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BOWLBY: TEORÍA DEL APEGO

In document Salud Mental Comunitaria (página 153-156)

EL PENSAMIENTO EN BION

5. BOWLBY: TEORÍA DEL APEGO

John Bowlby (1907-1990), contemporáneo de Winnicott, y bebiendo de las mismas fuentes que él, entiende la conducta a través de aspectos más relacionados con la etología. Debido a sus experiencias de niño mostró una sensibilidad espe- cial hacia el sufrimiento infantil: cuarto de seis hijos, criado por niñera, se reunía con su madre sólo a la hora del té. Sufre la separación de su niñera cuando tiene 4 años y lo describe como una pérdida tan grande como puede ser la de una madre. A los siete años lo ingresan en un internado para que siga sus estudios.

Tiene claro que gran parte de los trastornos emocionales y de conducta que observa en niños tienen su origen en la mala relación o separación entre el niño y sus padres.

La observación directa del niño con la madre, de las vicisitudes de este vín- culo y las consecuencias de la mala relación, aporta datos que unidos a los con- ceptos anteriores da como resultado la teoría de los afectos.

Según Bowlby, la separación o pérdida de la figura de apego explica la ansie-

dad de separación. Según él la ansiedad que se despierta frente a la separación o pér-

dida de la figura de apego es una respuesta biológica, una señal de alarma frente a un indicio de peligro ya que la figura de apego tiene una función protectora arraigada en la biología. Esta señal de alarma es un mecanismo que heredamos filogenéticamente y que cumple un papel de supervivencia.

Desde esta perspectiva, lo patológico para Bowlby sería la falta de ansiedad o bien que ésta se despertara antes de tiempo o con intensidad exagerada.

A partir de él, otros autores realizan experimentos que apoyarán la idea de la importancia de la vinculación con la madre, a diferencia de Klein que subra- ya la importancia del mundo interno y de las fantasías. Insiste en que la base para un buen desarrollo cognitivo y emocional parte de que la necesidad de una figura estable —y saludable— en los primeros años esté atendida.

Después de la Segunda Guerra Mundial, la OMS le encargó un estudio sobre los niños deportados como consecuencia de la guerra. De este estudio surgió el libro Cuidados maternales y salud mental1(Bowlby, 1951). Este libro produjo un cam- bio importantísimo en el mundo occidental tanto en la atención y comprensión

psiquiátrica como en hospitales, orfanatos y escuelas que a partir de aquel momento tuvieron en cuenta el importante papel de la separación afectiva, por ejemplo, permitiendo que los padres acompañen al niño hospitalizado.

Explica que el requisito esencial para la salud mental es que el bebé y el niño de corta edad experimenten una relación cálida, íntima, continua con la madre (o sustituta permanente), que proporcione a ambos satisfacción y goce.

Demuestra, con cifras convincentes, cómo la separación precoz puede aumentar la tendencia a desarrollar una personalidad psicopática.

La teoría del apego, que en aquel momento marcó divergencias y desencuen- tros, hoy en día, como consecuencia de experiencias posteriores, ha llegado a un acuerdo avalado por los conocimientos actuales en neurociencias.

Todos estos estudios y aportaciones tuvieron y siguen teniendo gran inciden- cia en la medicina preventiva.

5.1. Hemos dicho de Bowlby

— Su tesis fundamental es la que se conoce como Teoría del Apego. — Esta teoría explica que una relación de apego seguro depende de la capacidad de respuesta de la figura de la madre o sustituta a las necesida- des del niño. También de las competencias del bebé para recibirlas y/o reclamarlas.

— El estado de seguridad, ansiedad o miedo del niño o adulto está deter- minado por la accesibilidad y disponibilidad de su figura de apego. — El apego es una necesidad biológica de protección por parte de la per- sona cuidadora y una necesidad del bebé porque nace indefenso y abso- lutamente necesitado de ser criado.

— La confianza en la presencia o apoyo de la figura de apego estimula la seguridad, autoestima, capacidad de explorar... Eso le permitirá tolerar la incertidumbre de la vida.

— Da muchísima importancia a la separación y a los duelos. Entiende y demuestra que, mal elaborados, están en la base de la psicopatología. — Tiene una perspectiva etológica para la comprensión de los afectos humanos.

5.2. Caso clínico

Caso clínico que pretende estimular la importancia de la prevención, publi- cado por la Dra. Llúcia Viloca en la Revista Catalana de Psicoanálisis: «La preven- ción en salud mental, un reto para el psicoanálisis».

Recibo en mi consulta una madre con su hijo de 22 meses, derivado por un compañe- ro con inquietud de que pudiera estar desarrollando un autismo. El niño hablaba, iba a su aire, no interactuaba con su madre y caminaba de puntillas. En la primera entrevista per- cibo lo que acabo de describir pero además veo que el niño mira de reojo con un afecto y una ternura diferentes de la de un niño autista. Observo que se acerca a su madre pero ella no lo mira nunca y entonces él se va deambulando de puntillas, sin hacer nada en concre- to. Me llama la atención que la mamá me lo presenta con mucho desespero, como si se tra- tara de un niño anormal; ella cree que nadie de la familia lo quiere mirar porque tiene un bulto en el párpado que lo afea mucho. Debo contenerme para no decirle «pero qué me dice, señora; si es un niño precioso y yo no le veo nada en el párpado». Le digo que es penoso lo que me cuenta, ya que por lo que explica parece que todos quieren al otro hijo, un año y medio mayor, y ella quisiera que éste más pequeño también fuera el centro de atracción del afecto de su marido, de su madre, de sus hermanos, etc., y no lo es. A la mamá se le humedecen los ojos y noto que contiene la emoción cuando menciono en mi intervención a su madre. Eso me estimula a introducir el tema de «y a su propia madre (refiriéndome a la abuela materna), ¿tampoco le cae en gracia su hijo pequeño?». Eso la induce a emocionarse y me explica que ella es la pequeña y la no querida por su madre. Dice que ser el pequeño es penoso para ella y para su hijo. «¿Qué sintió cuando nació su hijo pequeño?». «Cuando lo miré vi a mi madre y desde entonces no puedo mirarlo sin verle el bulto».

Le propuse unas entrevistas para poder explorar más todo esto y también al niño. Durante unos seis meses traté esta pareja, mamá-hijo, abordando las proyecciones y la mala relación de la madre con su propia madre, y ayudando a establecer un vínculo afectivo con el niño. Comprendí que la mamá no podía relacionarse con su hijo pequeño porque debía expiar la culpa; no podía disfrutar de ser mamá si ella odiaba tanto a la suya. El niño cami- naba de puntillas e iba a su aire como una expresión de la falta de contención y de relación, no tenía un referente emocional. La mala relación de la madre con la suya propia se concretaba en la proyección al párpado del niño, de una manera muy precisa «el bulto». Pensé que era una «alucinación». En el transcurso del tratamiento madre e hijo se reencontraron rápida- mente y el niño, en seis meses, desarrolló un vínculo y consiguió el nivel madurativo de su edad. Sin duda, cuando la madre fue receptiva pudo depositar en la relación todo su poten- cial de vinculación emocional. Fue muy emotivo verlo crecer; como en el caso de los niños

adoptados, que cuando llegan a la familia adoptiva tienen un retraso del desarrollo emocio- nal y al sentirse acogidos y queridos despliegan todo su potencial emocional y madurativo (Mirabent, Ricart y cols., 2005).

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