• No se han encontrado resultados

EL CABALLO Y SU ICONOGRAFÍA

In document AÑO LVII NÚM. 251 ENERO-DICIEMBRE 2007 (página 100-106)

e interpretación: un arte provincial romano

5. EL CABALLO Y SU ICONOGRAFÍA

Resultarán útiles unas nociones básicas sobre la equitación para comprender la plasmación artística del caballo y la clasificación de sus movimientos.

La observación de los aires del caballo por el hombre data del Paleolítico Su- perior, como se documenta en el arte rupestre de los caballos de Lascaux (Dor- dogne, Francia) que están figurados al trote, galope...(39)

Se denomina ‘aire’ a las diversas formas que un caballo tiene para andar y des- plazarse(40). Los aires que ejecutan los caballos son de dos clases: naturales y ar-

tificiales o de adiestramiento (dressage). Los naturales derivan del perfecciona- miento de los que ya saben hacer por naturaleza y que es normal que los formen en libertad. Son tres: paso, trote y galope, la pauta del movimiento es distinta en cada uno de ellos.

Paso. Es la marcha más lenta, suave y cómoda de cabalgar.

Trote. Aire intermedio. Avance más rápido, el caballo se cansa menos que al

galope. Apto para viajar, en distancias cortas o largas. El trote, al igual que el ga- lope, se divide en dos: sentado y levantado, según posición del jinete en el ritmo marcado(41).

Galope. Es el aire más rápido y fija la marcha más levantada. Se caracteriza

por un salto continuado hacia adelante, en el cual suspende el caballo el delantero y levanta luego las piernas antes de haber puesto los brazos en el suelo; de modo que hay un cierto intervalo en que el animal se halla en el aire. Cuando va a escape es más violento su aire. Hay que diferenciar dos movimientos principales (según la mano que el caballo levanta primero), uno para la mano derecha, que se llama galopar sobre la derecha, otro para la mano izquierda, que se dice galopar sobre la izquierda; ambos se distinguen en que la mano y pie sobre el que galopa el caba- llo deben señalar el camino y colocarse en tierra más adelantados que los opues- tos(42).

Jenofonte (Equit. 7, 11-12) en referencia al galope indica: «Después de esto, si corre al trote que le es natural, relajará su cuerpo de la forma menos molesta y lle- gará a correr al galope muy a gusto. Asimismo, puesto que realmente es mejor visto, en general, comenzar con el izquierdo, puede empezar, de ordinario, por ese lado de la siguiente manera: si, cuando va al trote, pisa con el derecho, entonces

(39) AZÉMA2004: 57-59, tabla 2.

(40) El tratado más antiguo que conocemos de equitación fue escrito por Jenofonte donde se limita a dar con- sejos dictados por el sentido común y la experiencia, ya que en aquella época, aunque se utilizaba el freno, se des- conocían la silla de montar y los estribos. Plinio relata en su obra Historia Natural (XXXIV, 26) que había otro tra- tado anterior escrito en Atenas por Simón en el siglo VI a.C., pero la obra no ha llegado hasta nosotros. Hasta época actual se han escrito numerosos tratados de equitación, que no procede comentar en este trabajo.

(41) Píndaro (Odas, XIII, 87) al referirse a la marcha de Pegaso, cuando montado por Belerofonte se dirige a derrotar a la Quimera, dice que «al instante le hacía marcar un trote de guerra».

se da al caballo la señal de correr al galope, pues al ir a levantar el izquierdo puede comenzar por éste, y cuando se vuelve sobre los remos de la parte izquierda, en- tonces desea incluso iniciar el primer salto de la carrera al galope. En consecuen- cia, cuando se vuelve hacia la derecha, es natural guiar al caballo con la derecha, y cuando se vuelve hacia la izquierda, con la izquierda».

