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C ÓMO MOVERSE A LAS CALLES

In document C Peter Wagner 1993 Iglesias Que Oran (página 81-83)

Caminatas en oración

C ÓMO MOVERSE A LAS CALLES

Andrés Miranda es pastor de una pequeña Iglesia de Dios en Montevideo, Uruguay, y también es corresponsal del diario nacional cristiano El Puente.

Fue llamado a ser pastor de una iglesia que tenía 25 años y estaba estancada. La iglesia tenía 25 miembros cuando aceptó el llamado.

Miranda trabajó duro durante el primer año y la iglesia creció hasta 80. Aunque vio algún [p 176] crecimiento rápido, muy adentro también sabía que las personas no estaban siendo alimenta- das con la sólida enseñanza bíblica que necesitaban. Mirando atrás, admitió que estaba edificando a la iglesia, de forma excesiva, sobre sus ambiciones personales en lugar de basarse en seguros principios de crecimiento. Comenzó a orar acerca de ello, buscando profundamente y mantenién- dose abierto para escuchar a Dios.

Dios le habló a Andrés Miranda. Le dijo que debía sacar a su pueblo de las murallas de la igle- sia para orar en su comunidad. Sintió que no debían hacerlo como rutina de la iglesia, sino al me- nos una vez. Jamás lo habían hecho anteriormente.

Decidió salir a las calles un domingo como parte de su servicio regular. Comenzaron en el audi- torio de la iglesia y se dividieron en cuatro grupos, lo que ahora llamamos caminatas en oración. Cada grupo salió a una de las cuatro esquinas de una intersección cercana y oraron de forma fer- viente por su ciudad y su vecindario. En una de las esquinas estaba el templo local espiritista Ma- cumba, que había venido unos años atrás a Uruguay del vecino Brasil. No destacaron al templo para la guerra espiritual señalada, pero oraron para que el poder de Dios y su gloria llegaran a su vecindario.

Luego de orar por un tiempo, cada grupo comenzó a bajar por una de las cuatro calles por es- pacio de una cuadra, orando por el pueblo, las familias y los negocios a medida que caminaban. Entonces se reagruparon y continuaron con su vida común y corriente.

Un retroceso y una limpieza Sucedieron dos cosas extrañas.

Primero, el templo Macumba, que había estado funcionando en la esquina por años, cerró sin razón evidente alguna. Debido a que los cristianos no estaban en contacto con los espiritistas, ja- más descubrieron exactamente por qué cerraron. Luego averiguaron que las personas que lo [p 177] dirigían habían abierto un templo nuevo casi a 161 kilómetros de distancia. De cualquier for- ma, el vecindario por el cual oraron ya no era un centro Macumba.

Segundo, un retroceso espiritual afectó a la iglesia. De vez en cuando comenzaron a manifes- tarse espíritus inmundos en la congregación. El pastor Miranda se levantó, los reprendió y los sacó, pero algunos deben haberse quedado porque la iglesia entró en un período de disensión y confu- sión. Los miembros de la iglesia comenzaron a marcharse; casi todos los 80 miembros decidieron irse a otra parte.

Al principio Miranda se desanimó y se descorazonó. Pero a medida que continuó el éxodo ca- davez se le hizo más claro que la iglesia había estado abrigando serios problemas espirituales de

los cuales él no había estado consciente. Algunos de ellos habían estado creciendo por 25 años, finalmente fueron descubiertos y tratados de forma abierta. La congregación se redujo a práctica- mente nada, pero para ese entonces Miranda se percató de que estaba testificando una limpieza total, más necesaria en su iglesia de lo que pudo imaginarse.

Entonces comenzó a llegar la bendición. Unos pocos meses después, lo último que supe, la congregación había crecido a 50, pero ahora 80% de los miembros son nuevos convertidos, algo que jamás había sucedido antes. Y algo más alentador, muchos de ellos son de la misma cuadra en donde la iglesia está localizada. Ellos han provisto una clínica médica para el pueblo, un centro de cuidado diurno y están ofreciendo desayunos gratis para niños pobres. Lo que el enemigo quiso para mal, Dios lo convirtió en bien. Ahora creen de forma firme que toda la cuadra será cristiana dentro de poco.

¿Y el cambio? Provino de una sencilla caminata en oración luego de que la Iglesia de Dios de- cidiera derrumbar la muralla entre la iglesia y la comunidad.

[p 178]

L

OS PRINCIPIOS DE LAS CAMINATAS EN ORACIÓN

Steve Hawthorne, quien, juntamente con Graham Kendrick, está en el proceso de escribir un libro acerca del tema, define las caminatas en oración como orar en el lugar donde queremos la victoria. «Esta es oración intercesora», dice Hawthorne, «orando en el mismo lugar en donde usted espera ver contestadas sus oraciones».1

La idea de orar en el lugar lleva a los que oran a la comunidad. Ayuda a implementar un versí- culo tema para los 1990: «Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisa- re la planta de vuestro pie» (Jos 1:3). La idea de caminar nos lleva al contacto más cercano con los miembros de la comunidad por los cuales estamos orando. Por supuesto, la caminata no tiene que ser movimiento continuo. Una vez que caminemos en nuestra comunidad podemos pararnos, sen- tarnos o recostarnos en la grama mientras oramos. Hawthorne dice: «No sólo son sus pies; el resto de su persona está allí: cuerpo, alma, mente, y espíritu. Su espíritu también puede funcionar con plena fortaleza, a donde elija llevar su cuerpo».2

Orar con visión de la victoria nos llama la atención a una de las innovaciones más recientes y prometedoras del movimiento de oración: la cartografía espiritual. El tercer libro en esta serie Gue- rrero en oración: La destrucción de fortalezas en su ciudad, es acerca de ese tema. Estamos aprendiendo que cuando intercedemos por una ciudad o un vecindario las oraciones con visión pueden ser más efectivas que las imprecisas y desorganizadas.

La visión puede venir de la investigación de los aspectos históricos y físicos de una ciudad o un vecindario, y también de la sencilla observación de lo que se descubre mientras se camina. Añada a esto el discernimiento espiritual y el escuchar directamente de parte de Dios en cuanto a lo que necesita oración, y los caminantes de oración [p 179] pueden comenzar a orar con un grado consi- derable de precisión.

La cartografía espiritual en sí no hace falta de manera particular como preparación para una Marcha por Jesús excepto para determinar de forma inteligente la ruta de la parada, particularmen- te el punto de partida y el de llegada. Pero debido a que una marcha de alabanza casi nunca está diseñada para la guerra espiritual abierta y declarada, la cartografía es una prioridad menor. Esta llega a ser útil para las caminatas en oración más avanzadas, aunque no debe considerarse de manera alguna como prerrequisito para comenzar las caminatas. Más tarde en este capítulo expli- caré cómo John Huffman ha desarrollado una manera simplificada de cartografía específica para caminatas en oración.

Cuando avancemos a las expediciones de oración y a los viajes de oración, la cartografía espiri- tual llegará a ser parte vital del proceso que discutiré más en los capítulos 9 y 10.

1

Steve Hawthorne, «Prayerwalking», Body Life, diciembre de 1992, p. 1. 2

In document C Peter Wagner 1993 Iglesias Que Oran (página 81-83)