La mayor parte de los fenómenos que ocurren en las sesiones espiritistas, no son, ni más ni menos, que manifestaciones de los poderes ordinarios y facultades de que en el plano astral disponen los difuntos. En mi obra: Clarividencia, ya expliqué cuáles son estos poderes, y quien se torne el trabajo de leerla advertirá que los sentidos astrales le permiten al difunto leer un libro o una carta cerrada o describirlos objetos puestos dentro de una caja. Médiums de diversas clases me han suministrado repetidas pruebas de la posesión de esta facultad, y el conocimiento adquirido por ella fue dado unas veces mediante comunicación oral y otras directamente por la misma voz del difunto o por escritura en pizarra.
Las facultades astrales entrañan en diversos grados las de prevee el futuro, escudriñar el pasado y psicometrizar los objetos físicos.
Los documentos perdidos. - El siguiente ejemplo51 nos enseña la manera en que suele
realizarse el fenómeno.
“Una casa de comercio de Bolton, en el Lancashire, descubrió que no estaba abonada en cuenta una importante suma satisfecha sin recibo por un cliente.
“El cliente recordaba haber pagado la cantidad, pero no las circunstancias del pago, y temeroso de que se sospechara de su probidad, recurrió a un médium, quien oído el caso cayo en trance y poco después le dijo:
“He visto como ibas a tal parte del Banco y entregabas unos documentos al empleado, que los puso en tal sitio con otros papeles y allí mismo están todavía.
“El cliente fue al Banco y rogó al cajero que mirase bien donde estaba aquella cantidad, que al fin encontraron, y entonces le vino a la memoria al cajero que, azorado por sus ocupaciones, la había puesto en aquel sitio. Un pariente mío leyó este suceso en un periódico de la época y escribió a la casa de banca en cuestión preguntando si era cierto, lo que afirmaron en la contestación. En consecuencia, mi pariente corroboró los hechos el 9 de Noviembre de 1894, en carta que decía: “Vuestro relato es exacto. He tenido hoy respuesta afirmativa de la casa de banca donde sucedió el caso.”
La descripción anterior no prueba de una manera terminante si fue un caso de clarividencia por parte del médium o bien resultado de la facultad astral propia de un difunto; pero como el médium quedó en trance, parece más probable la última suposición. El difunto pudo entresacar de la mente del parroquiano la primera parte del suceso y coger de este modo la trama de la escena para seguirla hasta el fin y dar el solicitado informe.
El testamento perdido. - Hay recuerdos auténticos de otro caso igualmente interesante52 en
que aparece mucho más vigorosa la facultad de leer mentalmente.
“Un amigo mío estaba ansioso por encontrar el testamento de su abuela, fallecida cuarenta años atrás, aunque no aparecía por ninguna parte la fe de defunción. Acompañé a mi amigo a una sesión espiritista y nos sentamos junto a la mesa que empezó a golpear. Hizo entonces mi amigo mentalmente algunas preguntas a que por medio del alfabeto respondió la entidad comunicante, diciendo que había redactado el testamento el notario Guillermo Walter, residente en la calle tal, número tantos, del barrio de Whitechapel. Fuimos allá y encontramos al notario que nos dió copia del testamento. Ninguno de nosotros conocía al notario ni este había vivido siempre en aquel barrio, pues en otro tiempo estuvo en buena posición, ni tampoco sabía el médium una palabra del asunto y aun de saberla de nada le hubiera valido, pues mi amigo hizo mentalmente todas las preguntas.
Lectura clarividente. - La clarividencia se despliega también, aunque no tan vigorosamente,
en las sesiones espiritistas. Luego de acabada la comunicación oral, el médium suele manifestar sus aptitudes leyendo en el aura de varios circunstantes. Si estos son pocos, a todos les dice algo
51 Lee: Vislumbres de lo sobrenatural, II - 146.
de lo que les sucede; pero si son muchos, escoge unos cuantos para la experimentación del fenómeno.
En lo que a mi toca he oído revelar, por este medio intimidades de familia cuya autenticidad no cabía poner en duda; pero en la mayor parte de las sesiones espiritistas las descripciones fueron sumamente vagas y más bien traídas adrede para el caso. La conversación ofrece poco más o menos la siguiente tónica.
“EL MÉDIUM53. - Allí detrás de aquella señora que está en el rincón, hay un caballero anciano
de blanca barba.
UN CRÉDULO Y ENTUSIASTA CIRCUNSTANTE. - ¡Debe de ser mi padre!
MEDIUM. - En efecto, se sonríe y mueve la cabeza con muestras de alegría de que le hayas conocido. Veo como le tiembla de gozo la blanca barba.
CIRCUNSTANTE. - ¡Qué maravilla! Pero mi padre no llevaba barba antes de su muerte. Tal vez le haya crecido desde entonces o acaso sea mi tío Jaime que usaba barba.
MEDIUM. - ¡Ah! Sí. Es tu tío. Ahora vuelve a sonreírse y mover la cabeza. Quiere comunicarte lo muy dichoso que es.
CIRCUNSTANTE. - ¡Esa es buena! ¡Pensar que sea mi pobrecito tío Jaime, que hace más de treinta años, cuando yo todavía era muy niño y el aún joven, pues no pasaba de los veinticinco, se ahogó en el mar!
MEDIUM. - Sí, sí; pero ahora le veo mejor y en verdad que tienes razón, porque no lleva barba, sino camiseta blanca de marinero.
TODOS A CORO. - ¡Qué bien! ¡Qué admirable! ¡Qué hermoso es ver como vuelven!”
He oído más de veinte conversaciones de este tenor que de seguro no robustecen la confianza en el médium que la sostenía. Sin embargo, el mismo dió cierta vea una comunicación sobre asunto que desconocía por completo ni tampoco era capaz de conjeturar.
Prueba singular. - Recuerdo que en una sesión espiritista celebrada en un barrio bajo de
Londres, sometí al médium a una prueba de mi invención. Era el médium una mujer de aspecto basto a quien no había visto yo hasta entonces y me parecía tan entusiasta como inculta. Iba de uno a otro circunstante describiéndoles los espíritus que tras de ellos estaban con sonrientes rostros y flotantes vestiduras, y al llegar a mi alteró algún tanto la descripción diciéndome que tenía detrás “un caballero extranjero, de figura triste, con una cosa blanca en la cabeza” lo cual podía o no ser cierto. Se me ocurrió probar si la médium sería capaz de ver una forma mental, así como de advertir el cambio de todos aquellos venerables espíritus de flotantes vestiduras y blancas cabelleras. Al efecto proyecte con toda energía, las formas mentales de dos muchachos campesinos detrás de la silla que ocupaba el concurrente a quien la médium iba a examinar, y llegado su turno, describió la médium con bastante exactitud mis imaginarios muchachos, diciendo que eran hijos de la señora tras cuya silla aparecían. La aludida negó que lo fuesen, pues sus hijos eran ya hombres, y entonces dijo la médium que eran nietos, lo que también negó la señora, de modo que no hubo explicación satisfactoria del caso. De este incidente deduje dos conclusiones. 1º Que la médium era de por sí clarividente o que en verdad hablaba un difunto por su boca; 2º Que quienquiera que fuese no tenía suficiente descernimiento para distinguir una forma mental materializada en el plano astral de las entidades vivientes en este plano.