Existe el galope tendido o largo (también conocido como galope a cuatro tiem- pos) es la variante del galope más rápido. Aquí el caballo se estira abarcando el máximo terreno posible (los pies se representan extendidos). Jenofonte cuando se refiere a la carrera especifica (Equit. 8, 10): «Puesto que el jinete, al ir a toda ca- rrera, debe de estar seguro y poder utilizar correctamente las armas desde el ca- ballo…» y (Equit. 10, 14): «Hay pruebas de que al caballo le gusta lanzarse a la carrera».

Figura 10.—Escena 11 del tapiz de Bayeux. Jinetes al galope con escudo y lanza en ristre. MUSSET2002, 116-117

El punto de vista habitual del caballo en las monedas es el que los especialis- tas en equitación denominan «galope trocado sobre la derecha», como se aprecia en un grabado de inicios del siglo XIX (fig. 11)(43), iconografía invariable desde

(43) DELAIGLESIA YDARRAC1819, figura entre pp. 130-131.

Figura 11.—«El galope trocado sobre la derecha». DELAIGLESIA YDARRAC1819,

que se acuñaron las primeras monedas con jinete. En el galope a la derecha se le- vanta primero la mano izquierda y en seguida la derecha, con tal rapidez que a sim- ple vista parece que se han levantado simultáneamente; el remo posterior izquierdo deja luego el peso del cuerpo sobre el derecho, y éste, después de sostenerlo un momento, lo lanza; al caer toca primero en el suelo la mano izquierda, después la derecha y el pie izquierdo a la vez, y finalmente la mano derecha.

El galope y la carrera son los aires que más se adaptan a los tipos monetales. Existen otras posturas del caballo en la equitación. Interesa la corveta o gam- beta, cuando se pone de manos, llegando casi a la vertical, saltando hacia adelante varias veces sobre los remos posteriores.

La corveta se figura en seis caballos representados en la base de la columna de Antonino Pío (160-161), donde se recuerda la decursio celebrada en los funerales del Emperador. En honor del Imperator unidades de élite del ejército efectúan cir- cunvoluciones, como una especie de danza militar a caballo, en torno a su pira fu- neraria durante la cremación.

Jenofonte en su libro De la Equitación cita los tres aires del caballo(44), e in-

cluso referencia la cabriola(45). El capítulo 10 describe cómo conseguir un aire

arrogante y el modo de llevar al animal con gallardía. El capítulo 11 dicta las cua- lidades especiales de exhibición o de procesiones y cabalgatas para procurar un be- llo espectáculo. Cuando se refiere a la carrera dice (Equit. 1, 13-14): «… Si todas las partes [del caballo] son sólidas, serán más ligeras las que se relacionan con la carrera y volverán más veloz al caballo. Si, además, tiene los muslos de debajo de la cola separados con un trazo ancho, entonces también recogerá bajo el vientre sus patas traseras bien extendidas. Al hacer esto, hará más terrorífica y, a la vez, más fuerte la montura, e igualmente la carrera, y será en todo superior a sí mismo…»(46).

La iconografía refleja una postura convencional que parte de un modelo real, sin variación a través de los siglos, donde se intenta mostrar una imagen congelada del caballo al galope, cuando los pies se apoyan en el suelo, coge impulso, y las manos están levantadas.

Las imágenes estarían expuestas a diferenciaciones según cecas y representa- ciones, variaciones entre ellas y factores diversos, habilidad del abridor de cuños, modelo copiado, cuestiones técnicas, licencias artísticas, etc. Una descripción ge- neral del caballero, siempre avanzando a derecha, sería la siguiente (figs. 1, 2,

3 y 4):

(44) Por ejemplo, en referencia al trote (7, 11-12): … «si, cuando va al trote, pisa con el derecho, entonces se da al caballo la señal de correr al galope…».

(45) Equit. 11, 7-9.

