• No se han encontrado resultados

manas y sociales

CAPÍTULO 1. LO PÚBLICO Y LO PRIVADO

1.3. La transformación de la esfera pública mediante la capacitación política Identificación de las for-

1.3.2. Cambiar reinterpretando la norma

En el epílogo de la edición de 2011 de la Antígona de Sófocles por la editorial Debolsillo, Jordi Balló y Xavier Pérez, dicen que “el primer gesto histórico de un ser humano que ha decidido plantar cara al poder está inscrito en la Antígona de Sófocles”. Y es que, en un momento de la obra de Sófocles, Antígona le dice a Creonte: “Si a ti te parece que he cometido una locura, tal vez sea un loco ante quien incurro en falta de locura110.” No en vano, el personaje y la obra sirven como ejes explicativos de la argumentación feminista que trata de interpretar y presentar oportunidades de transgresión del discurso de la norma heterosexual, blanca, masculina y de clase media que rige el mundo occidental. Como dice Bonnie Honig, el enfrentamiento de una mujer, Antígona, ante la máxima au- toridad masculina por razones de la regulación del duelo y, por extensión, por política, es un asunto que si no puede considerarse recurrente en la antigüedad. Reaparece después como una trama común debido a las crónicas de Herodoto111. En el libro editado por Fanny Soderback en 2010, en el que se recogen algunas de las aproximaciones feministas al relato de Sófocles, se puede observar que tanto el estudio de la representación del cuerpo, las cuestiones fronterizas en torno al deseo y el incesto, la transgresión del duelo y las implicaciones en «lo político» de

107LAURETIS. Diferencias. Las citas en las páginas 11 y 36.

108Monique WITTIG. El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Barcelona, Egales Editorial, 2006. p.

52.

109Mary NASH. Los nuevos sujetos históricos: Perspectivas de fin de siglo. Género, identidades y

nuevos sujetos históricos,” in María CRUZ ROMERO e Ismael SAZ (eds.). El siglo XX. Historiografía e historia. Valencia, Publicaciones Universidad de Valencia, 2002. p. 99.

110SÓFOCLES, Antígona. Barcelona, DeBolsillo, 2011. La primera cita es de la página 111 en el Epí-

logo. La segunda aparece en la página 55.

111Bonnie HONIG. Antigone’s Laments, Creon’s Grief. Mourning, Membership and the Politics of

Exceptions”, Political Theory 37, (1), pp. 17-18, 2009. Honig desarrolla el ejemplo del relato de Herodoto de la mujer de Intafernes en el libro tercero “Dalia”, personaje citado por Sófocles en Antígona. Véase HERODOTO, Los nueve libros de la historia. Madrid, Edaf, 2001. pp. 235-324. La misma Bonie Honig ha publicado una monografía sobre una lectura política y feminista de Antígona: Bonie HONIG. Antigone, Interrupted. Cambridge, Cambridge University Press, 2013.

CAPÍTULO 1. LO PÚBLICO Y LO PRIVADO

todos estos argumentos, son fundamentales para una lectura de género de Antí- gona112. La interpretación de Judith Butler sigue esta línea y puede servir como herramienta metodológica para la investigación de las dislocaciones de la norma de la esfera pública de las sociedades burguesas. La definición ofrecida por Han- nah Arendt en su versión agonística sobre la acción, en relación con la política y en el espacio público, puede verse de esta manera transformada en un sentido más dinámico y, sobre todo, más específico, en cuanto a su posicionamiento en la historia, gracias a los trabajos de Judith Butler.

