Antonio Vives
C. Precios de acciones, contabilidad y prácticas responsables
Para las empresas que cotizan en bolsa, el precio de las acciones es un indicador disponible casi de forma continua y supuestamente refleja el valor que el mercado le da a la empresa. De allí que sea un indicador muy seguido por los ejecutivos y obviamente por los accionistas. Pero, ¿es un indicador confiable del valor de la empresa? ¿Qué implicaciones tiene para las prácticas responsables de la empresa?
Las teorías de los mercados de valores sostienen que estos son eficientes, al reflejar los precios toda la información disponible. Si bien se han realizado múltiples estudios econométricos que han demostrado que un gran número de los mercados bursátiles del mundo son eficientes en ese sentido, estos estudios son hechos sobre información específica y de forma agregada. Pero, como demostró la crisis de 2007-2009, los precios de las acciones son impactados por factores emocionales, por el efecto manada (donde unos siguen a otros por temor a hacer algo diferente) y por falta de información o información errónea, entre otros factores. Estos precios son usados muchas veces por la gerencia como guías para tomar decisiones. Algunos directivos creen que su objetivo es maximizar el precio de la acción y pueden tomar decisiones con visión cortopla- cista, para tratar de influenciar el precio de las acciones y así congraciarse con los accionistas, que pueden determinar su futuro. O lo que es más directo, pueden influenciar el valor de sus acciones o de sus vinificaciones, ya sea en efectivo o en opciones de compra de acciones. Esta vi- sión cortoplacista está muy influenciada por el interés individual. Los intereses de los directivos pueden divergir de los intereses de los accionistas (lo que se llama el problema de agencia, los
directivos son “agentes” de los accionistas que manejan la empresa por delegación). Sin embar- go, los precios de algunas acciones, en algún momento de tiempo, pueden no ser eficientes. De allí es que no se puede concluir que sean siempre una medida del valor de la empresa que pue- da usarse como guía para valorar decisiones, en particular las referidas a prácticas responsables, que suelen producir beneficios, a veces intangibles y muchas veces en el largo plazo.
La premisa de lo que es bueno para los accionistas es bueno para la empresa, tampoco es ne- cesariamente correcta. En mercados desarrollados, los accionistas miran a la empresa como una inversión financiera, y suelen tener una visión de corto plazo. Compran y venden acciones para mejorar su beneficio personal. Son pocos los accionistas que compran las acciones para mante- nerlas en su cartera por tiempo indefinido, porque les interesa el futuro a largo plazo de la em- presa (excepción hecha de inversionistas que compran elevadas proporciones y quieren ejercer control sobre la empresa). Esta visión cortoplacista de accionistas y directivos conspira contra la adopción de prácticas responsables.
En empresas que no cotizan en bolsa, o que tienen pocos dueños, como las empresas familiares, estos problemas son mucho menos agudos y los objetivos de los dueños están más alineados con el futuro a largo plazo de la empresa.
Tanto en empresas que cotizan en bolsa como en las que no lo hacen, otro indicador muy obser- vado para la toma de decisiones es el de los beneficios netos. Pero este indicador también ado- lece de problemas. Los principios de contabilidad están basados en el reconocimiento de gastos e ingresos efectivamente realizados, sobre un período de tiempo especificado. No reconocen, ni pueden reconocer, valores que no puedan ser medibles de una manera objetiva y en muchos casos de forma pesimista. Por ejemplo, gastos que pueden producir ingresos en períodos futu- ros se reconocen en el período en que se incurren, con los correspondientes ingresos diferidos a períodos futuros. Son gastos como por ejemplo los de investigación y desarrollo. Lo mismo sucede con gastos en algunas prácticas responsables como la inversión en recursos humanos. El capital humano no aparece como activo de la empresa y en algunas empresas es su principal
activo[15]. Tampoco están la reputación, el valor de la marca (a menos que haya sido adquirida en
una fusión o adquisición), o hasta los activos y pasivos ambientales.
En algunos casos no pagan por los costos reales de los insumos, por ejemplo el aire. No pagan por el costo de la contaminación o sus emisiones de gas de efecto invernadero o por impacto negativo sobre el medio ambiente. En países en vías de desarrollo el agua y la energía pueden estar subsidiadas. En estos países con altos niveles de desempleo, los precios de la mano de obra no reflejan su verdadero valor. Supuestamente el valor de la acción en bolsa, si es que cotiza,
15 Ver el artículo “Capital humano: ¿Está en el capital de la empresa?” en www.cumpetere.blogspot.com
PA
R
T
E
I •
56
refleja todos estos activos y pasivos y el beneficio neto más allá de las prácticas contables, pero como comentábamos, también tiene sus problemas.
Con toda esta discusión no queremos decir que el precio de la acción en bolsa, si es que cotiza, o los beneficios netos contables, no son buenos indicadores para la toma de decisiones. Lo que queremos decir es que para las decisiones sobre prácticas responsables, que suelen representar costos tangibles en el corto plazo y beneficios a veces intangibles y a veces en el largo plazo, se necesita mirar más allá que estos indicadores. Esto es lo que proponemos a continuación.