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CAPÍTULO QUINCE

In document C. Hunter - Ninguna Buena Razón (página 188-200)

Se sentía como un baile, aunque extraño. El palo crujía a través de la hierba, más hierba, la hierba ligeramente más larga, y luego golpeó un objeto sólido, haciendo que Sanne cayera de rodillas. Durante unos tensos segundos, cavó alrededor en la maleza, hasta que encontró un trozo de metal o una caja de plástico que alguien había arrojado a la maleza, y la rutina comenzaría de nuevo. A su izquierda, Nelson maldecía mientras las zarzas se enrededaban alrededor de sus piernas. A su derecha, una línea de detectives y oficiales uniformados, todos haciendo el mismo avance lentamente, extendiendose al ancho del campo contiguo a la reserva. El viento azotaba a través del gran cuerpo de agua, conduciendo fuerte llovizna ante sí y haciendo difícil la conversación. La línea se acercaba a una zona boscosa, y Sanne observó los árboles con aprensión. Encontrar algo significativo en el campo había sido poco probable, pero el bosque era un lugar mucho mejor para ocultar un cuerpo.

Nelson le tocó el brazo, haciéndola saltar y soltar su palo. Usando su pie, lo apalanco para que pudiera agarrarlo.

“Lo siento,” él dijo. “Parece que estamos tomando un descanso antes de dirigirnos allí.” Asintió hacia los pinos meciéndose en el viento.

“Correcto.” Ella escrudriñó alrededor por un lugar seco para sentarse, antes de dejar y estirar la bolsa de plástico que siempre guardaba en el bolsillo de la chaqueta de senderismo.

Nelson se sentó con ella y le ofreció un paquete de papas fritas. “Estás callada hoy. ¿Tarde en la noche?"

“Bastante tarde.” No había dormido bien. Cada vez que había cerrado los ojos, había oído gritar. Había tardado horas para convencerse de que el ruido era solamente la tormenta, chillando alrededor de los aleros. Ella arrugó el paquete a medio terminar y lo metió en su mochila. “Vi a Eleanor antes de salir de la oficina.”

"¿Y?"

“Y le dije que no estaba segura acerca de Ned Moseley.” Se limpió los dedos grasientos en la hierba, saboreando la sensación de los tallos fríos en lugar de mirarlo a los ojos. Ella y Nelson fueron los que habían levantado las sospechas iniciales sobre Ned y habían sido fundamentales en su detención. Ahora sentía

“Hablé con uno de los muchachos de SOCO esta mañana.” Nelson hizo su paquete en una bola apretada, y sus dedos todavía estaban apretados alrededor de ello mientras continuaba. “Le habían escargado la tarea de registrar esa pornografía que encontraron, después de que el primer tipo al que se lo pidieron perdió su desayuno sobre ello. La mayor parte es importada de Europa del Este, y él dice que es la peor que hay. Si Ned se divierte en esa clase de cosas, no se sabe lo que pudo haberle hecho a esas chicas. Está enfermo, San. No te dejes engañar por su pequeño acto de pequeño niño perdido.” Él le ofreció una mano y la ayudó a levantarse.

“Probablemente tienes razón,” dijo. Luego, más tranquila, sus ojos fijos en la línea de árboles, “¿Crees que todavía está viva?”

En su visión periférica, ella vio el leve movimiento de cabeza. “Creo que la mató la noche en que la sacó de esa cueva.”

***

El grito hizo que los vellos se levantaran en la nuca de Sanne. Congelada en su lugar, se esforzó por identificar más lejos los llamamintos en medio del ruido de los árboles que estaban haciendo en el reforzamieno del viento. En las horas que habían transcurrido desde el almuerzo, había rastreado su pedazo de bosque designado, tropezando con las raíces ocultas y gruñendo ante maleza retorcida. La tensión continua le había dado un dolor de cabeza palpitante, pero había encontrado aún menos entre los árboles que en el campo, y ahora la luz estaba empezando a fallar.

