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c ambio tecnológico : w olf y s cHumPeter

santiago lópez García

4. c ambio tecnológico : w olf y s cHumPeter

Julius Wolf fue un economista alemán de principios del siglo XX cuyo trabajo es poco conocido y cuya importancia es mucho menor que la de Schumpeter. Sin embargo, su con- tribución para comprender como afecta el cambio tecnológico al desarrollo económico es esencial. Presentar las ideas de Wolf supone hacerse las siguientes preguntas: ¿Qué sucede

21 veBlen, tH., The Engineers and the Price System, p. 19.

22 Cfr. veBlen, tH., “Why is Economics not an Evolutionary Science?”, pp. 373-397. 23 Cfr. coase, R. h., “the Nature of the Firm”, Economica, v. 4, n. 4, (1937) pp. 386-405.

24 Cfr. noRtH, D. C., Institutions, Institutional Change and Economic Performance, Cambridge univesity Press,

Cambridge, 1990; y noRtH, D. C. y wallis, J. J., “integrating institutional Cange and technical Change in Economic

history. a transaction Cost approach”, Journal of Institutional and Theoretical Economics, v. 150, n. 4, (1994), pp. 609-624.

con el crecimiento económico basado en el cambio tecnológico cuando aplicamos el principio de los rendimientos decrecientes a la tecnología? ¿Qué es lo que nos permite comprender el proceso de diseminación, convergencia y declive tecnológicos?

Wolf publicó su principal obra Die Volkswirtschaft der Gegenwart und Zukunft en 1912 25. Se trataba de una colección de lecturas sobre el fenómeno del atraso o poster-

gación de algunas economías y de sectores industrial, dentro del fenómeno general de progreso económico. Wolf definió su Ley de los límites del desarrollo tecno-económico o Ley de los obstáculos al progreso tecnológico (das Gesetz der technisch-ökonomischen Entwicklungsgrenze). Su Ley señalaba que el progreso tecnológico en las primeras fases del desarrollo de una industria es más rápido que cuando ésta se acerca a su madurez. además, estableció que este fenómeno ocurre bajo dos condiciones: 1) que el conocimiento necesario para el incremento gradual de una determinada tecnología es limitado; y 2) que el coste de los consecutivos incrementos aumenta según la tecnología se acerca a su nivel de operación a largo plazo o madurez.

La originalidad de Wolf fue usar y aplicar el concepto de los rendimientos decrecientes a la tecnología. Él sabía que el progreso tecnológico podía incrementar la productividad de los recursos de una manera decisiva, tal y como los estudios empíricos mostraban una y otra vez. Pero también que la productividad que se ganaba con el uso de las innovaciones (de producto, proceso y organizativas) en algunas economías e industrias mostraría una tasa decreciente con el paso del tiempo. Existen multitud de ejemplos al respecto, tanto para países como para sectores industriales y especialmente para empresas. Ellos son la verificación de la explica- ción teórica que diera Wolf. ahora bien, si quitamos el tiempo del modelo explicativo de Wolf, entonces tendremos un mundo casi en perfecto equilibrio; el verdadero estado estacionario causado por el uso de tecnologías sin apenas innovación; los lapsos de tiempo entre innova- ciones a los que antes nos referíamos. Lo interesante de la Ley de Wolf es, por tanto, el tiempo y como las compañías, organizaciones, industrias y economías trabajan durante periodos de progreso o estancamiento tecnológicos 26.

Después de Wolf otros autores estudiaron con detenimiento la relación entre crecimiento económico y progreso tecnológico 27. El primero y más sistemático fue Kuznets, quien en 1930

retornaría a la interpretación de Wolf sobre la relación del progreso tecnológico y económico. La conclusión de Kuznets fue que, a través del estudio de las patentes, se podía observar que el crecimiento de la innovación en cada rama industrial tendía en su totalidad a decrecer con el tiempo, como si la invención inicial fuera llegando a su perfección 28.

unos años más tarde, en 1939, la teoría de la innovación de Schumpeter emergió y, desde ese momento en adelante, sería la guía de las investigaciones sobre la relación entre cambio tecnológico y crecimiento económico. Esto significó un cambio en la relevancia de los puntos

25 wolf, J., Die Volkswirtschaft der Gegenwart und Zukunft, a. Deichertsche verlagsbuchhandlung, Leipzig, 1912. 26 Cfr. Pacey, a., Technology in World Civilization, basil backwell, Oxford, 1990, pp. 94-97; y mokyR, J., The Lever of Riches: Technological Creativity and Economic Progress, Oxford university Press, Oxford, 1990.

