• No se han encontrado resultados

LA ALIMENTACIÓN COMO PROBLEMA

CAPÍTuLO 2 LA CONSTITUCIÓN DE LA ALIMENTACIÓN COMO PROBLEMA SOCIAL

2.5. Biopolítica alimentaria y modelos de subjetivación

Desde la perspectiva de Foucault el sujeto no existe a priori de las relaciones de

poder sino que se constituye en las mismas. Es decir, el poder no sólo comporta una prohibición o represión, sino también una producción: el poder crea sujetos. Por ello, toda tecnología de poder viene ligada a la construcción de un determinado tipo de subjetividad.

Como acabamos de ver, en la biopolítica alimentaria contemporánea aparecen problemáticas que atañen directamente a esta cuestión, como la construcción de su- jetos responsables. Pero el planteamiento de la responsabilidad personal trasciende el ámbito sanitario y alimentario; es un rasgo inseparable de la racionalidad neolibe- ral que enfatiza en todos los ámbitos sociales esa responsabilidad del individuo para gestionar sus asuntos y asegurar su futuro (Rose, 2007). Para Laval y Dardot (2013) constituye, de hecho, la esencia de lo que llaman el «neosujeto»:

Dado que el sujeto es plenamente consciente y dueño de sus elecciones, también es ple- namente responsable de lo que le ocurre: a la «irresponsabilidad» de un mundo que se ha vuelto ingobernable debido a su propio carácter global, le corresponde en contrapar- tida, la infinita responsabilidad del individuo en cuanto a su destino, su capacidad de tener éxito y ser feliz (2013:349).

La responsabilidad personal es la contrapartida de la libertad propia de este régi- men de gubernamentalidad; al partir de que los sujetos toman libremente sus decisio- nes, se entiende que estos serán responsables de sus consecuencias. Pero esa libertad, como nos recuerda Foucault (2009), no es un dato previo con el que juega el liberalis- mo, sino algo que es preciso producir y organizar para su correcto funcionamiento. El liberalismo no acepta la libertad, dice el autor, sino que se propone fabricarla a cada instante. Podemos así afirmar que el dispositivo biopolítico de gestión poblacional necesita construir sujetos libres y, por tanto, responsables de esa libertad.

Como veíamos al principio del capítulo, los regímenes de seguridad presupo- nen este tipo de sujetos a los que no se trata de conducir en términos morales, sino de regular en sus conductas, de forma que éstas entren dentro de los límites de lo aceptable en función de determinados factores de riesgo. Un ejemplo de este modelo de gestión de las libertades lo encontramos, en nuestro ámbito, en el caso de la propuesta a nivel europeo de gravar con altos impuestos los alimentos calóricos para luchar contra la «epidemia de la obesidad». Ni se prohíben estos alimentos, ni se denuncia el papel de las prácticas de la industria agroalimen- taria en estos problemas sanitarios. Los problemas de la ingesta de la «comida

basura» se contemplan en términos de factor de riesgo en ciertas patologías, y

sólo se aplican medidas económicas para recaudar un dinero que quizás com- pense el aumento del gasto médico que supone a los países la contracción de estas enfermedades por parte de la población. Las autoridades se encargarán de proporcionar, a través del etiquetado y de campañas publicitarias, la información necesaria para que estos sujetos libres puedan conducirse correctamente, pero PARTE 1 LA ALIMENTACIÓN COMO PROBLEMA

no entrará aquí una lógica de la prohibición como en el caso de los dispositivos disciplinarios. Tengamos en cuenta además que prohibir ciertos alimentos o ca- lificarlos como «malos para la salud», atenta contra los intereses económicos de la industria agroalimentaria10 y contra el sistema de libre mercado. Como hemos dicho, es necesario mantener el postulado de la libertad de los comensales para elegir racionalmente sus alimentos.

Sin embargo, aunque sean las tecnologías de seguridad las que predominan en la biopolítica alimentaria, éstas confluyen con otro tipo de técnicas de corte disciplina- rio. La nutrición y la educación alimentaria, como estamos viendo, han tenido desde el principio una voluntad de reforma de las conductas de los sujetos, y aunque ésta no siempre esté marcada por una valoración moral, ni por un recorte de la realidad entre lo correcto y lo incorrecto, en ocasiones sí se inserta en este tipo de lógicas.

