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4.2 BREVE HISTORIA DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO.

APROXIMACIÓN AL CONCEPTO DE CRECIMIENTO Y DESARROLLO ECONÓMICO.

4.2 BREVE HISTORIA DEL CRECIMIENTO ECONÓMICO.

La ciencia económica desde siempre ha estado preocupada por los temas ligados al crecimiento económico. Los primeros indicios pueden encontrarse entre algunos economistas clásicos. Adam Smith en su obra “Investigaciones sobre la Naturaleza y Causas de la Riqueza de las Naciones”, conocido popularmente como “Riqueza de las Naciones”, publicada en 1776. No expone un modelo de crecimiento económico, aunque deja claro la importancia de éste. Su libro fue esencialmente un estudio sobre el proceso de creación y acumulación de la riqueza. El crecimiento económico se plantea como la base del bienestar social, el que se potencia a través de la división y especialización del trabajo, como también de la libre competencia (Barberá & Doncel 2003: 36 - 38). Los estudios elaborados por Adam Smith, fueron la base sobre la que se desarrollaron aportaciones posteriores. Thomas Malthus, David Ricardo y John Stuart Mill, por citar solo algunos de los escritores mas representativos, mantuvieron invariable la esencia de la visión Smithiana del crecimiento económico.

Sin embargo, todo este crecimiento económico que se traducía en una mayor producción industrial, mayores volúmenes de comercio internacional y acumulación de capital productivo, no era sinónimo de bienestar social. Las condiciones de vida de los asalariados a mediados del siglo XIX era deplorable, la mayoría trabajaba sobre 14 horas y recibían pagos, que solo servían para cubrir sus necesidades vitales (Barber 1978: 112 – 113). Marx y Mill sintieron que el aparato teórico heredado, no era el adecuado para sus tareas. El crecimiento de la industria estaba socavando los supuestos de la doctrina clásica del laissez-faire. Además la economía vivía etapas de expansión, asociada a la incertidumbre e inestabilidad. Pero lo más importante era, que los beneficios de la expansión económica, no estaban beneficiando a todos los ciudadanos. Al obrero no se le retribuía lo justo, lo que daba paso a un capital, aún mayor, para el empleador.

Los problemas sociales se vieron agravados aún más, entre las dos guerras mundiales, en donde los sistemas económicos de la mayoría de los países industrializados, se vieron sacudidos por una crisis sin precedentes. Las altas tasas de desempleo, que azotaban Europa y América, hacían aumentar las huelgas y el descontento social, haciendo pensar a muchos que el modelo capitalista había colapsado, y que las previsiones Marxistas se estaban cumpliendo (Galindo & Malgesini 1994: 5). En medio de este ambiente, surge la figura de John Maynard Keynes, quién aporta sus más importantes

contribuciones en los años 30, fecha de la Gran Depresión. Keynes plantea que el ciclo económico crecerá, cuando la inversión sea mayor, lo que influirá en más empleo. En cambio, la economía decrecerá, cuando las expectativas sean menores, lo que implicará una menor inversión y empleo. Sin embargo, se estima que los grandes aportes brindados al tema del crecimiento económico, sólo eran porque a través de éstos, se podía paliar en parte, el problema que realmente preocupaba, no solo a Keynes sino que a todos los economistas y a las personas que vivieron la Gran Depresión: El paro.

Las transmisión y ampliación de las ideas expuestas por Keynes, en algunos de sus trabajos, se manifiesta a través de los autores Poskeynesianos. Distinguiendo sus principales aportes, en crecimiento económico, en dos tipos de modelos (Lavoie 1992: 283, revisada en Galindo 2011: 49):

Ø Modelos neokeynesianos, en ellos se hace especial hincapié en la distribución de la renta entre trabajadores y capitalistas. Estos

últimos son los únicos que ahorran, por lo que para potenciar el crecimiento habría que tratar de desviar la renta hacia ellos.

Ø Los modelos de corte kaleckiano, en los que se consideran aspectos relacionados con la concentración de empresas y el papel que podría desempeñar la política fiscal, entre otras, para potenciar el crecimiento.

Durante la crisis de petróleo de 1973, se empiezan a cuestionar los planteamientos de crecimiento sin limites, formulados por Keynes. En este período, aparecen las teorías asociadas a los límites de crecimiento, concentrándose principalmente en el largo plazo. Esta nueva corriente económica, fundamenta sus estudios en el Modelo de Crecimiento Neoclásico de Solow-Swan, desarrollado por Robert Solow y Trevor Swan. En él se ocupa de la tendencia potencial del crecimiento a largo plazo. Este modelo define una función de producción, la que permite obtener el único bien de la economía. Este bien se produce gracias a tres factores productivos: capital, trabajo y tecnología. El factor tecnología, es considerado constante en períodos de corto plazo y viene recogida como una función de producción neoclásica (Barberá & Doncel 2003: 57). La principal característica de esta función, son sus rendimientos constantes a escala, lo que facilita escribir el producto total, en términos per cápita. Ahora bien, los modelos neoclásicos establecen que el crecimiento económico depende, fundamentalmente, del intercambio entre trabajo y capital, manteniendo la tecnología constante. Los

“saltos tecnológicos” o el progreso tecnológico, son explicados como variables exógenas y ayudan a propiciar saltos positivos en el crecimiento económico. Asimismo, los mercados se caracterizan por la existencia de competencia perfecta, a la vez que los rendimientos se consideran constantes, con excepción de los rendimientos del capital, que en este caso, son decrecientes.

