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VIDA LARGA

In document Las Alturas de Mi Pueblo (página 41-45)

En esta Parashá vemos relatada la muerte de Sará y Abraham y en nuestra haftará se relata la muerte del rey David. Es interesante, ¿por qué la Torá escogió, entre muchos de los títulos que se le podían adjudicar a estos personajes tan justos y temerosos de la palabra de Dios, un mismo título y tan sencillo como “Zaquen Va Bayamim – Anciano, entrado en años” (Génesis 18:11, Génesis 22:1 y Reyes 1:1)?

¿Qué significa la expresión entrado en años? Significa que aprovechó su vida al máximo. Como viene escrito en nuestra Parashá “Ve-ele Yemé Shené Jayé Abraham asher Jai – Y estos son los días de los años de vida de Abraham quien vivió”. La expresión quien vivó nos viene a resaltar que verdaderamente aprovechó su tiempo.

Todos queremos vivir, mas no todos sabemos vivir. Hay quienes viven 100 años y en verdad no vivieron nada. Perdieron su tiempo solamente comiendo, durmiendo, trabajando. Pero hay quienes vivieron pocos años pero aprovecharon como si hubiesen vivido muchos más. Por ejemplo, Samuel el profeta, de quien en el Tanaj se dice: “Y Samuel envejeció”, lo que no es posible ya que murió a los 52 años, pero era como un viejo en el sentido de que supo aprovechar sus 52 años al máximo. Y así lo mismo ocurrió con David, quien según varios comentaristas tenía 65 años cuando se le dijo “Zaquen Va Bayamim”, porque aprovechó al máximo su vida.

El único motivo por el que las personas no saben vivir, es porque no saben para qué están en este mundo. Es por eso que se dejan llevar por la corriente, y vuelan en el sentido del viento, sin un rumbo definido.

Entonces, ¿para qué vivimos? ¿Y cómo aprovechar el tiempo? Para responder estas dos cuestiones, relataré un cuento.

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Había una vez dos amigos que se despidieron de sus familiares y abandonaron sus hogares, para irse a una tierra muy lejana, en busca de diamantes y oro. A ese sitio llegaron en helicóptero y le dijeron al piloto que volviera en 80 días a recogerlos.

Uno de ellos apenas aterrizó salió corriendo en busca de diamantes y oro, día y noche, sin descanso. El otro pensó, ¿dónde voy a dormir? Entonces fue en busca de ramas y lianas hasta que después de 50 días consiguió terminar la construcción de su casa (si es que se le puede llamar casa). Después vio que no tenía sobre qué dormir, fue y buscó unas ramas largas y se hizo un colchón natural. Luego pensó ¿y que voy a comer? Fue a cazar, lo que le costó bastante esfuerzo, pero finalmente logró cazar algunas aves y llenar su estómago. Y así sucesivamente día tras día, hasta que llego el día número 80 y partieron.

Si preguntamos, ¿quién de ellos verdaderamente supo aprovechar su estadía en ese sitio? Lógicamente todos diremos que aquel que se dedicó plenamente a la búsqueda de diamantes y oro, fue el que la aprovechó más. ¿Acaso podremos decir que le molestó dormir en la arena, sin un techo? ¿Acaso estaba triste por no comer una buena comida? Seguro que no fue así, ya que el sabía que era temporal, y que cuando volviera a su ciudad iba a comprar la casa más bonita del lugar, el colchón más cómodo del planeta y la comida más exquisita del mundo con cocineros profesionales y mesoneros que le sirvan.

El otro amigo la pasó mejor alimentándose bien y durmiendo cómodamente. Pero cuando culminaron los 80 días, al ver que volvió a su casa con las manos vacías, no le quedó más que resignarse y pensar que por lo menos dejó una casa lista para el próximo aventurero que fuera en busca de diamantes.

Así ocurre también en la vida; hay personas que entienden que vinieron a este mundo solamente a reunir mitzvot, Torá y acciones de bien, que cada Halajá es una alhaja. Se la pasan recogiendo joyas, yendo a un shajrit más, pronunciando una berajá (bendición por las comidas) más, dando una tzedaká más, y más y más… Sin importarles, si donde viven es un lugar muy pequeño o si su manutención es muy ajustada. Lo principal es vivir bien allá. Pero hay aquellos quienes construyen, buscan, queman el tiempo y cuando llega la hora de partir, vuelven con las manos vacías, igual que como vinieron. ¡Qué lástima! Aunque vivieron

47 bien y a lo mejor tuvieron alguno que otro momento de felicidad, en definitivo dejaron todo aquí, para los que los sucedan.

El concepto de vivir es vivir plenamente preparándonos para la vida eterna. Porque esta vida es muy corta y cambiante, tal y como dijo el rey David “Yamenu Ketzel Ober – Nuestros días son como una sombra que pasa”. Una vez vino una persona y me dijo: Hoy cumplo 40 años, me parece ayer cuando tenía 20. Y si los próximos 20 años me pasan como los anteriores, entonces mañana tendré 60.

Hagamos cuentas, ¿cuántas horas de las 24 que tenemos cada día, dedicamos nosotros para intentar vivir aquí? ¿Y cuántas horas dedicamos para prepararnos para la vida espiritual?

Si tomamos a un hombre que reza tres rezos diarios, dice berajá por todo lo que come y estudia una hora diaria, en total le suma 3 horas y 15 minutos aproximadamente. Es decir, un 13% del día para prepararse para la vida eterna y un 87% para este mundo. ¿Es eso lógico? ¿Acaso debería ser así? A fin de cuentas, de los 80 años de vida, 10 años en verdad fue lo que vivió. Y si llega a los 120 años, de casualidad llegó a Bar-Mitzva. ¿No es triste?

Para vivir a tiempo completo, las 24 horas, Maimónides (Hiljot Deot, Cap. 3) y el Shulján Aruj (Cap. 231) nos aconsejan que cuando vayamos a hacer nuestros quehaceres diarios, nuestra intención (sincera) debe ser, para servir mejor a Dios. Es decir, aquella persona que hace deporte para estar más fuerte y animado, debe sentir que lo hace para servir mejor a Dios, o aquella persona que se va a dormir para descansar su mente y su cuerpo, debe pensar que lo hace para servir mañana a Dios, o aquella persona que sale a su oficina a trabajar para garantizar la manutención de su familia, debe saber que lo hace para servir a Dios tranquilamente. Será entonces, cuando se le computen 24 horas diarias de vida, y podremos decir que esa persona vivió a tiempo completo, que esa persona supo aprovechar sus días.

Vemos que vivir es, prepararse para la otra vida. Ahora entendemos la bendición de la Torá “Lemaan Yaarijun Yameja – Para que se te alarguen tus días”. Esta bendición se divide en dos partes. La primera parte es que los años que vivas en este mundo se te alarguen por haberlos aprovechado, y no por haberlos malgastado. La segunda parte de la bendición es que haciendo ese precepto podrás construir una vida eterna.

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Abraham y Sará, “entrados en años”, se refiere a que aprovecharon cada hora de sus días porque sabían para qué habían nacido, sabían que lo importante no era la cantidad de años sino la calidad de esos años de vida.

Que sea la voluntad de Dios darnos una larga vida tanto en calidad como en cantidad, y que sepamos cómo aprovechar al máximo nuestro tiempo, para que de esta forma preparemos nuestra vida en el mundo venidero. Amén.

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