Al analizar el campo de salud pública Fassin (1996) ya nos advierte de que ésta se constituyó a la vez como saber y como disciplina. El higienismo tenía una pretensión de transformación social, inseparable de un reformismo moral que se alcanzaría me- diante la modificación de los hábitos cotidianos de los sujetos. En esta misma línea, Coveney (1999) sostiene que la nutrición tiene una doble dimensión: como conoci- miento empírico y como disciplina espiritual. El conocimiento nutricional no consis- te únicamente en hechos, figuras y recomendaciones de expertos, sino que también provee unas pautas para que los individuos puedan acomodar sus hábitos alimenta- rios a aquello que se considera «bueno»:

Nutrition promoted healthy habits and clean efficient living and it provided a set of problems around which individuals were required to self problematise their thoughts and deed (1999: 28)11.

La nutrición es por tanto ciencia y moral, una moral que retoma y resignifica mu- chas de las preocupaciones históricas en relación con la comida, la salud, el cuerpo y el placer. En virtud de este componente axiológico, los ideales dietéticos no pueden ser entendidos como una simple reflexión objetiva sobre hechos nutricionales. Bajo el lenguaje aparentemente neutral de la ciencia, la nutrición impone toda una serie de valores y de ideales sobre el deber ser de las personas, apoyándose en preceptos morales preexistentes en cuanto a las formas de manejo del apetito. En particular, en los valores del ascetismo y la moderación que se vehiculaban en los discursos religiosos (Biltekoff, 2013; Coveney, 1999).

10 Un buen ejemplo de ello lo encontramos en la «Guía de Buenas Prácticas para la Elabo-

ración y Comercialización de los Productos Ecológicos» elaborado por el Ministerio de

Agricultura, Pesca y Alimentación en 2007, en el que se dan pautas para promocionar los productos ecológicos, advirtiendo de que la exaltación de sus cualidades no puede hacerse en perjuicio de los alimentos convencionales. http://www.magrama.gob.es/es/alimentacion/ temas/la-agricultura-ecologica/buenas_practicas_08_tcm7-8088.pdf

11 La nutrición promovió hábitos saludables y vidas eficientes, y proporcionó una serie de pro-

blemas alrededor de los cuales los individuos debían cuestionar sus pensamientos y acciones.

74

Ejemplos del uso de la nutrición como cruzada moral a lo largo de la historia, los encontramos en los movimientos higienistas y de la nueva nutrición, dirigidos en especial hacia la clase obrera, cuyas almas se pretendía transformar mediante la re- forma de sus hábitos alimentarios. Biltekoff (2013) relata también cómo en EE.UU., durante la Segunda Guerra Mundial, mantener una alimentación equilibrada se pu- blicitaba como vía para contribuir al éxito del país en el conflicto y, por tanto, como algo propio de un «buen ciudadano».

El cambio que acontece en los mensajes nutricionales actuales con respecto a es- tos ejemplos, es que hoy día se apela a la racionalidad y a la salubridad más que a cuestiones propiamente éticas. No se trata de ser mejor persona o de contribuir a la nación, sino de cuidar y mantener el organismo en perfecto estado de funcionamien- to. Esto es, ese control de sí en materia de alimentación no se inscribiría en una ética asentada en el papel del individuo en el colectivo, como ocurría en épocas anteriores, sino en una práctica individual orientada hacia su propio futuro (Lamine, 2008), en la que son los valores biomédicos y propios de la existencia en tanto cuerpo los que se vuelven centrales (la salud o la vida).

Pero, más allá de estas diferencias, el autocontrol sigue siendo una pieza funda- mental en la relación que se insta a la persona a tener con su alimentación. Díaz y Gómez (2008) sostienen que el cuerpo perfecto/saludable no sólo constituye un signo de salud sino también de la capacidad de autorregulación del individuo. Por la misma razón, el cuerpo obeso se asemeja simbólicamente a la enfermedad, a la irra- cionalidad y a la debilidad de espíritu; a un sujeto incapaz de controlar sus propios apetitos. Aunque parezca que estas prácticas ascéticas se vinculan únicamente con una preocupación corporal, implican también un juicio sobre «el alma» de las per- sonas (por ejemplo, aquellos que se alimentan con «comida rápida» son tachados por otros de «inconscientes» o «irresponsables»). Es así que este tipo de discursos funcionan en cierto nivel como escala con la que categorizar a los sujetos, sobre la base de unos patrones socialmente situados. Si tenemos en cuenta la correlación que existe entre esas pautas alimentarias «insanas» con la pertenencia a las clases socia- les más bajas12, podemos entender por qué se habla de la imposición de los valores de clases medias y altas a través de este tipo de discursos (Guthman, 2003)13.

