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C ONDICIONES MATERIALES DE POSIBILIDAD Y MODO DE PRODUCCIÓN

In document Veraza Jorge – Leer El Capital Hoy (página 85-96)

I. EN TORNO A LA ARQUITECTURA DE EL CAPITAL

12. C ONDICIONES MATERIALES DE POSIBILIDAD Y MODO DE PRODUCCIÓN

El modo de producción burgués tiene como una de sus condi- ciones materiales de existencia el hecho de que la burguesía se apropie los medios de producción y el proletariado quede desposeído. Al productor directo se le arrebata en primer lugar la tierra y sus medios de labranza; sólo entonces se vuelve proletaro, está desvinculado de sus medios de vida y ya es libre, para ser explotado. Esta es condición material de posibi- lidad del modo de producción capitalista. Como se ve, hablar de condiciones materiales de posibilidad es lo mismo que hablar de riqueza, pues ésta es el conjunto de las condiciones materiales de la vida humana. Entonces cuando Marx hace la pregunta por las condiciones materiales de posibilidad del

modo de producción burgués, es decir, por la riqueza burgue- sa, no ve esta riqueza como algo quieto, como cosa, sino inte- grada en un modo de producción, pero no simplemente para constituir un modelo (posición de Althusser). Por cuanto que las condiciones materiales del modo de producción son an- tagónicas, se trata de una riqueza antagónica, una expropia- ción y monopolización de riqueza, un tener y un no tener. Por lo tanto Marx hace la pregunta por las condiciones materiales de existencia del modo de producción burgués o de la riqueza burguesa sólo porque al mismo tiempo está haciendo la pre- gunta por otra sociedad que supere al modo de producción burgués.

Pero ¿cómo conecta Marx la pregunta sobre el futuro con esta del presente? Pues proponiendo al propio modo de pro- ducción burgués como riqueza para otro sujeto, para el sujeto proletario. El modo de producción burgués ha sido hasta aho- ra el látigo mediante el cual se explota al proletariado. Y, bien, Marx cambia la pregunta cuando dice que el modo de produc- ción burgués es riqueza para el movimiento proletario. Ya vi- mos cómo los socialistas utópicos en lugar de economía pro- ponen la cuestión social, y cómo Marx, por su parte, critica a la economía política desde la perspectiva socialista pero también critica la perspectiva socialista desde la perspectiva de la economía. La sociedad burguesa no solamente es un lugar de suplicio para el proletariado, pues si así fuera no habría que pensarla sino olvidarla y pasar a otra cosa —lo que fue la posición del socialismo utópico—. Pero para poder pasar a otra cosa hay que pensarla, pues en la sociedad mo- derna se encuentran los instrumentos mediante los cuales vamos a construir la próxima sociedad. Esta es la posición de Marx: la sociedad burguesa, el modo de producción burgués,

es riqueza para el movimiento comunista en vista de construir otra sociedad. El capital ha expropiado a los productores di- rectos; ahora los expropiadores van a pasar a ser expropia- dos. Así plantea Marx el modo de producción burgués como condición de otra historia, como riqueza para otra historia. Aquí se están poniendo en juego un concepto no empirista de riqueza y un concepto de modo de producción que no es idea- lista o meramente modelar sino que está siempre arraigado a la condición material de posibilidad.

Marx concibe su crítica de la economía política como fuer- za productiva, y en general a las teorías y las ciencias, pero también las concibe como ideologías. Esto nos conduce a otro problema.

EXCURSO A

ÉTICA Y MORAL: LAS CIENCIAS NATURALES Y LAS CIENCIAS SOCIALES

COMO FUERZAS PRODUCTIVAS Y COMO IDEOLOGÍA

Sabemos que las empresas y el Estado emplean psicólogos sociales para diseñar la imagen pública de los candidatos políticos, así como sociólogos, antropólogos y economistas para la coordinación de programas de desarrollo y para la gestión de la acumulación de capital.

Así que en las ciencias sociales —y también en las ciencias naturales— hay mucho de ideología, no sólo de ciencia ni de fuerza productiva. Las ciencias sirven para fomentar las rela- ciones de producción existentes. No se trata sólo de que las dimensiones ideológicas se añaden a la ciencia. La ciencia en cuanto tal —sea ciencia social o ciencia natural— es una

de las fuerzas productivas de la sociedad moderna, someti- das a las relaciones de producción capitalistas y regidas o coordinadas inmanentemente por perspectivas formales que apuntalan las relaciones de producción alienadas y las ideo- logías que les corresponden.

