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Por Ángel Padilla Arroba Universidad de Granada

In document AÑO LVII NÚM. 251 ENERO-DICIEMBRE 2007 (página 172-176)

Estructuralmente, las edificaciones romanas se reparten en dos grandes com- plejos. Por un lado tenemos la zona de producción o fructuaria (zona oeste) con una superficie excavada algo superior a los 1300 m2, y por otro, el área residen-

cial o pars urbana (zona este), con algo más de 900 m2. A éstas hay que añadir una

gran área empedrada a modo de plaza, que funcionaría con la primera villa ro- mana, la del siglo I d.C., de casi 300 m2, y las habitaciones islámicas, con una su-

perficie de 160 m2. La segunda fase (siglos III-IV d.C.) es la mejor conocida y a

ella pertenecen las construcciones más importantes. Es de destacar que a lo largo de los cuatro siglos de vida de la villa, la configuración de los espacios no varió nunca, superponiéndose la zona residencial de finales del siglo II sobre la prece- dente, igual que una almazara descubierta lo hará sobre estructuras de producción más antiguas.

Pars fructuaria

Parcialmente bajo las estructuras de una almazara se excavaron una serie de habitaciones más o menos dispersas que debieron constituir la pars rustica de la villa del siglo I d.C. Distribuidas en dos terrazas, de la superior no se han conser- vado los niveles de suelo por la construcción de canalizaciones en la fase posterior. Por el contrario, en la terraza inferior, los suelos, construidos de arcilla apisonada, conservaban aún parte del mobiliario roto in situ. La cerámica recogida en los ni- veles de amortización de estas habitaciones certifica su abandono en la segunda mitad del siglo II d.C., momento en el que comienza la construcción de la alma- zara, con una intensificación de la producción de aceite. Como reflejo de la acti- vidad productora de aceite en la primera fase, tenemos un depósito para decanta- ción oleícola construido con cajones de opus caementicium y revestimiento de

opus signinum. La fuerte actividad edilicia acometida en la segunda fase, que cul-

minaría con la construcción de una gran almazara de casi 800 m2, arrasó todas las

estructuras anteriores. Asistimos a una intensificación en la producción del aceite, con unas instalaciones que tendrían, inicialmente, cuatro prensas en batería a la que se añadirían posteriormente dos más. El cuerpo central de la fábrica tenía 30 metros de largo por una anchura de 16 metros. De la misma se han conservado los contrapesos de gran tamaño (casi 2 m de altura y más de uno de diámetro) así como dos de las piedras de base de los arbores y parte de la superficie de circula- ción y mantenimiento de las prensas. Las prensas serían de tornillo; los contrape- sos están labrados y nos muestran el sistema de abrazadera del tornillo donde en- cajaría el prelum, que, por las dimensiones de las construcciones, tendría 8 metros de longitud. El fuerte arrasamiento que presenta la zona ha hecho que el resto de las partes que componían las prensas hayan desaparecido. Sólo se conservan los contrapesos por encontrarse dentro de habitaciones circulares subterráneas cons- truidas con mampostería regular de gran tamaño. Estas habitaciones estaban co- nectadas entre sí por unas pequeñas galerías a nivel de suelo, que permitían el paso de uno a otro de los contrapesos; tendrían cubierta de madera para así habilitar es-

pacio de circulación en torno al tornillo, poder girarlo y que se trabara el prelum. Bajo este piso de madera se habilitaba un espacio que posiblemente fue utilizado como almacén, pues existía acceso expedito hacia él, como lo demuestran los en- cajes para peldaños de madera que tenía uno de los contrapesos.

La fábrica tuvo su momento de esplendor hasta la segunda mitad del siglo III d.C. A partir de este momento se colmatan las habitaciones de los contrapesos y se planifican nuevas habitaciones, aprovechando parte del material constructivo de la almazara.

Pars urbana

Poco podemos decir de la zona residencial del siglo I d.C., arrasada por la construcción de un nuevo complejo a finales del siglo II d.C. Esta nueva casa, de mayor dimensión que la precedente, tenía 38 metros de largo por otros 30 de an- cho, sin contar las habitaciones absidales que sobresalen de los muros este y oeste; en total 1140 m2, aproximadamente, de los que se excavaron 650 m2, pues el resto

de la casa estaba fuera de la zona de afección de las obras. La casa, de planta li- geramente rectangular, se distribuye a partir de un impluvium con peristilo central, con pasillos en torno a él, desde donde se accedería a las distintas estancias. Aun- que el arrasamiento es muy fuerte, al encontrarnos en la zona de máxima pendiente de la colina, podemos suponer que la mayoría de las habitaciones tendrían suelos de mosaicos, aunque sólo se conservan en una de las habitaciones al oeste del im-

pluvium, en una franja del pasillo sur y en el ángulo noroeste del ábside oriental.

Al igual que ocurría con la fábrica, el nivel de conservación era muy bajo, estando todos los muros a nivel de cimentación. Sólo el estanque cuadrangular —implu-

vium—, al ser una estructura semisubterránea, conserva toda su elevación. Tiene

unas dimensiones de 6,60 m de lado y un ancho indeterminado puesto que la mi- tad se encuentra fuera del área de excavación. Tendría una profundidad de 86 cm y se bajaba por una escalera central de cuatro peldaños. Los muros presentaban restos de pinturas policromadas en la cara exterior. En su interior apareció un con- junto de esculturas, entre las que destacan un retrato femenino, una Venus con Cu- pido y un Príapo(3).

A mediados del siglo III el asentamiento alcanza su máximo esplendor; así lo indican sus materiales. No podemos precisar cuándo la casa entra en crisis, aun- que sí podemos certificar que a finales del siglo IV d.C. ya está abandonada. En este momento, el estanque es rellenado con materiales constructivos y basura, pa- sando a instalarse una pequeña necrópolis en torno a este espacio. Todo apunta a que el abandono debe de responder a necesidades de reestructuración o aterraza- miento de la villa, desechando áreas de la casa bajoimperial ya en desuso.

(3) LÓPEZMARCOS, A., y BAENA DELALCÁZAR, L., «Un retrato femenino Flavio en la villa romana del Cortijo

2. LAS MONEDAS

La excavación de esta villa ha proporcionado un conjunto de 40 monedas, de las que destaca el mal estado general de conservación, pues 4 de ellas resultan completamente imposibles de identificar; además, varias presentan alguna de sus caras completamente desgastadas, siendo muy pocas las que aparecen con tipos y leyendas completamente íntegros, por el fuerte desgaste de sus superficies. Todo ello, como es lógico, ha dificultado notablemente las tareas de análisis y clasifi- cación.

La distribución de las monedas por periodos la podemos apreciar en el gráfico siguiente:

Se observa, pues, que la mayoría de las monedas encontradas (29) son roma- nas, lo que supone un 72,5 por 100 del total, con una presencia residual del resto. No obstante, cabría destacar la escasa presencia de piezas hispánicas, 4 en total (10 por 100): dos fracciones ibéricas, de Cástulo, y otras dos acuñaciones hispano- latinas.

Por lo que se refiere a las monedas romanas, su distribución por periodos se re- sume en la siguiente tabla comparativa:

TOTAL Musulmanas Castellanas Ibéricas Hispano-

latinas Romanas

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