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Bitácora de la crónica 138

5. Crónicas: los inmigrantes africanos en Bogotá 106

5.2.1. Bitácora de la crónica 138

Cuando le pregunté a una de mis compañeras de clase si conocía a algún egipcio para mi trabajo de grado, me comentó sorprendida: “¿Egipto? ¿Acaso tu crónica no es sobre africanos en Colombia?” El error de mi compañera no es gratuito. Egipto ha estado ligado histórica y culturalmente al mundo árabe y la impresión que muchos tienen es que es un país que pertenece más a Medio Oriente que a África.

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De todos modos, la pregunta aumentó mi interés por conocer a egipcios que se hubieran radicado en Bogotá. ¿Se consideraban africanos? ¿Qué nexos tendrían con el continente en el cual se ubica el país geográficamente? No hay que olvidar que Egipto también tiene nexos importantes con África, entre los que se destaca su desarrollo estado ligado a dos emblemas del continente: el río Nilo y el desierto del Sahara.

El estilo seco y cerrado de Ramzy Hanna

A diferencia de otros africanos, encontrar egipcios no fue una tarea difícil. Como Egipto tiene embajada en Bogotá, con una llamada conseguí el teléfono de Ramzy Hanna, el vendedor de libros que colecciona papiros antiguos. Lo llamé y accedió a darme una entrevista. Todo parecía sencillo, como con los otros africanos, pero Ramzy resultó ser una persona de pocas palabras, algo rígido e introvertido.

Siempre nos encontramos en su casa en el barrio San Cristóbal, en el norte de Bogotá. Él siempre se sentó en el mismo lugar de la sala, en la misma posición y simplemente se limitó a responder mis preguntas. Desde la primera vez me preguntó si pensaba grabar la entrevista o si tomaría apuntes. En otras palabras, nunca se trató de una conversación amable y sin protocolo, sino todo lo contrario: fue una serie de encuentros que se desarrollaron entre mis preguntas y sus respuestas. Nada más.

Esto tuvo dos efectos: uno positivo, en la medida en que pude documentar con mucha fiabilidad lo que él me decía. Prácticamente todo está en formato digital, por lo que pude tomar citas directas para usar en la crónica. Sin embargo, la rigidez impidió que pudiera tener otros detalles de él o que lo viera en otros lugares distintos a la sala de su casa.

¿Cómo buscar que una persona difícil le hable a uno y le cuente detalles de su vida? Intenté muchas fórmulas: le comenté que quería hablar con su esposa para conocer su experiencia, le pregunté si podía acompañarlo a misa un sábado e incluso si podía mostrarme un álbum de fotos de su vida en Egipto.

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En todos los casos se negó (argumentando, por ejemplo, que no le gustaban las fotos) o simplemente no respondió.

La tarea, entonces, resultaba más difícil de lo esperado, especialmente porque su historia merece ser contada. Quería narrar detalles de su vida, pero él no me los daba. La solución, ante tantas dificultades, fue continuar con las entrevistas y en vez de forzar algún tema en específico (nunca quiso hablarme de la situación política en su país, por ejemplo), decidí narrar aspectos de la persona que tenía en frente. En otras palabras, no se trataba de dirigir las conversaciones hacia lo que yo quería escuchar, sino dejar que él hablara y demostrara rasgos de su personalidad. Así, yo podía escribir en mi historia que él es una persona difícil, que no habla mucho y que no da muchos detalles. Sin darme cuenta, tenía en mis manos una de las características fundamentales de Ramzy, y yo quería cambiarla.

La investigación con Ramzy Hanna presentó un inconveniente adicional. La segunda entrevista, precisamente en la que hablamos de manera más cómoda, no quedó grabada en mi dispositivo digital. De eso sólo me di cuenta un mes después, cuando me senté a transcribir la entrevista. No había tomado apuntes durante la conversación y por el tiempo que había pasado tampoco me acordaba de todo lo que habíamos hablado. Sólo tenía unos cuantos comentarios que apunté de afán en el cuaderno que me sirve de bitácora de cada uno de mis encuentros con africanos.

