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Sigan amando; sigan tratando; sigan confiando; sigan creyendo; sigan

progresando. El cielo los está animando hoy, mañana y siempre.

Durante Su ministerio terrenal, Jesús llevó a Pedro, a Santiago y a Juan al Monte de la Transfiguración, donde, como dicen las Escrituras, “resplande-ció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz” 4. Los cielos se abrieron, vinieron profetas de antaño y Dios el Padre habló.

Tras semejante experiencia celestial, ¿qué encuentra Jesús al descender de la montaña? Bueno, primero encontró una discusión entre Sus discípulos y sus antagonistas en cuanto a una bendición fallida que se dio a un joven; después trató de convencer a los Doce —de hecho, sin éxito— de que pronto sería entregado a los gobernantes locales quienes lo matarían. Entonces, alguien mencionó que debía pagar los impuestos, los cuales pagaba sin reser-vas; y después, tuvo que reprender a algunos de los hermanos porque dis-cutían en cuanto a quién sería el mayor en Su reino. Todo eso lo llevó hasta el punto de decir: “¡Oh generación incré-dula! ¿Hasta cuándo he de estar con

vosotros?” 5. Tuvo ocasiones de hacer esa pregunta más de una vez durante Su ministerio. ¡No es de extrañar que añorara estar a solas en oración en las cimas de las montañas!

Al darnos cuenta de que todos tene-mos que dejar atrás experiencias subli-mes para hacer frente a las vicisitudes habituales de la vida, permítanme brin-dar estas palabras de ánimo al concluir esta conferencia general.

En primer lugar, si en los próximos días no solo ven las limitaciones en las personas que los rodean, sino también encuentran elementos en su propia vida que aún no están a la altura de los mensajes que han oído este fin de semana, por favor, no se desanimen ni se den por vencidos. El Evangelio, la Iglesia y estas maravillosas reunio-nes semestrales tienen como fin dar esperanza e inspiración; no tienen la intención de desanimarlos. Solo el adversario, el enemigo de todos nosotros, trataría de convencernos de que los ideales que se describen en la

conferencia general son deprimentes e irrealistas, que las personas realmente no mejoran y que nadie progresa en realidad. ¿Y por qué Lucifer nos dice esas palabras? Porque sabe que él no puede mejorar, que él no puede pro-gresar, que durante toda la eternidad

él nunca tendrá un futuro brillante. Él

es un hombre miserable limitado por restricciones eternas, y quiere que uste-des sean miserables también. Bueno, no le crean. Con el don de la expiación de Jesucristo y la fortaleza de los cielos para ayudarnos, podemos mejorar; y lo bello del Evangelio es que se nos da mérito por esforzarnos, aunque no siempre lo logremos.

Cuando hubo una controversia en la Iglesia primitiva con respecto a quién tenía derecho a las bendiciones del cielo y quién no, el Señor declaró al profeta José Smith: “… porque de cierto os digo, que [los dones de Dios] se dan para el beneficio de los que me aman y guardan… mis mandamientos, y [para] los que procuran hacerlo” 6. Pues, ¡qué

agradecidos estamos todos de que se haya agregado esa estipulación: “y… que procuran hacerlo”! Eso ha sido un gran consuelo ¡porque a veces eso es todo lo que podemos ofrecer! Nos con-suela el hecho de que si Dios fuese a recompensar solo a los que son perfec-tamente fieles, no contaría con muchos nombres en la lista.

De modo que recuerden, mañana y todos los días después, que el Señor bendice a aquellos que desean mejo-rar, que aceptan la necesidad de los mandamientos y tratan de guardarlos, que atesoran las virtudes semejantes a las de Cristo y se esfuerzan, al máximo de sus posibilidades, por adquirirlas. Si tropiezan en ese esfuerzo, también lo hacen los demás. El Salvador está allí para ayudarlos a seguir adelante.

Si caen, soliciten Su fortaleza; clamen como Alma: “¡Oh, Jesús… ten miseri-cordia de mí!” 7. Él los ayudará a levan-tarse, Él los ayudará a arrepentirse, a reparar y arreglar lo que sea necesario y a seguir adelante; con el tiempo, lograrán el éxito que buscan.

