Bien saben los estudiantes de Teosofía que el pensamiento toma forma, no solo en su propio plano, sino también en el astral. Si un hombre piensa sostenidamente que está presente en determinado lugar, o con tal que tenga vivo deseo de estar en él, es posible que las formas engendradas respectivamente por el pensamiento o el deseo aparezcan en el lugar en cuestión. Este fenómeno es totalmente distinto de las apariciones del hombre en cuerpo astral, porque en las formas mentales no está presente en modo alguno el hombre verdadero, sino que permanece en su cuerpo físico y ningún dominio tiene ya sobre la forma mental de emitida. Los clarividentes pueden aprender a servirse de estas formas mentales como de centinelas avanzados de su conciencia por medio de vibraciones simpáticas, aunque este resultado no está, ni mucho menos, al alcance de la generalidad de los hombres. En algunos casos las formas mentales son visibles para algunos, quienes suelen confundirlas con el verdadero hombre de que proceden, sobre todo cuando el pensamiento o deseo son lo bastante vigorosos para determinar, por lo menos, uno de los siguientes efectos: 1º Fijar mediante influencias mesméricas la imagen del sujeto pensante en la mente de la persona a quien desea aparecerse. 2º Estimular por el mismo medio las facultades psíquicas de esta persona, de suerte que pueda ver la forma mental. 3º Producir una materialización temporal que resulte normalmente visible en el plano físico. El caso que vamos a relatar pertenece a la tercera categoría.
Resultados de la excitación. - Alejandro Drummond era un maestro pintor de numerosa
clientela y muchos oficiales, que tenía por encargado a su hermano político Gualterio Souter, con la obligación de estar puntualmente todos los días en la tienda a las seis de la mañana para tomar nota de los puntos adonde iban a trabajar los oficiales, el material que se llevaban, etc., en tal tarea le ayudaba la señorita Drummond. Una mañana llegó Souter a la tienda veinte minutos después de la hora con muestras de viva excitación, y en vez de entrar en el despacho donde el señor Drummond y su hija le esperaban, se salió al punto por una puerta lateral con asombro de los oficiales que también estaban allí. Al cabo de otros veinte minutos volvió a entrar tan excitado como antes, diciendo que por haberse dormido más de lo ordinario, sin despertar hasta las seis y veinte y temeroso de llegar tarde, pues era puntual a su obligación, había venido corriendo desde su casa, una milla distante de la tienda. Le preguntó entonces el señor Drummond que adonde había ido al salir por la puerta lateral, pero él se extrañó mucho de la pregunta sin comprender lo que significaba. Aquella misma tarde, después de comer, corroboró la esposa de Souter el relato de su marido, esto es, que se había despertado a las seis y veinte y estaba excitadísimo por ser la primera vez que faltaba a su acostumbrada puntualidad por haberse dormido.
Relata Stead este caso en su obra Verdaderas visiones de fantasmas y afirma habérselo contado un caballero que durante veinticinco años fue Comisario de policía y durante cinco magistrado de la ciudad de Dundee, en donde ocurrió el hecho. Verdaderamente, no hay razón para dudar de su autenticidad, pues hay muchos análogos y su única peculiaridad consiste en haber tenido tan gran número de testigos. La señora Crowe, en su obra Aspecto nocturno de la Naturaleza, cuenta una porción de casos semejantes, de lo que transcribo los siguientes:
1º Desdoblamiento de Triplin. - Cuenta Shilling que un funcionario civil llamado Triplin, fue
cierto día a su despacho para sacar un documento de suma importancia y vió allí su propia imagen sentada a la mesa con el documento delante. Sorprendido, regresó a su casa y le dijo a la criada que fuese al despacho y le trajera unos papeles que encontraría sobre la mesa. La criada vio la misma imagen, pero supuso que su amo había ido a la oficina por distinto camino, llegando antes que ella. Ocurrió que el pensamiento fue más veloz que el cuerpo.
