Todo lo que tenemos que hacer es preservar nuestra personalidad, vivir nuestra propia vida, ser el capitán de nuestro propio barco, y así todo saldrá bien
Hay grandes cualidades que todos los hombres perfeccionan gradualmente en sí mismos, posiblemente concentrándose en una o dos por vez. Son aquellas cualidades que han manifestado en sus vidas terrenales todos los Grandes Maestros que, de tiempo en tiempo, vienen al mundo a enseñarnos, a ayudarnos a ver lo fácil y sencillo que es superar todas nuestras dificultades. Estas son esas cualidades:
AMOR COMPASIÓN PAZ CONSTANCIA GENTILEZA FUERZA COMPRENSIÓN TOLERANCIA
SABIDURÍA PERDÓN VALOR ALEGRÍA
Al perfeccionar en nosotros mismos estas cualidades, cada uno de nosotros hace que todo el mundo dé un paso más hacia la inimaginable y gloriosa meta final. Entonces advertimos que no aspiramos a un beneficio egoísta, un mérito personal, sino que cada ser humano, rico o pobre, sea de elevado o bajo nivel social, tiene la misma importancia dentro del Plan Divino, y se le han concedido los mismos y poderosos privilegios para convertirse en el salvador del mundo por el simple conocimiento de que es una criatura perfecta del Creador. Y al igual que existen estas cualidades, estos pasos hacia la perfección, también hay obstáculos o interferencias que tienen como finalidad fortalecemos en nuestra determinación de mantenernos firmes. Las siguientes son las verdaderas causas de la enfermedad:
INHIBICIÓN MIEDO INTRANQUILIDAD INDECISIÓN INDIFERENCIA DEBILIDAD DUDA EXAGERADO ENTUSIASMO IGNORANCIA IMPACIENCIA TERROR AFLICCIÓN
Entonces, si les permitimos su acceso, éstas se reflejarán en el cuerpo, causando lo que denominamos enfermedad. Al no comprender las verdaderas causas, hemos atribuido esta desarmonía a influencias externas, a gérmenes, frío, calor, y les hemos dado el nombre de sus resultados: artritis, cáncer, asma, etc., pensando que la enfermedad comienza en el cuerpo físico.
Existen además definidos grupos de la humanidad, cada uno con su propia función, que es, manifestar en el mundo material la lección particular que ha aprendido. Cada individuo de estos grupos tiene una personalidad propia y definida, un trabajo definido a realizar, y un definido camino individual para llevarlo a cabo. Estas son también las causas de las desar-
monías que, a menos que nos mantengamos fieles a nuestra personalidad y trabajo definidos, pueden actuar sobre el cuerpo bajo la forma de enfermedad. La verdadera salud es felicidad, una felicidad muy fácil de conseguir porque es la felicidad de las cosas pequeñas; hacer las cosas que realmente nos gusta hacer, estar con las personas que realmente nos agradan. No hay tensión, ni esfuerzo, ni disputa por lo inalcanzable, la salud está allí para que la aceptemos cuando lo deseemos. Se trata de averiguar y realizar la labor para la que somos aptos. Hay tantas personas que suprimen sus verdaderos deseos y se convierten en clavijas cuadradas para agujeros redondos: como consecuencia de los deseos de un padre o una madre, un hijo se convierte en abogado, soldado u hombre de negocios, cuando su verdadero deseo era ser carpintero; o quizá el mundo se pierda otra Florence Nightingale por las ambiciones de una madre que desea ver a su hija bien casada. Este sentido del deber es un falso sentimiento, y un mal servicio al mundo: provoca infelicidad y, probablemente, uno desperdiciará gran parte de su vida antes de que el error pueda ser rectificado. Érase una vez un Maestro que dijo: "¿No sabéis que tengo que obedecer la voluntad de Mi Padre?" Lo cual significaba que debía obedecer Su Divinidad y no a Sus padres terrenales. Dejemos que algo en la vida nos atraiga y hagámoslo. Dejemos que ese algo sea una parte de nosotros tan natural como el respirar; tan natural como para la abeja recoger la miel, y al árbol perder sus hojas en otoño y recuperarlas en primavera. Si estudiamos la naturaleza encontraremos que cada criatura, pájaro, árbol y flor desempeña un papel determinado, posee su propio, definido y peculiar trabajo que desempeñar, con el cual ayuda y enriquece a todo el universo. Cada gusano, cumpliendo con trabajo cotidiano, contribuye drenar y purificar de la tierra; la tierra nos suministra el nutrimento de todas las cosas verdes; y, a su tumo, la vegetación sustenta a la humanidad y a toda criatura viviente, enriqueciendo al suelo a su debido tiempo. Sus vidas están llenas de belleza y utilidad, y sus funciones son tan naturales para ellos como lo es su vida. Y en cuanto a nuestra labor, cuando la encontramos, forma parte de nosotros, se hace sin esfuerzo, es fácil y se convierte en una alegría; nunca nos cansamos de ella, es nuestro hobby. Exterioriza nuestra verdadera personalidad, todos los talentos y capacidades que están a la espera de ser manifestados: somos felices y nos sentimos en casa; y sólo cuando somos felices (que es obedecer las órdenes de nuestra alma) es que hacemos mejor nuestra labor. Quizá ya hayamos encontrado nuestro trabajo idóneo,¡qué vida más maravillosa! Algunos saben desde la niñez cuál será su vocación, dedicándose a ella durante toda su vida; otros, aún sabiéndolo desde niños, cambian
de opinión debido a otras propuestas y circunstancias, y son desilusionados por los demás. Sin embargo, podemos recuperar nuestros ideales, e incluso cuando no los podamos reconocer inmediatamente, podemos ponemos en camino para buscarlos, ya que únicamente buscar un objetivo nos proporcionará consuelo, pues nuestras almas son muy pacientes con nosotros. El verdadero deseo, el verdadero motivo, no importan los resultados, es lo que cuenta, el verdadero éxito. De modo que, si usted hubiera preferido ser granjero a abogado; si hubiera preferido ser peluquero a conductor de autobús, o cocinero antes que verdulero, cambie su profesión, sea aquello que siempre quiso ser: sólo entonces se sentirá feliz y se sentirá bien, ya que trabajará con celo, siendo mejor su aportación como granjero, peluquero o cocinero mucho más importante que la que nunca sintió en ese trabajo que nunca sintió como suyo. Por lo tanto, obedezca los dictados de su yo Espiritual.