27 Cfr. usHeR, a. P., A History of mechanical Inventions, harvard university Press, harvard, edición revisada,

1954 (1ª edición, 1929).

28 Cfr. kuznets, S. S., Secular movements in Production and Prices Their Nature and Their Bearing upon Cyclical Fluctuations, houghton Mifflin-the Riverside Press, Cambridge, 1930, pp. 10-11; y BuRns, a. F., Production Trends

de vista cercanos a la Ley de Wolf. 29 Para Schumpeter, la Ley de Wolf no era importante. Su

noción de “innovación radical” había hecho que la postura de los rendimientos decrecientes quedase como un hecho menor.

Sin embargo, las visiones de Wolf y Schumpeter, aunque parezcan antagónicas, son com- plementarias. La primera actúa en el corto plazo y explica el ciclo de vida de los productos y procesos e incluso de tecnologías concretas. Se trata de la macroevolución que es adaptativa, parcialmente reversible, gradual y relativamente finalizada. La segunda funciona más en el largo plazo y nos ilumina acerca de cómo la innovación cambia productos y procesos en toda una serie de tecnologías y métodos de forma cualitativa y en un sentido radical. Es macroevo- lución y resulta irresistible, aleatoria y episódica 30.

La síntesis entre ambas teoría comenzó a finales de los años cuarenta con los trabajos de b. S. Keirstead, quien vino a concluir que las innovaciones mayores de Schumpeter no eran la clave del crecimiento económico, sino que éste se debía a la innovaciones que se adaptaban a un amplio espectro de actividades. Keirstead se refería a innovaciones que causaban un flujo de mejoras menores a través de muchas actividades económicas. En este sentido, se adaptaban a un amplio espectro de sectores y conectaban esas mejoras con otros sectores a los que se transmitían. Para él, las características de la utilidad y la capacidad interconectar sectores de algunas innovaciones eran lo que causaba el crecimiento económico, gracias a que inducían la inversión, el empleo y, a largo plazo, el incremento general del bienestar 31. La contribución de

Keirstead vino a suponer un maridaje entre las visiones de Wolf y de Schumpeter y, a través de su concepto de innovaciones de amplia adaptabilidad, la introducción de una idea que está muy cerca de la de senda tecnológica, que aparecería en los años setenta.

La nueva manera de entender a las innovaciones vino de N. Rosenberg, quien puso sobre el tapete de nuevo este dilema evolutivo entre lo micro y lo macro asumiendo que, aunque el cambio tecnológico cubre formas diferentes, no obstante todas ellas están fundadas en deno- minadores comunes de determinados tipos de conocimientos que hacen posible obtener un mayor volumen de producción, o una superior calidad partiendo de una calidad determinada de los recursos 32.

En los años ochenta se formaría una síntesis con los diferentes puntos de vista en torno al concepto de “paradigma tecnológico” y la idea de que las innovaciones mayores no son el único factor de crecimiento económico. Las pequeñas contribuciones y los procesos de mejora que se logran durante la producción y el posterior uso también afectan al crecimiento,

29 Se dejó de lado esta perspectiva hasta que fue retomada por J. S. Metcalfe, C. Freeman, C. Perez y L. Soete en

los años ochenta del pasado siglo. Cfr. metcalfe, J. S., “impulse and Diffusion in the Study of technical Change”,

Futures. The Journal of Forecasting and Planning, v. 13, n. 5, (1981), p. 351; fReeman, c., claRk, J. y soete, L.,

Unemployment and Technical Innovation: A Study of Long Waves in Economic Development, Pinter, Londres, 1982; y PeRez, C. y soete, L., “Catching up in technology: Entry barriers and Windows of Opportunity”, en dosi,

G., fReeman, c., nelson, R., silveRBeRG, G. y soete, L. (eds), Technical Change and Economic Theory, Printer

Publisher, Londres, 1988, pp. 458-479.

30 Cfr. metcalfe, J. S., “impulse and Diffusion in the Study of technical Change”, pp. 351-354. 31 Cfr. keiRstead, b. S., The Theory of Economic Change, Macmillan, toronto, 1984, pp. 135-136.

