• No se han encontrado resultados

REACCIÓN EN EL SOCIALISMO VALENCIANO

2.1 EL BIENIO GRIS

En una Comunidad que contaba con un presidente valorado satisfactoriamente por la opinión pública, apoyado en una amplia mayoría en las Cortes Valencianas, y con un partido disciplinado y controlado completamente por su secretario general –el mismo presidente-, el derrumbe del voto en las elecciones generales precisaba de explicaciones en clave interna. Pese a ello Lerma achacaría la derrota de 1993 exclusivamente a los problemas generados desde el Gobierno central, a un voto de castigo a Felipe González que –entiende– no se trasladará a los socialistas valencianos en las elecciones autonómicas a celebrar dos años después. Con esa interpretación de las consecuencias del voto, no reacciona. Ferrán Belda, al exigirle en un artículo la remodelación del Consell que los mismos militantes le demandan, describió la situación94:

” Y sería un gran error por su parte que optase por un enésimo enroque cuando la única certidumbre que se desprende de éstos no por previsibles menos contundentes resultados electorales, es que hasta los mismos gregarios del PSPV- PSOE están haciendo votos por un giro, no diré que de 180, pero sí de entre 150 y

coincidido con la fuerza política gobernante en las instituciones valencianas, tal conciencia y acción han tenido efectos de desgaste sobre la posición política de los socialistas valencianos. Cuestiones tales como el tren de alta velocidad, el problema de las comunicaciones con Madrid, la práctica ausencia del acontecimiento olímpico y de los fastos del 92, han actuado como catalizadores de una conciencia difusa que ha terminado por perjudicar a la organización valenciana del socialismo gobernante.” Martínez Sospedra, 1996.2: 296 y 297.

94 “Renovarse o morir” Levante-El Mercantil Valenciano, 7 de junio, 1993 Lerma hizo caso omiso a estas recomendaciones, Eduardo Zaplana del PP le sustituiría.

160 grados en la gestión más paniaguada y desideologizada que hubiéramos podido imaginar [...] Bástenos por hoy consignar que si Joan Lerma no aprovecha estos dos años que le quedan para rodearse de un equipo capaz de imprimir un timbre de progreso a su gestión -ahora carece de políticos, sólo tiene gestores y le fallan-, para recuperar el terreno perdido en ambigüedades, para desprenderse de lo superfluo y predicar austeridad con el ejemplo –y no como cuando las nunca disueltas direcciones generales- y para enmendar, en suma, los numerosos yerros cometidos en estos once años de gestión sin sobresaltos, o en 1995 habrá de cederle a una Rita Barberá rampante..”.

En respuesta a estas demandas, Lerma anunciaría ciertamente cambios en todos los niveles: en el Consell, en las futuras listas electorales y en la organización interna - aún no se había celebrado el Congreso socialista de Cheste- del PSPV-PSOE. Hasta se explicitó que se crearían grupos de trabajo abiertos para contrarrestar la influencia del PP entre los empresarios, los agricultores y los jóvenes. Desde la Presidencia de la Generalitat se lanzó a la prensa que Joan Lerma había decidido pasar a la ofensiva a dos años vista de las autonómicas al objeto de recuperar la iniciativa política del PSPV-PSOE tras los malos resultados electorales. En la ejecutiva del martes 6 de julio de 1993 Lerma expresó la necesidad de promover cambios y ahondar en la renovación en todos los niveles, con el objetivo claro de trabajar en los dos años que faltaban para las elecciones autonómicas y de estar en contacto con la sociedad y solucionar los problemas de los ciudadanos. Desde la dirección socialista se pretendía que los cambios y la renovación se apreciaran en “gestos claros de los militantes y cargos públicos socialistas” y que su actuación estuviera presidida por el contacto con la sociedad. Sin embargo, y pese a esos buenos propósitos, la sociedad no notaría esos cambios en la gestión, que daba la impresión de ser continuidad de la anterior.

