A veces el adversario nos tienta con ideas falsas que podemos con-fundir con los susurros del Espíritu Santo. Testifico que la fidelidad en la obediencia de los mandamientos y la observancia de nuestros convenios nos protegerá del engaño. Por medio del Espíritu Santo seremos capaces de dis-cernir esos falsos profetas que enseñan por doctrina los mandamientos de los hombres 18.
Al recibir la inspiración del Espíritu Santo para nosotros mismos, es prudente que recordemos que no podemos recibir revelación para otras personas. Sé de un joven que le dijo a una jovencita: “He soñado que debes
ser mi esposa”. La jovencita meditó en esas palabras y entonces respondió: “Cuando yo tenga el mismo sueño, vendré y hablaré contigo”.
Todos podemos ser tentados a dejar que nuestros deseos personales prevalezcan sobre la guía del Espíritu Santo. El profeta José Smith suplicó al Padre Celestial permiso para prestarle a Martin Harris las primeras ciento dieciséis páginas del Libro de Mormón. José pensaba que era una buena idea. Al principio, el Espíritu Santo no le dio sentimientos de confirmación; al final, el Señor permitió que José le prestara las páginas de todos modos y Martin Harris las perdió. Por un tiempo, el
Señor le quitó al Profeta el don de traducir, y José aprendió una lección dolorosa, aunque valiosa, que moldeó el resto de su servicio.
El Espíritu Santo es esencial para la Restauración. En cuanto a haber leído Santiago 1:5 durante su adolescencia, el profeta José dijo: “Ningún pasaje de las Escrituras jamás penetró el corazón de un hombre con más fuerza que este en esta ocasión, el mío” 19. El poder descrito por José Smith era la influencia del Espíritu Santo. Como resultado de ello, José fue a una arboleda próxima a su hogar y se arrodilló para preguntar-le a Dios. La Primera Visión que tuvo inmediatamente después fue verdade-ramente memorable y magnífica, pero la senda hacia esa visita en persona del Padre y del Hijo comenzó con una impresión de orar por parte del Espíritu Santo.
Las verdades reveladas del Evangelio restaurado se recibieron mediante el modelo de buscar en oración y entonces recibir y seguir las impresiones del Espíritu Santo. Consideren estos ejemplos: la traduc-ción del Libro de Mormón; la restaura-ción del sacerdocio y sus ordenanzas, comenzando con el bautismo; y la res-tauración de la Iglesia, para mencionar unos pocos. Testifico que en la actuali-dad la revelación del Señor a la Primera Presidencia y a los Doce se recibe de acuerdo con este modelo sagrado. Ese es el mismo modelo sagrado que per-mite recibir revelación personal.
Rendimos tributo a todos los que han seguido el Espíritu Santo para reci-bir el Evangelio restaurado, comenzan-do por los propios familiares de José Smith. Cuando el joven José le habló a su padre sobre la visita de Moroni, su padre recibió un testimonio confirman-te por sí mismo. De inmediato, José quedó libre de sus responsabilidades
en la granja y se le instó a seguir la indicación del ángel.
Como padres y líderes, hagamos lo mismo. Instemos a nuestros hijos y a los demás a seguir la dirección del Espíritu Santo. Al hacerlo, siga-mos nosotros missiga-mos el ejemplo del Espíritu Santo y guiemos con dulzura, mansedumbre, bondad, longanimidad y amor sincero20.
El Espíritu Santo es el medio para realizar la obra de Dios en las familias y en toda la Iglesia. Con ese entendi-miento, permítanme compartir unos pocos ejemplos de la influencia del Espíritu Santo en mi vida y en mi servi-cio en la Iglesia, Los ofrezco como un testimonio personal de que el Espíritu Santo nos bendice a todos.
Hace muchos años, la hermana Hales y yo planeamos ofrecer una cena espe-cial en nuestro hogar para algunos de mis compañeros de trabajo. Al salir de la oficina, mientras iba camino a casa, tuve la impresión de detenerme en la casa de una viuda de quien era maestro orientador. Cuando llamé a la puerta de la hermana, ella me dijo: “He estado orando para que viniera”. ¿De dónde vino esa impresión? Del Espíritu Santo.
En cierta ocasión, tras una grave enfermedad, presidí una conferencia de estaca. Para conservar mis fuerzas, planeé dejar la capilla inmediatamente después de la sesión para líderes del sacerdocio. Sin embargo, al término de la última oración, el Espíritu Santo me susurró: “¿Dónde vas?”. Tuve la inspi-ración de estrechar la mano de todos a medida que salían del salón. Al acer-carse un joven élder, tuve la impresión de darle un mensaje especial. Él estaba mirando hacia el suelo y esperé hasta que levantar la cabeza y me mirara directamente a los ojos; entonces le dije: “Ora al Padre Celestial, escucha al Espíritu Santo, sigue las impresiones
que recibas y todo estará bien en tu vida”. Más tarde, el presidente de estaca me dijo que aquel joven acababa de regresar de la misión anticipadamente. El presidente de estaca, siguiendo una clara impresión, le había prometido al padre del joven que si lo llevaba a la reunión del sacerdocio, “el élder Hales hablará con él”. ¿Por qué me detuve a estrecharle la mano a todo el mundo? ¿Por qué hice una pausa para hablar con ese joven especial? ¿Cuál fue la fuente de mi consejo? Es sencillo: el Espíritu Santo.
