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Cómo afectará a mis hijos esta decisión?

In document el precio del amor.pdf (página 105-107)

Hemos hablado mucho de nosotras mismas y de la relación de pareja, pero es indispensable pensar en los hijos, pues son parte esencial de nuestras vidas y lo que hacemos les afecta directa o indirectamente.

El comentario anterior debe interpretarse con mucho cuidado, ya que las vocecitas del pasado brincarían automáticamente para hacernos sentir culpables con frases como: “No

importa lo que tú sufras, aguántate por tus hijos”, “Si te equivocaste al escoger pareja, tus hijos no tienen por qué sufrir por ello”, “No tienes el derecho de quitarles el padre a tus hijos (las comodidades económicas, la compañía y el supuesto apoyo que tu

marido les da)”, “Si te separas o te divorcias, tus hijos se van a ir por el mal camino; se

van a volver drogadictos, vagos, traumados; van a bajar sus calificaciones; se pondrán muy tristes”, “Tus hijos van a convertirse en unos rebeldes, tú no puedes con ellos sola”; “Los niños te culparán de haber destruido el matrimonio”.

Insisto en que cuando no está en nuestras manos proporcionar a los hijos el hogar modelo, porque no depende sólo de nosotras, y tenemos tranquila la conciencia por haber hecho todo lo que está a nuestro alcance para que la situación mejore, es mejor enfrentarlos a la realidad que continuar en un ambiente de conflictos, agresión e indiferencia que a la larga los daña más.

Si has tratado de educarlos con reglas morales y de conducta como no ser irresponsables, groseros ni agresivos y los reprendes cuando presentan estas actitudes negativas, imagina su confusión al ver que su papá sí lo hace y tú, aunque te molestes,

lo soportas. En caso de que tuvieran amigos de conducta nociva, ¿verdad que intentarías alejarlos de esas malas amistades?

Recuerda el dicho que dice: “Quien con lobos anda, a aullar se enseña”. ¿No te parece totalmente contradictorio transmitirles valores morales si al mismo tiempo continúan al lado de su padre cuya influencia puede ser tan fuerte que posteriormente presenten rasgos de conducta similares a los de él? Una señora comentaba en terapia: “Mi hijo

mayor es un machito igualito a su papá”. Otra me comentó que su hijo de ocho años,

enfurecido porque ella lo reprendió, se le fue encima a golpes; cuando ella lo tomó de los brazos para frenarlo, el chico le dijo: “Cuando llegue mi papá te vamos a pegar

entre los dos”. Esto demuestra que el pequeño consideraba muy natural que los

hombres maltraten a las mujeres. En un hogar mal avenido los niños se convierten en huérfanos emocionales; ni el padre ni la madre, aunque vivan juntos, les pueden dar buenos ejemplos y sustento emocional.

El divorcio es difícil y desagradable para los niños, pero pueden sobrevivirlo si se enfoca de manera sana e inteligente. No hay que hacer el papel de víctimas y obligar a nuestros hijos a tomar partido. Debemos evitar los dramas que tal vez empeoren lo que realmente está pasando. Es mejor decirles que sus papás se han dado cuenta de que la relación no funciona, que ya pusieron todo de su parte, pero que continuar así les hace daño a los dos, que tanto papá como mamá van a seguirlos queriendo y apoyando, cada uno por su lado. Aunque de momento los chicos se vean tristes o renuentes a aceptar esa decisión, tarde o temprano la asimilan.

Una paciente mía tomó medidas muy adecuadas el día que su esposo se fue de la casa. Por supuesto le dolía ver terminado su matrimonio, pero sacó el valor interno para salir adelante empezando con lo siguiente: En vez de ponerse a llorar, actuar en forma deprimida y desesperada, le dijo a sus hijos: “Sé que éste es un momento difícil para

todos, pero vamos a verle el lado bueno y a unirnos más. Ya no van a presenciar gritos ni discusiones, la casa va a estar en paz. Hoy es el inicio de una nueva vida, les pido que me ayuden a ser valiente”. Salió al mercado, compró flores, hizo una rica comida,

puso música alegre, después de comer organizó juegos de mesa con sus hijos, en la noche los acompañó a la cama y les contó un cuento, arropándolos para que se sintieran bien. Posteriormente se retiró a su recámara. Aunque tenía ganas de llorar, pensó que finalmente podría dormir tranquila sin preocuparse por la hora en que llegaría el marido o si estaba o no con la otra. La mañana siguiente pidió a sus hijos su cooperación en las labores del hogar y su reacción fue positiva. Con algo de miedo, pero con mucha fe en Dios y en sí misma, salió a la calle a buscar trabajo, viendo el futuro con optimismo. Si afortunadamente tu esposo es una persona madura, centrada y accesible, aunque ustedes como pareja ya no funcionen y decidan separarse, pueden ponerse de acuerdo en

las visitas y el trato a los hijos después del divorcio. No necesitan convertirse en enemigos ni crear los serios conflictos emocionales que para los niños significa tomar partido. Pueden definir entre ambos las estrategias acerca de las reglas de conducta aceptables (permisos de salida, no comer alimentos chatarra, calificaciones, etc.) para que los chicos no se descontrolen viendo actitudes diferentes cuando conviven con su mamá y con papá.

Es de esperarse una crisis temporal de adaptación y debemos tener paciencia hasta que pase. Sin embargo, si los hijos reaccionan de manera inadecuada, es preferible buscar ayuda profesional que llenarse de culpas o agravar más los problemas por no saber cómo actuar. Por otro lado, hay muy buenos libros de autoayuda dedicados específicamente a estos temas y que contienen las investigaciones de profesionales serios.

Muchos estudiosos sobre problemas de pareja coinciden en que lo dañino para los hijos no es el divorcio en sí, sino el camino tortuoso que toda la familia ha tenido que recorrer para llegar a ese momento.

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