El aumento del paro provocó que el INEM superara los 300.000 millones de pesetas de déficit, frente a los 250.000 registrado en el año 1992. En su discurso de investidura, el 8 de julio de 1993, Felipe González establecía como los dos objetivos básicos de su política la creación de empleo y la mejora de la competitividad. Se comprometía a elaborar una ley de partidos políticos, a no aumentar la presión fiscal, a la reforma del IAE –impuesto de actividades económicas-, y a apoyar a las PYMES –pequeñas y medianas empresas- y a la exportación. En materia autonómica se comprometió a más transferencias a las autonomías históricas, al traspaso de funcionarios y la cesión en octubre del 15% del IRPF, motivo por el que Aznar le atacó en su discurso por atentar a la esencia del Estado, pese a que años después éste cedería como presidente del Gobierno el 30% del IRPF95. Felipe González en su

95 “La situación cambió en 1996: CiU forzó al PP a adoptar una fórmula más avanzada de descentralización financiera, que permitiría a las comunidades autónomas recaudar directamente hasta un 30% de algunos impuestos”. Núñez, 1999: 159.

cuarta investidura causó la buena impresión de una renovación de las maneras de hacer política, supo diagnosticar con realismo los problemas de la sociedad española –el paro, la economía, culminar el proceso autonómico- y proponer medidas concretas y contó con el apoyo de los nacionalistas catalanes y vascos. Aún no había estallado el caso de corrupción más famoso, Roldán, y las actividades ilícitas de la organización GAL. Las dinámicas en la Comunidad Valenciana, en cambio, serían muy distintas.

El viernes 9 de julio por la tarde después de un almuerzo de despedida de su actual

Consell, y sin haberse hecho pública aún la composición del nuevo gobierno de

Felipe González –aunque Lerma ya tenía conocimiento de quienes iban a ser los ministrables valencianos, entre ellos el secretario de Estado Vicent Albero-, Joan Lerma hizo pública la composición de su nuevo gobierno. Según se argumenta en su entorno, para que no le pudiesen tachar de seguidismo de Felipe González. Por un lado se filtra que Antonio Tirado, Joaquín Azagra y Francesc Michavila no habían accedido a formar parte del gobierno autonómico; así como la oposición de Eugenio Burriel a que Clementina Ródenas fuese nombrada consellera de Hacienda. La remodelación es casi completa: de nueve carteras se pasa a diez al desdoblar Cultura de Educación. De los nueve consellers actuales cesan cinco; dos que mantenía desde el primer Consell, Antonio Birlanga y Luis Font de Mora, y los titulares de Industria, Andrés García Reche; de Educación y Cultura, Andreu López, y de Medio Ambiente, Antonio Escarré. Lerma sólo mantiene en sus carteras a Eugenio Burriel en Obras Públicas y a Joaquín Colomer en Sanidad; cambia a Martín Sevilla de la de Trabajo a la de Industria, y a Emèrit Bono de Administraciones Públicas a Medio Ambiente; y nombra como nuevos consellers al catedrático independiente Aurelio Martínez para Economía y Hacienda; al alicantino Luis Berenguer para Administración Pública; al catedrático Joan Romero para Educación y además portavoz del Consell; a la escritora independiente y asesora presidencial Pilar Pedraza en Cultura; al castellonense F. J. Sanahuja para Trabajo, y al independiente José María Coll para Agricultura.

Se trataba de un Consell hecho con criterio de territorialidad -según Lerma para que Castellón y Alicante tuvieran más presencia- y orientado a hacer patente una renovación a fondo a fin de que calara en la opinión pública la imagen de que “el cambio sobre el cambio” también se iniciaba en la Comunidad Valenciana. Pero cuando su Presidente no fue capaz de fichar a personalidades de tanto prestigio político como los citados que rechazaron su oferta, acabó nombrando un Consell de escaso carisma y poco peso en el partido, que le arrastraría hacia la derrota en el 95. El desánimo cundió ya entre los cargos socialistas al desconocer a muchos de los nombrados, y se profundizó al conocer después las ideas y trayectoria de algunos de ellos. El giro a la izquierda que muchos socialistas esperaban después de mejorar las

relaciones con EU, se convirtió a la hora de la verdad en un giro a la derecha. Así se vería en las declaraciones públicas de los representantes sociales.

