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Cómo crecer interiormente y aprovechar las épocas en que estamos solas

In document el precio del amor.pdf (página 127-132)

Soledad es una palabra que asusta y deprime a muchas personas. Le tememos tanto que llegamos a convencernos plenamente de que sólo en los momentos que tenemos a nuestro lado a la familia, a los amigos, pero sobre todo a la pareja, podemos ser plenamente felices.

Sin embargo, es un hecho innegable que determinados periodos de la vida los pasaremos a solas, bien sea de manera voluntaria o involuntaria. Por ejemplo:

1. La chica universitaria que tiene gran entusiasmo y dedicación por la carrera que estudia, quizá tenga novio; pero si momentáneamente no hay un hombre en su vida, no se desespera ni se angustia creyendo que la falta de un compañero la condena a la desdicha permanente.

2. La señora joven, recién divorciada, con hijos pequeños que se ve forzada a conseguir un trabajo con urgencia porque el divorcio afectó seriamente su economía, dará prioridad a salir delante de este predicamento y no a la posibilidad de involucrarse con otro hombre que, según percibe en ese momento, la puede hacer sufrir.

3. La mujer viuda, haya o no haya sido feliz en su matrimonio, al ver que el destino le arrebata a su pareja, se ve obligada a readaptar su estilo de vida sin un hombre a su lado.

Nadie niega que puede ser mucho más placentero tener a alguien con quien compartir las cosas de la vida; las actividades, diversiones, buenos ratos y principalmente las dificultades y las penas. Por muy fuertes que seamos, el contar con la comprensión, el apoyo y el cariño de los demás nos da un mayor sentido de realización. Pero es absurdo, y aun peligroso, fundamentar toda nuestra existencia y bienestar interior en los demás. Cada uno de nosotros carga sus propios problemas, los cuales debe resolver primero individualmente, para no llevarlos a la relación de pareja.

Quizá la persona en quien hemos puesto los ojos no quiere o no puede darnos lo que tanto ansiamos; tal vez su mente y su espíritu estén también llenos de torbellinos, dudas e inseguridades que le atormentan, por lo que es injusto demandarle que nos dé a manos llenas todo lo que necesitamos para poder ser felices. ¿Quién nos asegura que cubrimos las expectativas que él tiene de nosotras?

Es por eso menciono al principio del libro que la base de la sociedad debe ser primero un individuo sano; posteriormente una pareja sana y, finalmente, una familia sana. Si argumentamos que un individuo que proviene de una familia enferma no puede estar sano e iniciamos la interminable discusión de quién fue primero, si el huevo o la gallina, no nos percataremos del enorme valor del trabajo personal. Aunque provengamos de la peor de las familias, si llega el momento en que deseamos crecer como adultos, hacer cambios, desechar rencores y luchar por tener algo mejor de lo que vivimos cuando niñas, estoy segura de que lo lograremos.

Es totalmente improductivo buscar a quién echarle la culpa de nuestras desgracias. Recordemos que no podemos cambiar a los demás. Apenas y con mucha dificultad podremos cambiarnos a nosotras mismas.

Por tanto no le tengamos miedo a esas etapas de soledad. A veces son indispensables y pueden ser muy enriquecedoras para nuestra transformación. Por soledad no quiero decir exclusivamente el vivir sola o el no tener pareja. Podemos vivir con la familia y

sentirnos solas, podemos tener a un marido en casa y sufrir la peor de las soledades, especialmente cuando nos maltratan, ignoran o no nos comprenden.

Las etapas de soledad sirven para hacernos amigas de nosotras mismas, para conocernos mejor, reflexionar sobre nuestros errores, hacer proyectos para el futuro, descubrir nuevas potencialidades y aprovechar todo esto para obtener la paz interior.

En lugar de quejarnos, deprimirnos, desesperarnos, malgastar nuestra energía con llanto, entregarnos a sentimientos y pensamientos negativos, deteriorarnos con penas, corajes y estrés, vamos a hacernos el firme propósito de dedicarnos más a nosotras mismas. A continuación daremos algunos consejos prácticos para sacar el mayor provecho posible a las etapas en que estamos solas, aunque también pueden servirnos para cuando estemos acompañadas.