La voz de un desconocido crujió en su auricular. “Hemos encontrado una especie de cabaña, y huele asquerosamente rancio. Solicitar EDSOP y SOCO. Cambio.“ Una oleada de detalles seguió, incluyendo las coordenadas.

Sanne oyó a Nelson gritar su nombre. Sus manos húmedas alrededor de la madera, llevó su palo al suelo para marcar su lugar, antes de escoger su camino en su dirección. Cada paso que daba se sentía pesado, como si fuera una prisionera condenada haciendo su recorrido final. Le recordó tomar el largo camino de regreso de la escuela para que su padre pudiera estar en el pub antes de llegar a casa. A menudo se había caído en el pasillo, cansada y helada, pero aún así se sentía victoriosa porque había visto a través de la ventana que la televisión en la habitación de él estaba apagada.

Al darse cuenta tardíamente que Nelson se había quedado atrás para esperarla, se puso a caminar con él. Él no le preguntó si se encontraba bien. Ella sabía que una mirada a su cara habría respondido a esa pregunta.

Por delante de ellos, un grupo de hombres se agolpaba cerca de una choza de madera apenas del tamaño de un cobertizo de jardín. Su acabado rugoso implicaba que había sido construida en el lugar utilizando la madera del bosque, y dos grandes arbustos de acebos le dieron un excelente camuflaje.

“Destinada para no ser encontrada, ¿verdad?,” ella murmuró. El bosque era propiedad privada, y la falta de basura y pistas sugerían que pocas personas entraron sin autorización.

Nelson hizo un gruñido de asentimiento mientras entraba en un sendero entre los helechos. Diez yardas más adelante, el olor la alcanzó, un hedor insidioso, asqueroso de putrefacción que golpeó la parte posterior de la garganta con tal intensidad que sintió como si estuviera masticándolo.

“Jesús,” Nelson dijo, sujetando la manga por la nariz y la boca. Siguió caminando, aunque con más cautela, y Sanne se obligó a seguir, tratando de acostumbrarse a la peste antes de que tuviera que tratar con sus colegas.

“Está cerrada, pero acabamos de hablar con el propietario del terreno,” Scotty Ramsden le dijo, tan pronto como ella y Nelson estuvieron al alcance del oído. En contraste con la naturaleza en ruinas de la choza, el candado asegurando su puerta era nuevo. “Para su conocimiento, los únicos edificios en esta zona de la finca son refugios de pesca y graneros más cerca del lago. Él

nos dio permiso para abrirla. Todo el mundo de acuerdo con eso?” Élhizo que la

pregunta sonara en general, pero miró a sus colegas de EDSOP para su consenso. "De acerdo, entonces. ¿Cómo demonios vamos a entrar?”

En ausencia de arietes y palancas, la fuerza bruta era la única opción. Parada a un lado, Sanne observó a Nelson y Jay Egerton cargar con el hombro contra la puerta. Se estrellaron en ella dos veces antes de que una tabla en el centro se astillara, lo que les permitió quitar la mitad de la madera. Un enjambre de moscas negras se precipitó a través de la brecha, y Jay retrocedió, girándose para vomitar en el arbusto más cercano.

Sin darse tiempo para pensar, Sanne fue hasta estar hombro con hombro con Nelson. Conteniendo la respiración, alumbró su linterna junto a la suya.

“El guardabosque tomó la ley en sus propias manos?” él dijo en voz baja, y ella asintió con la cabeza, demasiado aliviada como para enojarse por la carnicería frente a ella.

Al otro lado de la habitación, un exceso de moscas se arrastraba a través de una gruesa mesa con sangre, tripas, y manchas de la piel. Las pieles de zorro colgaban de clavos en las paredes, y los cadáveres de un gavilán y un azor habían sido arrojados a un rincón. Las trampas y cepos estaban cuidadosamente apilados en la mesa, junto con una caja de madera, que Nelson atrajó hacia él y la abrió para encontrar un juego de cuchillos de carnicero. Cada pulgada de la habitación era visible, y no había ninguna señal de Rachel.

