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Buenos asesores y entrenadores

In document La Digestion Es La Cuestion - Giulia Enders (página 182-187)

Probióticos

3. Buenos asesores y entrenadores

No debemos pasar por alto que las bacterias son los máximos expertos en cuestiones bacteriológicas. Cuando colaboran con nuestro intestino y sus células inmunitarias, recibimos información importante de primera mano y un buen asesoramiento: ¿qué aspecto tienen las diferentes envolturas bacterianas? ¿Cuántos anticuerpos bacterianos (defensinas) deben producir las células intestinales? ¿Debe el sistema inmunitario reaccionar activamente a sustancias extrañas o aceptar relajadamente lo nuevo?

Un intestino sano posee muchas bacterias probióticas. Cada día y cada segundo nos beneficiamos de sus habilidades. A menudo nuestras comunidades bacterianas son atacadas, lo cual puede suceder mediante antibióticos, una mala alimentación, enfermedades, períodos de estrés y un largo etcétera. Entonces nuestros intestinos ya no estarán tan bien cuidados, estarán menos protegidos y no tan bien asesorados. En tales casos se agradece que algunos de los resultados obtenidos en la investigación en laboratorios puedan encontrarse en las farmacias, donde se pueden adquirir bacterias vivas y de este modo proveernos de trabajo bacteriano alquilado para momentos difíciles.

En caso de gripe intestinal o diarrea por la ingesta de antibióticos hay diversas bacterias de la farmacia que nos pueden ayudar a mitigar la diarrea y acortarla, por término medio, un día. Al mismo tiempo apenas tienen efectos secundarios, a diferencia de la mayoría de los otros medicamentos contra la diarrea. Esto los hace especialmente aptos para niños pequeños o personas mayores. En caso de enfermedades intestinales como la colitis ulcerosa o el síndrome del intestino irritable, los probióticos pueden aplazar los brotes de diarrea o las inflamaciones agudas.

Son buenos para el sistema inmunológico. Para personas propensas a caer

enfermas se recomienda probar diferentes tipos de probióticos, especialmente durante el desarrollo de un resfriado. Para quienes esto resulte demasiado costoso, también es posible tomar un yogur al día, pues para algunos efectos más suaves no es imprescindible que las bacterias estén vivas. En algunos estudios se ha constatado que, especialmente en personas mayores y en atletas sometidos a una fuerte actividad, la toma regular de probióticos puede hacer que los resfriados sean menos agudos y que su frecuencia sea menor.

Una posible protección contra las alergias. Este efecto no se ha podido demostrar

tan bien como la eficacia de los probióticos en el caso de diarrea o de inmunodeficiencia. Sin embargo, para los padres de niños con un mayor riesgo de alergias y neurodermitis, los probióticos son una buena opción. Muchos estudios indican una clara protección. En algunos no se pudo constatar este resultado, aunque a menudo se utilizaron bacterias diferentes para los distintos estudios.

Personalmente, en este punto me decantaría por el principio de «mejor exagerar». Los probióticos en modo alguno pueden dañar a los niños propensos a las alergias y, en cambio, existen algunos estudios en los que se pudieron mitigar los síntomas de alergias o neurodermitis ya desarrolladas gracias a los probióticos.

Junto a áreas bien estudiadas como la diarrea, las enfermedades intestinales y el sistema inmunitario, existen en la actualidad áreas de investigación que han arrojado últimamente resultados muy prometedores. Ocurre así, por ejemplo, con las indigestiones, las diarreas durante los viajes, la intolerancia a la lactosa, el sobrepeso, los problemas de articulaciones inflamadas o incluso la diabetes.

Si queremos probar los probióticos para uno de estos problemas (por ejemplo, en caso de estreñimiento o flatulencias), la farmacia no nos podrá recomendar ningún preparado cuya eficacia haya sido probada sin tacha. La farmacia no va por delante de la investigación: cada cual debe ir probando hasta encontrar una bacteria que ayude. Simplemente debemos leer en el envoltorio qué es lo que estamos probando, y si después de cuatro semanas no se han registrado cambios, quizás debamos dar una oportunidad a uno o dos tipos bacterianos diferentes. Muchos gastroenterólogos nos pueden dar alguna indicación sobre qué bacterias podría valer la pena probar.

durante aproximadamente cuatro semanas y consumirlos antes de la fecha de caducidad (de otro modo no vivirán lo suficiente para producir algún efecto en el enorme ecosistema del intestino). Antes de la adquisición de productos probióticos deberemos informarnos siempre sobre si están diseñados para las dolencias del caso. Las bacterias tienen diferentes genes: algunas son mejores asesoras del sistema inmunitario, mientras que otras son más guerreras, cuando se trata de expulsar a los causantes de la diarrea.

Los probióticos mejor investigados son hasta la fecha las bacterias del ácido láctico (lactobacilos y bifidobacterias) y Sacharomyces boulardii. Este último es un recurso al que no estamos prestando toda la atención que merecería. En realidad no es ninguna bacteria y por eso me gusta menos. Pero como ayuda, tiene en todo caso una ventaja imbatible: los antibióticos no pueden con él.