A principios de 2005, se me indi-có que preparase un mensaje para la conferencia general acerca de los matrimonios misioneros. Después de la conferencia, un hermano me comentó: “Al escuchar la conferencia… el Espíritu del Señor tocó mi alma de inmediato… El mensaje fue claro para mí y para mi amada; teníamos que servir en una misión y ese era el momento. Cuando… miré a mi esposa, me di cuenta de que ella había recibido las mismas impresiones del Espíritu” 21. ¿Qué había provocado esa respuesta tan fuerte y simultánea? El Espíritu Santo.
A mi propia posteridad y a todo el que se halle al alcance de mi voz le expreso mi testimonio de la revelación personal y del flujo constante de la guía, la advertencia, el aliento, la forta-leza, la limpieza espiritual, el consuelo y la paz diarias que ha recibido nuestra
familia por medio del Espíritu Santo. A través del Espíritu Santo experi-mentamos “la multitud de [las] tiernas misericordias de [Cristo]” 22 y milagros que no cesan23.
Comparto mi testimonio especial de que el Salvador vive. Expreso mi amor y agradecimiento al Padre Celestial por el don del Espíritu Santo, por medio del cual revela Su voluntad y nos sostiene en la vida. En el nombre de Jesucristo. Amén. ◼
NOTAS
1. Doctrina y Convenios 93:2; véase también Juan 1:9.
2. Doctrina y Convenios 88:6. 3. Véase la Guía para el Estudio de las
Escrituras, “Luz de Cristo”; véase también Moroni 7:12–19.
4. Véase Juan 17.
5. Véase la lección 5, “Cómo efectuar las ordenanzas del sacerdocio”, de Deberes y
bendiciones del sacerdocio, Parte B, 2000,
págs. 42–50.
6. Véase Juan 15:26; Romanos 8:16. 7. Doctrina y Convenios 39:6. 8. Romanos 15:13.
9. Doctrina y Convenios 11:12.
10. Doctrina y Convenios 46:11–12; véanse también Moroni 10:8–17; Doctrina y Convenios 13–16. 11. Alma 18:35. 12. Juan 14:26. 13. 3 Nefi 27:20. 14. 2 Nefi 31:17.
15. Véase Doctrina y Convenios 88:3. 16. Véase Doctrina y Convenios 8:2–3. 17. Números 12:6, 8.
18. Véase José Smith—Historia 1:19. 19. José Smith—Historia 1:12.
20. Véase Doctrina y Convenios 121:41–42. 21. Carta de Frederick E. Hibben. 22. 1 Nefi 8:8.
Israel disperso mediante el Libro de Mormón: Otro testamento de Jesucristo, y las promesas dadas a cada miembro y misionero que recuerda el valor de las almas 3.
El Señor recuerda a las naciones y pueblos e infunde confianza en ellos. En estos días de movimiento y conmo-ción4, algunos “… confían en carros, y [algunos] en caballos; mas nosotros del nombre de Jehová, nuestro Dios, tendremos memoria” 5, quien guía “el futuro, tal como lo ha hecho en el pasado” 6. En “tiempos peligrosos” 7, “… [recordamos] que no es la obra de Dios la que se frustra, sino la de los hombres” 8.
Segundo: Podemos recordarlo siem-pre reconociendo con agradecimiento Su mano a lo largo de nuestra vida.
La mano del Señor en nuestra vida a menudo es más clara en retrospec-tiva. Tal como el filósofo cristiano Søren Kierkegaard lo dijo: “La vida debe entenderse dando marcha atrás. Pero… se debe vivir marchando hacia
adelante ” 9.
Mi querida madre hace poco cele-bró sus noventa años y testificó con gratitud de las bendiciones de Dios en cada evento principal de su vida. La historia familiar, las tradiciones y los lazos familiares nos ayudan a saborear el recuerdo de lo pasado, mientras que brindan modelos y esperanza para el futuro. Las líneas de autoridad del sacerdocio y las bendiciones patriarca-les testifican de la mano de Dios a lo largo de las generaciones.
¿Alguna vez han considerado que ustedes son su propio libro de memo-rias viviente, compuesto de lo que deciden recordar y de cómo deciden recordarlo?
Por ejemplo, cuando era joven, deseaba estar en el equipo de balon-cesto de la escuela, por lo que