Mi falla me enseñó una lección metodológica: así uno tenga el recurso de la grabadora digital, es fundamental tomar apuntes o palabras clave. Por ello, en la siguiente entrevista no sólo retomé algunos detalles que me permitieron acordarme de lo que habíamos hablado anteriormente, sino que llevé un formulario impreso en el que registré pormenores que él me contaba. Resultó un buen experimento: transcribí la entrevista y la complementé con lo que no estaba en la grabadora, pero sí en mis apuntes.

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A Shoukry Awadalla lo encontré por casualidad. Una familia de origen árabe, a cuyos hijos les dicto clases de alemán, me comentó que alguna vez, hace mucho tiempo, un conocido les había hablado de su cuñado egipcio. El problema residía en que ya no eran cuñados, pues su hermana y el egipcio se habían separado. De todos modos, la familia árabe intentó llamar a Shoukry Awadalla y él aceptó ayudarme en la tesis, siempre y cuando nos encontráramos en un horario no laboral.

Y así fue. Cada una de las veces que nos reunimos, lo hicimos en un fin de semana. Me invitó a almorzar dos veces en el Parque de la 93 –una de ellas con su hija Laila– y en Semana Santa conocí su casa en Floresta de la Sabana. Las conversaciones con Shoukry fueron opuestas a las de Ramzy, pues habló con mucha facilidad de su vida en Egipto y de sus momentos más significativos en Colombia. No intimamos al principio, como es obvio, pero a medida que fuimos hablando más –tanto en persona como por correo electrónico– logramos más confianza.

En la historia de Shoukry, uno de los momentos más relevantes presentó una dificultad metodológica. Su llegada a Colombia se produjo, en parte, gracias al arresto de dos colombianos en Egipto por narcotráfico. Él no se acordaba de muchos detalles, por lo que tuve que recurrir a otras fuentes.

La primera de ellas fue el Ministerio de Relaciones Exteriores. Allá pregunté por el dato y, si bien ellos no lo tenían, me pusieron en contacto con el embajador colombiano en Egipto, Guillermo Antonio Vanegas, quien me habló vía telefónica desde El Cairo. Conseguí más elementos sobre el caso de los dos colombianos encarcelados, y Vanegas prometió enviarme la información completa, pero ésta nunca llegó.

Tuve entonces que recurrir a otra instancia: la prensa de la época. Actualmente, la Revista Semana cuenta con un archivo en internet de donde es posible descargar todos los artículos en la historia de la revista. Encontré una referencia al arresto de los colombianos en Suez, en la que incluso estaba adjuntada una carta de la mujer arrestada a su familia en Colombia. Escribí a

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Shoukry para preguntarle si se trataba de los mismos que él conoció y él corroboró la información.

Además de eso, una casualidad desvió el curso de la investigación sobre los dos egipcios. En la primera conversación con Shoukry le comenté que había conocido a Ramzy y él respondió que se habían conocido en Egipto y que Ramzy incluso le había vendido el pasaje para venir a Colombia. Así, ese elemento en común de los dos egipcios me brindó la opción de escribir una sola crónica con las dos historias en vez de dos crónicas por separado, como pensé inicialmente. Por tanto, en las siguientes reuniones, pregunté a cada uno por el otro para ahondar en ese momento en el que se conocieron.

Cuadro número 4: Cronograma de encuentros con los dos egipcios

Fecha Lugar Hora

11 de febrero de 2008 Casa de Ramzy Hanna 10–11 a.m. 23 de febrero de 2008 Consultorio de Shoukry 1–2 p.m.

28 de febrero de 2008 Casa de Ramzy Hanna 10 a 11:30 a.m. 8 de marzo de 2008 Parque de la 93\ Shoukry 1–2:30 p.m. 24 de marzo de 2008 Casa de Shoukry 3:30– 4:30 p.m. 7 de abril de 2008 Casa de Ramzy Hanna 8:55–9:35 a.m. La escritura de la crónica

Un reto interesante a nivel de la escritura consiste en contar dos historias paralelas en un solo texto, resaltando en el proceso los aspectos en común y las divergencias entre los personajes. Antes de escribir surgieron muchas preguntas: ¿Cómo podía lograr que las dos historias quedaran balanceadas y que el peso no recayera sólo sobre un personaje? ¿Cómo dejar cada historia en claro y evitar que se mezclen datos cuando el lector tiene el artículo en sus manos? ¿Cómo podía narrar sin caer en comparaciones desagradables, que resaltaran, por ejemplo, la riqueza de uno o la modestia del otro?