“Se te concederá según lo que de mí deseares”, ha declarado el Señor.

“Pon tu confianza en ese Espíritu que induce a hacer lo bueno, sí, a obrar justamente…

[Entonces] todas las cosas que de mí

deseares… [en] rectitud… recibirás ” 8. ¡Me encanta esa doctrina! Dice una y otra vez que se nos va a bendecir por nuestro deseo de hacer lo bueno, aun mientras nos esforcemos por hacerlo; y nos recuerda que para tener derecho a esas bendiciones debemos asegurarnos

de no negárselas a los demás: debemos tratar con justicia, nunca injustamente, nunca arbitrariamente; debemos andar con humildad, nunca con arrogancia, nunca con orgullo; debemos juzgar con rectitud, nunca con superioridad, nunca parcialmente.

Mis hermanos y hermanas, el primer gran mandamiento de toda la eternidad es amar a Dios con todo

nuestro corazón, alma, mente y fuerza.

Ese es el primer gran mandamiento; pero la primera gran verdad de toda la eternidad es que Dios nos ama con todo Su corazón, alma, mente y fuerza; ese amor es la piedra funda-mental de la eternidad y debe ser la piedra fundamental de nuestra vida diaria. De hecho, solo si esa seguridad arde en nuestra alma podemos tener

la confianza para seguir tratando de mejorar, seguir buscando el perdón de nuestros pecados y seguir extendiendo esa gracia a nuestro prójimo.

El presidente George Q. Cannon enseñó en una ocasión: “No importa la gravedad de la prueba, la profundi-dad de la angustia, cuán grande sea la aflicción, [Dios] nunca nos abandonará. Nunca lo ha hecho, y nunca lo hará. No puede hacerlo. No es parte de Su carácter [el hacerlo]… Él [siempre] estará a nuestro lado. Tal vez pasemos por el horno ardiente; quizás pasemos a través de aguas profundas; pero no seremos consumidos ni vencidos. Saldremos de todas esas pruebas y difi-cultades siendo mejores y más puros a causa de ellas” 9.

Ahora bien, con esa majestuosa devoción resonando del cielo como el elemento constante en nuestra vida, que se manifiesta de manera más pura y perfecta en la vida, la muerte y la expiación del Señor Jesucristo, pode-mos escapar de las consecuencias del pecado así como de la insensatez —las propias o las de los demás— en cual-quier forma en que se nos presenten en el curso de la vida diaria. Si damos nuestro corazón a Dios, si amamos al Señor Jesucristo, si hacemos lo mejor que podamos por vivir el Evangelio, entonces mañana, y todos los otros días, llegarán a ser, al final, algo mara-villoso, aunque no siempre lo reco-nozcamos. ¿Por qué? ¡Porque nuestro Padre Celestial quiere que así sea! Él quiere bendecirnos. ¡Una vida gratifi-cante, abundante y eterna es el objeto mismo de Su plan misericordioso para Sus hijos! Es un plan que se afirma en la verdad de “que para los que aman a Dios, todas las cosas obrarán juntamen-te para su bien” 10. De modo que, sigan amando; sigan tratando; sigan confian-do; sigan creyenconfian-do; sigan progresando.

El cielo los está animando hoy, mañana y siempre.

Isaías clamó: “¿No has sabido? ¿No has oído…?

“[Dios] da fuerzas al cansado y multiplica las fuerzas del que no tiene vigor…

“Pero los que esperan en [Él] ten-drán nuevas fuerzas; levantarán las alas como águilas…

“Porque… Jehová… Dios… [los sostendrá]… de la mano derecha y [les dirá]: No [teman], yo [los] ayudaré” 11.

Hermanos y hermanas, ruego que un amoroso Padre Celestial nos bendi-ga mañana para que recordemos cómo nos sentimos hoy; que nos bendiga para que nos esforcemos con pacien-cia y perseveranpacien-cia hapacien-cia los ideales que hemos oído proclamar este fin de semana de conferencia, sabiendo que Su amor divino y ayuda infalible estarán con nosotros incluso cuando tengamos dificultades; no, estarán con nosotros especialmente cuando tenga-mos dificultades.

