¿Podemos dejar al funcionamiento de los mercados la responsabilidad de las empresas? ¿Son las fuerzas del mercado suficientes como para estimular comportamientos responsables? ¿Hay compatibilidad entre el bien individual y el bien común? En principio, en un mercado perfecto, las respuestas serían positivas. Si la sociedad desea empresas responsables, las irresponsables dejarían de existir. Lamentablemente los mercados distan mucho de ser perfectos y el bien in- dividual se antepone al bien común. De allí la necesidad de promover leyes y regulaciones que compensen por las imperfecciones de los mercados.
El editorial del Financial Times del 10 de marzo de 2009, en plena crisis financiera, decía: “Todo
estudiante de primer año de economía aprende las condiciones para que un mercado desregulado, en teoría, funcione eficientemente. Las más importantes son la información completa, derechos de pro- piedad y contratos respetados y ausencia de externalidades (efectos de las transacciones económicas sobre terceros). Estas condiciones nunca se cumplen, pero muchos mercados se acercan lo suficiente como para que los intereses personales de los participantes produzcan buenos resultados para todos.
Cuando estas condiciones no se cumplen, los mercados funcionan mal. (…) la teoría económica (…) les dice a los quieren oír que (…) la búsqueda del interés personal puede hacer que todos estén peor...”
El “mercado de la responsabilidad”, o sea el mercado donde los consumidores, los gobiernos, las instituciones financieras, los accionistas, los empleados y demás partes interesadas (stake-
holders) hacen sentir sus preferencias por las prácticas responsables de la empresa es todavía
mucho más imperfecto y, en algunos países en vías de desarrollo, prácticamente inexistente. Ya sea por la falta de información, ya sea por no percibir las consecuencias, ya sea por impo- tencia o el poder relativo de las empresas, estas partes interesadas no pueden o no hacen sen- tir sus preferencias y muchas veces las empresas se limitan a hacer lo que les parece más con- veniente. En la parte II analizamos las acciones de las partes interesadas en mayor detalle.
Ante esta situación de mercados de responsabilidad relativamente subdesarrollados, los go- biernos tienen la obligación de establecer leyes, regulaciones e instituciones de implementa- ción que promuevan el comportamiento responsable, haciendo obligatorio comportamien- tos básicos para el bien de la sociedad, pero teniendo cuidado de hacer un balance entre estas regulaciones y la libertad de acción que necesitan las empresas para innovar y producir. El mercado no basta para promover practicas responsables y las leyes, regulaciones e instituciones suelen ser deficientes y no lo pueden ni deben controlar todo.
Hay que desarrollar tanto el mercado como la parte regulatoria hasta que el mercado funcione (lo que puede tardar mucho tiempo). Pero el tercer eslabón, aunque el primero en importancia,
es la integridad de los empresarios y de los gobiernos.[20]
Earl Warren, ex - presidente de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos recalcó: “No
solamente la ley en una sociedad civilizada presupone el compromiso ético, presupone la existencia de una amplia área de la conducta humana controlada solo por normas éticas y no sujetas para nada a la ley.” Comentando esta cita, otro autor expresó: “Muchas áreas del comportamiento empresarial están sencillamente mas allá de la capacidad de control de la ley y debemos basarnos en la ética profesional de los decisores para logar los objetivos de la sociedad.”[21]
En la Encíclica Caritas in Veritas el Papa Benedicto XVI comenta sobre las imperfecciones de los mercados y sus potenciales abusos por parte de los individuos: “No se debe olvidar que el mercado
no existe en su estado puro, se adapta a las configuraciones culturales que lo concretan y condicionan. En efecto, la economía y las finanzas, al ser instrumentos, pueden ser mal utilizados cuando quien los gestiona tiene sólo referencias egoístas. De esta forma, se puede llegar a transformar medios de por sí
20 Vives (2008) 21 Hess, (2006).
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buenos en perniciosos (…) Por eso, no se deben hacer reproches al medio o instrumento sino al
hombre, a su conciencia moral y a su responsabilidad personal y social “(énfasis añadido). La
culpa no es del mercado, es de los operadores.
Para el progreso económico y social se necesitan los mercados, pero para que este progreso sea balanceado y sostenible en el largo plazo, se requiere de la operación eficiente del mercado de la responsabilidad, que requiere del concurso de todas las partes interesadas, incluyendo gobier- nos, pero todos descansando sobre la ética personal y la integridad.
V. Comentarios de cierre
En la sociedad moderna, con la intensificación de las relaciones comerciales, tanto en pro- ducción como en comercio, con el crecimiento poblacional y con el creciente consumo de recursos naturales, las empresas tienen responsabilidades que van más allá de su sostenibi- lidad económica y deben también preocuparse de la sostenibilidad social y ambiental. De hecho, uno de los fenómenos más destacados en los últimos decenios ha sido que el mundo empresarial se ha percatado de que la sostenibilidad social y ambiental no son aspectos adi- cionales, separables, de la vida de la empresa sino que son condición necesaria para asegurar la sostenibilidad económica. Son su sostén. Sin embargo, para la implementación práctica de esta idea todavía falta mucho por hacer. Además de la ética empresarial e individual y la con- cientización de los empresarios, es necesario el desarrollo del mercado de la responsabilidad, donde las partes interesadas puedan hacer valer sus opiniones y donde los gobiernos ejerzan eficientemente su papel regulador.
El papel de la empresa en la sociedad va más allá de la producción de bienes y servicios que la sociedad demanda, de la creación de empleos, del cumplimiento de las leyes y del pago de impuestos. Hay maneras y maneras de hacer negocios. Sus actividades deben llevarse a cabo de forma responsable, teniendo en cuenta el impacto sobre la sociedad y el medio ambiente, minimizando el impacto negativo y mejorando el impacto positivo, dondequiera que sea posible.
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