Dejando a Nelson para llamar en el hallazgo y decidir si eran necesarios los forenses, Sanne tropezó lejos de la choza. Una mosca se arrastró por su mejilla. La golpeó con los dedos entumecidos y luego se frotó la piel con el puño. Las náuseas amenazaban con avergonzarla, así que encontró un lugar escondido detrás de una piedra y se dejó caer al suelo, abrazando sus rodillas contra el pecho y esperando que la náusea desapareciera. Poco a poco, su estómago se asentó, pero el olor parecía haber penetrado en sus poros, su pelo, y la tela de su ropa, haciéndola sentir sucia. Se levantó y usó el agua de lluvia acumulada en una concavidad en la roca para limpiarse la cara y las manos. Con los olores de musgo y tierra contrarrestando el de la putrefacción, volvió sobre su ruta anterior, buscando donde había dejado su palo. Justo cuando llegó al lugar, su radio zumbó, la pantalla mostrando el número de Nelson.

“Sólo comprobando.” La voz de él era suave con preocupación. "Estoy bien. Estoy de vuelta en mi zona.“

"Yo también. Si sonrío, podrías ser capaz de verme.“ Ella se rió."Idiota. Terminamos el día pronto?”

“Creo que tendremos que hacerlo. Estás lista para ir a casa?”

“Sí.” Ella se apoyó en su palo y lo utilizó para sostenerse. “Si nunca regreso aquí, será demasiado pronto.”

***

Sanne dejó caer su teléfono en la parte superior del bolso y golpeó la cabeza contra el asiento del conductor.

Según Joan Cotter, Geoff estaba sin trabajar con un virus estomacal, y los trabajos en el taller se estaban acumulando rápidamente, lo que significaba al menos otra semana de conducir con los neumáticos que apenas se agarraban al camino.

Después del día que había tenido, la perspectiva de encontrar otro lugar para tratar con ellos parecía demasiado esfuerzo, sin embargo, así que escribió la fecha sugerida por Joan en su diario.

Como si decidiera empujarla sobre el borde, su teléfono sonó en el instante en que giró la llave en el encendido. Dejando el motor en marcha por el calor, apagó los limpiaparabrisas, y la lluvia oscureció su vista en cuestión de segundos. Aunque el número en su pantalla había sido desconocido, reconoció la voz de pánico en el extremo de la línea.

“Sanne?”

“Hola, Josie. Todo bien?” No hubo respuesta, pero Sanne podía oír a Josie sollozando en frenéticos estallidos. “Josie, escúchame. No puedo ayudarte si no me dices lo que está pasando. ¿Estás sola?”

“Sí, yo no ...” Josie se apagó, exhalando su aliento sobre la línea. “No puedo hablar con mi mamá o Helen sobre esto.”

“Habla conmigo, entonces.”

Una ráfaga de viento sacudió el coche. Sanne miró hacia los árboles balanceándose que rodeaban el pequeño estacionamiento, y estaba a punto de echarse en reversa fuera del peligro cuando Josie comenzó a hablar.

“Vi las noticias. Todo el mundo ha estado tratando de impedir que las vea, y nunca me traen periodicos, pero tengo mi teléfono, y el internet funciona aquí, así que sé que él todavía está en custodia.“ Estaba llorando otra vez. “¿Qué le pasará a Rachel si lo mantienes ahí? Nadie ha pensado en eso? Ella va a morir si no te dice dónde está. Por favor, Sanne, tienes que hacer que te diga dónde está. Por favor no dejes que la deje sola. Oh Dios, ella estará tan asustada.” Era la súplica de un niño, sin esperanza y poco realista, y marcada por el tono agudo de una alarma.