2º El Secretario del juez. - El juez de Frankfurt mandó a su secretario a practicar una
diligencia. Al punto vió el juez que el Secretario volvía a entrar en la sala y tomaba un libro; pero al preguntarle por qué volvía, se desvaneció la imagen y cayó el libro al suelo, que era una obra de Linneo. Cuando al regresar por la tarde el Secretario le preguntó el juez por el resultado de la diligencia, respondió que a poco de salir había encontrado a un amigo con quien se puso a
discutir acaloradamente sobre un punto de botánica y sintió vivos deseos de tener a mano la obra de Linneo referente a la materia.
3º Frecuentes desdoblamientos. - El escritor alemán Eduardo Stern tenía un amigo que se
desdoblaba con frecuencia, y también el padre de este amigo era tan propenso a desdoblarse, que con frecuencia se le veía entrar en su casa mientras aun trabajaba en el campo. Su nuera acostumbraba a decirle: “¿Cómo es que ha venido usted antes a casa, papá?” A lo que el respondía: “Tenía mucha prisa en venir, pero me ha sido imposible.”
La cocinera de las monjas de Ebersdorf andaba recogiendo hierbas por el jardín mientras se la veía en la cocina, necesitada de ellas para condimentar los guisos'.
4º Curioso caso ocurrido en Roma. - La Revista de la Universidad de Dublín relató hace algún
tiempo el caso ocurrido en Roma a un caballero que al retirarse cierta noche a su casa encontró al criado, que con gran alboroto le dijo: “¡Por Dios, señor! Usted ha venido antes a casa.” Añadió el criado que había visto a su amo subir las escaleras, desnudarse y meterse en la cama. Sorprendido el caballero por las declaraciones del criado, se fue con este al dormitorio, y aunque no vieron ropa alguna, notaron en la cama manifiestos indicios de que alguien se había tendido en ella, aparte de que también en el techo se descubría una señal como de haber pasado una corriente eléctrica. Lo único que el caballero recordaba en relación con aquel extraño suceso era que, durante su ausencia, le sobrecogió un acceso de hastío, cayendo en tan profunda abstracción que por buen rato se olvidó de que estaba fuera de casa.
Este último caso es verdaderamente notable por lo sospechoso de exageración con cuanto a que el caballero se quedara en ropas menores, y también por lo referente a la señal eléctrica en el techo. Todo esto son claros ejemplos de formas mentales, puesto que en cada uno de ellos el hombre actuaba en el cuerpo físico, mientras aparecía su imagen a distancia.
Desdoblamiento de un Sacerdote. - Por mi parte experimenté personalmente un caso de
explicación análoga a los referidos. Desempeñaba yo la vicaría de una parroquia rural, cuando a consecuencia de un accidente quedé muy débil para cumplir los oficios de mi cargo el día de precepto, de modo que me fatigaba demasiado el servicio dominical de la vicaría. Sin duda que durante los oficios, aunque bien no lo recuerdo, pensaría vivamente en el momento de descansar apenas concluyesen; pero lo cierto es que al entrar en la sacristía me pasmaba ver mi imagen sentada en el mismo sillón que había allí. La imagen, vestida exactamente como yo, con sotana, sobrepelliz y estola en debido orden, serena y firmemente me miraba. Me ocurrió eso antes de conocer las doctrinas teosóficas, de modo que carecía de la suficiente preparación para explicarme aquel fenómeno, si bien había oído decir que la vista de la propia imagen es augurio de muerte; pero tan fatigado estaba yo de mi trabajo, que no cuidé de reflexionar sobre el caso, y dirigiéndome directamente al sillón me acomodé en el sin ni siquiera excusarme con mi imagen, que había desaparecido cuando me levanté pasados diez minutos. Ninguna consecuencia tuvo aquel suceso, y desde entonces no he vuelto a ver mi imagen. Puedo afirmar en conciencia, que toda mi atención estaba puesta en los oficios religiosos, por lo que, a mi entender, el ardiente anhelo de reposo vibraría en los trasfondos de la mente, y en esta subconsciencia mental me imaginaria yo descansando en el sillón, una vez terminados los oficios religiosos. Es posible, por otra parte, que la debilidad de mi cuerpo físico facilitase la actuación de los sentidos internos y me diese momentáneamente la suficiente clarividencia para percibir una forma mental vigorosa.