Tu cuerpo

Haz algún tipo de ejercicio, no sólo con el objeto de conservar la figura, sino para mantener tu cuerpo en las mejores condiciones de salud, vitalidad y armonía. Hay muchas opciones, desde simplemente caminar, hasta practicar el yoga, el ballet, los deportes, los ejercicios aeróbicos, las artes marciales, tomar cursos de expresión corporal, etc. Aquí también incluyo los masajes relajantes que son una verdadera delicia. Te aseguro que tu cuerpo estará muy agradecido por los cuidados que le brindes. De esta actitud de amor y agradecimiento a nuestro cuerpo quedan totalmente excluidas las dietas radicales no supervisadas por un médico o el sentimiento de odio y de desprecio que algunas mujeres desarrollan por su figura porque no les da las medidas ideales que la sociedad o la moda les impone y que toman el ejercicio como un castigo, no como un placer.

Si tienes este tipo de problemas, hay excelentes cursos de salud, nutrición y grupos de autoayuda (como Comedores Compulsivos) y la terapia para superarlos.

Además de una buena alimentación y ejercicio, debemos revisar nuestros hábitos de vida en general. Está científicamente documentado que el alcohol, cigarros, café, medicamentos, la falta de sueño y el manejo inadecuado del estrés, causan estragos en nuestra salud y apariencia.

Por favor no aduzcas como pretexto que no tienes tiempo o dinero, lo que no tienes es un verdadero interés en ti misma. Desperdicias toda tu energía en buscar inútilmente obtener un poco de afecto o aceptación de los demás.

Tu mente

 Lee libros de autoayuda. Aclaro que no basta con leerlos, hay que seguir los consejos que nos proporcionan.

 Toma cursos de autoestima, pensamiento positivo, superación personal, meditación. Usa técnicas de autohipnosis o cualquier cosa que te ayude a tener una mayor introspección y amplíe tus conceptos de vida.

 El orgullo profesional y la estabilidad económica son también de gran ayuda para nuestra autoestima. Estudia, capacítate, aprende algo nuevo cada día, trabaja en algo que te guste. No asumas actitudes derrotistas como “No tengo

los conocimientos suficientes o la habilidad”, o “Ya estoy muy vieja para conseguir empleo”. Prepárate, ten paciencia, entusiasmo y una actitud optimista

y podrás lograr tus metas. Ten fe en ti misma.

 Hasta donde sea posible, aléjate, ignora o aprende a manejar con Indiferencia Amable a las personas negativas que te ofenden, deprimen o confunden. Recuerda que no puedes controlar lo que otros te hacen o te dicen, pero sí puedes controlar cómo reaccionas a ello y qué tanto te afecta. Trata de hacer nuevas amistades que tengan tus mismos ideales o de quienes puedas aprender algo positivo.

Tu espíritu

 Alimenta tu espíritu. Ten fe en un Ser Supremo dentro de la religión o filosofía con la que te sientas más identificada. Ahora bien, la fe en dios es muy importante, pero tú también has de poner todo lo que esté de tu parte. No te dejes vencer por la depresión o la apatía.

 Alimenta el espíritu a través del arte. Escucha bella música, disfruta de la danza, aprecia la pintura y la poesía. Si tienes inclinación hacia alguno de estos campos, no te conformes con ser espectadora, explora tus posibilidades de desarrollo en éstas áreas.

Para eliminar malos hábitos y sustituirlos por otros más positivos, debes tenerte una enorme paciencia. No es fácil cambiar conductas de muchos años. Aunque tengas pequeñas recaídas, sigue adelante y lograrás transformaciones maravillosas que no sólo

te beneficiarán a ti sino a futuras generaciones, porque ya no estarás pasando tus posibles traumas a tus hijos.

Espero que reflexiones en los consejos y ejercicios contenidos en este libro; espero que ellos te ayuden a comprender cuál es tu manera de amar, qué satisfacciones y qué problemas te ha causado, qué está en tus manos cambiar y qué no.

Las ideas que expuse están basadas en el cúmulo de experiencias de muchas mujeres que me honraron con su confianza al abrirme sus corazones y contarme sus penas. A todas ellas, mi agradecimiento por lo que me enseñaron y mis felicitaciones por sus enormes esfuerzos de superación.

A las lectoras que tuvieron la decisión de recurrir a este libro para transformar su manera de amar, les doy mi voto de confianza y aceptación; estoy convencida de que pueden salir adelante y llevar vidas mucho más felices y productivas, convirtiéndose en mujeres seguras de sí, con una enorme capacidad de amar, dignas de recibir amor y atenciones de la pareja que elijan.

El amor es maravilloso y la vida estaría muy vacía sin esa fuerza creadora, pero sólo cuando el amor se manifiesta en una relación sana, armónica y mutuamente gratificante es cuando podemos estar seguras de que llegaremos a construir una familia y una sociedad en la que nuestros hijos crezcan libres de angustias, complejos y falsas expectativas.

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