“Mierda,” Sanne susurró, muy consciente de lo que había sucedido la última vez que Josie se había puesto tan angustiada. “Josie? Josie, dime algo, amor.“

No hubo respuesta. A pesar de los repetidos intentos, Sanne no pudo obtener una respuesta. Finalmente, en desesperación, terminó la llamada. Al no conocer el número de la ITU, seleccionó el nombre en la parte superior de su directorio en cambio.

Meg respondió al segundo timbrazo.

***

El rápido golpe de las botas de Sanne resonó en el pasillo casi desierto. Una joven enfermera se giró para mirar fijamente, cuatro cajas de cartón apiladas precariamente entre sus manos y la barbilla. Tratando de no parecer una fugitiva de la sección psiquiátrica, Sanne le dio un gran rodeo y se dirigió hacia las escaleras. Ella golpeó la puerta de la escalera con ambas manos y tomo los escalones de tres a la vez. Su imaginación había estado trabajando horas extras mientras salió a lo largo de Snake Pass, pero encontró a la ITU en su habitual estado de tranquilidad, y la enfermera en el mostrador le agitó la mano sin verificar su identificación.

La habitación tres también estaba tranquila, con todas menos una de sus luces apagadas y el sonido de una respiración profunda y regular diciéndole que Josie estaba dormida. Sentada cerca de la cama, Meg estaba sujetando los dedos de Josie. Ella sonrió mientras Sanne se acercaba.

“¿Está bien?,” Sanne preguntó. El equipo de monitoreo había sido reducido desde su última visita, pero los números en las máquinas restantes eran de un verde tranquilizador.

“Está mejor de lo que estaba cuando llegué aquí,” Meg dijo. “Un anciano acababa de ser detenido, lo que significaba que la mitad del personal estaba saltando arriba y abajo sobre él, y nadie había notado que Josie tenía un colapso. Avisé a Max cuando subía. Él vino y le dio un sedante suave, y estaba tan hecha polvo que la dejo inconsciente en cuestión de minutos. Le dije que venías, pero probablemente no lo recuerde.”

Sanne pasó una mano temblorosa por la cara y se hundió en la silla más cercana. Se inclinó, apoyando su cabeza sobre sus brazos cruzados. Hubo un crujido, seguido de un ruido sordo, y abrió los ojos para ver un cuenco de vómito situado estratégicamente junto a sus pies.

Meg cogió su muñeca y palpó el pulso. “Tienes taquicardia, y te ves como una mierda. Manten la cabeza abajo por un minuto.“

“Ha sido un mal día, y me dio un susto, eso es todo.” A pesar de sus protestas, Sanne se quedó donde estaba. El hecho de que no pudiera ver a Meg o Josie le facilitaba explicarlo. “Estábamos buscando en los bosques alrededor de la reserva de Long Edge, y pensé que la habíamos encontrado. Había una choza y un olor terrible.” Ella se amordazó involuntariamente, aunque nada ocurrió.

Meg le frotó la espalda. "¿Qué era?"

“Guardabosques, capturando depredadores ilegalmente. Pero, Jesús, por unos minutos estaba tan segura de que era Rachel.“

“¿Has hablado con Eleanor?” "Si ella — "

La tos de la cama hizo que Sanne se interrumpiera y levantara la cabeza. En la penumbra, Josie estaba empezando a mirar a su alrededor. Sus labios se movieron, pero todavía no parecía capaz de hablar. Reaccionando primero, Meg dejó caer una pajita en un vaso de agua y la sostuvo para que ella tomara sorbos cautelosos.

“Mierda,” Josie susurró, limpiando un goteo de agua con su mano buena. “¿Tengo otra hemorragía?”

"No. El Dr. Maxwell te dio algo para ayudarte a dormir,“ Meg dijo. “Solamente estuviste inconsciente por una hora más o menos.”

“Eres Meg, ¿verdad? De A&E.” Josie dio forma a las palabras lentamente, obviamente luchando por recordar los detalles. Se relajó un poco cuando notó a Sanne."Hola. Lo siento si te he asustado.“

Sanne desechó la disculpa. “Me alegro de que estés bien. ¿Recuerdas por qué me llamaste?” Ante el asentimiento de Josie, dejó su silla y se sentó en el borde de la cama. “Hablé con mi jefa en camino aquí, y ella decidió no pedirle a la CPS — esa es la Fiscalía General del Estado — por otra extensión sobre la custodia de Ned Moseley.”