No es fácil comprender que no sólo la ciencia natural, sino también la social, sirve al desarrollo de la producción, pero conforme el capitalismo se desarrolla, se percibe la mundia- lización del costo de ciertas condiciones de vida como la educación pública o la seguridad social —lo que se llama el gasto social del Estado— como algo en lo que debía ocuparse el economista, el antropólogo, el sociólogo y el psicólogo bien sea para abaratar los costos del capital, o al contrario, para mejorar las condiciones de vida de la población.

De otro lado, la ética en tanto ciencia, esto es, como as- pecto de la filosofía, al igual que cualquier otra ciencia so- cial, forma parte de las fuerzas productivas de la sociedad.

Por su parte, la moral tiene una doble función. Por un la- do está la moral como ideología, como saber, como deber ser, que forma parte de la sobreestuctura y simplemente es una ideología pero, por otro lado, la moral constituye al mismo tiempo una dimensión anterior al derecho en tanto conjunto de doctrinas que sirven para regular las relaciones de propiedad y que también forma parte de la sobreestruc- tura, lo mismo que la política en tanto gestión de las liber- tades al servicio de las necesidades económicas capitalis- tas, y por ello es un momento del metabolismo social.

Pero hay dimensiones de la política que no forman parte de la sobreestructura, especialmente lo que podemos enten- der como la politicidad básica6 de una sociedad. Si esta poli- ticidad básica se encuentra reprimida apunta a revelarse, a

transformar la realidad económica y política de un país. Cuando la política revolucionaria descubre que la gestión de la libertad auténtica se enfrenta a la gestión de la libertad actual e, incluso, a la gestión de las necesidades a favor del capital, tal y como en la economía se está llevando a cabo en este momento, entonces la política forma parte de la base de la sociedad.

En Miseria de la filosofía dice Marx que la fuerza produc- tiva más poderosa que guarda en su seno una sociedad es la clase revolucionaria que va a transformar el conjunto de las relaciones sociales y a producir un nuevo mundo. La capacidad productiva de esa fuerza revolucionaria es por- tentosa pues produce historia. Esta producción es eviden- temente mucho más compleja —y, entonces, más potente— que la simple producción de cosas.

De ahí que la política revolucionaria sea parte no de la sobreestructura sino de la base de la sociedad. La gestión de libertades es función de la política en general —ámbito en el que se mueve la política de partidos y del Estado—, es parte de la sobreestructura, un momento ulterior al de la gestión de necesidades.

Pero en la sociedad capitalista la gestión de necesidades no es equilibrada, adecuada a lo humano, sino enajenada, así que no tiene en cuenta lo que es verdaderamente prioritario y toma como prioritarias cuestiones que son secundarias. Aquí las cosas se encuentran de cabeza y solamente la política revolucionaria puede ponerlas sobre sus pies. Esta política señala desde la gestión de libertades —que de eso se ocupa la política—, que debe modificarse la estructura de la gestión de necesidades (ocupación de la economía). Solamente así se pondrían las cosas sobre sus pies.

La política revolucionaria es pues, parte de la base de la sociedad precisamente porque esta sociedad se encuentra cabeza abajo o no está hecha a favor de los seres humanos sino contra ellos. Insisto en que estoy hablando de la política revolucionaria en lo que tiene de auténticamente revolucio- naria, no de la presencia empírica de la así llamada en un momento dado política revolucionaria, la cual presenta di- mensiones revolucionarias pero también reaccionarias según qué tan penetrada se encuentre por la ideología domi- nante. La política revolucionaria no solamente se encuentra penetrada a veces por policías o por agentes del Estado, sino también por perspectivas ideológicas que no le correspon- den a la clase revolucionaria. Empíricamente esta clase es una mezcla de ideología y ciencia, como lo es también, empí- ricamente, la institución ciencia.

