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La Princesita Soñadora

In document el precio del amor.pdf (página 30-33)

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Un hombre ideal, un príncipe azul que venga a darle lo que ella considera su plena realización como esposa y como madre, con el resultado de una vida muy feliz, como se muestra en los comerciales de la televisión o los cuentos de hadas.

Papel que asume:

El de la heroína de novela romántica. Es soñadora y sentimental, con deseos de vivir un idealizado gran amor que vencerá todos los obstáculos, aunque se tenga que sufrir (por ejemplo, cuando los padres se oponen a la relación, lo que yo llamo el síndrome de Romeo y Julieta).

Tipo de hombre que atrae:

Por ingenua e idealista puede caer con cualquiera de los mencionados anteriormente. Lo grave es que no sabe distinguir la diferencia entre un hombre y otro, además de que se ilusiona con lo que cree es una relación ideal. Tiende a evadirse en fantasías y negarse rotundamente a ver las cosas tal cual son. Puede ser necia y obstinada cuando alguien intenta hacerle ver los defectos de su amado, al que ella acostumbra justificar. Si los defectos son demasiado evidentes, entonces la justificación se convierte en: “Sí, ya sé

que pasan todas estas cosas, pero no me importa, porque lo amo”. Tipo de familia de la que proviene:

Puede ser de una familia bien avenida, donde fue muy consentida y protegida. Los padres erróneamente creyeron que la felicidad de su hijita consistía en no permitirle enfrentar sola los problemas de la vida y tomar decisiones por sí misma. Es frecuente encontrar a este tipo de mujer entre chicas educadas en colegios religiosos exclusivamente femeninos donde tenían poco trato con chicos. También pueden caer en esta categoría las jóvenes provenientes de una familia conflictiva que se ven precisadas a construir su propio mundo interior, diferente y feliz, para evadirse de tanto sufrimiento.

Análisis

La Princesita Soñadora cree en el príncipe azul del cuento de Cenicienta; se emociona a grado extremo con canciones e historias románticas, creyendo firmemente que el amor vence todos los obstáculos, que puede ser eterno, con su correspondiente estado de éxtasis provocado por las emociones fuertes; que sólo amando se obtiene la dicha plena; vive por y para el amor.

Algunas de estas chicas tienden a involucrarse desde temprana edad en amores platónicos y a fantasear con un profesor, un artista, un hombre maduro (a veces casado) o un compañero o vecino. Si el caballero las ignora, se desviven por conquistar su amor. Si muestra algo de interés, aunque sea sólo amistoso, lo interpretan de otra manera o, si ya se relacionan con él, sus expectativas están totalmente fuera de la realidad. Por ejemplo, la joven que anda con un casado e ingenuamente cree que el marido va a dejar a la esposa porque es a ella a quien realmente ama.

A la Princesita le fascina sentirse la heroína, no le importa pagar el precio de sufrir por amor, pues éste es un sentimiento sublime y glorificado. Puede emocionarse hasta las lágrimas enternecida por un poema o una canción de amor. No me refiero aquí al romanticismo en sí mismo (que es una expresión válida de sentimientos muy bellos y

profundos), sino a la manera empalagosa y apartada de la realidad con que algunas personas se identifican con él.

Por supuesto, es maravilloso amar y ser amada, pero hay que estar segura de que el amor es verdadero, maduro y recíproco, no simplemente un deseo sexual, un capricho, una obsesión, una fantasía, una dependencia y tantas otras cosas que erróneamente etiquetamos como amor. Tenemos corazón pero también tenemos razón, y un equilibrio entre ambos nos permite escoger adecuadamente a quién entregamos nuestros sentimientos. Si no discernimos y nos involucramos sentimentalmente con alguien que no nos valora o con quien tiene un concepto diferente de lo que es el amor y la pareja, o que no ha logrado el equilibrio interior resolviendo sus propios conflictos, tendremos serios problemas y enormes sufrimientos.

La Princesita Soñadora se casa muy inmadura (no importa a qué edad) y cree que el amor es suficiente para ser feliz. Cuando se presentan los problemas de la convivencia diaria, ella se desmorona, sufre y se deprime porque no sabe cómo manejarlos.

Si el hombre llega a engañarla con otra o la abandona cae en una crisis profunda, llora, hace escenas para llamar la atención. Algunas incluso intentan el suicidio porque creen que su vida ya no tiene sentido y han quedado destrozadas por la ausencia o la traición del ser amado. Estas mujeres han distorsionado a tal grado el verdadero significado de la palabra amor que pueden llegar a empalagar o a fastidiar a su pareja.

Muchos hombres son también románticos, tiernos y sensibles, pero los excesos por parte de las mujeres en la manifestación de estas emociones normalmente los molestan. Frases como las siguientes, repetidas en forma constante y obsesiva, llegan a desquiciar a un varón: “¿Por qué no me has llamado?”, “Ya nunca me dices que me quieres”,

“Por favor, no te vayas, quédate conmigo”, “Si me dejas, me mato”.

Esta mujer puede llegar a ser rogona y molesta. En lugar de inspirar amor, causa lástima y fastidio. Recordemos a la protagonista de la película Atracción Fatal; además de los rasgos de Princesita Soñadora, manifestaba profundos problemas psicológicos que la orillaron a dedicarse desesperadamente a perseguir a un hombre casado que no tenía interés en ella. Lo que para él fue simplemente un encuentro casual, para ella se convirtió en una obsesión.

La vida familiar de esta chica se encuentra en los dos extremos: o fue profundamente desdichada en el hogar y por ello se refugia en la fantasía cada vez que ve a un hombre que le interesa, o fue demasiado cuidada en un hogar que parecía perfecto, con mucha sobreprotección y un concepto poco realista de lo que es la vida y las relaciones de pareja. Ella aspira a tener lo mismo y no concibe que puedan existir otros problemas.

Cuando surgen, no tiene ni el entrenamiento, ni los conocimientos ni la experiencia para saber resolverlos.

Aunque es linda, sensible y soñadora, si no madura puede convertir su vida en un desastre. Como le aterra vivir sin amor, puede pasar de un novio, marido o amante a otro, sin llegar a sentirse plenamente satisfecha y correspondida.

Cuando tiene hijos, casi siempre antepone al marido, obsesionándose con él, mientras que los hijos resultan lastimados y abandonados física o moralmente debido a las fijaciones amorosas de su madre.

Ejemplos:

Una chica me relataba que su madre siempre estaba triste y llorosa porque el marido la engañaba con varias amantes y eso le impedía funcionar de manera normal. Por lo tanto, la señora nunca tenía tiempo ni humor para interesarse por los problemas de la hija. Otro chico comenta que, después de divorciarse de su padre, su madre tuvo un amante, que vivía con ellos y a quien ella buscaba complacer en todo, haciendo a un lado los sentimientos del hijo.

El otro extremo, ser únicamente mamá, también es dañino. Lo adecuado es dedicar tanto al esposo como a los hijos amor, tiempo y atención de manera equilibrada. Se trata de dos aspectos totalmente diferentes de nuestras vidas, pero que pueden ser complementarios y enriquecedores, en lugar de excluyentes y antagónicos.

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