Mediante el estudio de la experiencia y el análisis del duelo generado por algún acontecimiento traumático, Butler alude a los procesos intersubjetivos de construcción del significado y la relación con los «otros». El «nosotros» pues, funciona como una causa efectiva del sentido de la acción (política), probable y plausible siempre y sólo bajo esos condicionantes de construcción intersubjetiva. La filósofa estadounidense plantea una relación de lo íntimo con lo público en cuanto a su acontecer, al entender que elementos como la identidad, determina- da y dinamizada por el sujeto en sociedad, son significantes de la acción política. Por lo tanto, que "elaborar el duelo y transformar el dolor es un recurso político no significa resignarse a la inacción; más bien debe entenderse como un lento proceso a lo largo del cual desarrollamos una identificación con el sufrimiento mismo”. Es la vulnerabilidad social de nuestros cuerpos, según Judith Butler, la relación indivisible de lo social con lo individual, lo que hace públicas y, por tanto, nuestras acciones al constituirnos políticamente a través de esa vulnera- bilidad. La vida en común con los «otros», nos configuray significa puesto que "enfrentémoslo, los otros nos desintegran. Y si no fuera así, algo nos falta." Es evidente para Butler lo innegociable de la determinación social de los individuos a través de las categorías culturales y políticas que nos encuadran y relacionan con otros seres humanos: "como medio de relación, ni el género ni la sexualidad son precisamente algo que poseemos, sino más bien un modo de desposesión, un modo de ser para otro o a causa del otro113”.

En El grito de Antígona (2000), Butler resitua el significado del legado de la heroína Antígona de Sófocles al reconceptualizar las formas en las que la sub- versión, en este caso la del tabú del incesto, produce cambios culturales y, por lo tanto, sociales y políticos114. No es noticia que Butler proceda al análisis de las

112

Fanny SODERBACK (ed.). Feminist Readings on Antigone. Albany, State University of New York Press, 2010.

113Judith BUTLER. Vida precaria: El poder del duelo y la violencia. Buenos Aires. Editorial Paidós, 2006.

La desorientación del duelo es traducida por Butler de la siguiente manera en relación con la cons- trucción y despliegue social de los sujetos: - «¿En qué me he convertido» o, incluso, «¿Qué es lo que me queda?», «¿Qué había en el Otro que he perdido?» - deja al «yo» en posición de desconocimien- to."Las citas en las páginas 46 y 58 respectivamente.

114Judith BUTLER. El grito de Antígona. Barcelona, El Roure, 2001. Para ello, critica severamente el

estructuralismo de Levi-Strauss y el psicoanálisis de Lacan del parentesco. Así, para Levi-Strauss el parentesco sería un mecanismo humano que funcionaría en el tránsito de lo natural a lo cultural; para Lacan, el parentesco, su simbolismo, estaría alejado de lo social. En otras palabras, se trataría entonces de comportamientos pre-culturales y, asimismo, post-naturales. Para Judith Butler, esas soluciones estructuralistas serían normas culturales universales, un mínimo común que determinaría la forma de las relaciones humanas antes de comunicarse y mediatizarse socialmente a través de los discursos

prácticas humanas en común y en sociedad desde una perspectiva alimentada en parte por Clifford Geertz115. Antígona es un personaje analizado desde muy diferentes perspectivas y Butler hace pivotar la suya desde la crítica a Hegel, a pesar de ser el filósofo alemán una de las referencias teóricas fundamentales de la feminista estadounidense116. Butler encuentra diferencias irreconciliables con las aproximiaciones hegelianas a Antígona como concepto e idea de registro so- cial y político occidental. En concreto, Hegel ofrece una solución que languidece debido a la separación autónoma de las cuestiones que regulan el parentesco y el poder del estado, a pesar de que plantea una relación especial entre ambos. Para Butler, la relación entre el poder estatal y el que regula el parentesco es obvia pero, además, hay que incidir en el análisis del comportamiento de los personajes, su mediación ante la norma en la obra de Sófocles, para iluminar esa relación institucional. Para ello, las investigaciones deben atender a la forma de la rebelión de Antígona ante el sistema de género que regula el parentesco, des- cartando entonces las interpretaciones del personaje de Antígona como la de un carácter que realiza una imple rebelión contingente ante la autoridad masculina e institucional, Creonte en este caso. La relación entre parentesco y poder estatal, vertebrada a través de las legislaciones y tradiciones jurídicas, se establece desde el momento en el que ambos están marcados trasnversalmente por la categoría de género.

