• No se han encontrado resultados

El círculo protector permanente.

In document La Danza Espiral (página 90-92)

Crear un Espacio Sagrado

EJERCICIO 38: El círculo protector permanente.

(Puede establecerse un círculo de protección permanente alrededor de tu casa o lugar de trabajo. Puedes realizar el siguiente ritual a solas o en grupo, con cada persona llevando uno de los objetos). Ánclate y céntrate. Muévete por la casa en el sentido contrario al de las agujas del reloj con una campana, una escoba y agua salada cargada. Haz sonar la campana para asustar y alejar a las energías negativas. Barre fuera las fuerzas no deseadas con la escoba o usa una varita para hacerlas salir con una señal. Salpica todas las entradas (cada ventana, puerta, espejo y los principales desagües) con agua salada. Salpica también las esquinas de todas las habitaciones. Si es necesario, realiza un Desterramiento, como en el ejercicio 22. Haz una Purificación con Agua Salada.

Ahora, recorre la casa en el sentido de las agujas del reloj, con agua salada, tu athame e incienso. Dibuja un pentáculo de invocación en cada entrada con el athame y luego con agua salada. Concéntrate en formar un sello de protección que no pueda romperse. Por último, carga con el incienso cada entrada y esquina, invitando a entrar a las fuerzas benéficas. Di:

Sal y mar / Del mal permanece libre / Fuego y aire, Atraed todo lo que es justo / Vuelta y vuelta, El círculo está atado.

Traza formalmente un círculo en la habitación que utilizas para los rituales. Canta y eleva el poder para llenar la casa de protección. Después, da las gracias a la Diosa, envía el poder a la Tierra y abre el círculo.

Puedes reforzar un círculo protector visualizándolo. Hazlo antes del trabajo o de irte a dormir.

El círculo está trazado; se inicia el ritual. Hemos creado un espacio sagrado, un espacio apropiado para que entren los Dioses. Nos hemos limpiado y centrado; nuestras ataduras mentales han caído. Libres de todo temor, podemos abrirnos a la luz de las estrellas. Con un amor perfecto y una confianza perfecta, estamos preparados para invocar a la Diosa.

Capítulo 5

La Diosa[A32]

[B40]

Entre los mundos: EL COMETIDO DE LA DIOSA[57][A33]

Escuchad las palabras de la Gran Madre, quien antiguamente era llamada Artemisa, Astarté, Dione, Melusina, Afrodita, Ceridwen, Diana, Arianrhod, Brígida y muchos otros nombres:

«Cuando quiera que tengáis necesidad de algo, una vez al mes y mejor si es cuando la luna está llena, os reuniréis en algún lugar secreto y adoraréis a Mi espíritu, que es la Reina de todos los Sabios. Seréis libres de la esclavitud y, como señal de que sois libres, estaréis desnudos en vuestros ritos. Cantad, festejad, bailad, tocad música y amad, todo en Mi presencia, pues Mío es el éxtasis del espíritu y Mía es también la alegría sobre la Tierra. Porque Mi ley es el amor hacia todos los seres. Mío es el secreto que abre la puerta de la juventud y Mía es la copa de vino de la vida que es la Caldera de Ceridwen que es el santo grial de la inmortalidad. Yo proporciono el conocimiento del espíritu eterno y, más allá de la muerte, doy paz y libertad y reunión con quienes se han ido antes. Pero no exijo nada como sacrificio porque, fijaos bien, yo soy la madre de todas las cosas y Mi amor es vertido sobre la Tierra»

Escuchad las palabras de la Diosa Estrella, el polvo de cuyos pies es el anfitrión del cielo, cuyo cuerpo rodea al universo:

«Yo que soy la belleza de la Tierra verde y la luna blanca entre las estrellas y los misterios de las aguas, llamo a vuestro espíritu de la naturaleza que da vida al universo. De mí proceden todas las cosas y a Mí deben regresar. Que Mi culto esté en el corazón que se regocija porque, fijaos bien: todos los actos de amor y placer son Mis rituales. Que haya belleza y fuerza, poder y compasión, honor y humildad, regocijo y reverencia en vuestro interior. Y vosotros, que buscáis conocerme, sabed que vuestra búsqueda y vuestro anhelo no será en vano, a menos que conozcáis el Misterio: porque si eso que buscáis no lo entráis en vuestro interior, nunca lo hallaréis en el exterior. Porque, fijaos bien, he estado con vosotros desde el principio y Yo soy eso que se obtiene al final del deseo».

(ADAPTADO POR STARHAWK, DE DOREEN VALIENTE).