32 Cfr. RosenBeRG, N., Inside the Black Box: Technology and Economics, Cambridge university Press, Cambridge,

1990; scHumPeteR, J. a., The Theory of Economic Development, harvard university Press, Cambridge, Ma, 1934;

scHumPeteR, J. a., Business Cycles. A Theoretical, Historical and Statistical Analysis of the Capitalist Process,

McGraw-hill, N. york, 1939; scHumPeteR, J. a., Capitalism, Socialism, and Democracy, harper, N. york, 1942;

y scHumPeteR, J. a., “the Creative Response in Economic history”, Journal of Economic History, v. 7, (1947),

y esas contribuciones no pueden darse sin una base de conocimientos previos y de expe- rimentación. Partiendo de este punto, el reto fue dilucidar como de integradas estaban las innovaciones mayores en las menores y adaptativas. autores como G. Dosi 33, D. Sahal 34, C.

Freeman, C. Perez y L. Soete dieron las claves para entender esa relación gracias a conceptos como paradigma tecnológico 35. Ellos dedujeron los componentes tecnológicos en el proceso

económico cuando el objetivo es la consecución de innovaciones, y los subordinaron a lo que denominaron como paradigma.

un paradigma tecnológico puede ser definido como un patrón de soluciones para un par- ticular conjunto de problemas tecnoeconómicos que están relacionados con un determinado conjunto de principios derivados de las Ciencias de la Naturaleza. a ello se uniría unas reglas específicas encaminadas a la adquisición de nuevos conocimientos y a la salvaguardia de los mismos, si fuera posible, para evitar una rápida difusión de los mismos entre la competencia 36.

Contiene un paradigma las soluciones a un problema tecnológico-económico y nos ofrece el panorama de los logros (productos y procesos). Es tanto un conjunto de principios teóricos (modelos y leyes científicas), como políticos (patentes y contratos de transferencia de tecno- logía) y económicos (obtención de economías de escala y alcance), que actúan como referencia para modelos subsecuentes. En síntesis, un paradigma es un conjunto de innovaciones y su modelo conceptual de referencia que permiten avanzar a un sistema económico generado nuevos proyectos y aportar innovaciones 37.

al introducir el concepto de “paradigma” estamos convirtiendo la noción de “innovación radical” de Schumpeter en un concepto más amplio que cubre de manera más satisfactoria los propios requerimientos del modelo de Schumpeter. Es en este punto donde encontramos la in- terpretación que presentó Dosi. En su visión, la innovación radical pasa a ser un concepto más simbólico que un artefacto concreto. así, por ejemplo, desde la perspectiva schumpeterriana el motor de combustión interna sería contemplado como un objeto único, que se realizó en un concreto momento y que ha sido después reproducido una y otra vez. La realidad no es así. todos los motores de combustión interna son parte del paradigma del motor de combustión interna. Este paradigma contiene los principios físicos, químicos y de ingeniería presentes en el conjunto de experiencias que suponen todos los motores realizados.

El paradigma del motor existe y se exterioriza en las patentes originales y la enorme va- riedad de artefactos que incorporan mejoras a la vez que van descartando las aportaciones

33 Cfr. dosi, G., “technological Paradigms and technological trajectories: a Suggested interpretation of

the Determinants and Directions of technical Change”, pp. 147-162; dosi, G., Technical Change and Industrial

Transformation the Theory and an Application to the Semiconductor Industry, Macmillan, Londres, 1984; dosi, G.,

“Sources, Procedures, and Microeconomic Effects of innovation”, Journal of Economic Literature, v. 26, (1988), pp. 1120-1171; dosi, G., fReeman, c., nelson, R., silveRBeRG, G. y soete, L. (eds), Technical Change and Economic

Theory, Printer Publisher, Londres, 1988; dosi, G., Pavitt, K. y soete, L., The Economics of Technical Change

and International Trade, harvester Wheatsheaf, Londres, 1990; y dosi, G., Giannetti, J. y toninelli, P. a. (eds),

Technology and Enterprise in a Historical Perspective, Oxford university Press, Oxford, 1992.

34 Cfr. saHal, D., “technology Guide-Post and innovation avenues”, Research Policy, v. 14, n. 2, (1985),

pp. 61-82.

