejará meditando. En la iniciación de Paul, se le indicó que cerrara los ojos y fue conducido hasta el jardín. A intervalos, se le permitió abrir los ojos; se le encandiló con una luz y se le hicieron revelaciones: por ejemplo, se le mostró una espiga de maíz y se le dijo: «Contempla a Core, la Doncella». Se le mostró una rosa y se le dijo: «Siente la flor y la espina». Se le mostró una hoja comida por los insectos, parecida a un encaje, y se le dijo: «Mira cómo la vida se alimenta de la vida».
A continuación, se le dejó a solas para que meditara sobre el cielo, mientras los demás entrabamos en el interior de la casa, trazábamos el círculo y preparábamos un baño ritual.
El mar, o un riachuelo si corre, es una localización perfecta para un baño ritual, pero la mayoría se realizan en bañeras corrientes. Los miembros de las asambleas de brujas realizan una Purificación con Agua Salada: se echa sal al agua de la bañera, cargándola así con el poder para limpiar y renovar. Luego se añaden las hierbas y aceites apropiados: Yo uso pétalos de rosas, hojas de laurel, muérdago, verbena, ruda, unas gotitas de aceite de Sacerdotisa o de Diosa y agua de Delfos[B63]. Se enciende el incienso y unas velas. La aprendiza con los ojos vendados es ayudada a entrar en la bañera, es bañada por otros miembros de la asamblea de Brujas y se canta junto a ella. Se le indica que medite, que se purifique, que resuelva las dudas que pueda tener y que busque un nombre nuevo. Después se la deja sola.
Los miembros del grupo terminan los últimos preparativos para el ritual e invocan a la Diosa, el Dios y los Seres Poderosos del Oficio. La persona que actúa como madrina de la aprendiza vuelve con ella la seca y se asegura que esté preparada para entrar en el círculo. Ata un cordón fino de algodón, suelto, alrededor de las muñecas de la aprendiza, diciendo: «Y Ella fue atada como deben serlo todos los seres vivientes que desean entrar en el Reino de la Muerte». También le amarra un cordón alrededor de un tobillo, diciendo: «Pies que no están ataos ni libres», reconociendo que la entrada en el Oficio es una decisión libre, pero que una vez que la persona entra en el camino ha puesto en movimiento corrientes que la impulsan hacia delante. La madrina le pregunta a la aprendiza cuál es su nuevo nombre y la lleva hasta el círculo, donde se ha cortado una puerta en el Este.
Un miembro de la asamblea de Brujas, elegido para ser la Retadora avanza con la espada o el athame en sus manos, diciendo: «¿Quién viene a la puerta?»
La aprendiza, que ha sido entrenada con anterioridad, responde: «Soy yo, ___________(su nuevo nombre), hija de la Tierra y del cielo estrellado».
RETADORA: «¿Quién responde por ti?»
MADRINA: «Soy yo, __________, quien responde por ella». La retadora toca el corazón de la aprendiza con la punta de la espada y dice:
«Estás a punto de entrar en un vórtice de poder, un lugar imposible de imaginar, donde el nacimiento y la muerte, la oscuridad y la luz, la alegría y el dolor, se encuentran y se convierten en uno. Estás a punto de entrar entre los mundos, más allá del tiempo, fuera del ámbito de tu vida humana.
«Tú, que estas en el umbral de los temibles Seres Poderosos, ¿tienes el valor para hacer el ensayo? Porque has de saber que es mejor caer sobre mi espada y perecer, ¡que hacer el intento con miedo en el corazón!»
La aprendiza contesta: «Entro en el círculo con un amor perfecto y una confianza perfecta».
La Retadora ancla la punta de su espada en la Tierra, besa a la aprendiza y la lleva al interior del círculo, diciendo: «Así son traídos todos por primera vez al círculo».
La Sacerdotisa y/o el Sacerdote conducen a la aprendiza a cada uno de los cuatro puntos cardinales, en el sentido del movimiento de las agujas del reloj, diciendo:
«Salve, Guardianes de las Almenaras del Este (Sur, Oeste, Norte) y todos los Seres Poderosos del Oficio. Contemplad a _________ (nuevo nombre), quien ahora se convertirá en Sacerdotisa y Bruja».