Sin embargo, dado que como hemos visto, la libertad (como concepto abstracto y vacío de cualquier contenido moral) es la máxima de este régimen de gubernamentali-

12 Evidentemente no se trata de que el McDonald’s pertenezca a la «cultura de la pobreza». Son muchos los factores socioestructurales los que explican esta correlación. Entre otros, la cer- canía de determinados espacios de venta de alimentos, los ritmos de trabajo y la capacidad adquisitiva.

13 Algunas madres de los alumnos que recibían los talleres de educación alimentaria en una de las cooperativas en las que he trabajado (la gran mayoría de colegios de barrios populares), lle- garon a quejarse a los responsables por el tipo de mensajes que los niños recibían en estas char- las. En concreto, por presentarlas indirectamente como mujeres que estaban «envenenando» a sus hijos con el tipo de alimentación que les daban. El argumento principal que empleaban en sus quejas era su limitación económica para poder basar su dieta en productos ecológicos.

dad, esta moderación alimentaria puede llegar a colisionar con los discursos de exalta- ción del gozo propios de la sociedad de consumo. De hecho, para Laval y Dardot:

El ideal de dominio de sí ya no caracteriza a la subjetividad propiamente neoliberal. La libertad se ha convertido en una obligación de mayor rendimiento. La normalidad ya no es el dominio y la regulación de las pulsiones, sino su estimulación intensiva como fuente energética primordial (2013:365-66).

De lo que se trata entonces es de jugar activamente con el espacio de libertad para que los individuos acaben sometiéndose por sí mismos a ciertas normas. En otras palabras, de conseguir el autogobierno del individuo. Es por ello que Fassin (1996) entiende que el sometimiento a estos hábitos saludables es incomprensible sin tener en cuenta ese «proceso de civilización» estudiado por Elias (2009). Ese autocontrol sería fruto de un proceso de interiorización del control social que se originó como consecuencia de una serie de transformaciones en la estructura social, que impusieron la subordinación de los afectos inmediatos a otro tipo de objetivos a largo plazo.

Aunque parezcan fuerzas que apuntan en direcciones contrarias, en la industria de la alimentación saludable la libertad y el disfrute tratan de amoldarse a la raciona- lización y contención de los hábitos alimentarios, mediante discursos que enfatizan el placer de mantener un cuerpo sano. En ella se ofrecenposibilidades ilimitadas de consumo, nuevas experiencias culinarias y productos con mejores cualidades sensi- tivas que los convencionales que, además, ayudan al individuo a prevenir y/o tratar disfunciones corporales o a mejorar la salud y la belleza de su cuerpo (alimentos fun- cionales, ecológicos, slow food, suplementos, «superalimentos», semillas, aceites...). De esta forma, contención y hedonismo no se muestran como aspectos incompati- bles en tanto que la primera conduciría al segundo (Lupton, 1996).

Como iremos examinando, la tensión que se produce por la confluencia entre téc- nicas disciplinarias y técnicas de seguridad en la relación del sujeto con la alimen- tación atraviesa por completo nuestro campo de estudio. En un amplio sector de estas corrientes críticas hay una clara problematización moral de la alimentación, una voluntad de reforma de las conductas a este respecto y una división tajante entre lo bueno y lo malo cuando de comer se trata. Desde aquí el cuestionamiento a las prácticas alimentarias no se formula en términos (exclusivamente) sanitarios, sino también ético/políticos, planteándose aspectos como a quién benefician y a quién perjudican unos determinados hábitos alimentarios (que adquiera la comida en este establecimiento, que compre determinados productos…). Sin embargo, desde estas posturas se comparte también esa noción de la responsabilidad ilimitada de los indi- viduos a la hora de elegir sus «opciones de existencia» (que en este caso contribuirán más o menos a la justicia social), y por tanto, también el postulado de la libertad (de elección). Esto se refleja en el propio calificativo empleado para definir este tipo de consumo: el «consumo responsable». Este hecho, junto con la exaltación del poder del consumidor, del emprendimiento y de la ciudadanía activa, hace que desde cier- tas posiciones se haya señalado la continuidad de estos movimientos alimentarios con el paradigma neoliberal.

