Poco antes de su muerte, el presi-dente Joseph F. Smith recibió la visión de la redención de los muertos. Él enseñó que quienes se hallan en el mundo de los espíritus dependen completamente de las ordenanzas que nosotros recibimos a su favor. La revelación dice: “Los muertos que se arrepientan serán redimidos, mediante su obediencia a las ordenanzas de la casa de Dios” 13. Nosotros recibimos las ordenanzas a su favor, pero son ellos los que las hacen y son responsables de los convenios asociados con cada ordenanza. Ciertamente, en el templo el velo se vuelve fino para nosotros y para ellos se abre completamente.
Entonces, ¿cuál es nuestra responsa-bilidad personal en cuanto a esta obra, bien sea como participantes o como obreros? El profeta José Smith enseñó a los santos en 1840 que “será necesario un esfuerzo considerable y se requeri-rán recursos—y como es necesario que la obra [de edificar el templo] se apresu-re con apresu-rectitud, conviene que los santos consideren la importancia de estas cosas… y luego tomen las medidas apropiadas para ponerlas en práctica; que se armen de valor, resuelvan hacer todo lo que puedan y sientan un interés tan grande en ellas como si toda la obra dependiera de su labor individual” 14.
En el libro de Apocalipsis, leemos: “Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son y de dónde han venido?
“… Estos son los que han salido de la gran tribulación; y han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero.
“Por esto están delante del trono de Dios y le sirven día y noche en su tem-plo; y el que está sentado en el trono extenderá su pabellón sobre ellos” 15.
¿Pueden ver en su mente a las perso-nas que sirven en el templo hoy en día?
Hay más de 120.000 obreros de ordenanzas en los 150 templos en funcionamiento en el mundo. Sin embargo, hay oportunidades para que más personas puedan tener esa dulce experiencia. Cuando el presi-dente Gordon B. Hinckley anunció el concepto de tener muchos templos pequeños en el mundo, enseñó que “todos los obreros de las ordenanzas serían personas locales que ocuparían otros cargos en sus respectivos barrios y estacas” 16. Por lo general, se llama a los obreros a servir dos o tres años, con la posibilidad de extenderlo más. No se pretende que una vez que han sido llamados, permanezcan todo el tiempo que les sea posible. Muchos obreros que han servido un largo período se llevan consigo su amor por el templo al ser relevados y así permiten que otros nuevos obreros puedan servir.
Hace casi cien años, el apóstol John A. Widtsoe enseñó: “Necesitamos más obreros para llevar a cabo [esta] obra maravillosa… Necesitamos más personas conversas a la obra del tem-plo, personas de todas las edades… En este nuevo esfuerzo por hacer la obra del templo, ha llegado la hora de traer al servicio activo a todas las personas de todas las edades… La obra del templo… es de tanto beneficio para los jóvenes y las personas activas, como lo es para los mayores, que ya han dejado atrás muchas de las cargas de la vida. El joven necesita estar en el templo aún más que su padre y su abuelo, quienes han logrado más estabilidad a través de una vida de experiencias; y la jovencita que está llegando a la edad adulta, necesita el espíritu, la influencia y la guía que se reciben al participar en las ordenanzas del templo” 17.
En muchos templos, los presidentes de templo están recibiendo misioneros recién llamados e investidos, élderes y hermanas, para servir como obre-ros de ordenanzas por un período corto antes de entrar en el CCM. Estos jóvenes, además de ser bendecidos por su servicio, “aportan a la belleza y al espíritu de todos los que sirven en el templo” 18.
He pedido a varios hombres y mujeres jóvenes que han servido como obreros de ordenanzas antes y después de sus misiones que compartieran sus sentimientos. Para describir su expe-riencia en el templo, ellos emplearon frases como las siguientes:
Cuando sirvo en el templo… • tengo “el sentimiento de estar más
cerca de mi Padre y del Salvador”; • me siento “en completa paz y
felicidad”;
• siento que “estoy en casa”;
• recibo “santidad, poder y fortaleza”; • siento “la importancia de mis
conve-nios sagrados”;
• “el templo ha llegado a ser una parte de mí”;
• “durante las ordenanzas, aquellos a quienes servimos están cerca”; • “me da fuerzas para resistir las
tentaciones”; y
• “el templo ha cambiado mi vida para siempre” 19.
Servir en el templo es una rica y poderosa experiencia para las perso-nas de todas las edades; hay incluso parejas de recién casados sirviendo juntos. El presidente Nelson enseñó: “El prestar servicio… en el templo es una actividad sublime para la familia” 20. Los obreros de ordenanzas, además de recibir las ordenanzas a favor de sus antepasados, pueden oficiar en las ordenanzas para ellos.
Como dijo el presidente Wilford Woodruff:
“¿Qué mayor llamamiento podría tener un hombre [o una mujer] sobre la faz de la tierra, que tener en sus manos el poder y la autoridad para ir y admi-nistrar las ordenanzas de salvación?… “… Uno llega a ser un instrumento en las manos de Dios para la salvación de esa alma. No hay nada que se haya dado a los hijos de los hombres que se iguale a esto” 21.
También dijo:
“Se les darán las dulces impresio-nes del Santo Espíritu; y de cuando en cuando se agregará a ello los tesoros del cielo y la comunión con ángeles” 22.
“Para esto vale la pena sacrificar todo lo que podamos en los pocos años que tenemos para estar en la carne” 23.
El presidente Monson recientemente nos recordó que “las bendiciones del templo son inestimables” 24. “Ningún sacrificio es demasiado grande” 25.
Vayan al templo, vayan frecuentemen-te, vayan con su familia y por su familia. Vayan y ayuden a otros a ir también.