El jinete. Carga lanza en ristre, larga, de unos dos metros, en la mano derecha,

en bajo y horizontal o ligeramente inclinada hacia abajo. Hay cecas en las que porta una palma y en otras el brazo levantado sosteniendo una espada corta, hacha doble (bipennis), o una hoz (falx). Puede llevar la cabeza descubierta, usar casco metálico rematado en botón (tipo montefortino), o cubrirse con una alta cimera que cae sobre los hombros, y ocasionalmente tocarse mediante un gorro semiesfé- rico ajustado a la nuca. En algunas representaciones se aprecia que calza botas al- tas. El caballo lo gobierna sujetando las riendas (muy visibles) con la mano iz- quierda(47).

El jinete lancero en las monedas imperiales, como las acuñadas en Segobriga,

Osca y Bilbilis Italica, puede vestir indumentaria militar romana, apreciable en la

coraza y en los atalajes del caballo.

Jenofonte, en su manual de equitación, recomienda el uso de las armas de asta y de corte frente a las de estocada. Polibio menciona la ventaja que supuso para los romanos la adopción de la lanza griega, que no oscilaba o balanceaba en el galope de la carga. En general, la iconografía romana incluye cargas de caballerías antes incluso de que se difundieran los caballeros pesados (catafractarios y clibanarios).

El caballo. Responde a cabeza pequeña y huesuda, pecho ancho, crines pobla-

das, tronco grueso y posición horizontal, cuya espalda o dorso parece doblarse en dos(48), ancas traseras muy resaltadas, cola larga y ondulada hacia abajo, pierna

con nervio, cerneja y cascos marcados con detalle, apreciándose en algunas ce- cas(49)el sexo, aunque no visible en exceso (figs. 1, 2 y 3). En las acuñaciones la-

tinas, ya comentadas, puede llevar atalajes en la parte anterior y posterior.

De las características reseñadas, algunas son acordes con los consejos de Je- nofonte referentes a la salud y presencia del caballo, dedicando un interés especial al cuidado de los cascos. Hay que recordar que no se conocía la herradura y por ello se debían de dañar con facilidad. Uno de los detalles más aparentes es el ta- maño de los cascos. En algunas cecas y series monetales aparecen destacados y de un tamaño, que aunque no llega a ser desmesurado, sobresale del resto de las proporciones. Lo mismo se refleja en las narraciones bélicas y de caza de las ce- rámicas pintadas de Llíria. Respecto a estas extremidades, quizás una de las más importantes, Jenofonte (1, 3) recomienda(50): «Se podrían comprobar sus pies exa-

minando, primero, los cascos. Realmente, los gruesos aventajan mucho a los del-

(47) Jenofonte indica (Equit. 7, 3): «Si se da el caso de que el jinete conduce el caballo con la izquierda y sos- tiene la lanza con la derecha, nos parece bueno también que se ejercite en saltar por el lado derecho».

(48) Como se representa en las supuestas escenas de doma en dos jarras de Numancia: BELLIDOBLANCO2003: 48-50, fig. 1. Es frecuente la equivocación entre el término dorso o espalda y lomo. La espalda o dorso va desde la inclinación de la cruz hasta la última costilla y el lomo se extiende desde la última vértebra dorsal hasta la grupa. Jenofonte (Equit. 1, 11): «La espalda que dobla en dos es más blanda para sentarse y más agradable a la vista que la sencilla». Este tipo de espalda facilitaba la monta, ya que no se conocía la silla de montar. La cual ya se utilizaba en China en el siglo III a.C. como se ve en las terracotas de la tumba del emperador Qin Shihuangdi (246-210 a.C.); el estribo se documenta desde el siglo IV d.C.: YATES2007: 44-45, figs. 36 y 42.

(49) Por ejemplo: Bilbilis, Orosi, Kelse, etc.

gados para la buena disposición de las patas. Luego, no debe pasar inadvertido, además, si los cascos, delante y detrás, son altos o bajos, o incluso a ras del suelo; pues los altos mantienen lejos del suelo la llamada golondrina(51)…».

