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Meditación de la Luna Menguante.

In document La Danza Espiral (página 93-95)

Crear un Espacio Sagrado

EJERCICIO 41: Meditación de la Luna Menguante.

Ánclate y céntrate. Visualiza una medialuna menguante que se curva hacia la izquierda, rodeada de un cielo negro. Ella es la Anciana, la Vieja Sabia que ha pasado la menopausia, el poder del final, de la muerte. Todas las cosas deben llegar a su fin para realizar sus comienzos. El cereal que fue plantado debe ser cortado. La página en blanco debe ser destruida para que la obra sea escrita. La vida se alimenta de muerte; la muerte conduce a la vida, y en ese conocimiento reside la sabiduría. La Vieja Sabia es la Mujer Sabia, infinitamente anciana. Siente tu propia edad, la sabiduría de la evolución almacenada en cada célula de tu cuerpo. Conoce tu propio poder para terminar, para perder así como para ganar, para destruir lo que está estancado y deteriorado. Visualiza a la Vieja sabia con un manto negro bajo la luna menguante; grita su nombre. «¡Anu!», y siente su poder en tu propia muerte.

La tríada de la luna se convierte en el pentáculo, la estrella quíntuple del nacimiento, la iniciación, la maduración, la reflexión y la muerte[B41]. La Diosa se manifiesta en todo el ciclo de vida. Las mujeres son valoradas y respetadas en la ancianidad, así como en la juventud.

El nacimiento y la niñez son, sin duda, comunes a todas las culturas. Pero, hasta hace muy poco, nuestra sociedad no había conceptualizado la etapa de iniciación, exploración personal y autodescubrimiento como algo necesario para las mujeres[B42]. Se esperaba que las chicas pasaran directamente de la niñez al matrimonio y a la maternidad: del control ejercido por sus padres al control ejercido por sus maridos. Una iniciación exige valentía y confianza en una misma, rasgos que a las chicas no se animaba a desarrollar. Actualmente, la etapa de iniciación puede implicar establecer una carrera, explorar relaciones o desarrollar la propia creatividad. Las mujeres que se han saltado esta etapa en su juventud suelen encontrar necesario volver a ella más adelante. Las etapas posteriores de la vida solo pueden ser experimentadas plenamente después de que la iniciación haya sido completada y se haya formado un Yo individualizado.

relaciones se hacen más profundas y adquieren un sentido del compromiso. Una mujer puede elegir ser madre o alimentar una carrera, un proyecto o una causa. Una artista o escritora alcanza su estilo maduro.

Las creaciones, tanto si se trata de niños como de poemas u organizaciones, adquieren vida propia. Al hacerse independientes y sus exigencias disminuir, se alcanza la etapa de reflexión. Con la edad llega una nueva iniciación, esta vez menos activa físicamente, pero más profunda por la comprensión conseguida con la experiencia. En la brujería, la tercera edad se ve de una forma positiva, como la época en que la actividad ha evolucionado convirtiéndose en sabiduría. Esto produce la iniciación final, que es la muerte[B43].

Estas cinco etapas están personificadas en nuestras vidas, pero también pueden verse dentro de cada nueva iniciativa o proyecto creativo. Cada libro, cada pintura, cada nuevo empleo nace primero como una idea. Experimenta un período inicial de exploración, el cual en ocasiones no asusta porque nos vemos obligados a aprender cosas nuevas. Cuando nos sentimos cómodos con una nueva habilidad o un concepto nuevo, el proyecto puede consumarse. Existe de una forma independiente; cuando lo soltamos, otras personas leen el libro, ven la pintura, comen los alimentos o aplican el conocimiento que hemos transmitido. Finalmente, se ha terminado; muere, y nosotros pasamos a algo nuevo.

El pentáculo, todas las hojas de cinco lóbulos y las flores de cinco pétalos son sagrados para la Diosa como pentad. La manzana es, especialmente, su emblema, porque cuando se corta transversalmente, las semillas forman un pentáculo.

