5. Análisis de la paternidad desde la afectividad y sus expresiones
5.2 Y uno a no dejarse (Generación 1)
El que no se doblega
La naturalización del castigo físico se refuerza en César (campesino de 85 años), en la medida en que considera que sus hijos lo quieren así él los castigue: ―ahí cualquier
correazo con unas correas… y así los muchachos todos me quieren pa‟qué, el único fregado es el que le digo, el resto…‖. De este hijo con el que dice que ha sido difícil,
afirma que ―es como grosero, orgullosito, dominante… y uno a no dejarse, pero no… ahí
toca así…‖, de tal forma que si el hijo trata de cuestionar el poder del padre, este no se
puede dejar, lo que ocasiona inconvenientes en la relación. Tal parece que en el conflicto existente en esta relación paterno-filial, hay motivaciones profundas y complejas, es decir un núcleo del conflicto en palabras de Jiménez Zuluaga (2003), casos en los que es ―muy probable que el conflicto trascienda porque los efectos perduran o porque llega un nuevo evento conflictivo que profundiza los desencuentros; cuando esto sucede se puede observar que hay un quiebre en la relación‖ (p. 32), como pasa efectivamente entre César y su hijo Diego.
Es más, cuando la persona que me ayudó a contactar a Diego supo que nos habíamos quedado de encontrar en la casa de su papá, se extrañó, y evidentemente la entrevista
no se hizo dentro de la casa sino afuera por petición de Diego. En esta narración se percibe que César, al querer mantener un poder que lo ha identificado, los afectos dentro de su familia tienen que contribuir al sostenimiento de esa identidad. De ahí que Ramírez Goicoechea (2001) afirme que ―[l]as emociones permiten al sujeto dar valor, saliencia y significación (subjetiva e intersubjetiva) a su relación constitutiva con el mundo, implicándolo, engarzándolo a él‖ (p. 190). Con todo esto, se observa que la única forma de evitar conflictos en una comunidad (en este caso en la familia), es vivir inmersos en una vida democrática, entendiendo esta última no como cuestión de poder sino de colaboración (Maturana, 2008).
Al que le tienen compasión
Otra de las manifestaciones de cariño expresadas por los padres se encuentra en las dificultades o en el dolor, debido a que se estrechan los vínculos o se identifican tal como son. Francisco lo dice de esta manera, haciendo alusión al presente, en el que los hijos lo ―han visto muy enfermo, o sea en esta edad que tengo es cuando he notado la ayuda y el
aprecio de ellos, cuando llegan las enfermedades es cuando tiene la ayuda de ellos para llevarlo al médico…‖. En este caso, el padre no está en capacidad de darles mucho a los
hijos, por lo que él interpreta que si ellos están ahí con él, es porque les interesa y lo valoran tal como él es, no por lo que él les está dando. Además, ―el requerimiento emocional de compañía humana, de dar y recibir en relaciones afectivas con otras personas, es una de las condiciones elementales de la existencia humana‖ (Elías, 1990, p. 156), por lo que es apenas lógico que él valore esa actitud de los hijos que le brindan su compañía y afecto, sobre todo cuando los padres se vuelven físicamente dependientes de sus hijos. Este estado de dependencia, aunque no muy agradable para los padres, revela la calidad de los lazos emocionales que se han desarrollado a lo largo de los años de convivencia, en la posibilidad de atención por parte de los hijos (Vargas Flores & Ibáñez Reyes, 2003).
Estar pendiente de las necesidades que tiene el padre es una forma entonces de manifestar el afecto como lo expresa Julio: ―lo que queda muy claro es que hay unas
personas o algunos hijos que le tienen más cariño a uno o ven por uno‖, en el que la
para darse cuenta si sus hijos lo quieren o no, pues el ver por uno hace referencia precisamente a la preocupación por lo que el padre necesite.
De esta forma, los padres consideran que ellos han sido buenos padres, cuando sus hijos les demuestran el afecto por medio de la preocupación por su bienestar como lo narra Pedro, padre de 3 hijos y residente en Tunja: ―yo me doy cuenta que soy
importante para ellos, porque me llaman me buscan, están pendientes de mí, a veces cuando me demoro por ahí me están marcando‖, y eso es preocuparse por el estado
afectivo del padre.
El que cree que es necesario consentirlos
Francisco (con 67 años de edad y conductor de maquinaria) habla de que a los hijos hay que ―darles amor, darles cariño, mimarlos, paladiarlos, consentirlos... es muy necesario
consentir a los niños, elogiarlos en cualquier cosa, como que eso como que les gusta mucho‖, a lo que observa que sus hijos han hecho lo mismo con los propios ―ellos también quieren mucho a sus hijos, mis nietos, ellos son muy decentes educados, obedientes, así como son ellos conmigo, los de ellos salieron iguales‖.
En el caso de Francisco, se puede decir que la reproducción intergeneracional ha sido en forma directa y lineal (Vargas Flores & Ibáñez Reyes, 2003) en cuanto se refiere a la afectividad, debido a que se repiten los estilos de expresión de afectos tras la siguiente generación de una forma inconsciente. Francisco se puede clasificar, según Rebolledo (2007), como un padre neopatriarcal, a diferencia de los demás de esta generación que eran netamente periféricos
Los padres también pueden reforzar u obligar el sentimiento, al sugerirle a los hijos que le demuestren el cariño ahora, pues ya muerto no tiene sentido: ―porque yo les he dicho a
ellos que (…) a mí no me vayan a dar flores ni vayan a llorar cuando me muera, ni nada. A mi abrácenme y denme un beso en vida que yo lo sienta‖ (Pedro).
Estas actitudes afectivas de Pedro para con sus hijos, han hecho que sea muy cercano a ellos, tanto que se genera un apego.
―Es así que no me he sentido capaz de irme de la casa, o de decirles váyanse, fui
tan cercano que todavía…, yo estoy con ellos y trato de hacer lo mejor para ellos, aunque tengo mis debilidades, tengo mis errores, hay cosas que no me gustan de ellos, pero son mis hijos y ahí estoy con ellos, no he sido como el padre que ve sus hijos grandes y ya chao‖.
Es decir, a Pedro se le dificulta ―soltar‖ a sus hijos debido a que le da miedo perderlos, por eso Maturana explica que en la amistad -que en este caso se puede entender también la paternidad-, uno se encuentra con el otro sin apego, cuando no se le exige nada, simplemente quiere disfrutar de su compañía (Maturana, 2008). La consecuencia del apego puede ser una ―enajenación mercantilista‖ que todo lo transforma en bienes materiales, es decir, el apego, ese deseo de posesión ―resulta generador de dependencias y miserias‖ (Maturana, 2008, p. 234), convirtiendo a las personas en bienes y no en seres.
Los hijos de esta generación también hacen referencia a la carencia de demostración de afecto que sintieron. Arturo (campesino de 55 años y uno de los hijos de esta generación), hace una reflexión a partir del trato agresivo con su padre, desembocado por las acciones de este último: ―es que nosotros tratábamos a la vieja muy mal delante
de él, o sea a él… entonces nosotros con palabras lo insultábamos a él y a la vieja‖,
generando un alejamiento afectivo en la relación paterno-filial.