Quien definiría perfectamente el nuevo Consell y sus consecuencias electorales sería Ferrán Belda96:

“Un gobierno que nace condicionado por las calabazas –tres de los más firmes candidatos a formar parte de él, Antonio Tirado, Francesc Michavila y Joaquín Azagra, declinaron el ofrecimiento presidencial-; [...] Está excesivamente lastrado por los cupos: el provincial, el femenino, el sindical. Y, por si esto fuera poco, no parece reunir los requisitos necesarios para titánica tarea de ilusionar al maltrecho electorado socialista ante los presumiblemente reñidos comicios autonómicos de 1995 [...] se obtiene el convencimiento de que el tan cacareado 'giro a la izquierda' ha quedado relegado para mejor ocasión -¿para el próximo revés electoral, tal vez?- y la certeza de que Lerma tiene algo personal contra el medio ambiente.”

En otro artículo describiría Belda la crueldad con la que Lerma se lo comunicó a los cesados. Sin embargo, el editorial del Levante del domingo 11 de julio alabó la remodelación97, aunque al final Belda fue el que acertó: no se cumplieron las

expectativas del editorial. La patronal valenciana en boca de su presidente Jiménez de Laiglesia aplaudió el Consell de centro-derecha de Lerma “como muy pragmático” y alabó a Aurelio Martínez como el mejor para llevar la hacienda del Consell. Pedro

96 ”Quina descansà s'ha pegat” Levante-El Mercantil Valenciano, 10 de julio, 1993. Ferrán Belda sería premonitorio en este artículo, del que Lerma se quejaba que le quería imponer la forma de gobernar; pero puede que a raíz de los resultados que llegan hasta el día de hoy, otra suerte hubiera podido tener el PSPV-PSOE si Lerma no se hubiera encerrado en una urna de cristal. Se podría a continuación relatar la gestión de alguno de los nuevos y viejos consellers que resultó nefasta tanto medido desde la eficacia empresarial como desde la rentabilidad política. A título de ejemplo señalar los conflictos provocados por la gestión de Luis Berenguer, que demostró una nulidad absoluta en su tarea y que sin embargo hasta recientemente no ha dejado de tener cargo oficial nombrado por el partido y no se le conoce ninguna aportación progresista en su dilatada carrera política, de una persona de procedencia de la UCD. Y eso que, apenas tomó posesión del cargo, declaró pretenciosamente que sería el vínculo de unión de Alicante con la Comunidad. Con razón, muchos militantes históricos se fueron desilusionando y se alejaron de su dedicación al partido.

97 Después de alabar los cambios y la forma dice así: “De las cinco incorporaciones al gobierno valenciano destacan, sobre todo, la de Aurelio Martínez en Economía y Hacienda y la de Joan Romero al frente de Educación y Ciencia. Son dos catedráticos universitarios, con prestigio profesional y político, que no han entrado en las pugnas orgánicas del PSOE y con experiencia en la gestión ministerial al más alto nivel. Podrían convertirse en el motor de la renovación de las políticas del Consell, con una nueva proyección hacia la sociedad [...] esta remodelación debiera ser un primer movimiento en una estrategia de cambio que afectaría al partido y, sobre todo, a la confianza que los socialistas dicen querer recuperar en amplios sectores de la sociedad. Del juicio que pueda merecer su actuación, una norma de cortesía política obliga a esperar primero a la declaración de intenciones. Después, a los cien días de vida.”