76 Depuración interna

Durante una jornada de trabajo en una cooperativa mantengo la siguiente conver- sación con una consumidora sobre su experiencia con las limpiezas hepáticas.

-Pues ojalá se extendiera más esto, además de la cantidad de dinero que se ahorrarían las arcas públicas si se hicieran más limpiezas… Porque todos los problemas que vienen de la mala alimentación…

-Pero habrá que hacer algo más que la limpieza, ¿no?- pregunto.

-Sí, pero es que una vez que haces la limpieza y ves la mierda que sale pues ya

te motivas a seguir cuidándote, a dejar de comer mal…

Pone entonces el ejemplo de un conocido suyo que también ha empezado ahora a hacer este trabajo de purificación, al que describe como «el típico muy gran-

de, de 37 años, que ha hecho toda la vida lo que le ha dado la gana, ha comido lo que ha querido, fumaba un montón, con una vida de estrés de ejecutivo…»

En esas condiciones, «tenía todas las papeletas para que le diera un infarto,

porque además la treintena es la peor edad, y ahora con esto ha ganado un montón. Se ha alargado la vida.»

Entonces pasamos a hablar sobre el último informe de la ONU sobre Seguri- dad Alimentaria y sobre las cifras de personas que tienen problemas asociados a la «mala alimentación». Está escandalizada porque el número supera al de personas con problemas de desnutrición. Califica este hecho de «escalofriante», y reflexiona: «además no hacemos nada, no somos capaces de dejar de comer

las cosas que nos gustan pero que nos matan».

Finaliza recordando el caso de su madre:

«Alucino cuando voy a su casa y veo su nevera, ella que fue la que me ense- ñó a comer de temporada, y tiene siempre tomates, calabacines, berenjenas… y además muy poca verdura. Y no le puedes decir nada. Claro que vienen de otra época en la que han pasado mucha escasez, pero claro, no comían esas co- sas porque no podían, no han interiorizado nada. Y ahora son los peores para cambiar de hábitos. Mi madre tiene muchos problemas de salud, pero lo único que quiere son medicamentos. Si le planteas que cambie de dieta para poder vivir con mayor calidad de vida, se ríe. Claro, porque estas cosas son a largo plazo y lo que queremos es, si nos duele la cabeza, tomar un analgésico que nos lo quite en el momento, no saber de dónde viene el problema. Aunque también es algo que fomentan las industrias farmacéuticas porque les interesa».

Al analizar la tensión entre los valores hedonísticos y ascéticos en materia de ali- mentación en las sociedades de consumo, Lupton (1996) identifica la prevalencia de un patrón de conducta circular. Los sujetos se permiten comer «cosas malas», surgen sentimientos de culpabilidad que tratan de paliar llevando una dieta salu- dable durante un tiempo hasta que vuelven a permitirse algún pequeño placer, que luego tratan de compensar de nuevo regresando a esa dieta saludable. Pero, sea que PARTE 1 LA ALIMENTACIÓN COMO PROBLEMA

la persona se autocontenga o que se deje llevar por el capricho, aparece siempre un distanciamiento reflexivo con respecto a las prácticas alimentarias anclado en la problematización estética y sanitaria del cuerpo.

Este trabajo de distanciamiento y reflexividad promovido por la educación ali- mentaria como estrategia de las políticas de salud pública ha facilitado, a nuestro parecer, la introducción de las problematizaciones ético/políticas de la alimentación que promueven los movimientos agroalimentarios alternativos. Dicho de otra forma, consideramos que ese trabajo de modificación de pautas de consumo que vino de la mano del desarrollo de la ciencia nutricional, como técnica de gubernamentalidad biopolítica, ha sido fundamental para la introducción de este otro tipo de reflexivida- des en torno al comer. De hecho, el saber nutricional ha servido también de punto de apoyo para este movimiento de consumo alimentario que reclama el derecho a una alimentación saludable, ecológica, justa y local.