35 Cfr. fReeman, C. y PeRez, C., “Structural Crises of adjustment, business Cycles and investment behavior”,

en dosi, G., fReeman, c., nelson, R., silveRBeRG, G. y soete, L. (eds), Technical Change and Economic Theory,

pp. 38-66.

36 Cfr. dosi, G., Technical Change and Industrial Transformation the Theory and an Application to the Semiconductor Industry, cap. 2.

pasadas que se van quedando anticuadas. así, el diseño básico se mantiene mientras continúa desarrollándose de acuerdo a los mismos principios físicos, químicos y de ingeniería que le dieron carta de naturaleza, basándose a su vez en un conjunto de patentes conectadas de una u otra forma al original motor de explosión interna.

un paradigma consiste, en sentido amplio, en diferentes innovaciones radicales (muta- ciones) unidas a conjuntos de innovaciones menores basadas en múltiples acumulaciones de conocimientos a lo largo del tiempo. Esto es lo que da la característica de continuidad al cambio tecnológico. Esas innovaciones menores han sido el fruto de la exploración de varia- ciones siguiendo diferentes vías y que han sido testadas, desde el punto de vista de su utilidad y funcionamiento, antes de salir al mercado 38.

Mantener esta idea en la mente es esencial, ya que es como funciona el mecanismo de selección en la evolución de la tecnología. Este mecanismo ofrece tanto al innovador como al imitador que no todas las posible variaciones de una innovación tengan que ser exploradas (lo que supondría estar constreñidos por la continua, gradual y aleatoria evolución gobernada por la Ley de Wolf). En otras palabras, el aprendiz elije los conocimientos que le resultan útiles y que están más próximos al paradigma en el que está inmerso, excluye los conocimientos obsoletos de ese paradigma y salva, si es posible, las nociones obsoletas o avanzadas por si éstas le resultaran útiles en el futuro.

5. conclusión

En 1995 R. Nelson se preguntaba cuales serían las características de la teoría evolutiva relacionada con la Economía, y señalaba que para aplicar el término evolutivo a una teoría económica ésta debía seguir los siguientes criterios 39:

1. Cambio. Su objetivo tendría que tener en cuenta el movimiento de algo a lo largo del tiempo, o la explicación de la relación de algo que existe en un momento con respecto a lo que termina siendo. El análisis debería ser expresamente dinámico. La atención debería centrarse en el cambio de una variable o un sistema de variables y, desde un punto de vista teórico, en la razón de ese cambio.

2. Selección-adaptación. Debería presentar variables aleatorias. variables susceptibles de modificación a través de variaciones y que darían origen a nuevas variables. Esas variaciones aparecerían a través de mecanismos que a la vez actuarían para mantener la variable estable, es decir, mecanismos de selección de variaciones que afectan a la variable pero que también actúan para fijarla en el sentido de una especialización particular.

3. aprendizaje. Los procesos analizados deberían presentar la premisa de que existe inercia y que ésta refuerza la continuidad de aquellos que han sobrevivido en el proceso de selección. Estos procesos tendrían que estudiarse como si siguieran pautas, y como si aprendiesen de su propia experiencia, pero a la vez dependiendo de una selección aleatoria.

bajo este conjunto de premisas (cambio, adaptación-selección y aprendizaje) en este trabajo hemos revisado tres ideas recurrentes en la Economía evolutiva: (i) la importancia

38 Cfr. duRand, t., “Dual technological trees: assessing the intensity and Strategic Significance of technological

Change”, Research Policy, v. 21, (1992), p. 361.

39 Cfr. nelson, R. R., “Recent Evolutionary theorizing about Economic Change”, Journal of Economic Literature,

de adoptar una perspectiva de análisis de las poblaciones; (ii) la curiosidad intrínseca del ser humano; y (iii) el cambio tecnológico, que se ha sintetizado en el concepto de paradigma tecnológico. Pero en cierto grado lo que he hecho es presentar la “prehistoria” de la Econo- mía evolutiva.

