A. ESTRUCTURA ARGUMENTAL DEL TOMO II DE EL CAPITAL , ―EL PROCESO DE CIRCULACIÓN DEL CAPITAL‖
3. L A UNIDAD DE PRODUCCIÓN Y CIRCULACIÓN EN LOS TOMOS I Y
Ahora ya podemos observar que tanto en el tomo I como en el tomo II de El capital se aborda la unidad del proceso de pro- ducción y el proceso de circulación, precisamente porque toda la obra trata del capital industrial y, por lo tanto, también cada uno de sus tres tomos. Ya vimos que la diferencia específica — tanto estructural como histórica— del capital industrial respec- to del capital comercial y del capital usurario consiste en que es una potencia al mismo tiempo circulatoria y productiva, por eso puede constituirse en un pseudosujeto que domina el me- tabolismo social.
En las dos primeras secciones del tomo I se nos presenta la parte circulatoria del capital como algo aparentemente — sólo aparentemente— extraño al capital. La mercancía y el dinero parecen ser simplemente objetos que se intercam- bian entre sí de modo equivalente. Sin embargo esto es sólo una apariencia. En estas secciones no estamos antes del capitalismo sino dentro, pero en la apariencia de la circula-
ción del capital, es decir, en un ámbito del sistema en donde no se ve la explotación y parece como si no existiera capital, sino solamente mercancías y dinero intercambiándose. Lue- go, en ese mismo tomo, Marx expone el proceso de produc- ción del capital, en el que se explota plusvalor (secciones tercera a sexta). Así, pues, el tomo I nos muestra la unidad de producción y circulación de capital. La presencia de esta unidad es más completa en la sección séptima del tomo I, dedicada a la reproducción del capital, aunque, de acuerdo con el procedimiento de Marx, se considera a la circulación como dada, esto es, se parte de que existe y está funcionan- do pero sin necesidad de exponerla, se la toma como un su- puesto, va incluida de modo implícito en el proceso de re- producción.
Así, pues, en el tomo I, que está dedicado a la exposición de la producción del capital, la circulación se presenta de dos maneras paradójicas. En la primera —a lo largo de las dos primeras secciones— la circulación del capital aparece como si no estuviera integrada con la producción del capital, como si fuera circulación simple de mercancías y dinero, no de capital; y en la segunda —en la sección séptima— aparece también paradógicamente, o como si no estuviera presente, en esta última se la da por supuesta, está incluida como pe- gada a la piel del repetirse de la producción y del repetirse de la sociedad.
En cambio, en el tomo II se expone aquello que se daba por supuesto en el tomo I. Aquí adquieren toda su fuerza es- tos conceptos latinos —exponer, suponer—. En el tomo I, la circulación esta presente pero muda, está supuesta, puesta debajo, subpuesta respecto de la producción y la reproduc- ción. En cambio en el tomo II vamos a ver a la circulación del
capital expuesta, puesta fuera, a ojos vistas, y lo que va a quedar supuesto es el proceso de producción.
Así, pues, en el tomo II Marx expone también la unidad de producción y circulación que constituye al capital, pero no expone la esencia de la producción sino que la da por su- puesta. No vemos cómo se le explota plusvalor al trabajador ni cómo se forma el valor del producto, ni la diferencia entre transferencia, reproducción y creación de valor. Esto se pue- de suponer porque ya se explicó en el tomo I,ya quedó de- mostrado ahí que al obrero se le explota plusvalor en el pro- ceso de producción de las mercancías. En el tomo II se expone la circulación dentro de la producción, esta última es, pues, un lugar, no una función.
B. LA ESTRUCTURA ARGUMENTAL DEL TOMO III
Así, pues, tanto en los tomos I y II como en el tomo III Marx presenta la unidad de producción y circulación. Veamos aho- ra cómo en los tres tomos se presenta también la unidad de producción y reproducción. Este problema es un poco más complejo, y para abordarlo pasaremos ahora a explicar la estructura del tomo III.
Ya vimos cómo en el tomo I Marx expone la producción de plusvalor y, luego, la producción de capital; de hecho termina con una sección dedicada a la reproducción del capital. Pero el título del tomo I es ―El proceso de producción del capital‖, entonces parece que no debería incluir la reproducción. En este tomo I la presencia de la reproducción es, pues, paradó- jica. En el tomo II esta presencia es menos paradójica, pues este libro se ocupa en la circulación del capital, y como ésta es circular por lo menos sugiere a la reproducción social, así
que aquí puede exponerse la reproducción del capital. De hecho ya vimos cómo este tomo expone la producción del capital y también la reproducción del capital, ambas englo- badas dentro del concepto de Zirkulation.
