EL DISCIPULADO A TRAVÉS DE LA
CAMINANDO SOBRE LAS AGUAS
Roland Allen (1868-1947), un ministro anglicano y misionero en China, se dio cuenta que la obra de Dios a menudo se veía obstaculizada por no confiar en que el Espíritu Santo puede trabajar a través de la gente común. Comenzó a estudiar la vida del apóstol Pablo y se dio cuenta de que Pablo desarrollaba a los miembros con rapidez y eficacia porque él confiaba en la obra del Espíritu Santo en sus convertidos. Allen escribe: “Pablo tenía tanta fe en que Cristo y el Espíritu Santo moraban en la iglesia que no retrocedía ante los riesgos. Incluso cuando los gálatas cayeron presa del legalismo del judaizante, no vemos que Pablo tratara de cambiar su método de plantación de iglesias”. 47 Pablo, en otras palabras, entendía su potencial de
equivocarse, pero también sabía que la inactividad no era la respuesta. Pablo sabía que al iniciar las iglesias en las casas donde las personas experimentarían el ministerio cara a cara y luego confiar en el Espíritu Santo a través de cada persona era esencial para hacer discípulos que hicieran discípulos.
Si no somos capaces de permitir que el Espíritu Santo estimule a las personas, les hacemos un perjuicio. En realidad, estamos siendo un obstáculo para que la persona sea todo lo que Dios quiere que él o ella sea. Permitirle a las personas a participar activamente en la obra de Dios es arriesgado, y sí, no siempre seremos capaces de controlar lo que ocurre. Pero esta es la esencia misma de la confianza que debemos tener de que el Espíritu Santo obre profundamente dentro de la gente, aunque sea complicado. Roland Allen escribe: “Cuando hablo de la expansión espontánea me refiero a algo que no podemos controlar. Y si no podemos controlarlo, debemos, creo yo, regocijarnos de que no podemos controlarlo. Porque si no podemos controlarlo, es porque es demasiado grande, no porque es demasiado pequeño para nosotros. Las grandes cosas de Dios van más allá de nuestro control”. 48
82 Haciendo Discípulos en la Iglesia del Siglo Veintiuno
El apóstol Juan recordó a cada miembro de la iglesia en la casa sobre la unción del Espíritu Santo. Él dijo: “En cuanto a ustedes, la unción que de él recibieron permanece en ustedes, y no necesitan que nadie les enseñe. Esa unción es auténtica —no es falsa— y les enseña todas las cosas. Permanezcan en él, tal y como él les enseñó”. (1 Juan 2:27). Muchas iglesias dudan en comenzar a trabajar con células porque tienen miedo que los miembros puedan socavar la iglesia o alejar a los discípulos del ministerio. Pero el peligro de estancamiento conlleva riesgos mucho más graves. El riesgo de no liberar a los miembros es la inactividad, la falta de crecimiento, y una iglesia atrofiada. Es lo contrario de hacer discípulos que hacen discípulos. Tomase riesgos es normal y es la forma en que las personas maduran y crecen. Escuchen a Henry Cloud y a John Townsend cuando escriben sobre tomar riesgos en su best- seller, Límites:
El pecado que Dios reprende no estriba en tratar y fallar, sino en fallar en no tratar. Tratar, fallar, y tratar nuevamente, a esto se le llama aprendizaje. Fallar en no tratar no traerá ningún buen resultado, e intentar de nuevo se llama aprendizaje. A falta de probar no tendrá buen resultado; el mal triunfará. Dios expresa su opinión acerca de la pasividad en Hebreos 10:38-39: “Pero mi justo vivirá por la fe. Y si se vuelve atrás, no será de mi agrado”. … Volver atrás es intolerable para Dios, y cuando entendemos cuan destructivo es para el alma, podemos ver por qué Dios no lo tolera. 49
Los miembros de la célula y los líderes crecen hasta llegar a ser como Jesús, al salir y ejercitar su fe. Sin hacer eso, la persona no va a crecer a su máximo potencial. Probar y fallar es la manera de aprender y crecer, y madurar. El temor a equivocarse ha hecho que muchas iglesias asfixien el trabajo de los miembros
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El Discipulado a través del Sacerdocio de Todos los Creyentes
a través de un sinfín de requisitos y niveles de organización. Las iglesias y agencias misioneras han hecho esto durante años.
¿Qué significa esto en la práctica? Significa la movilización de cada miembro de la célula a participar—sin forzar a la gente en contra de su voluntad. Uno de los miembros puede llevar el tiempo de oración, otro dirigir la adoración, otro guiar las dinámicas rompe hielo, mientras que otra persona puede llevar el tiempo de acercamiento. Las mejores células tienen equipos de liderazgo que no dependen siempre de un líder para facilitar la lección. Yo estaba en una iglesia celular que veía a los líderes de célula como supervisores de los que dirigían el tiempo de la lección. En otras palabras, el líder de la célula estaba siempre presente en la célula, pero diferentes miembros se rotaban para dar la lección. El líder de la célula ofrecía retroalimentación y estímulo. Los grupos de células en esta iglesia en particular también rotaban a los anfitriones, para que todo el mundo tuviera la oportunidad de abrir su casa para el grupo. Podía sentir la salud, porque sentí que se estaban formando discípulos a medida que cada persona participaba.
Algunas iglesias celulares también animan a sus líderes a realizar las tareas pastorales en las reuniones más grandes. Los líderes celulares pueden bautizar a los nuevos convertidos, por ejemplo.50 Otras iglesias les piden a los líderes servir la Santa
Cena o rotarse en la predicación del domingo. Los miembros de la célula podrían ayudar sirviendo como ujieres, en los tiempos de acercamiento, o eventos misioneros. La participación hace que surjan discípulos. Sentarse en una silla y escuchar la doctrina es importante, pero no moldea discípulos activos como Jesús lo demanda.