Así, si durante la ingesta de antibióticos fumigamos todo lo que huele a bacteria,

Saccharomyces toma asiento cómodamente. Ahí nos protege contra oportunistas

dañinos y además puede capturar sustancias tóxicas. En todo caso también provoca más efectos secundarios que los probióticos bacterianos; algunas personas no toleran la levadura y por su causa pueden sufrir erupciones, por ejemplo.

El hecho de que, aparte de una o dos levaduras, solo conozcamos bacterias del ácido láctico como probióticos demuestra que en este campo estamos todavía en pañales. Pues los lactobacilos normalmente aparecen menos en la flora intestinal de un adulto y las bifidobacterias pueden no ser el único agente benéfico que encontramos en el intestino grueso. Solo existe un tipo de bacteria que hasta ahora haya sido tan investigada como estas dos: E. coli Nissle 1917.

Esta cepa de E. coli fue aislada en las heces de un soldado que volvía de la guerra: todos sus camaradas en la guerra de los Balcanes habían sufrido una intensa diarrea, excepto él. Desde entonces se demostró en muchos estudios que esta bacteria es útil en caso de diarrea, enfermedades intestinales e inmunodeficiencia. Mientras que ese soldado hace tiempo que falleció, nosotros seguimos multiplicando su talentoso E. coli en laboratorios clínicos, la llevamos envasada a las estanterías de las farmacias y dejamos que prodigue sus beneficios en los intestinos de otras personas.

La eficacia de todos los probióticos está limitada por el momento por una cuestión: administramos unas bacterias que fueron seleccionadas en el laboratorio. Tan pronto como dejamos de tomarlas a diario, generalmente desaparecen otra vez de nuestros intestinos. Cada intestino es diferente y puede poseer tropas fuertes que se ayudan o que se combaten mutuamente: los novatos que aterricen ahí no tienen mucho que opinar sobre el reparto del espacio. Por eso los probióticos funcionan de momento más bien como un cuidado del intestino. Si se suspende su ingesta, entonces la propia flora es la que ha de continuar el trabajo. Para resultados a más largo plazo se empieza a contemplar desde hace poco tiempo la estrategia de los equipos mixtos: se trata de varias bacterias a la vez que se ayudan mutuamente para penetrar en terreno desconocido. Eliminan mutuamente sus desechos o producen

alimento para sus colegas, por ejemplo.

Siguiendo este principio, muchos productos de farmacias, parafarmacias o supermercados proporcionan una mezcla de viejas conocidas del ácido láctico. Así pueden trabajar de manera más efectiva. La idea de que con ello se conseguirá aclimatarlas de un modo más duradero en el intestino es bonita, pero por el momento no ha funcionado demasiado… dicho con las mejores intenciones.

Si a pesar de todo nos aferramos con uñas y dientes a la estrategia de los equipos mixtos, los resultados son realmente impresionantes. Así, por ejemplo, durante el tratamiento de las infecciones por Clostridium difficile, que son unas bacterias que sobreviven muy bien a los antibióticos y que después se convierten en dueños absolutos del sitio liberado. Los afectados padecen a menudo durante varios años diarreas sanguinolentas y viscosas que no consiguen dominar ni siquiera con múltiples antibióticos y preparados de probióticos. Esto no es solo físicamente agotador, sino desesperante.

En estas situaciones de emergencia los médicos tienen que ser realmente creativos. Algunos médicos audaces realizan actualmente trasplantes de equipos enteros de bacterias auténticas procedentes de los intestinos de una persona sana. Por fortuna esto es relativamente fácil (en veterinaria hace siglos que se tratan de este modo y con éxito diversas enfermedades): solo se necesitan excrementos sanos con sus bacterias y eso es todo. El equipo mixto definitivo se llama también trasplante fecal. En los trasplantes fecales no se recibe el excremento puro, sino limpiado. De la manera que sea, es igual.

Los porcentajes de éxito en casos de diarrea por Clostridium difficile, hasta ahora incurable, se elevan en casi todos los estudios al 90%. Hay pocos medicamentos que tengan un índice de éxito tan elevado. Sin embargo, a pesar de los buenos resultados, este tratamiento solo puede ser aplicado por el momento a casos realmente sin remedio. En efecto, aún no estamos en condiciones de valorar si con ello estamos transmitiendo también eventuales enfermedades de otras personas o gérmenes potencialmente dañinos. Algunas empresas ya se han puesto a la tarea de ofrecer trasplantes artificiales garantizando «ausencia de daños y perjuicios». Si lo consiguen, supondría un significativo empujón general.

En el trasplante de bacterias buenas que luego echan raíces duraderas se halla el mayor potencial de la probiótica. El trasplante ha conducido a unos primeros resultados favorables incluso en casos drásticos de diabetes. Actualmente se está investigando si de este modo se puede impedir que se desencadene la diabetes de tipo 1.

Cómo se llega de las heces a la diabetes puede parecer un salto muy grande para muchos. En realidad no lo es tanto: no se trasplantan solo bacterias protectoras sino también un cuerpo de microbios que ayuda a regular el metabolismo y el sistema inmunitario. Más del 60% de estas bacterias intestinales nos son desconocidas. La búsqueda de especies con efectos eventualmente probióticos es costosa, pero también

lo era antiguamente la de hierbas medicinales eficaces. Solo que esta vez nuestro medicamento vive con nosotros. Cada día y cada comida influyen en el gran conjunto de microbios, tanto positiva como negativamente.

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