La dificultad de los modelos neoclásicos, para explicar las variaciones del crecimiento económico a largo plazo, generó un descontento en la mayoría de los economistas. Este descontento llevó a que en 1986, Paul Romer, considerado el pionero con la teoría del crecimiento endógeno o nueva teoría del crecimiento, publicara su trabajo “Increasing Returns and Long Run Growth”. Posteriormente en 1988, aparece el artículo de Robert Lucas “On The Mechanics of Economic Development”, en 1990 Jones y Manuelli publican “A Convex Model of Equilibrium Growth: Theory and Policy Implications” y por último, Sergio Rebelo en 1991 publica “Long-Run Policy Analysis and Long- Run Growth”. Todos estos autores, y sus trabajos, han marcado dos de las principales líneas de investigación: capital humano y el modelo AK

Es necesario precisar que esta teoría ha facilitado la aparición de nuevos campos de investigación, capaces de explicar el crecimiento económico por partes y no necesariamente como una consecuencia del progreso tecnológico exógeno (Barberá & Doncel 2003: 116). De esta forma, comienzan a surgir nuevos modelos de crecimiento económico, focalizados principalmente en el análisis de las fuentes endógenas y en sus factores asociados. Este análisis, marca la diferencia en este enfoque teórico, pues, en esta nueva concepción, el elemento clave sobre el que gira el crecimiento, es el proceso endógeno del progreso tecnológico, lo que se reconoce como una acumulación del capital físico y del capital humano.

Ø Modelo AK: Este modelo de crecimiento endógeno, presenta una función de producción con rendimientos constantes a escala. De esta forma, el crecimiento será continuo a medida que aumente el stock de capital, siendo para ello la inversión, el principal elemento del crecimiento. La justificación de los rendimientos constantes, se obtienen al considerar el stock de capital en un sentido amplio, es decir, se considera tanto el capital físico, como el capital humano. Ø Capital humano:La incorporación del capital humano al crecimiento,

modelo de crecimiento endógeno, en el que introdujo el capital humano, como el nivel general de capacitación del trabajador. Es decir, un trabajador con capital h, produciría la mitad que otro con capital 2h. Además establece que los individuos asignan su tiempo a varias actividades, siendo una de ellas la formación de capital humano. En términos generales, si la economía destinara todos sus esfuerzos, en tiempo y dinero, a acumular capital humano, este crecería más rápido. Por el contrario, si el capital humano se dedicara a otra actividad, el esfuerzo realizado en su acumulación sería nulo, al igual que dicha acumulación. (Barberá & Doncel 2003: 148). En concreto, el problema económico se traducirá en maximizar la utilidad entre, la acumulación de capital físico y humano, el óptimo será la tasa de crecimiento de la economía.

Ø Nuevos modelos neo Shumpeterianos de crecimiento endógeno:

En los nuevos modelos de crecimiento endógeno, se inicia una nueva línea de investigación gracias a Romer, en 1986. En ese trabajo, se desarrolló un modelo donde el progreso tecnológico era el resultado del comportamiento de agentes aumentadores de beneficios, que realizaban inversión en I+D, motivados por incentivos de mercado. El modelo de Romer, fue el inicio de una nueva línea de investigación, dentro de la literatura de crecimiento endógeno, en 1990. Su modelo, al igual que el de Grossman y Helpman (1991), consideran que la inversión en empresas investigadoras, tienen algún poder de monopolio, como consecuencia del derecho de patente(Barberá & Doncel 2003: 160). Estos modelos, suelen también denominarse neo- Shumpeterianos, como consecuencia de la incorporación de muchas ideas del economista Joseph Alois Schumpeter.

Aunque es cierto que los aportes de Keynes dominaron el pensamiento económico por algunas décadas, éstos no fueron capaces de brindar una solución a la crisis industrial desatada por el encarecimiento del petróleo en 1973. Es así como en los años siguientes, el gasto público no lograba solucionar los problemas de desempleo, y por el contrario, aumentaba éste y la inflación. En medio de la crisis, se alza el prestigio de la escuela monetarista al encontrar los instrumentos de estabilización: mayor control en el gasto público, independencia del Banco Central, aumento de incentivos que ayuden la inversión privada, eliminación de los controles de mercado gubernamentales y, por el contrario, incorporar la regulación de mercado. Es

así como el Monetarismo, se convierte en una nueva corriente económica, reemplazando a los keynesianos y liderando entre los años 1972 y 1990. Pese a lo anterior, las teorías de Keynes no estaban del todo olvidadas, ya que en 1982, unos jóvenes economistas del Massachusetts Institute of Technology (MIT), incorporaron las teorías monetaria y de mercado a la teoría keynesiana (Baca 2004: 26). Los principales exponentes de esta nueva corriente económica son: George Mankiw, David Romer y Edmund Phelps. Los Neokeynesianos nacen en un período en que el Monetarismo estaba en declinación. Sus teorías son de crecimiento avanzado, en medio de una población de alta educación. Prestan atención al cambio tecnológico y a las teorías microeconómicas.

Los aportes teóricos provienen del modelo de crecimiento de Romer, donde reconocen los mismos cuatro factores productivos: tecnología, capital, trabajo y capital humano. Los que se ocupan en tres sectores productivos diferentes: sector de investigación, sector de capital y sector de bienes intermedios. Este modelo define una tasa de crecimiento de equilibrio, el que depende de la cantidad de capital humano distribuido entre las actividades de investigación y producción, y a su vez, de la asignación entregada al producto final, entre consumo e inversión.