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Cuando los padres están preparados y los hijos escuchan y participan en el intercambio de ideas, ¡el consejo familiar realmente está funcionando!

Debe iniciar con una oración, o puede ser una extensión natural de una conversación que haya iniciado en otro lugar. Sírvanse notar que un consejo familiar no siempre inicia o concluye de manera formal.

Cuando los padres están preparados y los hijos escuchan y participan en el intercambio de ideas, ¡el consejo fami-liar realmente está funcionando!

Sin importar lo particular de nuestra situación familiar, es fundamental que comprendamos las circunstancias únicas de cada miembro de la familia. Aunque compartimos el ADN, puede haber situaciones y circunstancias entre nosotros que nos hagan diferir gran-demente uno del otro y que requieran la colaboración misericordiosa del consejo familiar.

Por ejemplo, todo el amor del mundo, las conversaciones y nues-tros sentimientos posiblemente no resuelvan un problema médico o un desafío emocional que uno o más miembros de la familia enfrenten. En esos momentos, el consejo familiar se convierte en un lugar de unidad, lealtad y apoyo amoroso mientras se consigue ayuda externa en la búsque-da de soluciones.

Los hermanos, en especial los mayo-res, pueden ser mentores poderosos para los hijos pequeños si los padres usan el consejo familiar para solicitar su ayuda y apoyo durante los tiempos de dificultad y adversidad.

En este sentido, una familia es como un barrio. Cuando el obispo hace participar a los miembros del consejo de barrio, puede resolver problemas y lograr mucho bien en maneras en las que nunca podría hacerlo sin su ayuda. De una manera similar, los padres nece-sitan incluir a todos los miembros de la familia para hacer frente a los desafíos y la adversidad. De esa manera, el poder del consejo familiar se pone en acción. Cuando los miembros del consejo fami-liar sienten que son parte de la decisión, brindan su apoyo y se pueden alcanzar resultados positivos específicos.

No todo consejo familiar consta de ambos padres y los hijos. Su consejo familiar puede verse muy diferente a como se veía el nuestro cuando está-bamos criando a nuestros siete hijos. Actualmente nuestro consejo familiar consta de Bárbara y yo, a menos que llevemos a cabo un consejo de familia extendida que incluye a nuestros hijos adultos, sus cónyuges y, en ocasiones, nuestros nietos y bisnietos.

Aquellos que están solteros e inclu-so los estudiantes que viven lejos de casa pueden seguir el modelo divino de los consejos al reunirse con amigos y compañeros de apartamento para deliberar en consejo.

Consideren cómo cambiaría el ambiente en un apartamento si los compañeros se reunieran regularmente para orar, escuchar, analizar y planear las cosas juntos.

Todos pueden adaptar un consejo familiar para sacar provecho de este modelo divino establecido por nuestro amoroso Padre Celestial.

Como mencioné anteriormente, en ocasiones un consejo de familia exten-dida puede ser de ayuda. Un consejo de familia extendida puede componer-se de los abuelos y los hijos adultos que ya no estén viviendo en el hogar.

Incluso si los abuelos o los hijos adul-tos viven lejos, ellos pueden participar vía telefónica, Skype o FaceTime.

Tal vez quieran considerar llevar a cabo un consejo familiar general el domingo, que es el primer día de la semana; la familia puede evaluar la semana que pasó y hacer planes para la semana siguiente. Esto puede ser exactamente lo que su familia necesita a fin de ayudarles a hacer del día de reposo un día deleitable.

El segundo tipo de consejo fami-liar es un consejo famifami-liar ejecutivo

que involucra solamente a los padres. Durante ese tiempo juntos, los padres pueden evaluar las necesidades físicas, emocionales y espirituales, y el progre-so de cada hijo.

El consejo familiar ejecutivo también es un buen momento para que tanto esposos como esposas hablen acerca de su relación personal. Cuando el élder Harold B. Lee efectuó nuestro sellamiento, nos enseñó un principio que puede ser útil para toda pareja. Él dijo: “Nunca se vayan a dormir sin arrodillarse juntos, tomados de la mano para orar. Tales oraciones invitan al Padre Celestial a aconsejarnos por el poder del Espíritu”.

El tercer tipo de consejo fami-liar es un consejo famifami-liar limitado. En

este, ambos padres pasan tiempo con un solo hijo en un escenario formal o informal. Esta es una oportunidad para hablar sobre tomar decisiones con

anticipación respecto a las cosas que el

hijo o hija hará o no hará en el futuro. Al tomar esas decisiones, tal vez él o ella quiera anotarlas para consultarlas en el futuro si fuese necesario. Si su hijo o hija los ve como padres que lo apoyan firmemente, estas reuniones de consejo pueden establecer metas y objetivos para el futuro. Este también es un momento para escuchar cuidadosa-mente las preocupaciones serias y los desafíos que un hijo puede enfrentar con asuntos como la falta de confianza, el abuso o maltrato, el acoso escolar o el temor.

El cuarto tipo de consejo fami-liar es un consejo famifami-liar uno a uno

que incluye a un padre y un hijo. Generalmente este tipo de conse-jo familiar ocurre naturalmente. Por ejemplo, el progenitor y el hijo pueden aprovechar oportunidades informales mientras viajan en el automóvil o traba-jan en casa. Un paseo con uno de los hijos y el padre o la madre puede brin-dar un tiempo especial para crear lazos emocionales o espirituales. Programe esas ocasiones con anticipación a fin de que los hijos puedan anticipar y esperar el tiempo especial a solas con mamá o papá.

