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Modo de vida del soldado y condiciones ambientales que implican la dificultad del combate y las maniobras militares.

1.6. LACONDICIÓN FÍSICA EN EL ÁMBITO MILITAR.

1.6.11. Modo de vida del soldado y condiciones ambientales que implican la dificultad del combate y las maniobras militares.

Las diferentes unidades de tierra necesitan adaptarse al terreno para el desarrollo de sus misiones. En el caso de las unidades militares de montaña el entrenamiento y las condi- ciones de vida deben de realizarlas en altitud. Por ello, Perry y col. (1992), estudiaron el entrenamiento físico del personal militar estacionado en una altitud intermedia (elevación de 5280 pies) durante al menos un período de 1 año. De esta forma, fueron revisados para evaluar el efecto de la altitud sobre el rendimiento físico en una carrera a pie de 2 millas. Se comprobó que era necesario una media de 48 segundos (5%) más de tiempo para completar el recorrido comparando los tiempos de los mismos sujetos cuando realizaban la carrera a nivel del mar. El tiempo de carrera disminuía gradualmente durante los primeros 9 meses y posteriormente se estabilizaba hasta el resultado final. Estos datos indican que la aclimata- ción ocurre después de varios meses. Incluso con aclimatación, la pérdida de rendimiento se asocia con la residencia y el entrenamiento en altitud intermedia.

El efecto sobre el rendimiento físico en las operaciones militares realizadas en un terreno de altitud moderada, fue estudiado por Hackney y col. (1992). El propósito de ese estudio, fue examinar los cambios en el rendimiento físico durante el desarrollo de manio- bras militares ejecutadas por marines del ejército de los Estados Unidos en un terreno de operaciones a una altitud moderada. Los 16 sujetos estudiados, completaron un test de potencia anaeróbica de Wingate, un test submáximo aeróbico en cicloergómetro, un test de fuerza manual y un test de salto ejecutados tres veces separadamente. Los test se realizaron a nivel del mar, en altitud después de 10 días del período de aclimatación (inmediatamente antes de realizar las operaciones de campo) y finalmente en altitud después de 4 días y medio sobre el campo de maniobras. La potencia anaeróbica se redujo significativamente, después de realizar las operaciones de campo en altura. Por el contrario, el gasto aeróbico debido al ejercicio submáximo se elevaba ligeramente después de los ejercicios de campo en altura. No había modificaciones significativas en el test de fuerza manual ni en el de salto. Los resultados de este estudio indican que las operaciones militares realizadas a altitud moderada, presentan variaciones ligeras, pero significativas, con un descenso en cuanto al rendimiento aeróbico y anaeróbico en la armada de los Estados Unidos.

Otra de las particularidades que presenta la actividad militar es que suele desarro- llarse a la intemperie bajo condiciones climáticas muy variables, a veces con variaciones extremas de frío y de calor. Las variaciones en el gasto energético en soldados durante el desarrollo de actividades militares bajo condiciones climáticas de calor y frío fueron estu- diadas por Burstein y col. en 1996. El estudio evaluó el estado energético de los soldados expuestos a actividades físicas intensas en ambiente frío y caliente. Treinta sujetos partici- paron en un estudio de 2 fases, una fase invierno, grupo A (n=18), y un grupo B (n=12) en la fase de verano. El gasto energético fue medido por el método de doble pesada acuática y la ingesta energética fue evaluada a partir del análisis detallado computarizado de todos los alimentos. El balance energético fue calculado estimando la diferencia entre la ingesta y el gasto de cada sujeto. El gasto energético estudiado en los grupos A y B en invierno y verano demuestra que viene primariamente determinado por el nivel de actividad física más que por las condiciones climáticas.

Recientemente Scott y col. (2000), han descrito un caso de un recluta de 20 años de edad que sufrió una crisis tónico clónica después de 9 horas de ejercicio moderado en ambiente húmedo y caluroso. El recluta había bebido al menos 5.8 litros de agua antes de la crisis y los estudios de laboratorio revelaron que la concentración de sodio en suero era de 113 mmol/L. El consumo excesivo de fluidos durante el ejercicio, puede precipitar una hipo- natremia aguda, condición que potencialmente supone un riesgo de muerte. La inmediata corrección del nivel sérico de sodio en el caso de hiponatremia relacionada con el ejercicio militar intenso es importante para reducir el riesgo de secuelas neurológicas permanentes o de muerte. Las recomendaciones para la prevención incluyen, la ingesta de una cantidad correcta de líquidos en relación a la actividad realizada y un consumo de sales a través de la dieta o de bebidas con electrolitos.