En lo que respecta a la moral, la vimos como parte de la ideología, como un conjunto de saberes e ideas sobre lo que se debe ser que no se aplican siempre y que difieren del ser, de la dimensión material de la sociedad. Pero la moral no solamente tiene esta presencia ideológica favorable a las relaciones de producción capitalistas sino también una fun- ción reguladora de las relaciones sociales inmediatas, forma parte, pues, de la base de las relaciones cotidianas de la gente. La moral tiene entonces, como decíamos, una doble versión, pues no podemos suponer una sociedad cuyos miembros estén desligados unos de otros y que integren sus relaciones interpersonales solamente a posteriori a través de la moral. La sociedad está cohesionada desde siempre y la regulación de su cohesión, de sus costumbres, de lo que el ser humano es, está siempre conectada con lo que el ser humano futuriza, con el porvenir. El ser humano no es un ser

dado sino un ser de posibilidades, entonces lo que es se co- necta con lo que puede ser, y esto que puede ser se conecta también con una elección de futuro, es decir, de una parte de todo lo que puede ser a la que se circunscribe y a la que define como lo que debe ser, precisamente para garantizar la existencia de lo que es del ser.

Por ese motivo, dimensiones de la moral que se ocupan del deber ser refieren simultáneamente a posibilidades del ser del futuro, y las posibilidades del ser no son algo que le adviene al hombre como un añadido, sino que le es inherente en tanto ser teleológico, en tanto ser que actúa de acuerdo a fines. El ser humano actúa de acuerdo con una finalidad, y por ende observa las posibilidades siempre como parte de su existencia actual. El deber ser no está desligado del ser en la existencia humana. En sus niveles más básicos, la moral, en tanto que regula al deber ser y por ello garantiza la existencia de los individuos sociales —independientemente de que así apuntala las condiciones de dominio de una clase y en este sentido, y sólo en éste, la moral es ideológica—, se ocupa de esta regulación reproductiva básica del socius, del cuerpo social en su conjunto y entonces forma parte de la base de la sociedad.

Lo anterior permite explicar que, en el capitalismo mundia- lizado —totalizado en términos económicos—, dimensiones que antes eran sobreestructurales muestren aspectos que forman parte de la base económica. Del mismo modo vemos que el maestro de escuela que podría hacer su trabajo sin ser explo- tado puede servir, ahora, en una empresa capitalista de edu- cación y producir plusvalor para sus patrones, los dueños de la empresa;7 y esto es lo que ocurre con cada vez más frecuen- cia.

Asimismo el sometimiento sexual —las formas de opresión y de abuso sexual, etcétera— deviene en funciones económi- cas de carácter industrial capitalista. La prostitución ya tenía una dimensión económica desde hace milenios pero sin ser el fenómeno generalizado que hoy involucra a millones de gentes. Con la modernización del capitalismo la prostitución se convierte en una rama industrial más. Análogamente la producción y el tráfico de drogas se convierten en ramas multimillonarias de la acumulación de capital.

Es posible comprender el desarrollo capitalista como este proceso de actualización de posibilidades latentes, de su transformación en realidades fácticas generalizadas. Si- guiendo este procedimiento podemos comprender la estruc- tura de la sociedad en el capitalismo contemporáneo y cómo es que pueden ser diferenciadas y articuladas sus dimensio- nes básicas y sobreestructurales, así como también desarro- llar la crítica de su estructura económica para abarcar otras dimensiones más amplias de la sociedad.

EXCURSO B

PRODUCCIÓN HISTÓRICA DEL FENÓMENO Y RELACIÓN DE CONOCIMIENTO

De la misma caracterización del objeto teórico de la crítica de la economía política —la riqueza como objeto de la revolución proletaria— se desprende otra indicación metodológica de validez general para las ciencias sociales, a saber: la relación de interioridad entre el objeto y el sujeto del conocimiento.

Consideremos el proceso de conocimiento del sujeto que intenta comprender su experiencia cotidiana. Por ejemplo:

nos topamos con el fenómeno de los niños de la calle. ¿Cómo hace este sujeto —nosotros— para procesar tal expe- riencia?

Es difícil entender este proceso si al considerar la relación sujeto-objeto se toma al objeto y al sujeto solamente como dos entes separados que en un determinado momento se pusieron en conexión. En realidad esto no es así pues aun- que el día de hoy nos topamos con el fenómeno —a través del periódico por ejemplo— éste existe desde hace muchos años. El fenómeno nos incluye y participamos en su producción de manera histórica. Hay, pues, una producción social del fenómeno en la cual participamos. No estamos al margen de él, y entonces lo observamos o nos topa, sino que el objeto ha sido producido también por nosotros; ya estamos inclui- dos en él, ya nos ha conformado y nosotros lo vamos con- formando. Así que no es tan difícil elaborar los datos que recibimos del fenómeno. Tenemos conocimientos previos a través de otros fenómenos: leemos otros libros, tenemos múltiples experiencias sobre el mismo hecho, etcétera.

