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1.3. LA CONDICIÓN FÍSICA.

1.3.4. Capacidad física: funcional y metabólica.

La capacidad de rendimiento físico es una entidad compleja en la que intervienen tres componentes principales: capacidad para generar energía (aeróbica y anaeróbica), función neuromuscular (técnica, coordinación, etc.) y factores psicológicos (motivación, táctica, etc.) (Eriksson, 1972; Astrand, 1960).

Si la actividad física ha estado siempre ligada antropológicamente a la evolución del ser humano, no se pueden restringir los estudios fisiológicos y clínicos sobre los seres humanos a una condición de reposo o basal, pues sólo se puede evaluar la capacidad funcional de un órgano cuando éste es sometido a cargas funcionales. Entonces, se hace necesario no sólo estudiar los efectos de actividades y factores ambientales sobre las distintas funciones de los órganos, sino también investigar la capacidad de los individuos para satisfacer los requerimientos que se les imponen y determinar de qué manera el entre- namiento puede influir en esta capacidad (Astrand, 1986). Para este autor, y en un sentido muy amplio, el desempeño o la aptitud de carácter físico están determinados fundamental- mente por la capacidad de producción de energía del individuo (procesos aeróbicos y anae- róbicos, transporte de oxígeno) al igual que por la función neuromuscular entre otros. El desempeño físico de un individuo es, por tanto, el resultado combinado del esfuerzo y de la integración coordinada de una diversidad de funciones.

En cualquier esfuerzo físico se produce la transformación de una energía química en una energía mecánica más producción de calor, que se manifestará en un trabajo mecánico

externo. Esta transformación en energía mecánica es una capacidad física dependiente de la cantidad y de la calidad de los substratos almacenados en los tejidos así como de los cofac- tores que se precisan para ello. Entre éstos se encuentran el oxígeno, los enzimas, etc. Este potencial energético químico diferencia las cualidades de los individuos. De esta forma, entre los sujetos que tienen genéticamente una mayor cualidad aeróbica, no todos la producen a la misma velocidad (potencia) ni tienen la misma capacidad. Al margen de las cualidades del tejido muscular, esta transformación depende también de factores anatómicos, biomecánicos, ambientales, etc. El entrenamiento como tal, se basa en la potencialización de cada una de las cualidades que intervienen en las diferentes actividades físicas.

Durante mucho tiempo, valorar la dimensión fisiológica del ser humano en movimiento se basó en medir las respuestas y adaptaciones de los sistemas cardiorrespiratorios al esfuerzo físico. Con la biopsia muscular introducida por Bergstrom en 1962, los avances en técnicas histoenzimáticas y bioquímicas (Gollnick y col., 1982) y el empleo del microscopio electrónico se ha facilitado el acceso a un mejor estudio y comprensión de los mecanismos más íntimos del funcionamiento muscular y orgánico.

Para su funcionamiento, el músculo precisa ATP, oxígeno y un sistema de regulaciones nerviosas, hormonales y metabólicas. Para su contracción, se producen además gran cantidad de reacciones de óxido-reducción para transformar la energía química potencial en energía mecánica, y la evaluación de la capacidad fisiológica de la motricidad implica medir directa- mente, o estimar indirectamente, las reservas energéticas disponibles (o potencial bioenergé- tico) y sus posibilidades de movilización, transporte y utilización (metabolismo oxidativo) en el desarrollo del esfuerzo físico (Cazorla, 1982).

Por tanto se define la capacidad física como el conjunto de potencialidades de los dife- rentes factores musculares, bioenergéticos, biomecánicos y fisiológicos que en interacción con el entorno o medio ambiente, determinan la acción motriz (Cazorla, 1982). El desarrollo exce- sivo de una o de muchas de esas potencialidades, con el objeto de obtener un rendimiento deportivo, define la buena capacidad física específica de un deportista.

Según las motivaciones individuales y las exigencias requeridas para la actividad física se puede admitir que no existe un concepto universal de capacidad física, ya que posee muchos significados posibles. Existe una diferente capacidad de adaptación o adaptabilidad que atiende a las interacciones entre el organismo y su medio, y que está sustentada en unas características hereditarias o genéticas.

La velocidad de adaptación tras estímulos eficaces y repetidos de entrenamiento es diferente para diversos sistemas funcionales, y depende de su grado previo de forma física.

En este marco, el sistema muscular es un ejemplo de una capacidad rápida de adaptación, mientras que el VO2máx es un sistema de adaptación específica al entrenamiento físico, manifestada por cambios específicos en los grupos musculares más afectados por la acti- vidad física concreta y una adaptación general, común para todas las disciplinas de resis- tencia aeróbica de base en todos los sistemas funcionales participantes en ella.

Para Hollman y Hettinger (1980), los límites en la capacidad de adaptación del orga- nismo humano sometidos a un entrenamiento deportivo de alto rendimiento físico dependen del tipo de cualidad física a mejorar; para adultos no entrenados puede ser de hasta un 40% en el VO2máx (índice que traduce el nivel de resistencia aeróbica dinámica general) y de

hasta un 100% respecto del metabolismo oxidativo muscular (índice de resistencia aeróbica dinámica local), siendo ésta la capacidad física humana que más se puede mejorar. Clásicamente la capacidad de resistencia aeróbica se ha valorado a partir de la determina- ción del VO2máx y últimamente a través de la identificación del VO2, de la frecuencia cardíaca o de la intensidad del esfuerzo correspondiente al denominado umbral anaeróbico.