M ODELOS DE MUNDO AYER Y HOY
4. C ONCEPTOS PARA PENSAR LA PRÁCTICA DE TRADUCIR
El rol del traductor encarnado en los misioneros a cargo de los dic- cionarios citados permite visualizar una operación clave para la cul- tura, que radica no sólo en la conservación de datos sino también en su creación. La interacción de un sistema informativo con otros sistemas promueve la decodificación en la cual subyace la creación de información:
También el auténtico mundo externo es un participante activo del intercambio semiótico. La frontera de la semiosfera2 es un dominio de actividad semiótica elevada, en la que trabajan nu- merosos mecanismos de «traducción metafórica», que «trasiegan» en ambas direcciones los textos correspondientemente transfor- mados (Lotman, 1998: 50).
Para nosotros, la tarea del traductor se ubica en un punto nodal de esta frontera semiótica y el caso de los misioneros aludidos puede ser una clave para que tal relevancia se visibilice. Su actividad traza líneas de sentido a través de diccionarios que proyectan modelos de mundo para los usuarios futuros. El tiempo, en ese sentido, tam- bién es clave en tanto coordenada que junto con el espacio se inscri- be en la transformación y conservación de la información.
2 Lotman acuña el concepto de semiosfera para pensar la cultura desde una pers-
pectiva semiótica: «No existen por sí solos en forma aislada sistemas precisos y funcionalmente unívocos que funcionan realmente. La separación de éstos está condicionada únicamente por una necesidad heurística. Tomado por separado, ninguno de ellos tiene, en realidad, capacidad de trabajar. Sólo funcionan estando sumergidos en un continuum semiótico, completamente ocupado por formacio- nes semióticas de diversos tipos y que se hallan en diversos niveles de organiza- ción. A ese conitnuum [...] lo llamamos semioesfera» (Lotman, 1996: 22. Énfasis en el original). Advertimos entonces que la semiosfera es el ámbito de lacultura entendida como un mecanismo políglota (diversos lenguajes coexistiendo) que traducen, transmiten y generan información.
Llamaremos generación del sentido a la capacidad, tanto de la cultura en su totalidad como de distintas partes de ella, de dar «en la salida» textos no trivialmente nuevos. Llamaremos textos nuevos a los que surgen como resultado de procesos irreversibles (en la acepción de I. Prigogine), es decir, textos en determinada medida impredecibles (Lotman, 1998: 42).
Ilya Prigogine (1996), desde la Física y la Química, concibe la flecha del tiempo como un vector irreversible que se inscribe en los sistemas materiales. Así, cuando dos sistemas comienzan a influirse mutuamente, pueden operarse transformaciones impredecibles a los ojos del observador e irreversibles, pues no es posible volver al estado original. Lotman desplaza los postulados de las ciencias «exac- tas» para pensar los sistemas informativos (lenguas, textos, cultu- ras) en interacción y sostener que mientras más distancia exista en- tre dos zonas informativas, mayor será la creatividad en la informa- ción, lo cual dinamiza la cultura:
Se puede decir que la traducción de lo intraducible resulta ser, para el portador de información de un valor elevado. Considere- mos los ejemplos, por un lado, de una traducción en la cual las lenguas sean relativamente similares y, por otro, en la cual sean diferentes por principio. La traducción, en el primer caso, será relativamente fácil. En el segundo caso, encontrará inevitable- mente dificultades y generará una indeterminación del sentido (Lotman, 1999: 17).
Esa indeterminación del sentido exige la creatividad por parte del traductor. Para nosotros, los primeros misioneros que trabajaron en la conformación de los diccionarios bilingües son también autores de traducciones metafóricas e irreversibles, construyen un léxico com- patible a partir de insalvables incompatibilidades. ¿Cómo se resuelve esta paradoja? A partir del acto de creación implícito en la aparente «compilación» de términos, vale decir, en la elección y construcción A. I. Leunda Hacia un concepto de traducción política
de una síntesis de una zona de frontera en donde la co-existencia de contrarios era (previo a la creación) semántica y semióticamente incompatible.
Una particularidad de las situaciones de desequilibrio es que en la trayectoria dinámica aparecen, en la terminología de I. Prigogi- ne, puntos de bifurcación, es decir, puntos en los que el movi- miento ulterior puede transcurrir con igual probabilidad en dos (o más) direcciones, y no parece posible predecir en qué direc- ción comenzará a correr realmente […] Esta introducción del factor casual en el mecanismo de la causalidad representa un enorme mérito de I. Prigogine. Ella desautomatiza el cuadro del mundo (Lotman, 1998: 147).
En tal sentido, la co-existencia de lenguas-culturas-otras incompa- tibles entre sí generó un estado de desequilibrio que posibilitó/ exigió la creación de nuevos modelos de mundo impensables antes de 1492. Y, por lo mismo, ese año puede ser leído como un punto de bifurcaciones que estuvo signado no sólo por la causalidad sino también por la casualidad e inició un desorden tan profundo que tiene sus ecos en nuestros días.
Por otra parte, la creatividad señalada se vincula con la des- automatización o la no necesariedad de un resultado predetermina- do. Por lo tanto, ante una situación caótica, el sujeto implicado se encuentra indisociablemente ligado a los aspectos éticos implica- dos en toda situación de elección. Éste es el caso de nuestro misio- nero traductor, como explicita el mismo Lotman (1996: 248):
El acto de conciencia está ligado a la elección en una situación de ausencia de predecibilidad automática. Por consiguiente, la cul- tura, como mecanismo de incremento de la información, au- menta el número de alternativas y reduce el terreno de la redun- dancia […] Esto introduce en el proceso histórico factores como la responsabilidad personal y la conducta moral de los partici- pantes en él.
Acorde a lo antedicho, entendemos que la traducción metafórica nos permite ubicar al traductor en su contexto cultural e implica la creación de un sentido siempre desplazado (meta) más allá, desbor- dado por fuera del límite de lo dicho (cuestión que la distancia lin- güístico-cultural entre indígenas y españoles posibilita visualizar). A su vez, los diccionarios dan cuenta de una traducción irreversible, pues son textos productos de un proceso donde se desordenaron ambas culturas y, a través de ellos, no es posible recuperar los tér- minos originales, problemática que se ejemplifica en la intraducibi- lidad del concepto cuerpo. Cuando la traducción unívoca es imposi- ble, señala Lotman (1999: 17. Énfasis mío), se advierte «la enorme cantidad de variantes para la traducción inversa».
Asimismo, subrayamos que la creatividad en la construcción de los diccionarios también posee un matiz ligado a la ética, pues el acotado margen de opciones del sujeto traductor conlleva la res- ponsabilidad moral de la elección que afecta (al menos parcialmen- te) el futuro de las comunidades traducidas. Esto nos invita, final- mente, a preguntamos por los alcances no sólo éticos, sino también políticos (que afectan a la «polis», al bien común) de la práctica de traducir y, a la inversa, qué políticas de traducción es aún necesario discutir hoy en contextos plurilingües, como es el caso de la actual América Latina.