• No se han encontrado resultados

CAPÍTULO NUEVE

In document Obras Completas Del Dr. Bach Julian Barnard (página 104-107)

La verdadera naturaleza de la enfermedad

La verdadera curación y el nombre de la enfermedad física no tienen ninguna relación. La enfermedad del cuerpo, en sí misma, no es otra cosa que el resultado de la desarmonía entre el alma y la mente. Representa sólo un síntoma de la verdadera causa y, dado que la misma causa se manifestará de forma diferente en casi cada uno de nosotros, debemos intentar apartar la causa, y las consecuencias posteriores, cualesquiera éstas sean, desaparecerán automáticamente.

Esto lo podemos entender todavía mejor tomando por ejemplo el suicidio. Los suicidios no ocurren por sí mismos. Algunas personas se arrojan desde una altura, otras toman veneno, pero detrás de todo se esconde la desesperación: si podemos ayudarles a superar su desesperación y encontrar algo o alguien por lo que vivir, se curan de forma permanente; si lo único que hacemos es esconderles el veneno sólo los habremos salvado por algún tiempo, luego volverán a hacer otro intento. El miedo también hace reaccionar a las personas de formas diferentes: algunas se tornan pálidas, otras encarnadas, aquellas otras se vuelven histéricas o enmudecen. Si logramos explicarles que es el miedo, mostrarles que son lo suficiente fuertes

Error Hierba Virtud

Retraimiento Chicory [Achicoria] Amor

Miedo Mimulus [Mímulo] Compasión

Intranquilidad Agrimony [Agrimonia] Paz

Indecisión Scleranthus [Scleranthus] Estabilidad

Indiferencia Clematis [Clemátide] Bondad

Debilidad Centaury [Centaurea] Fortaleza

Duda Gentian [Genciana] Comprensión

Entusiasmo exagerado Vervain [Verbena] Tolerancia

Ignorancia Cerato [Ceratostigma] Sabiduría

Impaciencia Impatiens [Impaciencia] Perdón

Terror Rock Rose [Heliantemo] Valor

105

como para poder superar y enfrentar las cosas, ya nada les asustará más. El niño no volverá a tener miedo de esa sombra en la pared cuando se le dé una vela y se le muestre cómo hacer que las sombras dancen arriba y abajo de la pared. Durante mucho tiempo hemos culpado a los gérmenes, al tiempo y a los alimentos que ingerimos como las causas de la enfermedad; pero muchos de nosotros somos inmunes a las epidemias de gripe; muchos gustan respirar el frío aire invernal, y otros muchos pueden comer queso y tomarse un café por la noche sin malos resultados. Nada en la naturaleza puede dañarnos cuando estamos felices y en armonía, ya que por el contrario la naturaleza está allí para nuestro uso y disfrute. Sólo cuando permitimos que la duda y la depresión, la indecisión o el miedo se arrastre a nuestro interior es que causa una influencia exterior. Así, por tanto, la causa real tras la enfermedad, la de mayor importancia, es el estado mental del paciente, no su condición física. Cualquier enfermedad, incluso las más graves, o las crónicas, se curan restaurando la felicidad al paciente, el deseo de retomar la obra de su vida. Con mucha frecuencia se necesita sólo una ligera alteración de su modo de vida, cualquier idea fija insignificante que le hace intolerante ante los demás, cualquier falso sentimiento de responsabilidad que le esclaviza cuando podría estar haciendo un buen trabajo. Existen siete maravillosos estados en la curación de la enfermedad, que son: PAZ ESPERANZA ALEGRÍA FE CERTEZA SABIDURÍA AMOR CAPÍTULO DIEZ

Para obtener libertad, debemos dar libertad

La meta última de toda la humanidad es la perfección, y para alcanzar este estado el hombre debe aprender a atravesar todas las experiencias sin daño; debe enfrentar todos las interferencias y tentaciones sin ser apartado de su camino: entonces estará libre de todas las dificultades, penurias y sufrimientos de la vida; ha almacenado en su alma el amor perfecto, la sa-

106

biduría, el valor, la tolerancia y la comprensión que es el resultado de saber y ver todo, pues el maestro perfecto es aquel que ha vivido todas las experiencias. Nosotros podemos hacer de este viaje una corta y satisfactoria aventura si advertimos que sólo obtendremos nuestra libertad dando libertad a los demás; somos libres sólo si damos la libertad, pues sólo podemos enseñar a través del ejemplo. Cuando hayamos dado libertad a cada ser humano con quien estemos en contacto, cuando demos libertad a toda criatura, a todo lo que nos rodee, entonces seremos libres; cuando veamos que, ni siquiera por un minuto, intentamos dominar, controlar o influir en la vida de los demás, encontraremos que ese obstáculo ha desaparecido de nuestra vida, porque son aquellos a quienes atamos quienes nos atan. Había una vez un joven que estaba tan aferrado a sus posesiones que no aceptó un regalo Divino. Y nos podemos librar fácilmente de la dominación de los demás, primero dándoles absoluta libertad, y segundo, muy suave, muy amorosamente, rehusando a ser dominados por ellos. Lord Nelson fue muy sabio cuando, en una ocasión, miró a través del telescopio con su ojo ciego. Sin usar la fuerza, ni el resentimiento, ni el odio, ni la prepotencia. Nuestros rivales son nuestros amigos, hacen que el juego tenga sentido, y al final del mismo deberemos darnos las manos. No podemos esperar que los demás hagan lo que nosotros queremos, sus ideas con correctas para ellos, y aunque su camino pueda ir en dirección opuesta al nuestro, la meta final del viaje es la misma para todos. Descubrimos que, cuando queremos someter a los otros a nuestros deseos, solemos someternos a los de ellos. Somos como buques cargueros con rumbo a diferentes países del mundo, algunos van a África, otros a Canadá, algunos a Australia, para luego regresar al mismo puerto. ¿Por qué seguir entonces otro barco hacia Canadá, cuando nuestro destino es Australia? Sería sólo un retraso. Aquí puede suceder otra vez que no advirtamos la tontería que nos tiene sujetos, que las cosas que queremos sujetar son las que nos sujetan: puede ser una casa, un jardín, un mueble; incluso estas cosas tienen derecho a la libertad. Las posesiones terrenales son ante todo transitorias, despiertan la ansiedad y la preocupación porque internamente somos conscientes de su inevitable pérdida final. Están aquí para que las disfrutemos, admiremos y utilicemos en toda su capacidad, pero no para que alcancen una importancia tal que se conviertan en cadenas.

Si damos libertad a todos y a todo lo que nos rodea, encontraremos que somos mucho más ricos en amor y posesiones que nunca anteriormente, pues el amor que da libertad es el gran amor que une todavía más.

107

In document Obras Completas Del Dr. Bach Julian Barnard (página 104-107)