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Cambios en la paternidad desde el sustento económico

3. Análisis de la paternidad desde el sustento económico

3.5 Cambios en la paternidad desde el sustento económico

Para los padres de la generación 0 (narrados por los padres de la generación 1), en su totalidad rurales, el rol de proveedor económico se manifestó especialmente en la preocupación por la alimentación, considerando que los padres eran buenos padres si cumplían con esta función, creencia que todavía se mantiene en la generación 1. Una de las cosas que los padres de la generación 1 manifiestan en sus narraciones, es una visión naturalizada de la pobreza, que los lleva a considerar la proveeduría como algo obligado. Y aunque en la generación 2 sigue habiendo interés en el aspecto económico, hay un ingrediente adicional y es la preocupación por darles a los hijos lo que no tuvieron ellos. Esa preocupación que tenían los padres de la generación 2, se manifiesta en los padres de la generación 3, en la valoración que hacen de la adquisición de cosas como juguetes.

Que los hijos estudiaran era algo totalmente secundario para los padres de la generación 1, por lo que no era un motivo de preocupación si no se lograba, aunque se comienza a percibir una conciencia más clara en algunos padres sobre la importancia del estudio, tanto que se justifican sacrificios por lograr que sus hijos estudien. Uno de los padres, Francisco, que es el que más insiste en la importancia del estudio, tuvo una influencia de uno de sus jefes para impulsarse hacia esa tarea, percibiéndose acá que el cambio se da por aspectos externos a su contexto familiar. El interés por el bienestar económico de los hijos ha llevado a los padres de la generación 2 a centrarse en el estudio. Para los padres de la generación 3, el estudio, tanto de ellos como de sus hijos, es esencial para poder ser buen padre.

En las primeras generaciones, las familias tenían muchos hijos, los cuales trabajaban y por lo tanto aportaban económicamente a los gastos de la familia, situación propia de los campesinos cundiboyacenses. En las últimas generaciones, en las que predomina la influencia citadina, se observa que las familias ya no quieren tener tantos hijos, prefieren tener pocos, pues estos ya no trabajan, por lo que no aportan económicamente a la familia sino que por el contrario consumen. Aunque se puede apreciar que en la generación 3 se comienza una práctica que en las anteriores no se percibía y es la intencionalidad del hijo de ganar dinero, así como de buscar aliviarles un poco a sus

padres, la carga económica de la familia. Esta última característica se observó en el relato de uno de los padres urbanos.

El poder que se da en la generación 1 está sustentado por la capacidad de proveer, situación manifiesta en la prelación del padre al tomar las decisiones familiares, notándose una superioridad del hombre sobre la mujer y los hijos. Todas estas características dan cuenta del sistema patriarcal que imperaba en las familias de esta generación. Una de las cosas que se comienza a apreciar en los padres de la generación 2 es la participación de la mujer en las decisiones económicas del hogar. Con respecto a la coproveeduría, ya en los padres de la generación 2 se ve como algo necesario y valorado, aunque siguen presentándose rezagos de la estructura patriarcal, en la que es importante que el hombre sea el que más gane. En la generación 2, se observa una complementariedad económica mucho más fuerte con la mujer, ya no es predominio del hombre el manejo del dinero ni su finalidad última, aunque en algunos padres, sobre todo en los que no están permanentemente con su pareja, hablan de mí dinero y de su dinero, manifestando cierta independencia económica. El poder patriarcal que el hombre de las primeras 2 generaciones, adquiría por el simple hecho de ser proveedor para su familia, parece estar siendo desplazado por un poder sobre sí mismo y su futuro, pues tener poder sobre los demás, no es en este momento una posibilidad para el padre urbano, debido a la individualidad en la que se encuentra cada miembro de la familia.

Como se ha visto en las distintas generaciones, el papel de la proveeduría económica en la paternidad ha cambiado, así como ha cambiado el significado de necesidad en las personas. Por eso hay que tener en cuenta lo afirmado por Max-Neef (1998) en cuanto a lo que es necesario, debido a que ―[l]o que está culturalmente determinado no son las necesidades humanas fundamentales, sino los satisfactores de esas necesidades‖ (p. 42), es decir, la forma como se satisfacen las necesidades. Un ejemplo en este aspecto puede ser el significado de lo que era necesario darles a los hijos, pues en las primeras generaciones era solo ―darles su alimentación y darles su ropita‖, además argumentaban esa situación diciendo que ―si uno les da lo que ellos quieren, se pierden‖ como lo expresaba Julio. La siguiente generación se propuso ―ayudarles para su estudio‖, observándose que en todas las familias, el nivel educativo ha sido mayor en las generaciones posteriores. Por último, aparte de las cosas anteriores, los padres de las

últimas generaciones se enfrentan con darles a los hijos lo que ellos quieran, así a veces se vean ―a gatas... porque eso piden‖.

Estos cambios están articulados con el significado de un hijo en el aspecto económico, pues si antes se necesitaba a los hijos como fuerza de trabajo (Beck y Beck-Gernsheim, 2001), entonces solo era necesario darles un sustento económico o como lo expresaría Max-Neef, darles lo necesario en cuanto al Tener, sin centrarse mucho en las otras necesidades (Ser, Hacer y Estar). Luego se ha pasado, siguiendo a Beck y Beck, a ver a los hijos como un gasto o una carga por todo lo que implican, pues habrá que suplirles todas las necesidades (Ser, Tener, Hacer y Estar), aunque no se sepa cómo, que es una de las grandes preocupaciones de estos padres en todos los aspectos.

4. Análisis de la paternidad desde la