Si tomamos como ejemplo uno de esos libros, puesto so- bre la mesa, no hay que considerarlo como algo separado de mí. Así se ve, ahí está el libro y aquí estoy yo: este objeto libro está dado y yo estoy dado. Pero, insisto, el libro no simplemen- te está dado sino que ha sido producido por seres humanos. Yo soy un ser humano y de alguna manera estoy en contacto con esos seres humanos que produjeron el libro, hay una conexión histórica entre ellos y yo que hace que su libro no me sea completamente ajeno. De ahí que se pueda afirmar que el sujeto —incluso este sujeto individual, y con más razón aún si hablamos de un sujeto colectivo— ha producido el ob- jeto que va a conocer.8 El objeto de conocimiento ha sido

antes objeto de producción, primero ha sido producido; en- tonces, hay interioridad entre el sujeto y el objeto. Ahora que yo lo capto, en realidad voy a re-captarlo, a re-conocerlo.

Hubo quien pensó prostituir a esta niña de la calle. ―A esta niñita podría yo colocarla —alguien se dijo— en tal club de lujo‖. Hubo quien pensó eso, tuvo algunas nociones acerca de esto y lo hizo. Recientemente se ha debatido sobre la conveniencia de fomentar la proliferación en México de este tipo de antros, casinos, etcétera. No se habla del fomento del narcotráfico y la prostitución de todo tipo —especialmente infantil— extendida con la globalización pero es evidente que se trata de eso. Pues bien, es en este contexto en el que cre- ce este tipo de negocios en los que cada vez hay más gente involucrada. Ahora yo me encuentro a 100 kilómetros de dis- tancia del fenómeno, y ni siquiera del hecho real, es decir, no me encuentro ni a la niñita ni al lenón sino a alguien que es- cribe sobre el fenómeno y analiza estadísticas, así que puedo pensar que aquéllos me son aparentemente exteriores. Pero en verdad el fenómeno ha sido producido socialmente y en tanto existe es debido a una cierta finalidad y a una cierta mentalidad. El lenón lo produjo y quizo sacar de él un prove- cho; los conceptos que imprimió en el asunto pueden ser vagos, oscuros o bien perfilados —unos fueron eficaces, otros no— y yo voy a reproducirlos en mi cabeza al observar el obje- to. Voy a construir otros conceptos correlativos, algunos serán coincidentes con los que él pensó, otros no. Habrá, incluso, otros conceptos que él no pensó, él nada más actúo y, por mi parte, yo capto en estos conceptos los resultados de su acto.

De tal manera mi captación del fenómeno tiene lugar en un segundo momento. Los seres humanos primero produje-

ron el fenómeno y le imprimieron pensamiento, y luego pen- saron el objeto —el cual ya contenía pensamiento— y des- pués espigaron nuevos conceptos para explicarlo, y entonces actuaron en su momento para volver a incidir prácticamente sobre el fenómeno y abolirlo, transformarlo o bien para mejo- rarlo como negocio.

Como se ve, no es posible resolver este problema del co- nocimiento si se parte de un sujeto y un objeto separados que se relacionan a posteriori. Sólo si se reconoce que esta relación de conocimiento es una relación segunda respecto de la producción del objeto, es posible comprender que exis- te una interioridad práctica entre el sujeto y el objeto que es previa a la relación de conocimiento.

En la filosofía, hubo una bifurcación entre la manera en la que Descartes captó la objetividad y en la que sigue Kant. De ahí que Hegel intentara revertir el modo cartesiano de captar el objeto y la relación de conocimiento, para lo cual entronca con otra vertiente que proviene de Jean Baptiste Vico, autor de la Ciencia Nueva.

Esta vertiente no plantea una relación de exterioridad en- tre el sujeto y el objeto, sino que reconoce en primer lugar que los hombres producen su propia historia. Esta es la idea decisiva de Vico que retoma Hegel y luego Marx. Pues bien, al producir su propia historia, el hombre produce los sujetos que la producen, así como, primero, los objetos en tanto producidos para producir sujetos.

II.LA ESTRUCTURA ARGUMENTAL

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