El tomo II de El capital tiene por objeto —como señala Bolívar Echeverría— la exploración crítica de la esencia circu- latoria del modo de reproducción capitalista o el proceso de circulación del capital. Marx también denomina a este objeto teórico ―la producción mediata del capital —por cuanto que la producción inmediata fue expuesta en el tomo I—‖.
Para comentar la estructura del tomo III de El capital, vea- mos el Diagrama 10.
Como se indicó más arriba, también aquí podemos reco- nocer el mismo movimiento argumental de premisa, proceso y resultado que permite que el pensamiento siga un camino adecuado al objeto. ¿Cuál es ahora el objeto? En el tomo I lo fue el proceso de producción inmediata del capital y en el tomo II el proceso de producción mediata. El objeto de estu- dio en el tomo III es el proceso de producción global, absoluta o inmediato-mediata.
Los procesos de producción deben ser expuestos de acuerdo a los momentos que constituyen la estructura gene- ral de los procesos de producción, de todo proceso de pro- ducción. Partimos de unas premisas y echamos a andar el proceso, y ya que se ha echado a andar el proceso éste tiene unos resultados o productos. Este movimiento argumental se repite en cada tomo y en el conjunto de los tres tomos. Así el tomo I es la premisa del argumento global y el tomo II es el proceso del argumento —y ciertamente vemos ahí circular al capital, vemos el proceso del capital pasando por la produc- ción y la circulación, pero no sus resultados—. Finalmente, en
el tomo III tenemos los resultados del proceso de producción. Asimismo en el tomo II de El capital cada momento — premisa, proceso y resultado— corresponde a cada una de las secciones que lo integran. Sin embargo, en el tomo I y en el tomo III la correspondencia entre dichos momentos por un lado, y la división de cada uno de estos libros en secciones, por otro, no es tan evidente, porque ambos están constituí- dos por siete secciones.
En las primeras tres secciones del tomo III de El capital se presentan las premisas del desarrollo capitalista, en la sec- ción primera del tomo II las premisas de la reproducción ca- pitalista y en las dos primeras secciones del tomo I las pre- misas de la producción capitalista. Como vemos, en cada tomo estamos recomenzando la misma forma argumental — las premisas— pero en un nivel cada vez más complejo de exposición, de pensamiento y de la realidad que se está ex- plicando. En el tomo III, comenzamos de nuevo pero ya con las premisas del desarrollo capitalista, que es un concepto más complejo que el de reproducción, correspondiente al tomo II, y mucho más aún que el de producción inmediata, propio del tomoI. Por otro lado, el proceso de desarrollo capi- talista se trata en las secciones cuarta a sexta del tomo III de El capital, y los resultados de este proceso en la sección séptima del mismo.
Profundicemos nuestro esquema del tomo III. En primer lugar, de la sección primera a la tercera Marx expone al capi- tal industrial. Más allá de la sección tercera, Marx abandona el terreno del capital industrial como objeto de investigación nuclear aunque lo sigue considerando incluido como ele- mento de un contexto más vasto. Así, en la sección cuarta estudia el capital comercial, y en la quinta (que está dividida
en una primera parte y una continuación de la misma) el capital a interés —es decir, el capital bancario, fiduciario, especulativo, accionario, ficticio, etcétera, en fin, todas las formas de capital que devengan interés—.
Aquí tendríamos como formas autónomas a las formas funcionales de capital que se presentaron en el tomo II. El capital dinerario se autonomiza como capital a interés cuando no es parte del ciclo del capital industrial sino que abre su propia empresa y funciona como negocio independiente, e igualmente el capital mercantil deja de ser sólo parte del ciclo del capital industrial, se autonomiza y se vuelve capital co- mercial. Por su parte, el capital industrial corresponde a la forma de capital productivo. Así, pues, estas formas autóno- mas de capital derivan de las formas que el capital tiene que adoptar en su ciclo de circulación reproductiva (ver el Cuadro 1).
Sin embargo, en el tomo III de El capital todavía hay una sección sexta que se ocupa en la renta del suelo, éste es un tema sumamente problemático tanto en la historia del capita- lismo como en su estructura y, por supuesto, en la exposición de Marx.