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Lo primero que definí fue una estructura básica. Para que los dos personajes adquirieran el mismo peso, la historia debía tener una introducción y una conclusión en las que ambos estuvieran presentes. Luego sí podría dedicarle fragmentos específicos a cada uno.

Además, para facilitar la comprensión, decidí seguir un orden específico: primero un mini–relato de Ramzy, luego uno de Shoukry, después otro de Ramzy y así sucesivamente. De esa manera, las historias se desarrollan en una especie de zigzag y es posible seguirle el hilo tanto al relato general como a cada personaje.

Cada uno de esos mini–relatos está relacionado con el siguiente, tal como lo hice en otras crónicas. Así, la descripción de los papiros de Ramzy continúa con la descripción de los adornos egipcios de la casa de Shoukry. Ésta termina con una mención a su contacto inicial con Colombia y continúa con el relato de la llegada de Ramzy a este país. Posteriormente dedico un apartado a la historia de Shoukry con los dos supuestos narcotraficantes y termina con parte de su rutina en Bogotá, que se conecta con las costumbres de Ramzy en esta ciudad.

Con esa estructura se mantienen firmes dos elementos: el primero de ellos es una estructura general de la crónica. No quedan las dos historias fragmentadas, sino una historia con dos personajes centrales. El segundo es que cada personaje cuenta su historia, pero la relaciona en todo momento con la del otro, sin la necesidad de comparar directamente.

Los únicos momentos en que se compara de manera directa son la introducción y el desenlace. Sin embargo, no lo hice con ánimo de contrastar realidades, sino como una manera de darles a los dos egipcios el mismo protagonismo en el escrito.

Algunos de estos mini–relatos tienen un elemento adicional: a través del uso de adjetivos, procuré hacer más lento el relato en los apartados en los que describo los ambientes naturales, las flores y los jardines. La razón es que la

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naturaleza representa calma y, en el caso de los egipcios –especialmente Shoukry– es un descanso en comparación con su país desértico y con el ajetreo de la ciudad y de su trabajo. Es importante dejar en claro que no sólo es posible describir con las palabras, sino también con los cambios de ritmo en diferentes momentos de la crónica.

En contraste, la llegada de Shoukry a Bogotá (por ejemplo los párrafos séptimo y octavo del mini–relato titulado “Shoukry Awadalla y el suceso con dos sospechosos de narcotráfico”) está descrita en oraciones cortas y con pocos adjetivos. En este caso, la intención no era representar la calma, sino todo lo contrario: la llegada a un nuevo país siempre está marcada por muchas experiencias simultáneas o sucesivas, que el inmigrante sólo logra entender en toda su magnitud algún tiempo después.

La selección de los temas para el inicio y la conclusión también fue a propósito. Tanto Shoukry como Ramzy mencionaron, desde la primera vez que nos encontramos, cómo les impresionó el verde de Colombia, especialmente por venir de un país en su mayoría desértico. Destacar la naturaleza colombiana me permitió hacer una comparación entre las plantas que ellos tanto admiran y la semilla que han sembrado en este país y que hoy se evidencia en sus hijos y en la nieta de Ramzy. Es un símbolo recurrente en la historia de los dos egipcios en Colombia.

A su vez, me ayudó a encontrar el final. Desde un comienzo quería que tuviera como elemento central la descendencia, pues es gracias a ella que tanto Ramzy como Shoukry están en Colombia. Y es también por ella que no piensan en devolverse por el momento a Egipto.

De esa manera, até los dos cabos y comprendí que podría abrir y cerrar la historia con dos elementos diferentes –por un lado la naturaleza, por el otro la familia–, pero que tienen características comunes.

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Diagrama número 2: Estructura de la crónica “Yo soy más colombiano que cualquier otro colombiano”

Introducción: cómo la naturaleza influyó

tanto en Shoukry como en Ramzy.

Ramzy

Hanna y sus

papiros

Detalles de

la casa de

Shoukry

Costumbres

de Ramzy en

Bogotá

Costumbres

de Shoukry

en Bogotá

La llegada a

Colombia de

Ramzy

La llegada a

Colombia de

Shoukry

Conclusión: las raíces de Ramzy y de

Shoukry que han crecido en Colombia.

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