Continuando Butler con el análisis del alcance de la transgresión de Antígo- na y mediante una lectura de los actos performativos en la forma en la que los establece en El género en disputa, por la que no tienen por qué ser una elección voluntaria para lograr la subversión de la norma117, entiende que “el parentesco no es simplemente una situación en la que ella (Antígona) se encuentra, sino una serie de prácticas que ella también realiza, relaciones que se reinstituyen en el tiempo precisamente a través de la práctica de su repetición". Significar a An- tígona en la historia del parentesco como un fenómeno de transición al modo que hace la filósofa franco-belga Luce Irigaray en su Sexos y familiares (1987)118, supone, dice Butler, tener la misma noción de parentesco del estructuralismo que vertebra los discursos mayoritarios en la antropología, pero con el énfasis en lu- gares distintos, con lo que no se abre desde una lectura de la representación un lugar de posibilidad política. Es eso lo que se produce para Antígona al negarse a aceptar las órdenes de Creonte en referencia al entierro de su hermano Polinices, debido a los sentimientos que practica y anuncia la protagonista. Para Butler, el y las prácticas culturales pp. 31-37.

115Véase el citado en la nota 20: GEERTZ. La interpretación de las culturas: "Cuando se la conci-

be como una serie de dispositivos simbólicos para controlar la conducta, como una serie de fuentes extrasomáticas de información, la cultura suministra el vínculo entre lo que los hombres son intrínse- camente capaces de llegar a ser y lo que realmente llegan a ser uno por uno. Llegar a ser humano es llegar a ser un idividuo y llegamos a ser individuos guiados por esquemas culturales, por sistemas de significación históricamente creados en virtud de los cuales formamos, ordenamos, sustentamos y dirigimos nuestras vidas." p. 57.

116Judith BUTLER. Deshacer el género. Barcelona. Paidós, 2006. En concreto, véase el capítulo 11

“¿Puede hablar el «otro» de filosofía?”, en las páginas 330-353.

117

BUTLER. El género en disputa. pp. 85-100.

CAPÍTULO 1. LO PÚBLICO Y LO PRIVADO

proceso y el acontecimiento evoluciona de un modo parecido a esto: Antígona se convierte en una potencial figura política, ya que se sitúa fuera de la norma del parentesco, por ejemplo a través de las muestras de incesto que se deslizan en la obra: “ella [Antígona] no actúa en nombre del dios del parentesco, sino transgrediendo los mandatos de estos dioses, transgresión que confiere a las re- laciones de parentesco una dimensión prohibitiva y normativa pero que a la vez también devuelve su vulnerabilidad". Al hacerse ella misma varonil y masculina, acepta una actividad supuestamente prohibida para ella en el espacio público y por el rey de Tebas, y se muta su posición dentro del sistema del género. Aparece entonces la alteración del parentesco que desestabiliza el género en el resto de la obra119.