Ahora, hermanos y hermanas, hubo un tiempo en el que las paredes de nuestros hogares proveían toda la defensa que necesitábamos contra las intromisiones e influencias externas. Cerrábamos las puertas, las ventanas; asegurábamos los portones, y nos sentíamos a salvo, seguros y protegidos en nuestro pequeño refugio del mundo exterior.

Esos días se han ido. Las paredes físicas, las puertas, las cercas y los por-tones de nuestros hogares no pueden evitar la invasión imperceptible de internet, el Wi- Fi, los teléfonos móvi-les y las redes; estas pueden penetrar nuestros hogares con unos cuantos clics y pulsaciones de teclas.

Afortunadamente, el Señor ha brin-dado una manera para contrarrestar la invasión negativa de la tecnología que puede distraernos de pasar tiempo de calidad juntos. Lo ha hecho al proveer el sistema de consejos para fortalecer, proteger, salvaguardar y nutrir nuestras relaciones más valiosas.

Los hijos necesitan desesperada-mente padres que estén dispuestos a escucharlos, y el consejo familiar puede brindar un tiempo durante el cual los miembros de la familia puedan aprender a comprenderse y amarse unos a otros.

Alma enseñó: “Consulta al Señor en todos tus hechos, y él te dirigirá para bien” 3. Invitar al Señor a ser parte de nuestro consejo familiar a través de la oración mejorará nuestras relaciones. Con la ayuda del Padre Celestial y de nuestro Salvador, podemos llegar a ser más pacientes, considerados, serviciales, indulgentes y comprensivos a medida que pedimos ayuda en oración. Con Su ayuda, podemos hacer de nuestros hogares un pedacito de cielo aquí en la tierra.

Un consejo familiar que sigue el modelo de los consejos celestiales, lleno de amor cristiano y guiado por el Espíritu del Señor nos ayudará a pro-teger a nuestra familia de las distraccio-nes que pueden robar nuestro preciado tiempo juntos y nos protegerá de los males del mundo.

En conjunto con la oración, un consejo familiar invitará la pre-sencia del Salvador, como Él lo prometió: “… donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” 4. Invitar al Espíritu del Señor a ser parte de su consejo familiar trae bendiciones que exceden toda descripción.

Para concluir, por favor recuerden que un consejo familiar que se efectúa con regularidad nos ayudará a notar problemas familiares desde su inicio y a resolverlos antes de que crezcan; los consejos darán a cada miembro de la familia un sentimiento de valía e importancia; y sobre todo nos ayudarán a ser más exitosos y felices en las preciadas relaciones dentro de las paredes de nuestros hogares. Que nuestro Padre Celestial bendiga a todas nuestras familias a medida que deliberemos juntos en consejo, es mi humilde ruego en el nombre del Señor Jesucristo. Amén. ◼

NOTAS

1. Véanse Abraham 4:26; 5:2–3.

2. Guía para la familia, folleto, 2001, pág. 12. 3. Alma 37:37.

Entonces, una noche de mayo pasado me despertaron esas dos niñas pequeñas desde el otro lado del velo. Aun cuando no las vi ni oí con mis sentidos físicos, sentí su presencia. Espiritualmente, oí sus súplicas; su mensaje fue breve y claro: “¡Hermano Nelson, no estamos selladas a nadie!

¿Puede ayudarnos? ”. Poco tiempo

después supe que su madre había falle-cido, pero que el padre y un hermano menor aún vivían.

Inspirado por las súplicas de Laural Ann y Gay Lynn, intenté comunicarme de nuevo con el padre, de quien supe que vivía con su hijo Shawn. Esta vez estuvieron dispuestos a reunirse conmigo.

En junio, me arrodillé literalmente ante Jimmy, ahora de 88 años, y tuve una conversación sincera con él. Le hablé de las súplicas de sus hijas y le dije que sería un honor para mí efectuar las ordenanzas selladoras por su familia. También le expliqué que se necesitaría tiempo y mucho esfuerzo la cirugía 1. Con razón, Ruth y Jimmy

quedaron destrozados espiritualmente. Con el tiempo, supe que abrigaban cierto resentimiento hacia mí y hacia la Iglesia. Durante casi seis décadas me ha atormentado esa situación y he estado afligido por la familia Hatfield. Varias veces traté de comunicarme con ellos, pero sin éxito.

Sesión General del Sacerdocio | 2 de abril de 2016

Por el presidente Russell M. Nelson Presidente del Cuórum de los Doce Apóstoles

H

ace seis meses, en la Conferencia General de octubre de 2015, hablé a las hermanas de la Iglesia acerca de su función divina como mujeres de Dios. Ahora deseo hablar-les a ustedes, hermanos, acerca de su función divina como hombres de Dios. Cuando viajo por el mundo, me mara-villa la fortaleza y la tremenda bondad de los hombres y niños de esta Iglesia. Simplemente no hay manera de contar los corazones que ustedes han sanado y las vidas que han edificado. ¡Gracias!

En mi mensaje de la conferencia anterior relaté la devastadora expe-riencia que tuve hace muchos años cuando, siendo cardiocirujano, no puede salvar la vida de dos hermanas pequeñas. Con el permiso del padre de las niñas, me gustaría contarles más acerca de esa familia.

Tres de los hijos de Ruth y Jimmy Hatfield padecían una enfermedad car-diaca congénita. Su primer hijo, Jimmy Jr., falleció sin un diagnóstico definitivo. Yo entré en escena cuando los padres buscaban ayuda para sus dos hijas: Laural Ann y su hermana menor, Gay Lynn. Se me partió el corazón cuando ambas niñas fallecieron después de

El precio del poder

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