Por el momento vamos a tomarlo implícitamente como parte del proceso del desarrollo capitalista pues en éste tie- ne que ocurrir la interacción del capital comercial con el ca- pital a interés, el capital industrial y la renta del suelo. Así que sólo nos atenemos al hecho evidente de que la propie- dad territorial y la renta del suelo forman parte del proceso de desarrollo capitalista aunque sin ver cómo. En el ciclo no existe una forma funcional del capital industrial de la cual pueda derivar la renta del suelo, como ocurre con el capital comercial y el capital usurario. Quede así formulado el pro-
blema. Volveremos a él más adelante.
Mientras tanto ya hemos establecido la unidad de las tres primeras secciones del tomo III con base en que se ocupan del capital industrial como forma autónoma y así presentan las premisas básicas del desarrollo capitalista. Cualquier desarrollo capitalista posible tiene como premisa el dominio del capital industrial sobre la sociedad y sobre todas las for- mas de capital, pero también el hecho de que éste es el que explota directamente el plusvalor que va a sustentar al capi- tal comercial y al capital a interés. El capital industrial abre el desarrollo capitalista en la realidad y también, por tanto, en el texto de Marx.
Ahora bien, el proceso de desarrollo capitalista —una vez presentado el capital industrial— es una totalidad unitaria que también incluye las restantes formas derivadas del capi- tal. Éstas no son lo básico pero sí lo suficiente para que exis- ta realmente el proceso de desarrollo capitalista. Al capital industrial se le suman las formas derivadas de capital —el capital comercial, el capital a interés y la renta y la propiedad del suelo— porque éstas son derivaciones de la ganancia producida por el capital industrial.
Por eso Bolívar Echeverría puede decir que el objeto teóri- co del tomo III de El capital son las formas transfiguradas del capital o las formas transfiguradas de la ganancia producida por el capital.5 En la sección primera la ganancia se presenta como transfiguración del plusvalor. En la circulación del capi- tal, el plusvalor aparece no como resultado de la explotación del obrero en el proceso de trabajo sino como ganancia ge- nerada por todo el capital, tanto por su parte variable como por su parte constante, es decir, los medios de producción — como si las máquinas produjeran plusvalor—, lo cual encubre
la explotación del obrero. Cuando el plusvalor aparece como ganancia no se ve a quién se le exprimió, quién lo produjo. La primera transfiguración del plusvalor es, pues, la ganan- cia, y la segunda consiste en la transformación de la ganan- cia industrial en ganancia comercial. En el comercio, en tan- to sólo consiste en intercambios formales o meras operacio- nes de compra-venta, no existe un proceso de producción, por lo tanto no hay en él obreros a quienes explotar plusva- lor, y sin embargo sí existen los capitalistas comerciales que se apropian un residuo de las ganancias industriales, a su vez transfiguradas como ganancias comerciales.
Ahora bien, en las ganancias del comerciante todavía es posible entrever que hubo explotación a la clase obrera, pues este capitalista vende mercancías que necesariamente fue- ron producidas por alguien. Pero en el interés usurario —que a su vez es una transfiguración de la ganancia industrial— se borra la explotación de plusvalor, porque aquí ni siquiera aparece como condición de éste el valor de uso de las mer- cancías, sino solamente un proceso en el que se pasa direc- tamente de dinero a dinero incrementado (D–D‘). Uno mete dinero en el banco y después de un mes o un año saca más dinero del banco. El dinero simplemente creció. El dueño del banco puede afirmar que en su negocio no explota a la clase obrera porque él utiliza empleados, no obreros ni máquinas industriales.
En fin, de la sección cuarta a la sexta —con las primeras tres— continúa la exposición del proceso de desarrollo capi- talista, manteniendo como supuesto al capital industrial y añadiéndole las figuras suplementarias de capital autonomi- zadas: el capital comercial, el capital a interés y la renta y propiedad del suelo.
Finalmente, entramos en la sección séptima del tomo III de El capital, que se titula ―Las rentas y sus fuentes‖, en el tercer momento argumental, que corresponde al resultado; es decir que el resultado general del desarrollo capitalista consiste en producir rentas. Esa es la apariencia del problema: el capital produce rentas para el capitalista pero también para el terra- teniente, e incluso para el obrero; a cada uno en proporción a su condición, a los obreros poca renta, a los terratenientes un poco más de renta y a los capitalistas mucha renta. Pero to- dos disfrutan el gran beneficio de vivir bajo el capitalismo consistente en que el resultado del desarrollo capitalista es que se producen rentas. Aparentemente no se produce mise- ria, guerras, crisis, sino sólo rentas.