Judith Butler alerta sobre la inexistencia de una dicotomía entre público y privado fuera de la historia, sobre su carácter de construcción cultural y la obli- gación de encarar el estudio de dicha construcción a través de su naturaleza discursiva y el análisis histórico como ella mismo hace en Cuerpos que importan (1993). Añade Butler que el hecho de “poner en tela de juicio un supuesto no equivale a desecharlo; antes bien, implica liberarlo de su encierro metafísico para poder comprender qué intereses se afirman en -y en virtud de- esa focalización metafísica y permitir, en consecuencia, que el termino ocupe otros espacios y sirva a objetivos políticos muy diferentes". El carácter constructivista de Butler exige la atención continuada a la relación entre el discurso y la práctica, entre lo abstracto y la materialidad y posibilidad discursiva de los cuerpos; en definitiva, exige plantear críticamente la historización de los conceptos y encarar su genealo- gía, para ver cómo funcionan en diferentes momentos históricos y geográficos120. Esta precisión favorece la contextualización de los discursos y las prácticas de los individuos en la historia, y es el modo de categorizar el alcance y el impacto de las actividades humanas en sociedad. De esa forma, también a mi modo de ver, se puede alcanzar a observar el contexto en el que relacionar el vínculo de la agen- cia individual en el mundo. Recorrer ese camino es fundamental para comenzar la identificación, observación y análisis de las prácticas y los discursos suscepti- bles de acontecer de forma subversiva, aquellos que transgreden los límites de representación de la norma. Aparece de esta manera la posibilidad política que hace que los individuos expulsados de la capacitación política entren de lleno en el espacio de «lo político». Este espacio, tal y como se ha ido repitiendo en este capítulo, está representado en las sociedades modernas por el espacio público.

El otro pilar argumental es el relacionado con el propio concepto del espa- cio. Los estudios en geografía han alcanzado una fuerte presencia académica, al menos en el mundo anglosajón. El impacto en los últimos años del trabajo del geógrafo británico David Harvey y el desarrollo de una consideración dinámica e histórica del espacio, derivan en una renovación del matrimonio de conven- ciencia entre geografía e historia121. Las intuiciones teóricas y metodológicas de

119

BUTLER. El grito de Antígona, las citas de este párrafo en las páginas 81, 16 y 21 respectivamente.

120Judith BUTLER. Cuerpos que importan: Sobre los límites materiales y discursivos del «sexo». Buenos

Aires, Paidós, 2010. p. 56.

121Véase, entre muchas obras, David HARVEY. Teorías, leyes y modelos urbanos en geografía. Madrid,

Harvey, y su agenda política, encajan en los esquemas feministas. En el aún re- ciente número 21 de Women’s History Review, Kathryne Beebe, Angela Davis y Kathryn Gleadle, reflexionan sobre la relación entre las propuestas y reflexiones teórico metodológicas de Harvey y sus reflexiones sobre el estudio del espacio, además de sobre los intercambios con las aproximaciones feministas. Uno de los mayores logros de Harvey, según estas tres historiadoras, es el hecho de haber cimentado, junto con otros autores, el éxodo conceptual de los geógrafos desde la vieja idea estática de “lugar”, hacia la más dinámica, construida y contestada de “espacio”. Este tránsito epistemológico permite que el espacio incluya entre las categorías que le dan sentido las tensiones causadas por el empoderamiento y la subordinación social en asuntos sobre la raza, la clase y, por supuesto, el género122. El giro espacial en las ciencias humanas y sociales que aparece pa- ralelamente al trabajo de Harvey, también ofrece una panorámica del continuo rearme teórico e interdisciplinar, y por lo tanto, metodológico en la investigación actual en torno al materialismo como eje vertebrador de inspiración marxista123. A pesar de investigar cuestiones concretas sobre urbanismo y el espacio ur- bano, y la dialéctica generada por la interacción de las sociedades en ellos, con- sidero que las posiciones del sociólogo francés Henri Lefebvre pueden ser útiles en mi cometido. La elaboración de Lefebvre sobre la configuración de los luga- res geográficos es similar a la de Harvey: los espacios habitados y los espacios urbanos no dejan de ser espacios creados por las sociedades en los que la his- toria discurre. Son, por lo tanto, espacios de actividad humana, producción y reproducción. La delimitación de los espacios constituye un ejercicio teórico y de abstracción y, asumiendo en particular este modelo de la dicotomía público- privado, funciona como una abstracción de la actividad política por parte de las sociedades occidentales durante la modernidad. Es por ello que Lefebvre se pregunta si “¿acaso todo espacio es significante? y en caso afirmativo ¿de qué? Para hablar con mayor propiedad: ¿acaso todo espacio o fragmento de espacio no correspondería a un texto social, el mismo contexto de textos especificados, es decir, escritos: inscripciones, carteles, etc... ? de tal suerte que se haría necesario bien sea hallar nuevamente, bien sea elaborar códigos de esos diferentes men- sajes para poder descifrarlos”. En otras palabras, se debe operar científicamente sabiendo que el espacio funciona ante todo como algo vivido, experimentado, y no simplemente una abstracción política-teórica previa y que debido a ello se deba forzar y hacer cohabitar las diferentes tendencias académicas sobre dicha Alianza, 1983; Urbanismo y desigualdad social. Madrid, Siglo XXI, 1992; o Espacios del capital: hacia una geografía crítica. Madrid, Akal, 2007.