Si las normas del Evangelio parecen elevadas y lo que se necesita mejo-rar personalmente en los próximos

días parece estar fuera de su alcance, recuerden el aliento que Josué dio a su pueblo cuando se enfrentaron a un futuro desalentador. “Santificaos”, dijo, “porque Jehová hará mañana maravillas entre vosotros” 12. Declaro la misma promesa, es la promesa de esta conferencia; es la promesa de esta Iglesia; es la promesa de Él que efectúa esas maravillas, quien a su vez es el “Admirable, Consejero, Dios fuerte… Príncipe de paz” 13. De Él testifico; de Él soy testigo; y para Él esta conferencia es un testimonio de su obra en curso en este gran último día. En el nombre de Jesucristo. Amén. ◼ NOTAS 1. Hebreos 10:32. 2. Éxodo 32:7, 8. 3. Éxodo 20:3–4. 4. Mateo 17:2. 5. Marcos 9:19.

6. Doctrina y Convenios 46:9; cursiva agregada.

7. Alma 36:18.

8. Doctrina y Convenios 11:8, 12, 14; cursiva agregada.

9. George Q. Cannon, “Remarks”, Deseret

Evening News, 7 de marzo de 1891, pág. 4.

10. Romanos 8:28.

11. Isaías 40:28, 29, 31; 41:13. 12. Josué 3:5.

Se dirigen a nosotros

enseñó que cuando nos sentimos destrozados, el Salvador y el Padre Celestial pueden restaurarnos. ¿Qué ejemplos ha visto su familia de algo que se haya roto y que volvió a ser hermoso y fuerte otra vez? Podría compartir su testimonio de la expia-ción de Jesucristo con sus hijos. • Página 53: El élder Mervyn B.

Arnold, de los Setenta, nos invita a “ir al rescate” tendiendo una mano a nuestros amigos menos activos o no

miembros. Como familia, consideren cómo podrían ayudar a aquellos que no han venido a la Iglesia por un tiempo o que no son miembros. ¿Qué han hecho para compartir el Evangelio con otras personas? Piensen en una manera divertida de crear un plan misional familiar con metas sencillas y realistas. • Página 13: La hermana Linda K.

Burton, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, nos invitó a que, con espíritu de oración, consi-deremos la manera en que podemos ayudar a los refugiados de nuestra comunidad. Como familia, visiten FuiForastero.lds.org y miren el video “Fui forastero: Que os améis unos a otros”. ¿Cuáles son algunas cosas que su familia puede hacer para prestar servicio a sus vecinos necesitados?

Para los jóvenes

• Página 86: El presidente Thomas S. Monson dijo: “Se ha dicho que la puerta de la historia se mueve con bisagras pequeñas, y lo mismo sucede con la vida de las perso-nas”. También dijo: “El camino que tomemos en esta vida conduce a nuestro destino en la venidera”. Piensen en las decisiones importan-tes que pronto tendrán que tomar en la vida. Imaginen cuáles serán las consecuencias de esas decisiones y escriban una lista de las ideas e impresiones que tengan.

• Página 46: El élder Ronald A. Rasband, del Cuórum de los Doce Apóstoles, dijo: “La restauración del Evangelio comenzó con la pregunta de un joven, José Smith”. El élder Rasband dijo que las preguntas indican un deseo de aprender, de aumentar las verdades que son parte de nuestro testimonio y de “seguir adelante con firmeza en Cristo” (2 Nefi 31:20). Presenten sus preguntas ante Dios en ora-ción, escudriñen las Escrituras y los

Para los niños

• Página 86: El presidente Thomas S. Monson habló de una escena de Las

aventuras de Alicia en el país de las maravillas para demostrar que las

decisiones son importantes. Él nos animó a elegir lo correcto, aunque sea el camino más difícil. Como familia, hablen sobre las decisiones difíciles que afrontan. ¿Qué pueden hacer para ayudarse mutuamente a elegir lo correcto? Como actividad, dibujen un escudo de HLJ en una cartulina y escriban sus ideas allí. Después, cuélguenla en algún lugar donde la familia la vea a menudo. • Páginas 101: El presidente Dieter F.

Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, describió una ciudad de Alemania que fue des-truida por la guerra, pero que más tarde fue reconstruida y volvió a ser hermosa. El presidente Uchtdorf

Hagamos que la conferencia sea

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