“Estos que están vestidos de ropas blancas, ¿quiénes son…?”. Mis herma-nos y hermanas, ¡son ustedes ! Ustedes, que han recibido las ordenanzas del templo, que han cumplido sus con-venios aun con sacrificio; ustedes que están ayudando a su familia a hallar las bendiciones del servicio en el templo y que, simultáneamente, han ayudado a otras personas. ¡Gracias por su servicio!
Testifico que cada templo es la sagrada y santa Casa de Dios, y que en su inte-rior podemos conocer y aprender los poderes de la divinidad. En el nombre de Jesucristo. Amén. ◼
NOTAS
1. Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia:
José Smith, 2007, pág. 442; cursiva agregada.
2. Doctrina y Convenios 124:34. 3. Doctrina y Convenios 84:20. 4. Véase Marcos 4:20, 24–25. 5. Doctrina y Convenios 71:6.
6. Véase Doctrina y Convenios 84:38: “Y el que recibe a mi Padre, recibe el reino de mi Padre; por tanto, todo lo que mi Padre tiene le será dado”. Estas son las promesas relacionadas con los convenios de las ordenanzas del templo; véase también Doctrina y Convenios 132:20–24. 7. Véase Doctrina y Convenios 39:4; véanse
también Doctrina y Convenios 45:8; Moisés 6:65–68.
8. Doctrina y Convenios 121:36.
9. Véase Doctrina y Convenios 1:20: “Sino que todo hombre hable en el nombre de Dios el Señor, el Salvador del mundo”. 10. Doctrina y Convenios 29:30.
11. 1 Nefi 14:14; cursiva agregada.
12. Véase de Russell M. Nelson, “La preparación personal para recibir las bendiciones del templo”, Liahona, julio de 2001, pág. 37. 13. Doctrina y Convenios 138:58; véanse
también los versículos 53–54. 14. Enseñanzas de los presidentes de la
Iglesia: José Smith, pág. 441.
15. Apocalipsis 7:13–15.
16. Gordon B. Hinckley, “Pensamientos sobre los templos, la retención de conversos y el servicio misional”, Liahona, enero de 1998, págs. 57–58.
17. Véase John A. Widtsoe, “Temple Worship”,
Utah Genealogical and Historical Magazine, abril de 1921, págs. 51–52.
18. Correspondencia personal del presidente Brent Belliston, Templo de Boise, Idaho. 19. Correspondencia personal.
20. Russell M. Nelson, “El espíritu de Elías”,
Liahona, enero de 1995, pág. 99.
21. “Discourse by President Wilford Woodruff”,
Millennial Star, 14 de mayo de 1896,
pág. 307.
22. Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia:
Wilford Woodruff, 2005, pág. xxxii.
23. Enseñanzas de los presidentes de la Iglesia:
Wilford Woodruff, pág. 184.
24. Thomas S. Monson, “Las bendiciones del templo”, Liahona, mayo de 2015, pág. 93. 25. Thomas S. Monson, “El Santo Templo:
Un faro para el mundo”, Liahona, mayo de 2011, pág. 92.
refirió a la Resurrección como “el más grande de todos los acontecimientos de la historia de la humanidad” 3.
La Resurrección se lleva a cabo por la expiación de Jesucristo y es fundamental para el grandioso Plan de Salvación4. Somos hijos espiritua-les de padres ceespiritua-lestiaespiritua-les 5 y cuando venimos a esta vida terrenal, nuestro espíritu se une a nuestro cuerpo; aquí experimentamos todas las alegrías y las dificultades propias de la vida terrenal. Cuando una persona muere, su espíritu se separa del cuerpo; la Resurrección hace posible que el espíritu y el cuerpo de una persona vuelvan a unirse, solo que esta vez ese cuerpo será inmortal y perfecto, no sujeto al dolor ni a la enfer-medad ni a ningún otro problema 6.
Después de resucitar, el espíritu no se separará del cuerpo nunca jamás porque la resurrección del Salvador trajo una victoria total sobre la muer-te; y a fin de alcanzar nuestro destino eterno, es preciso que tengamos esa alma inmortal —espíritu y cuerpo— unida para siempre. Con el espíritu y el cuerpo inmortal inseparablemente algún día mi corazón estará libre de
temor y mi mente libre de ansiedad. No oro para que eso suceda pronto, pero me siento muy feliz de creer verdade-ramente en una hermosa vida después de esta” 1.
La resurrección de Jesucristo nos ase-gura esas mismas cosas que Alisa espe-raba e infunde en cada uno la “razón de la esperanza que hay en [nosotros]” 2. El presidente Gordon B. Hinckley se
Por el élder Paul V. Johnson De los Setenta
H
ace una semana celebramos la Pascua, y nuestros pensamien-tos se centraron otra vez en el sacrificio expiatorio y en la resurrec-ción del Señor Jesucristo. Durante este año pasado he estado pensando y meditando en la resurrección más de lo acostumbrado.Hace casi un año que murió nuestra hija Alisa, después de luchar contra el cáncer durante casi ocho años, some-terse a varias cirugías, tener muchos tratamientos diferentes, experimentar milagros extraordinarios y profundas desilusiones. Vimos cómo se deterio-raba la condición física de ella al ir acercándose al fin de su vida terrenal; fue terrible ver que eso le sucediera a nuestra preciosa hija, aquella bebé vivaz que había crecido y llegado a ser una mujer, esposa y madre maravillosa y talentosa. Creí que se me iba a partir el corazón.
El año pasado durante la Pascua, poco más de un mes antes de fallecer, Alisa escribió esto: “La Pascua es un recordatorio de todo lo que espero para mí: que algún día voy a curarme y a estar sana; algún día no voy a tener ningún metal ni plástico dentro de mí;