4. CONTEXTO POLÍTICO Y SANITARIO EN LA ESPAÑA DE LA TRANSICIÓN DEMOCRÁTICA
4.4. Relaciones entre Estado y profesión médica
4.4.1. El cambio de cultura en la población
La introducción del SOE produjo un cambio en la actitud del enfermo, al no percibir éste la voluntad y arbitrariedad del acto médico (Laín Entralgo, 1984), e incluso entenderlo como gratuito (Acarín, Espasa, Pardell et al. 1976)62 y rompió “la confianza en una conciencia, pasando a ser una exigencia que encuentra una desconfianza” (Acarín , Espasa. Pardell et al. 1976). Como el sistema educativo, el sistema sanitario escapó a las leyes del mercado y pasó a concebirse como un derecho básico del Estado de bienestar (Elola, 1991).
A la exigencia de la salud como derecho básico, se sumó el aumento de las demandas de la población, explicado no tanto por el envejecimiento de la población, sino por el propio malestar de los ciudadanos con su salud y la desconfianza en el sistema63. La comercialización de la salud y la creciente preocupación por el cuerpo de las sociedades desarrolladas contribuye a esta tendencia, a lo que se puede añadir la profesionalización de la promoción al convertir la salud en una enfermedad. La medicalización de la vida cotidiana aumenta el número de expectativas, disminuyendo el umbral de percepción de la enfermedad (Serigó, 1979). La falta de participación de los ciudadanos en la gestión de los servicios de salud, conduce a una desresponsabilización y a actitudes reivindicativas y litigantes (Elola Somoza, 1991).
La sociología de la medicina que adquirió un importante auge en los años 70, alimentó las críticas culturales sobre las consecuencias negativas de la medicalización de nuestra sociedad, y la utilización de la sanidad como medio de control social (FOESSA, 1983; González, 1985). Textos como “Némesis médica”, del mexicano Ivan Illich, fueron muy divulgados en la sociedad española. La tesis de Illich partía del industrialismo, que veía en la tecnología una categoría de análisis social, generadora de burocracias profesionales de cuyo poder debía emanciparse el individuo. La medicalización de la sociedad ilustraba esta dependencia, frente a la cual Illich recomendaba potenciar la autonomía del individuo, devolviéndole la responsabilidad sobre su propia salud. Esta fue la expresión más popularizada del pensamiento de
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Muchos autores coinciden en señalar que la toma de conciencia popular de la salud como un derecho elemental y una obligación del Estado cambiaron considerablemente la relación médico paciente y el ejercicio de la profesión (Acarín, Espasa, Vergés et al. 1976; Bravo, De Miguel, Polo et al. 1979; Drane, 1988)
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El aumento de demandas de la población es considerado por Elola un síntoma y no causa de la crisis de los sistemas sanitarios (Elola, 1991)
Illich. Pero desde una perspectiva marxista fue muy criticado por defender el individualismo capitalista (Navarro, 1978), y de hecho, las críticas de Illich fueron aprovechadas años más tarde por regímenes conservadores para justificar la disminución de la intervención estatal en materia de salud.
El cambio de patrón de morbilidad, con un desplazamiento de ésta hacia las enfermedades crónicas, lesionó la confianza en la utilidad terapéutica de la medicina y trasladó el interés hacia la prevención de riesgos y el cuidado (Serigó, 1979). La eficacia de la asistencia curativa fue cuestionada desde los estudios de medicina social de Lalonde, McKeown o Terris, que constataron que el modo de vida influía más en la salud de la población que el consumo médico (Serigó, 1979). Esta conciencia estimuló el control económico de las decisiones médicas (Acarín , Espasa. Pardell et al., 1976; Gol, Jaen, Marcos et al., 1980), al cuestionar sus procedimientos (López Fernández, Aranda Regules, 1990). Ello introdujo una crisis de racionalidad en los sistemas sanitarios occidentales que debía ser corregida mediante el control y evaluación de la tecnología. La formación de los médicos está orientada a la libre utilización de tecnologías, de ahí la resistencia de la profesión a estos cambios (Elola Somoza; Acarín , Espasa. Pardell et al. 1976; Serigó, 1979; Ortún y Segura, 1983; Mansilla, 1986a). En la encuesta de 1979 se mostraba un hospitalocentrismo generalizado entre los médicos españoles, del que podemos inferir su apego a la tecnología y su refractariedad a aceptar modelos menos técnicos como la Atención Primaria (Martín López, 1979).
La nueva concepción global de la salud exigía una respuesta organizativa más integral que superase la dicotomía entre actividades preventivas y curativas y abordara la dimensión social de la enfermedad (Acarín , Espasa. Pardell et al. 1976; FOESSA, 198364). Para superar el discurso hegemónico de los médicos expertos en la enfermedad individual y su tratamiento era necesaria una competencia interdisciplinaria, y política65, que expropiaba a los médicos de su monopolio sobre la
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En este informe se define la salud como un estado biológico y psíquico, que se concreta en la plenitud de energías y capacidades psicofísicas que hace a los hombres aptos para enfrentarse a las más diversas peripecias de la vida: el trabajo, el estudio, el ocio y el amor, el cuidado de la familia y la conquista de la naturaleza. Definiciones parecidas pueden verse en el Congreso de Médicos y Biólogos y Jornadas del Cuerpo Nacional de Sanidad.
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Ambito de Estructura sanitaria del Congreso de Cultura Catalana (en Artigas, Martí, Pardell, 1979).
salud (Gol , Jaen, Marcos et al. 1980). La profesión médica tuvo que redefinir su hegemonía, al compartir con otros profesionales los terrenos fronterizos con la ausencia de enfermedad (FOESSA, 1983). El monopolio de la curación está claramente en manos de los médicos, pero no el de la prevención (Rodriguez y de Miguel, 1990). En esta premisa descansaba la resistencia a priorizar la medicina preventiva sobre la asistencial66. Se imponía el trabajo en equipos multidisciplinarios, lo que exigía una revisión de los principios tradicionales sobre los que se sustentaba la profesión (Conde, 1978). El espíritu corporativo de la profesión también afectaba a su conciencia de exclusividad sobre lo sanitario, como quedaba demostrado en las encuestas (González, 1979). Muchos médicos empeñados en mantener una anacrónica relación de poder en lo sanitario, vivieron la pérdida de liderazgo como una crisis que atacaba profundamente los intereses de la medicina.
4.4.2. La consolidación del modelo de ejercicio asalariado. La crisis