El detalle de las cernejas se aprecia en la iconografía monetal. Éstas permitían evacuar el sudor y el agua directamente al suelo, salvando que el líquido fluyera por la parte posterior de la cuartilla hacia las partes blandas del casco o pulpejos, evitando arestines u otros daños. Esta parte del caballo está resaltada en escultu- ras, como en los restos de la estatua de bronce de Azaila (Teruel), en la estatua ecuestre de la primera mitad del siglo I d.C., encontrada en Roma(52), en los caba-

llos de la columna de Trajano y en los de la base de la columna de Antonino Pío. El capítulo 4, dedicado a las condiciones del establo y caballeriza, insiste so- bre el cuidado de los cascos e indica que hay que evitar establos húmedos y sua- ves ya que perjudican, incluso, a los cascos sólidos. El siguiente (5, 9) recomienda suprimir el lavado de los pies, pues no ayuda nada y daña los cascos el mojarlos cada día. En el tratado que Jenofonte dirige a un jefe o hiparco (El Hipárquico 1, 4) en referencia a los cascos: «Es preciso también cuidarse de sus cascos para que puedan cabalgar, incluso, en zonas escabrosas, sabiendo que, cada vez que sientan molestias cuando son montados, ya no son útiles».

Respecto al pecho y la cabeza (1, 7-8): «… Asimismo, el pecho, si es bastante ancho, es por naturaleza más bello y fuerte, y más adecuado para mantener las pa- tas separadas y no cruzadas… y la cabeza, huesuda, pero que tenga mejillas pe- queñas…»(53).

Acerca de la espalda o dorso, ancas y testículos (1, 11-15): «… El lomo que dobla en dos es más blando para sentarse(54)y más agradable a la vista que el sen-

cillo… Por otra parte, cuanto más anchas y cortas sean las ancas, con tanta mayor facilidad alza el caballo el cuarto delantero y recoge el cuarto trasero… Es tam- bién preciso que no tenga grandes los testículos…»(55).

Para la cola y las crines (5, 7): «Debe lavarse también la cola y las crines, puesto que es necesario que crezcan las crines: las de la cola, para que alcancen lo más posible y así espante el caballo aquello que le molesta, y las del cuello, para que el que monta tenga un asidero lo más generoso posible»(56).

El caballo, en la moneda hispánica, responde a las características que Jeno- fonte refiere para disponer de un buen corcel para valerse en las batallas.

Las pautas iconográficas se plasman en las columnas de Trajano y de Marco Aurelio. Tanto el emperador como los soldados romanos, tropas auxiliares o jine-

(51) O «hueco sobre la córnea del pie» (Diccionario de la Real Academia Española). (52) Es de mármol. Se conserva en el British Museum: ASCHER 2000.

(53) JENOFONTE, trad. de Guntiñas Tuñón 1984: 203.

(54) Hay que recordar que no se conocía la silla de montar. En la traducción el dorso o espalda se ha equivo- cado con el lomo.

(55) JENOFONTE, trad. de Guntiñas Tuñón 1984: 204-205.

tes bárbaros están retratados sobre caballos siguiendo el mismo canon, que les im- prime movimiento, para diferenciar el caballo que marcha al paso o al trote.

En nuestra opinión, los caballos de las monedas proyectan movimiento, des- plazándose, al galope, con los pies flexionados o estirados, el cuerpo en horizon- tal y las manos hacia delante pero igualmente flexionadas. Es un gesto convencio- nal: el caballo que al galope se dirige hacia el enemigo. Algunas series monetales parecen acuñar una posición de semi-corveta; alteración debida a la falta de habi- lidad del abridor de cuños en la colocación del eje del cuerpo del caballo.

6. LOS ESCUADRONES DE CABALLERÍA HISPANOS EN EL EJÉRCITO

In document AÑO LVII NÚM. 251 ENERO-DICIEMBRE 2007 (página 100-106)