La aprendiza es llevada de vuelta hasta el altar. La Sacerdotisa se pone de rodillas y le da el beso quíntuple en las partes del cuerpo que se nombran, diciendo:
Benditos sean tus pies, que te han traído por este camino.
Benditas sea tus rodillas, que se arrodillan ante el altar sagrado. Bendito sea tu sexo, sin el cual no existiríamos,
Benditos sean tus pechos, formados con fuerza y belleza.
Benditos sean tus labios, que pronunciarán los nombres sagrados.
A continuación, la aprendiza es medida con una cuerda fina, de la cabeza a los pies. La cuerda es cortada y luego se le toman las medidas del contorno de la cabeza y el pecho. Se hacen nudos para marcarlas. La Sacerdotisa enrolla la cuerda y le pregunta a la aprendiza: «¿Estás dispuesta a hacer el juramento?»
APRENDIZA: «Lo estoy»
SACERDOTISA: «¿Estás dispuesta a sufrir para aprender?» APRENDIZA: «Sí».
La Sacerdotisa toma la mano de la aprendiza y, con una aguja adecuadamente purificada con fuego y agua (es decir, esterilizada), le pincha el dedo, apretándolo para que salgan unas gotitas de sangre y caigan en la cuerda.
SACERDOTISA: «Repite después de mí:
«Yo, _________, por mi propia voluntad, prometeré solemnemente proteger, ayudar y defendes a mis hermanas y hermanos del Arte».
«Siempre guardaré en secreto todo lo que no debe ser revelado»
medida ha sido tomada en la presencia de los Seres Poderosos».
A continuación se le indica a la aprendiza que se ponga de rodillas y que, colocando una mano sobre su cabeza y la otra debajo de su talón, diga:
«Todo lo que está entre mis dos manos le pertenece a la Diosa». GRUPO: «¡Así debe ser!»
Los miembros de la asamblea de Brujas la agarran súbitamente, la levantan (si es posible) y, cargándola, dan tres vueltas al círculo, riendo y chillando. La tumban boca abajo delante del altar y la presionan contra el suelo. Gradualmente, la presión se convierte en unos pequeños golpes. Cantan su nuevo nombre, levantando el Cono de Poder sobre ella, dándole el poder para abrir su percepción y hacer magia. Le retiran la venda de los ojos y le dicen:
«Has de saber que las manos que te han tocado son las manos del amor».
Se declara el Cometido de la Diosa y se revelan otros mitos, misterios y secretos. Por lo general, se le concede tiempo a la nueva iniciada para que contemple un cristal, para que encuentre sus propias fuentes personales de poder e inspiración. Se le dicen los nombres de bruja de los demás miembros y el nombre interior y los símbolos de la asamblea de Brujas.
La madrina la consagra en sus pechos y en la frente con aceite, con un símbolo de la asamblea. La Sacerdotisa devuelve su medida, diciendo:
«En la época de la Quema, cuando cada miembro de una asamblea de Brujas tenía en sus manos las vidas de los demás, esto se habría guardado y usado en tu contra en caso de que pusieras las vidas de otros miembros en peligro. Pero en estos tiempos más afortunados, prevalecen el amor y la confianza, de modo que toma esto, guárdalo o quémalo, y eres libre de irte o quedarte, según te indique tu corazón».
La nueva iniciada recibe un grupo de herramientas, las cuales han sido fabricadas o reunidas por otros miembros de la asamblea de Brujas. Una a una, le son entregadas, su uso es explicado y son consagradas y cargadas. (Véase ejercicio 36, aunque el proceso suele acortarse dentro del ritual de iniciación).
Se comparte comida y bebida, y los miembros del grupo se relajan y festejan. Una iniciación es una ocasión gozosa.
Antes de abrir el círculo, la nueva iniciada es conducida a los cuatro rincones por última vez. La