En el presente la Neuroeconomía busca desde el lado neurológico las razones de los fenómenos de adaptación, selección y aprendizaje en los agentes económicos 40. Su atención

se fija en conocer el proceso y localización de la toma de decisiones económicas en el cerebro del ser humano. Estudia los partes del cerebro, los conjuntos neuronales y los estados mentales que se activan al tomar decisiones económicas. al estudiar estas localizaciones se abren nue- vos temas sobre la naturaleza evolutiva del ser humano, dese el hecho de plantearse el proceso de decisión hasta el hecho de que todas las decisiones (instrucciones) que intervienen en un determinado comportamiento. ¿Cómo se mantienen, replican y se modifican en el cerebro ins- trucciones y comportamientos? ¿Pueden evolucionar esas instrucciones y comportamientos? ¿Pueden infestar o reproducirse en otros cerebros?

En mi opinión, lo mejor que nos ofrece la Neuroeconomía son las posibilidades y criterios para formalizar mejor la teoría de Juegos evolutiva y la formalización microeconómica orto- doxa (la conducta basada en el concepto de utilidad), que tantas posibilidades de análisis han dado hasta la fecha 41. Pero es obvio que habría que abrirse a otros puntos de vista que proceden

de las otras Ciencias que también estudian el comportamiento humano (la Etología humana, la Psicología, la inteligencia artificial y la Sociobiología).

Partiendo de estas disciplinas se podría resaltar que la teoría de Juegos evolutiva nos permite llevar a cabo un examen sistemático y combinado de los ingredientes del proceso evolutivo (selección, adaptación y aprendizaje) sin destruir el concepto de utilidad tan carac- terístico de la Ciencia económica. Por ingredientes en los juegos evolutivos debemos entender los agentes (jugadores, compañías y organizaciones creadas por los humanos), las acciones (comportamientos posibles procedentes de la imitación o de la invención de cada agente en el proceso de juego), los pagos (recompensas por las acciones realizadas a la que hay que restar los costes presentes en el juego, tanto si se está activo como si no), el nacimiento y la muerte (en este sentido la muerte o existencia de los jugadores depende de su capacidad para obtener un mínimo de pagos positivos al ejecutar las acciones, y nacimiento los pagos por reprodu- cirse) y los intervalos entre las fases de información (entre acción y acción hay tiempos de transmisión y de asimilación).

Este tipo de formalización permite detectar aparentes paradojas en el comportamiento utilitarista esperado. aparece así la cuestión clave: ¿por qué los individuos toman decisiones aparentemente equivocadas o decisiones contrarias a su propio interés? El hecho es que no tenemos una respuesta concreta. tenemos la idea de la utilidad vista ésta a lo larga del ciclo vital (utilidad diferida), propia de los análisis de becker; y tenemos diferentes nociones de

40 Cfr. GlimcHeR, P. W. y RusticHini, a., “Neuroeconomics: the Consilence of brain and Decision”, Science, v. 306,

(2004), pp. 447-452; y aunGeR, R., The Electric meme, the Free Press, N. york, 2002.

41 Cfr. maynaRd smitH, J., Evolution and the Theory of Games, passim; fundenBeRG, D. y tiRole, J., Game Theory,

the Mit Press, Cambridge, Ma, 1991; veGa Redondo, F., “technological Change and institutional inertia: a Game-

theoretic approach”, Journal of Evolutionay Economics, v. 3, (1993), pp. 199-224; veGa Redondo, F., “Evolución y

estrategia: teoría de Juegos con agentes limitados y un contexto cambiante”, Hacienda Pública Española, v. 125, n. 2, (1993), pp. 127-142; veGa Redondo, F., Evolution, Games, and Economic Behavior, Oxford university Press, Oxford,

altruismo que nos llevan a entender algunas de sus formas como un egoísmo en el largo plazo. Pero estas respuestas a veces son más bien intuiciones.

Sabemos por intuición que somos seres utilitaristas, pero sabemos que no siempre somos utilitaristas. La solución a esas paradojas desde el punto de vista económico venía siendo de- cepcionante. una opinión era que se debían aislar esos casos a la espera de mayores avances en la formalización de nuestros modelos. La otra alternativa era rechazar el problema: clasificarlo como irracionalidad y descartarlo como comportamiento económico irrelevante. Más reciente se mira hacia las Ciencias que se ocupan de entender el cerebro, lo que ha dado origen a la Neuroeconomía que nos va mostrando lentamente como operan las decisiones económicas en el cerebro.

Cuando llegamos a una paradoja en el comportamiento humano (comportamientos no utilitaristas), ésta se puede formalizar por medio de la teoría de Juegos evolutiva, ya que captan su relación con el proceso evolutivo de la especie. Llegados a ese punto, podemos

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