La naturaleza de la Diosa nunca es una sola. Siempre que Ella aparece, encarna ambos polos de la dualidad: la vida en la muerte, la muerte en la vida. Tiene mil nombres, mil aspectos. Ella es la vaca lechera, la araña tejedora, la abeja con su penetrante aguijón. Ella es el ave del espíritu y la cerda que se come sus propias crías; la serpiente que cambia de piel y se renueva; el gato que ve en la oscuridad; el perro que le canta a la luna: todos son Ella. Ella es la luz y la oscuridad, la patrona del amor y de la muerte, que manifiesta todas las posibilidades. Ella trae consuelo y también dolor.

Es fácil responder al concepto de la Diosa como Musa o Madre, a la inspiración, los cuidados y el poder sanador. Resulta más difícil comprender a la Diosa como Destructora. El dualismo judeocristiano nos ha condicionado a pensar en la destrucción como sinónimo de mal. (Aunque, la Diosa sabe que el Jehová del Antiguo Testamento estaba muy lejos de toda dulzura y luz). La mayoría de nosotros vive apartada de la naturaleza, desconectada de las experiencias que recuerdan continuamente a la gente más «primitiva» que cada acto de creación es un acto de agresión. Para plantar tu jardín, debes sacar las malas hierbas, aplastar a los caracoles, eliminar las plántulas que están intentando crecer hacia la luz. Para escribir un libro debes destruir borrador tras borrador de tu propio trabajo, quitando párrafos y tachando palabras y frases. Los postulados de la creación cambian, y cualquier cambio destruye lo que había antes.

El Creador-Destructor se manifiesta en el fuego, el cual destruye todo lo que lo alimenta para crear calor y luz. El fuego es un hogar que cría, el fuego creativo de la forja, la alegre hoguera de la celebración. Pero la Diosa es también el fuego furioso de la ira.

El poder de la ira es difícil de enfrentar. Identificamos ira con violencia, y las mujeres han sido condicionadas a sentir que nuestra cólera está mal y es inaceptable. Sin embargo, la ira es una manifestación de la fuerza vital. Es una emoción de supervivencia, una señal de advertencia de que algo en nuestro entorno es amenazador. El peligro desencadena una respuesta física, psíquica y emocional que moviliza nuestra energía para cambiar la situación. Al ser humanos, respondemos a los ataques verbales

y emocionales como si se tratara de amenazas, las cuales despiertan la furia. Pero cuando no podemos admitir nuestra propia ira, en lugar de reconocer la amenaza en nuestro entorno, experimentamos que estamos equivocados. En lugar de fluir hacia fuera para cambiar el entorno, nuestra energía se encierra en unos esfuerzos interiores de represión y control.

La Diosa libera la energía de nuestra ira. La ve como algo sagrado y su poder es purificado. Como un incendio forestal en un lugar tranquilo, elimina la maleza para que las plantas recién nacidas de nuestra creatividad reciban la nutrición del sol. Nosotras controlamos nuestros actos; no intentamos controlar nuestros sentimientos. La ira se convierte en la fuerza vinculante que nos incita a tener confrontaciones honestas y una comunicación con los demás.

He hablado de la Diosa como símbolo psicológico y también como realidad manifiesta. Ella es ambas cosas. Ella existe y nosotros la creamos. Los símbolos y los atributos asociados a la Diosa le hablan al Yo Más Joven y, a través de él, al Yo Profundo. Ellos nos atrapan emocionalmente. Sabemos que la Diosa no es la luna, pero todavía nos emocionamos ante su luz filtrándose entre las ramas. Sabemos que la Diosa no es una mujer, pero respondemos con amor como si se tratara de ella, y así conectamos emocionalmente con todas las cualidades abstractas que están detrás del símbolo.

Muchas formas y símbolos representan a la Diosa. Los ojos, que esquemáticamente son también pechos, simbolizan sus poderes de crianza y el don de la visión interior. La medialuna representa a la luna: una medialuna creciente y una menguante, espalda contra espalda, se convierten en el labrys o doble hacha, el arma de las culturas de la Diosa. Los triángulos, óvalos y rombos, las formas de los genitales femeninos, son también sus símbolos. Como parte de la formación de una iniciada, se le enseña a visualizar símbolos, a meditar sobre ellos y a jugar con ellos en su imaginación hasta que le revelen su significado directamente. Cualquier símbolo o aspecto de la Diosa puede ser la base para una meditación, pero como sólo tengo espacio para un ejemplo, elegiré la doble espiral:

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