122

BEEBE, DAVIS y GLEADLE. Introduction. Space, Place and Gendered Identities. pp. 525-529.

123

Aunque la tradición de las relaciones entre el estudio del espacio y otras ciencias sociales tiene una fructífera y larga tradición, ha sido durante los últimos años cuando el crecimiento ha resultado incluso abrumador. Véase, entre muchísimos ejemplos: Diarmid A. FINNEGAN. The Spacial Turn: Geographical Approaches in the History of Science. Journal of the History of Biology 41, (2), pp. 369-398, 2008; Mike CRANG. Thinking Space. Londres, Routledge, 2000; Ron MARTIN. The New «Geograp- hical Turn» in Economics. Cambridge Journal of Economics 23, (1), pp. 65-92, 1999; Christian ORGAZ ALONSO. Herramientas para el análisis espacial en la investigación sociológica. Madrid, Síntesis, 2012; Luis Alfonso ESCOBAR JARAMILLO. El valor económico de la calidad ambiental urbana: un análisis espacial para las comunas y barrios de Cali. Cali, Universidad del Valle, 2010.

CAPÍTULO 1. LO PÚBLICO Y LO PRIVADO

cuestión. Existe, pues, una relación con la práctica social en el tiempo124.

El espacio debe ser definido siempre en relación con el tiempo sucedido en y con él. Esta apreciación conduce a un fenómeno social, al de la heterotopía fou- caultiana. La existencia de esa vinculación bi-direccional entre sujetos y espacio material, se traduce en una doble realidad material e imaginada que determina las formas de los análisis espaciales y debe guiar las interpretaciones125. Lefebvre critica el establecimiento de una separación cerrada de la actividad y el suceder humano en sociedad. Para él, eso es un producto de los espejismos generados en el centro de la unidad, por la dominación y el poder económico y político de la burguesía. Sin embargo, asume que si bien se trata de una apariencia enajenada, esos espejismos desempeñan un papel “real” en el desarrollo de las relaciones so- ciales. Lefebvre encuentra un peligro en el hecho de trabajar con una percepción abstracta del espacio, vaciado de su contenido histórico y evacuado del tiempo vivido. Siendo el espacio un producto de la sociedad, depende ante todo de la contrastación, la presencia material y de la descripción y estudio de sus huellas empíricas. La abstracción de lo que puede ser el espacio, está determinada por la historia y la experiencia. Surge de este modo otro problema, el de la verifi- cación de lo social, puesto que saber cómo aprehender lo social para saber su funcionamiento y sus claves es quizás la razón de ser de todas las ciencias hu- manas y sociales. Al menos de las responsables ética y políticamente. Lefebvre defiende que “[...] [el espacio es] un procedimiento y un instrumento, un medio y una mediación. En esta hipótesis el espacio viene a ser un instrumento político intencionalmente manipulado, incluso si la intención se oculta bajo las aparien- cias coherentes de la figura espacial”. Lefebvre aclara que las disposiciones y los condicionamientos de clase, las determinaciones que el poder dispone, explican