El simbolismo de la Diosa ha adquirido un poder electrizante para las mujeres modernas. El redescubrimiento de las antiguas civilizaciones matrifocales nos ha dado un profundo sentido del orgullo por la capacidad de la mujer de crear y mantener una cultura. Ha expuesto las falsedades de la historia patriarcal y nos ha proporcionado modelos de la fuerza y la autoridad femeninas. Una vez más, en el mundo actual reconocemos a la Diosa, antigua y primitiva, la primera de las deidades, la patrona de la cacería de la Edad de Piedra y una de las primeras sembradoras de semillas, bajo cuya guía fueron domesticadas las manadas y se descubrieron las primeras hierbas sanadoras, en cuya imagen se crearon las primeras obras de arte, para quien se levantaron las piedras verticales, y la cual fue la inspiración de canciones y poesías. Ella es el puente sobre el cual podemos atravesar los abismos que hay en nuestro interior que fueron creados por nuestro condicionamiento social, y volver a conectar con nuestros potenciales perdidos. Ella es el barco en el que navegamos por las aguas del Yo Profundo, explorando los mares inexplorados de nuestro interior. Ella es la puerta a través de la cual pasamos al futuro. Ella es

a caldera en la que quienes hemos sido partidos en dos nos cocemos a fuego lento hasta que volvemos a estar enteros. Ella es el tránsito vaginal mediante el cual volvemos a nacer.

Una visión general histórica y/o cultural de la Diosa y sus símbolos requeriría varios volúmenes y yo no lo intentaré en el reducido espacio de este libro, especialmente cuando hay tan buen material disponible[58]. Antes bien, me limitaré a hablar de la Diosa tal como la ve la brujería y me concentraré en su función y su significado para las mujeres y los hombres de hoy.

La gente suele preguntarme si creo en la Diosa. Yo respondo: «¿Crees tú en las rocas?». Es sumamente difícil para la mayoría de occidentales captar el concepto de una deidad manifiesta. La frase «creen en» implica que no podemos conocer a la Diosa, que Ella es algo intangible, incomprensible. Pero nosotros no creemos en las rocas: podemos verlas, tocarlas, desenterrarlas de nuestros jardines o impedir que los niños se las lancen mutuamente. Las conocemos; conectamos con ellas. En el Oficio, no creemos en la Diosa; conectamos con Ella a través de la luna, las estrellas, el océano, la tierra, los árboles, los animales, a través de otros seres humanos y de nosotros mismos. Ella está aquí. Ella está dentro de todos nosotros. Ella es el círculo completo: tierra, aire, fuego, agua y esencia, cuerpo, mente, espíritu, emociones y cambio.

La Diosa es la primera de toda la Tierra, la oscura madre cariñosa que crea toda vida. Ella es el poder de la fertilidad y la generación; el útero también la tumba receptiva, el poder de la muerte. Todo procede de ella; todo regresa a Ella. Como tierra, ella es también vida vegetal: árboles, hierbas y cereales que sostienen la vida. Ella es el cuerpo, y el cuerpo es sagrado. Útero, pecho, vientre, boca, vagina, pene, hueso y sangre: ninguna parte del cuerpo está sucia, ningún aspecto de los procesos de la vida está manchado con ningún concepto de pecado. El nacimiento, la muerte y la pudrición son artes igualmente sagradas del ciclo. Tanto si estamos comiendo, durmiendo, haciendo el amor o eliminando desechos corporales, estamos manifestando a la Diosa.

La Diosa Tierra es también aire y cielo, la celestial Reina del Cielo, la Diosa Estrella, regente de las cosas sentidas pero no vistas: del conocimiento, la mente y la intuición. Ella es la musa que despierta todas las creaciones del espíritu humano. Ella es la amante cósmica, la estrella matinal y vespertina, Venus, que aparece cuando uno hace el amor. Hermosa y resplandeciente, ella nunca puede ser captada o comprendida; la mente es atraída incluso más allá en el impulso por conocer lo no conocible, de decir lo inexpresable. Ella es la inspiración que llega con la respiración.

La Diosa celestial es vista como la luna, la cual está vinculada a los ciclos mensuales de la mujer de sangrado y fertilidad. La mujer es la luna terrestre; la luna es el huevo celestial que flota por el cielo del útero, cuya sangre menstrual es la lluvia fertilizante y el rocía fresco, que gobierna las mareas de los océanos; el primer útero de vida sobre la Tierra. De modo que la luna es también la Doncella de las Aguas: de las olas del mar, los arroyos, los manantiales, los ríos que son las arterias de la Madre Tierra; de los lagos, las fuentes profundas y los estanques ocultos, y de los sentimientos y las emociones que nos arrastran como las olas.

La Diosa Luna tiene tres aspectos: Cuando Ella está creciendo, es la Doncella; cuando está llena, es la Madre, y cuando está menguando es la Vieja Sabia. Parte de la formación de todo iniciado incluye períodos de meditación sobre la Diosa en sus diversos aspectos. No tengo espacio para incluirlos, pero compartiré contigo las meditaciones sobre los tres aspectos de la luna:

In document La Danza Espiral (página 90-92)