Agramunt declaró con ironía que “Para ser miembro del Consell de Lerma será un

mérito haber militado antes en el Partido Popular”, subrayando que efectivamente

era un Consell lastrado a la derecha. Menos complacido, el portavoz de IU Albert Taberner calificó los nombramientos en el Consell de “giro a la derecha”. El presidente del sindicato agrario progresista la Unió de Llauradors, Ximo Bosch, aseguró por su parte que nadie conocía al nuevo conseller de Agricultura.

Si analizamos, con la perspectiva que dan los años, uno de los cambios en ese

Consell, el de la titularidad de Industria, Comercio y Turismo, podemos

objetivamente afirmar que con ello se produjo un error histórico que los valencianos ahora no recuerdan, pero comportó una pérdida clave en el sector turístico valenciano y una rémora que nos acompañará por mucho tiempo. Nos referimos a un tema que para nada estaba afecto a una ideología política, sino que era una apuesta con visión de futuro empresarial que podía haber beneficiado a todo el sector turístico valenciano: la marca turística “Mediterránea”. Andrés García Reche, como conseller, había apostado por una denominación atractiva, que podría ser la aglutinante de todo el sector turístico valenciano, tanto frente a otras regiones españolas, como otros países competidores. Pues bien, no sólo desde posiciones como la de María Consuelo Reyna en Las Provincias se realizó un ataque brutal contra la marca; sino que también los cantonalismos afloraron y tronaron contra la misma. Ello fue especialmente evidente desde Benidorm –los empresarios y políticos del PP (con Eduardo Zaplana a la cabeza) querían defender la marca “Costa Blanca”–, aunque no lo fue menos desde Castellón –con la “Costa del Azahar”– protagonizando ataques de una enorme mediocridad y una nula visión de futuro. Asustado por los ataques de una parte del sector turístico animado por el PP y los de la citada Reyna, Joan Lerma acabó enterrando la marca con el cambio de

Conseller. 98

Siguiendo con la gestión de Andrés García Reche, y desmontando de nuevo estereotipos y clichés falsos, un tema se atribuye como ilustrativo de la gran visión de futuro y la anticipación de lo que después sería una moda mundial: la de la creación de parques e institutos tecnológicos. Se atribuye a Lerma como gran estadista esa gran apuesta tan adelantada en su tiempo, y los más conspicuos “lermistas” actualmente alaban esa visión como una de sus grandes aportaciones a

98 Si analizamos todo el presupuesto gastado en campañas publicitarias por las diferentes administraciones públicas valencianas desde entonces (patronatos turísticos; subvenciones a los aviones de la compañía Air Nostrum; reconocimiento el verano del 2010 del presidente de la Diputación de Valencia, Alfonso Rus, de que la marca turística de la misma “Terra y Mar” y el presupuesto invertido tantos años en la misma no ha servido para nada; el coste de las ferias FITUR, etc.) y lo comparamos con los nuevos destinos turísticos que nos realizan la competencia y sus campañas publicitarias, no podremos más que maldecirnos por haber renunciado a la marca “Mediterránea”.

la sociedad valenciana. Hasta qué punto esta imagen ha quedado grabada la tenemos en un párrafo del prólogo que Pedro Solbes escribe para el libro sobre Joan Lerma99. Desde hace varios años todos vienen hablando del I+D+i como si fuera el

maná que nos llevará a la creación de una sociedad avanzada y competitiva; que el

gobierno popular desmontaría posteriormente restando financiación. Los grandes defensores de la gestión de Joan Lerma no paran de alabar esa gran visión de futuro, tan adelantada a su tiempo, y que el PP denostó hasta que fue contagiado del ambiente generalizado y apostó con fe por la tecnología. Pero en la elaboración de este trabajo hemos podido descubrir la realidad y desmontar el “mito lermista”. Y en este descubrimiento recordamos las palabras del exconseller de Trabajo Miguel Doménech, en las que recalcaba que Lerma ni coordinaba, ni impulsaba la gestión de las conselleries, de manera que cada conseller llevaba la política que consideraba en su departamento.

