Guerrilla y narcotraficantes: origen y desarrollo
3.6. Cambio de actitud desde los Estados Unidos
Es preciso señalar que mediante el secuestro de tres indigenistas estadounidenses, el gobierno de los Estados Unidos, se convirtió en un factor de mayor desestabilización en cuanto a las negociaciones y el proceso de paz se refiere. Los indigenistas se encontraban en territorio colombiano adelantando gestiones solidarias pro comunidades indígenas U´WA, ubicadas en Arauca. Este hecho ocurrió “el 9 de marzo de 1999 suscitó una crisis en el desarrollo del proceso de negociación y se constituyó en el comienzo del cambio de actitud los EE.UU frente al proceso de negociación con las FARC. El gobierno norteameri- cano no solo suspendió cualquier diálogo formal e informal con esta organización guerrille- ra, sino que también empezó a reducir el compás de espera que le había dado al gobierno de Pastrana con respecto al proceso de paz”136.
Casi 10 años después del secuestro de estos indigenistas norteamericanos, este hecho suele ser uno de los de mayor trascendencia en cuanto al análisis internacional del conflicto armado se refiere, especialmente en el campo político, en lo tocante a las relacio-
132 Zona de distensión (42.139 Km2); anteriormente constituía una reserva biológica, y es geográficamente, el sue- ño de toda organización guerrillera.
133 CUBIDES, F, op.cit., 137. 134 GONZALEZ, F (a), op.cit., 77.
135 El Espectador, febrero 7 de 1999, p. 5-A. GONZALEZ, F (a), ibidem, 79.
136 Ibidem, 80. El 5 de marzo de 1999, guerrilleros del 10 frente de las FARC secuestraron y dieron muerte a tres indigenistas norteamericanos quienes trabajaban por los derechos de la comunidad indígena U´WA. Habían sido retenidos por este frente guerrillero el 25 de febrero y sus cadáveres fueron encontrados posteriormente al otro la- do del río Arauca, en territorio venezolano. Las víctimas estaban maniatadas, con las cabezas cubiertas y presenta- ban múltiples impactos de armas de fuego. Noche y Niebla, Revista Banco de Datos Derechos Humanos, CINEP y Justicia Y Paz, No. 11, enero-marzo. Ibidem, 80.El gobierno viajó con representantes de la guerrilla por distintos países de Europa en aras de continuar las negociaciones. “A la gira conjunta por Europa se añadió una serie de reuniones empresariales con el grupo armado en la zona del despeje”. Para los colombianos resultó ser un absurdo ante la opinión pública. No hay garantías para los ciudadanos, mientras que los guerrilleros, viajan por Europa. Ibidem, 89.
nes bilaterales entre los Estados Unidos y Colombia. Lo cual revela las diferentes clases de secuestrados que existen hoy en el mundo, clasificaciones que responden a los intereses, de las diversas elites del poder. Valga recordar rápidamente el significado del secuestro de es- tos indigenistas, que bien sabían la situación compleja que se vivía en territorio colombia- no, y tal como Ingrid Betancur, decidieron continuar con sus cometidos personalísimos, en- contrando que alguien les podía arrebatar la libertad, y ni siquiera, las potencias más fuertes del mundo, podían revertir tales hechos.
Definitivamente se trataba de una irremediable crisis que se apoderó del proceso de negociación entre el gobierno de Pastrana y las FARC, bajo el agravante de la posición de los Estados Unidos que presionaba aguerridamente el curso del conflicto, llevándolo casi a un punto de inflexión. Además, con el Plan Colombia aprobado se hizo notoria la separa- ción y distanciamiento entre las partes en proceso. Como si tres secuestrados norteamerica- nos, fuesen más influyentes, dentro de los diálogos de paz, que centenares de colombianos que se encuentran hoy en cautiverio.
En consecuencia, resultaba totalmente contradictoria para las FARC, “la expresión gubernamental de una voluntad política de paz con una diplomacia por la paz, basada en la consecución de recursos para el fortalecimiento de la fuerza pública y el combate contra el narcotráfico, apuntando en las fumigaciones… las FARC decidieron realizar el llamado pa- ro armado en el departamento del Putumayo, donde habrían de ser implementadas las pri- meras etapas del Plan Colombia. Este paro tuvo a los pobladores del departamento prácti- camente sitiados durante tres meses lo que provocó una grave crisis en el orden humanita- rio”137. El paro terminó por decisión unilateral de las FARC.
Pastrana reconoció el status de beligerancia siempre reclamado por las FARC al sostener que no se requería más solicitar al Estado dicho reconocimiento con esta simple manifestación: “ya se ha reconocido el status político de las FARC a través de la resolución que estableció la zona desmilitarizada para adelantar las negociaciones de paz”138. Entonces,
no se comprende muy bien, como una misma organización subversiva que en 1999 contaba dentro de sus atributos el reconocimiento del anhelado status de beligerancia, escasos 7 años después, le sea negado siquiera su condición subversiva y se le reemplaza su historia y su naturaleza, al de ser una organización terrorista, a la par de la red Alqaeda.
En conclusión, los guerrilleros miembros de las FARC sugirieron negociaciones durante los enfrentamientos militares mientras que el gobierno, contrariamente, antepuso la necesidad de un total cese de hostilidades, como condición sine qua non, para continuar con las negociaciones de paz en la zona de despeje, y por ende, el restablecimiento del proceso de paz. Definitivamente “un verdadero diálogo de sordos”139.
Luego de casi 4 años de existencia de una zona establecida estrictamente por tres meses en noviembre de 1998, fue solamente hasta “el 20 de febrero de 2002 (cuando) se rompieron las negociaciones de paz”140. Así que la credibilidad del gobierno se cuestionó
fuertemente, mientras este insistió, en la necesidad de demostrar la voluntad política para alcanzar la paz. Por su parte, la organización subversiva de antaño, combinó “la lógica mili- tar y la lógica política, no solo frente al gobierno, sino también frente al paramilitarismo”141.
Por su parte, “insistieron… en caracterizar el paramilitarismo como política del Estado”142.
137 Ibidem, 92.
138 PARDO, Rodrigo, op.cit., 167.
139 PIZARRO LEONGOMEZ, E (a), op.cit., 315. 140 Ibidem, 297.
141 GONZALEZ, F (a), op.cit., 92. “reiteración de las causas estructurales de la violencia y es forzado con acciones de violencia, que justifican como respuesta al incremento del pa-