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Parashat SHEMOT

In document Las Alturas de Mi Pueblo (página 107-110)

LA AUTOESTIMA

Una de las mejores cualidades que una persona puede reunir es el ser humilde. Pero hay que saber que hay un tipo de humildad que es prohibida y peligrosa. En nuestra Parashá vemos cómo Dios le reprocha a Moshé por esa actitud.

Cuando Hashem se le reveló a Moshé en la zarza, entablaron un diálogo que demoró siete días. Dios le decía Moshé que era el más preparado, el más apropiado, el escogido para ser el salvador de Am Israel.

Moshé, por naturaleza, era muy humilde. “Vehaish Moshé Anav Meod – Y Moshé era muy humilde” (Shemot ). Por eso argumentaba que él no era el apropiado para hacer tal misión, ya que era un simple pastor de ovejas y, además, tartamudo, pero que, sin embargo Aharon sí podía realizar tal misión.

Al principio, esa actitud de humildad de Moshé, le causó agrado a Dios, pero, cuando Moshé empezó a insistir, día tras día, en que él no era nadie, Dios se enfureció con él “Vayijar Af Hashem BeMoshé – Y Dios se enfureció con Moshé” (Shemot 4:14), ya que hay límite para todas las cosas y también para la humildad. Existe una humildad positiva y una humildad que la utiliza el Yetzer Hará (instinto del mal), para hacerte sentir que no eres nadie en el mundo, para bajarte la autoestima y los ánimos. Por supuesto que esa humildad es prohibido poseerla.

También en la Haftará de este Shabat vemos cómo Dios escoge a Yirmiyahu como profeta. La reacción de Yirmiyahu fue “Ahha Hashem – ¿Es cierto, Dios?”. Estaba sorprendido, ya que ni siquiera una clase de Torá sabía transmitir – “Hine Lo Yadati Dabar”, por cuánto, con mayor razón que no iba a saber transmitir una profecía. Además le dijo a Dios “Naar Anojí – Soy muy joven” y, por tanta humildad, hasta pensaba que mentalmente era inmaduro como para asumir ese cargo de profeta. Dios le dijo que

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no se menospreciara diciendo que era muy joven, ya que eso podría ser utilizado por el Yetzer Hará como instrumento para bajarle la autoestima y para quitarle las ganas de hacer algo grande en su vida, bajándole la moral.

Leí una vez en un libro que se llama Lekaj Tov, la siguiente explicación. Uno de los muchos motivos que hay, por el que el Arca Sagrada, que era de madera, estaba cubierta de oro, por fuera y por dentro, es porque la persona, en su esencia, debe ser humilde como la madera, pero por fuera debe verse como de oro, para que la gente lo respete a él y a la Torá que representa. También por dentro debe ser de oro, para que esté motivado todo el tiempo a seguir adelante en la vida, y no bajar su autoestima.

Por eso, cuando Dios decidió bajar la Torá a la tierra, buscó primero una montaña apropiada para hacerlo. No quiso darla en la montaña más alta del mundo, porque eso representa el orgullo. Y tampoco quiso darla en un valle, pues la persona que piense que puede llegar a ser un sabio, estando por debajo de las demás personas, jamás lo logrará, ya que necesita un poco de respeto y estima hacia sí mismo. Por eso Dios escogió al Har Sinai, como representación de la autoestima y de la humildad, que son dos conceptos diferentes y que no podemos confundir. Podemos ser humildes pero con nuestra autoestima muy alta.

En hebreo, las palabras Anav y Avón (humildad - pecado), se escriben con las mismas letras para enseñarnos que a veces la humildad es un pecado, cuando la llevamos a un extremo.

Toda persona debe levantar sus ánimos, cubrirse de oro internamente y decir que sí puede hacer las cosas, que sí va a llegar a ser alguien importante en la vida, etc.

En el tratado de Berajot ( ) del Talmud, está escrito sobre el rey David, que sentaba a Mefidoshet (un gran rabino de su época) a su lado en las clases de Torá que impartía. El motivo era para que lo corrigiera en caso de que se equivocara. Seguramente se preguntarán, entonces ¿por qué Mefidoshet no era el que impartía esas clases? La respuesta es porque David quería escalar niveles en su vida, y si no se ponía a dar clases, jamás empezaría esa gran misión de enseñar. Aunque al principio se equivocaba, finalmente lograba dar clases únicas en su estilo, con bastante contenido y profundidad.

113 Igualmente, todos nosotros debemos sentir que sí podemos. No darle al Yetzer Hará esa sensación de que nosotros no somos nada, y encima disfrazarlo con el adjetivo que somos humildes.

Cuando una persona le dice a la otra: vuelve en teshuvá, estudia Torá, imparte clases de Guemará, escribe un libro o abre una Yeshivá, cada uno según su nivel, la primera reacción es: ¿quién, yo? ¡Hay mejores que yo! No podemos olvidarnos de cómo reaccionó Dios con Moshé y con Yirmiyahu al menospreciarse ellos mismos.

Al principio es correcto actuar de esa manera, pero después, cada vez que surjan esas preguntas de ¿quién, yo?, digamos: Sí, yo. ¡Hay mejores que yo! pero cuando yo trate no habrá mejores. Es bueno, a veces, opacar ese tipo de reacciones.

Aprendamos del rey David, quien al principio tenía un supervisor en sus clases, para que cuando se equivocara, le corrigiera.

Empecemos a estudiar Guemará y no pensemos que no tenemos cabeza para estudios tan profundos, porque para estudiar las cosas que sí nos interesan somos los más destacados.

Es importante no olvidarse de ser humilde, pero sí olvidarse de esa humildad que te lleva a la falta de autoestima. Por eso está escrito en la halajá que la persona debe negarse a ser Shaliaj Tzibur las primeras dos veces seguidas que se lo ofrecen, pero a la tercera, debe aceptar. Todos somos capaces de hacer cosas inimaginables, leer la Parashá, ser Shaliaj Tzibur, etc. Solamente tenemos que subir la moral y de esta forma saldremos adelante.

“Que sea la voluntad de Dios que nos ayude a crecer, a escalar niveles, y que no le digamos al mundo que no podemos, sino que por el contrario debemos decir que sí podemos, y solamente así sabremos explotar esas fuerzas ocultas, que ni nosotros mismos conocemos, al máximo. Amén”.

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