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EL BUEN DINERO

In document Las Alturas de Mi Pueblo (página 183-186)

En esta Parashá vemos que hay un versículo que dice: “Lo Yikaj Shojad – Él no aceptará sobornos” ( ). Refiriéndose a que Dios no tomará ningún soborno. La pregunta es: ¿acaso se le puede sobornar a Dios?

Nuestros comentaristas responden ( ), que hay personas que piensan que si roban, engañan y mienten en sus negocios, no pasa nada, siempre y cuando donen dinero a la sinagoga. Se creen que pueden comprar o sobornar a Dios de esa manera. Ellos le dicen a Dios: Robamos, pero te dimos dinero en la sinagoga, así que estamos a la par.

Tambien de nuestra Parashá aprendemos cómo Dios realmente odia los robos. En los sacrificios está dicho: “Adam Ki Yakrib Mikem – El hombre debe sacrificar de lo suyo” ( ), es decir que la ofrenda tiene que ser de su propiedad, ni robado, ni hurtado, Dios nos libre.

Así ocurre también con el proceso de los sacrificios de las aves. Ciertos miembros de estas aves tenían que ser quitados antes de ofrendarlas a Dios, como por el ejemplo el buche y el estómago, ya que como las aves vuelan por todas partes y se alimentan de lo robado, Dios ordenó en la Torá ( ) quitarles esas partes, que están llenas de robo. Pero como las vacas, lo único que comen es de lo que sus dueños le dan, es decir no roban para alimentarse, entonces sí pueden ser completamente ofrendadas a Dios sin ningún problema.

Así también viene registrado, al final de nuestra Parashá, el tema del robo. Está escrito: Cuando una persona robare “Begazel O Ashak Et Amitó – Si robare o expoliare a su prójimo” (Levítico 5:21) deberá regresar lo robado: “Veheshib Et Haguezelá Asher Gazal – Y devolverá lo robado” (Levítico 5:23).

Entonces vemos que tanto al principio, en medio y al final de nuestra Parashá viene nombrada la prohibición del robo. Dios odia el robo de cualquier clase, bien sea en los sacrificios o en lo mundano.

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La Parashá de Vayikrá fue dicha el día de la inauguración del santuario. Es sabido que el 11 de Tishri, del primer año de haber salido de Egipto, Moshé pidió una donación para el santuario. Ese mismo día, se sentó Moshé a juzgar al pueblo. ¿Qué tipo de juicios había en ese día? Los comentaristas dicen que Am Israel no quiso donar dinero sucio, mal ganado. Por eso, vinieron a donde Moshé para que les dictaminara a cada uno, según su caso, los veredictos respectivos y así poder donar dinero limpio para el santuario, la casa de Dios.

El pecado del robo es muy grave. Tanto es así, que dice la Tosefta (Shebuot, perek 83, 5) en nombre de Rabí Janiná Ben Jajinay, con respecto al versículo de nuestra Parashá: “Vekijesh Baamitó – Y negó a su prójimo” (Levítico 5:21), la persona no niega el dinero recibido de su compañero, hasta que niega, primeramente, de Dios. Es decir, cuando una persona roba se le considera que es un renegado de Dios.

A lo mejor se estarán preguntando: ¿No es esto un poco exagerado? ¿Puede ser que este hombre que robó lo hizo por deseo del dinero, pero no porque dejó de creer en Dios? La respuesta es muy sencilla pues cuando la persona roba o miente en los negocios, está pensando que ganará más dinero de lo que le predestinó Dios. Eso es un grave error, porque la persona que cree en Dios, con fe completa, sabe que el dinero que le pertenece le llegará por buenos caminos y jamás por caminos prohibidos. Por eso si roban y mienten en los negocios, gastarán ese dinero en el repuesto de la lavadora, o en el caucho del carro, etc.

Por eso, la primera pregunta que le hacen a la persona, después de 120 años, es: ¿Negociaste con fe? Es decir, la pregunta está enfocada a si los negocios fueron hechos con la fe en Dios, no si los hizo con rectitud, con justicia o con inocencia, sino con fe. Porque en los negocios es donde se mide la fe de las personas. En el tratado de del Talmud esta dicho de la persona que tenga las manos llenas de robos, que sus rezos no serán escuchados. La explicación es que si por un lado roba a los demás, entonces para qué reza: “Poteaj Et Yadeja Umasbía Lekol Jai Ratzón – Abre tus manos y sacia a los vivos por tu voluntad”, o para qué dice: “Barej Alenu Et Hashaná Hazot – Bendícenos en este año”, etc. Es totalmente ilógico.

Desafortunadamente hay muchas personas que desconocen la gravedad del robo y hay quienes piensan que robarle a un gentil es

189 permitido. Esto es un gran error porque está escrito, en el tratado de Babá Kamá del Talmud Jerosimilitano, que el robo a un gentil está prohibido porque se profana el nombre de Dios y el profanar su nombre implica uno de los castigos más graves. Por eso todos nos debemos cuidar mucho.

Cuentan que una vez el Jafetz Jayim quería mandar una caja de libros, Mishná Berurá, a una ciudad muy cercana. Se fue a la estación de trenes, a esperar que pasara algún judío que estuviera dispuesto a hacerle el favor. En la estación había un judío que viajaba a otro sitio, fue a donde el Jafetz Jayim y le preguntó que por qué no viaja él mismo a ese sitio y el Jafetz Jayim le respondió que no tenía dinero. Entonces este judío fue a donde el director de la estación y le pidió que por favor le permitiera viajar, al Jafetz Jayim, gratuitamente. El director, después de que lo convenció, aceptó. El judío fue muy contento a donde el Jafetz Jayim a decirle la buena noticia. Cuando el Jafetz Jayim la escuchó fue a donde el director de la estación y le dijo que lo sentía mucho, pero que él no podía viajar gratis en el tren, porque ese tren no le pertenecía al director y por lo tanto estaría robando si aceptase su regalo. El tren era de una compañía que lo había contratado a él para guardar el orden de la estación, pero no para estar regalando pasajes a las personas. Por lo tanto se abstuvo de viajar.

Para resumir, debemos de ser muy creyentes en Dios, saber que Él nos mandará lo que nos corresponde, sin necesidad de robar, mentir en los negocios y si por error nos llega algo a nuestras manos que no nos pertenece, inmediatamente se lo tenemos que devolver a su dueño.

“Que sea la voluntad de Dios que nos salve de cualquier robo, de dinero impuro y que siempre hagamos negocios con fe completa y con mucha suerte. Amén.”

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