Ahora bien, para desmontar esta apariencia falaz y apo- logética que transfigura la realidad hay que conectar las ren- tas con sus verdaderas fuentes. Al estabilizar esta conexión, ya el título de esta sección séptima indica que en ella se criti- ca la apariencia transfigurada o encubridora del capital, la apariencia de que simplemente produce rentas. La fuente de la ganancia es el plusvalor producido en el proceso de pro- ducción. Este enunciado destruye la apariencia de que se tra- ta de una renta que deriva del objeto, y sobre todo destruye la apariencia de que el capital comercial y el capital bancario simplemente se embolsan rentas. El interés y la ganancia comercial no son sino transformaciones de la ganancia indus- trial, y ésta a su vez es una transformación del plusvalor ex- plotado a la clase obrera. Además, estas transformaciones son de tipo peculiar, son transfiguraciones. He aquí un argu- mento científico y crítico.
Igualmente la renta que se apropia el terrateniente pare- ce derivar de la tierra misma, como si ésta diera rentas de la
misma manera en que da frutos. Esta apariencia falaz tam- bién debe ser destruida. La renta del suelo es plusganancia industrial que el terrateniente se apropia precisamente por permitir que se siembre en el terreno de su propiedad. Se trata de un monopolio forzado que le permite arrebatar una cierta porción a las ganancias industriales. No puede arreba- tar directamente esta porción a las ganancias porque éstas se dividen en la ganancia industrial, la ganancia comercial y el interés, pero cada vez que el capital industrial produce no sólo ganancias sino plusganancias, una sección de éstas se la apropia el dueño de la tierra. Así que la renta del terrate- niente no deriva de la tierra sino del plusvalor explotado a la clase obrera, o de aquella sección del mismo que constituye plusganancia.
Así se contrasta la forma transfigurada renta con su ver- dadera fuente. ¿Y el salario del obrero? Su renta, se nos di- ce, es el salario; pero en verdad el salario es capital variable reproducible, está reponiendo simplemente la fuerza de tra- bajo consumida en el proceso de producción, es un valor que repone otro, no es renta. Y el propio obrero está produciendo constantemente ese valor con el que el capitalista le paga el salario. Así es como queda destruida científica y críticamente la apariencia que nos presenta al proceso de desarrollo capi- talista como un proceso que simplemente genera rentas.
Como vemos, la idea de Bolívar Echeverría de que el obje- to del tomo III son las formas transfiguradas del capital per- mite explicar muchos aspectos de ese tomo, así que vale de manera introductoria. Sin embargo hay otros aspectos que deja sin explicar. Me refiero a una serie de paradojas que saltan a la vista cuando buscamos en él el ―proceso de pro- ducción global del capital‖, como promete su título, y preci-
samente el desarrollo capitalista, que es en lo que redundar- ía concretamente aquello de ―producción global del capital‖. En efecto, producción global del capital es lo mismo que desarrollo del capital. La unidad de lo inmediato y lo mediato, de la producción inmediata y de la reproducción o producción mediata del capital, representa una alteración completa de la realidad: un desarrollo capitalista, y eso es lo que tenemos en el tomo III de El capital.
Además, en la sección séptima tenemos este contraste entre las rentas y sus fuentes como contraste entre el resul- tado transfigurado y el resultado crítico que se le opone, y, por otro lado, tenemos que el resultado constante del desa- rrollo capitalista es justamente la vida de la sociedad bur- guesa, es decir, la producción de un modo de vida dividido en clases; ese es el tema del último capítulo de El capital, titulado ―Las clases sociales‖.
La forma de renta que adoptan los ingresos oculta el hecho de que los sujetos que los reciben forman parte de diferentes clases sociales, y parece entonces que sólo se distinguen por sus distintos niveles de ingreso. Desconecta- dos de su origen, estos ingresos que reciben las diversas cla- ses sociales tienen una forma homogénea: todos son rentas, tanto lo que obtiene el obrero como lo que obtiene el capita- lista y lo que recibe el terrateniente. Pero si contrastamos las rentas con sus fuentes esta apariencia se desmorona. Se ve entonces que no se trata simplemente de distintos niveles de ingreso sino de diferentes clases sociales que ocupan un lu- gar específico en la producción y en la reproducción del sis-