Hay que considerar la importancia de la ausencia de horas de sueño durante los ejer- cicios militares de mantenimiento y las operaciones de desgaste. El rendimiento de los soldados en este tipo de situaciones fue estudiado por Haslam en 1984. Dos ejercicios tácticos de defensa fueron evaluados. En el primero se estudió y comparó el rendimiento físico de tres secciones de infantería con un horario de sueño de 0, 1.5 y 3 horas de sueño al día. El segundo, determinó si los soldados tenían posibilidad de mantener su efectividad militar durante un período de pérdida de horas de sueño seguido de un período con ausencia total de horas para dormir. El rendimiento, la forma física y el humor eran evaluados durante todo el tiempo que duraron los dos ejercicios. Los resultados indicaron que los efectos de la pérdida de sueño son psicológicos más que fisiológicos. Los soldados estudiados tienen más posibilidad de ser militarmente ineficaces después de 48-72 horas sin dormir.

Finestone y col. (1992) estudiaron la dureza de las condiciones del terreno y la difi- cultad que supone la adaptación al vestuario y al calzado militar utilizados en el medio

militar. Los autores completaron un estudio prospectivo sobre el efecto producido por un calzado de instrucción adecuado y los ejercicios de entrenamiento militar con el mismo, sobre la incidencia de lesiones por sobreuso entre los reclutas de infantería. Se encontró, que tres anchos de calzado por cada longitud en el tamaño de la bota, eran necesarios para acomodar adecuadamente la anatomía del pie de la población de reclutas. La ausencia de anchos de calzado disponibles, eran compensados con botas de mayor longitud. Sin embargo esta compensación no dio resultado, produciendo un incremento de lesiones por sobreuso. Además, los reclutas que entrenaban con botas de baloncesto tenían una inci- dencia menor de lesiones por hipersolicitación, que los reclutas que entrenaban con botas de infantería, pero en conjunto la incidencia de lesiones por sobreuso era la misma en ambos grupos.

La relación entre el entrenamiento militar intenso y las modificaciones en la arqui- tectura del pie, después de un período prolongado realizando tareas propias de la vida militar fueron estudiados por Jiménez y col. en 1991. El propósito de este estudio, era examinar las alteraciones aparecidas en la arquitectura del pie y producidas por el uso prolongado del calzado militar a través de una técnica sencilla como era el fotopodograma. La más clara conclusión obtenida fue, que se provocaba una disminución estadísticamente significativa del eje medio del pie, asociada a un descenso del número de pies cavos y a un aumento del número de pies normales. El aplanamiento del pie, estaba provocado por el uso de calzado militar (bota de instrucción), ya que la actividad física durante el período de estudio quedaba limitada al desarrollo de funciones y tareas propias de la vida militar, pero sin llevar a cabo un entrenamiento militar intenso.

La dureza de los programas de entrenamiento en la población militar implica un mayor riesgo de aparición de fracturas de estrés. El uso de medidas de evaluación de la acti- vidad física para predecir las fracturas de estrés en jóvenes varones sometidos a un riguroso programa de entrenamiento físico fue estudiado por Shaffer y col. en 1999. Entre una pobla- ción de reclutas del cuerpo de marina de los Estados Unidos, elegidos aleatoriamente, los autores desarrollaron un método de investigación para identificar aquellos individuos con alto riesgo de padecer fracturas de estrés cuando comenzaban un programa de entrena- miento físico intenso. Ellos demostraron que el riesgo de fractura de estrés durante el entre- namiento físico intenso está incrementado en aquellos soldados que presentan una deficiente condición física y unos bajos niveles de actividad física previamente a su entrada en el programa.

El modo de vida y a menudo las condiciones de trabajo extremas a las que se someten los soldados, obliga a que los exámenes de acceso de los civiles aspirantes a los centros militares sean muy exigentes. Por ello, Dignan en 1992, revisó los exámenes

médicos de 3886 civiles candidatos al ejército durante el período de 1980 a 1990. El ocho por ciento de los candidatos, fueron eliminados durante este examen. Las causas de elimi- nación más comunes fueron, los problemas de espalda y de rodilla, la mayoría asociados con traumatismo. Las siguientes causas en orden de frecuencia fueron la pérdida de audición, seguida muy de cerca por la miopía. Sólo la pérdida de audición y la miopía tenían más prevalencia que la espondilolistesis. Se considera fundamental, por lo tanto la investigación radiográfica rutinaria de todos los candidatos para descartar la espondilolistesis y la espon- dilolisis. No obstante, la incidencia de problemas médicos era baja. En la evaluación de la forma física del individuo para el acceso, tienen que considerarse los efectos del entrena- miento militar y el servicio en campaña sobre su capacidad funcional.