La gestión de Andrés García Reche en lo relativo a su política de fichajes de gestores profesionales y su independencia respecto a las políticas desfasadas que desde el Ministerio de Industria un hombre de Solchaga gestionaba, fue blanco de críticas por parte del aparato del partido y del entonces conflictivo gerente de la patronal valenciana, Luis Espinosa. Este personaje, que ostentando un cargo técnico realizaba más oposición que los propios dirigentes del PP, pretendía dirigir la política de la conselleria de Industria, y pretendía que los fines, objetivos y controles de la misma y del Instituto de la Mediana y Pequeña Industria Valenciana (IMPIVA) fueran “flexibilizados”. Años después saldría a la luz los efectos de sus pretensiones con el escándalo de los cursos de formación falsamente impartidos por la patronal y algún sindicato que subvencionaba la conselleria de Trabajo. Lerma nunca le dio directrices de política industrial o turística a García Reche y la relación con la patronal de Alicante y Castellón que éste mantenía era correcta; en Valencia la tensa relación derivaba del citado personaje y de la politización que emanaba de su entonces presidente Pedro Agramunt. El proyecto y desarrollo del parque y los institutos tecnológicos los había generado el equipo de García Reche, quien antes de ser conseller había sido director general. Al llegar Martín Sevilla con parte del equipo de “jóvenes expertos” que arrastró desde la conselleria de Trabajo a Industria arrasaron con la gestión y los profesionales fichados por García Reche. No hizo falta esperar a que llegara el PPCV al gobierno valenciano: ahí comenzó el declive del

99 “..Pero si existe una palabra que define la acción política de Joan Lerma esa es modernización. Las prácticas políticas que habían existido en la transición estaban marcadas por la negociación. Joan Lerma hace del pacto la necesidad, y del desarrollo e impulso autonómico, la modernización de la sociedad a través de amplias reformas tanto en el ámbito económico como en el campo de la educación, sanidad, cultura e industria, sector éste en el que desde sus gobiernos promueve una innovadora y singular política industrial, basada en potenciar la inversión pública en I+D y que, en su momento, fue única en nuestro país y posteriormente patrón para otros gobiernos autonómicos..” Lafora, 2006: 10. Una política cuya auténtica paternidad es de Andrés García Reche y su equipo, que Lerma cercenó en 1993.

parque tecnológico de Paterna para convertirlo en un polígono variopinto. Se dieron casos curiosos, como que al jefe de gabinete de Martín Sevilla en Trabajo, Antonio Bernabé, sin experiencia en turismo, se le encarga la dirección de la política turística valenciana. Este último, como componente del grupo de amigos y jóvenes “opositores” del Consell Metropolità, tendría una meteórica carrera en el partido y las instituciones renegando de sus “padres políticos”, y apareciendo como renovadores del partido, como si no hubieran estado directamente implicados en la gestión del Consell de Joan Lerma. 100

Días antes de la remodelación del Consell se confirma que Carmen Alborch y Vicente Albero se perfilan como ministros, así como la negativa del PNV y Convergencia i

Unió a asumir alguna cartera, como les ofrecía Felipe González. En el nuevo

gobierno de Felipe González que toma posesión el 14 de julio de 1993 entró como ministro el magistrado independiente Juan Alberto Belloch; pero no el exjuez Baltasar Garzón, con las consecuencias que ello tendría. En Valencia el partido vendería a la prensa el gran peso de los valencianos en Madrid al nombrar Felipe González a tres ministros: Pedro Solbes que pasa de Agricultura a Economía y Hacienda; Vicente Albero, nombrado ministro de Agricultura; y Carmen Alborch, ministra de Cultura. Sólo que ello no se traduciría en ningún resultado beneficioso para la Comunidad Valenciana, ni daría réditos electorales al PSPV-PSOE, como se