“Esto significa que le darán libertad bajo fianza mañana y lo soltarán.” Ella levantó una mano para impedir que Josie interrumpiera. “Te estoy diciendo esto en la más estricta confianza. DI Stanhope hablará contigo mañana, pero me dio la autorización para venir a verte esta noche. Vamos a mantenerlo bajo vigilancia las 24 horas, y la esperanza es que meta la pata y nos lleve a Rachel.”

La palabra clave allí era ‘esperanza’, y era una pequeña esperanza en eso. Todos muy conscientes de que los casos de secuestros anteriores en donde las víctimas habían muerto de hambre después de la detención de sus agresores, sin embargo, los jefes estaban dispuestos a darle una oportunidad de vigilancia. Tres equipos vigilarían a Ned durante todo el día, con Sanne y Nelson supervisando el primer turno de noche. La investigación y las búsquedas continuarían mientras tanto, pero Ned Moseley seguía siendo su único sospechoso.

Josie se había empujado alzandose, sus ojos brillantes y alertas mientras digería la información. Sanne no le advirtió que Eleanor dudaba que Ned saldría de la casa y sospechaba de que, aunque lo hiciera, todo a lo que él les llevaría sería a un cuerpo. Por el bien de la salud de Josie, Sanne quería que pensara positivamente hasta que tuviera una razón definitiva para no hacerlo.

“Sin contarlo, lo prometo.” Josie imitó cerrando la boca. “Oh, bueno, es mejor que le avises a tu jefa que estoy siendo reclasificada a Alta Dependencia por la mañana. Creo que debería haber ido hoy, pero no tenían una cama libre.“

La noticia aligeró el humor de Sanne. "Felicitaciones."

"Sí.No me importa donde me pongan mientras tenga una ventana.” Josie hizo una mueca a las cuatro paredes en blanco rodeándola.

“HDU (Unidad de Alta Dependencia) definitivamente tiene ventanas,” Meg dijo. “Y conozco algunas de las enfermeras de allí, así que podría conseguirte una cama con una vista.”

Era una proposición tan simple, pero hizo que las lágrimas brillaran en los ojos de Josie. “No puedo recordar la última vez que vi el cielo,” dijo.

*** “¿Tu trasero a ido a dormir, o es sólo el mío?”

El coche se balanceó mientras Nelson deslizó el asiento del conductor hacia atrás y se removió hasta que quedó satisfecho con su nueva posición.

“Te daré media hora.” Sanne puso la alarma en su teléfono y lo apoyó en el tablero. “Si puedes mantenerte quieto durante tanto tiempo, ganarás una bolsa de Haribo (Caramelos de goma).”

“Media maldita hora? Eso no es justo, San. Mis piernas son más largas que las tuyas.“

“Media hora, o no hay pequeños huevos gelatinosos para ti.” Ella colocó los dulces junto a su teléfono, se acomodó en su asiento y cruzó las piernas en los tobillos. “Sólo hemos estado aquí por 97 minutos, y tu meneo ya está sacándome de quicio.”

Nelson se tapó la cara con las manos. “97 minutos? ¿Eso es todo?" “¿Cuánto tiempo pensaste que iba? Ni siquiera esta oscuro.“

“Horas. Parece como si hubieran pasado horas.“

“Bueno, no han sido. Toma una siesta o algo así. Yo vigilaré.“

Satisfecha de que se había llegado a un acuerdo, volvió su atención de nuevo a la casa de Ned. Tal como estaba previsto, había sido puesto en libertad bajo fianza a media tarde, y un taxi lo había traído directamente a casa. Él había permanecido en la casa durante dos horas antes de caminar a la tienda de la

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