SUSANA M ARTINEZ- CONDE Y STEPHEN L . M ACKNIK
Hay cosas en el empapelado de las paredes que nadie conoce, salvo yo, y que nadie nunca sabrá. Tras ese diseño externo, las tenues formas se vuelven más claras cada día. Es siempre la misma forma, solo que muy repetida. Y es como una mujer, que encorvada, se desliza sigilosa por detrás del dibujo.
—Charlotte Perkins Gilman, «The yellow wallpaper», 1892
Susana Martinez-Conde y Stephen L. Macknik investigan
en el Instituto Neurológico Barrow, en Phoenix. Macknik dirige el laboratorio de neurofisiología conductal. Marti- nez-Conde, el de neurociencia visual.
M A RK D . P H IL LIP S / M A RK D PH IL LIP S. C O M C O RT ESÍ A D E L A N A SA SATÁN AHUMADO
El 11 de septiembre de 2001, Mark D. Phillips, reportero gráfi- co, captó el World Trade Center envuelto en humo y llamas a los pocos segundos del ataque del segundo avión que colisionó contra las torres gemelas. Aunque Phillips lo desco- nociera en esos momento, su fotografía, que había distribui- do la agencia Associated Press y que publicaban en primera plana varios periódicos, contenía el rostro, nada menos, que del Príncipe de las Tinieblas. Se produjo un frenesí mediático. Phillips se retiró del fotoperiodismo aquel mismo día, pero recibió más de 30.000 mensajes relacionados con «la faz del mal» inscrita en la lóbrega nube y los sentimientos que pro- vocó en quienes la vieron.
Un año después, los informáticos Vladik Kreinovich y Dima Iourinski, de la Universidad de Texas en El Paso, publicaron un análisis geométrico del rostro de la fotografía; este apare- cía, asimismo, en una imagen difundida por la CNN. El aná- lisis de los informáticos demostraba que las perturbaciones del humo podían consistir en líneas horizontales (los «ojos» y la «boca») y en otras verticales (la «nariz») superpuestas a una superficie cónica (la «cabeza»). Concluyeron que tanto la estructura (el cono) como los rasgos del fondo (líneas hori- zontales y verticales) podían explicarse a través de los fenó- menos físicos y la geométricos que se dan en los penachos de humo que emanan del fuego.
EL ROSTRO DEL ESPACIO
En 1976, mientras el Viking I de la NASA circunvalaba Marte en busca de posibles puntos de amartizaje para su nave gemela Viking 2, localizó una estructura que se asemejaba a un rostro humano (¿o quizás a un marciano?) de un kilómetro y medio de ancho (flecha). La cara le de- volvía la mirada desde la región de Cidonia del planeta rojo. Los científicos consideraban que la esfinge marciana era una de las numerosas «mesas» repartidas por Cidonia, y que las sombras formaban lo que parecía una cabeza humanoide. Los teóricos de la conspiración concibie- ron una explicación bien distinta: tratábase de una «tapadera» del Gobierno. Criticaron las tentativas infructuosas de la NASA para ocultar los restos de una antigua civilización marciana. Dieciocho años más tarde, la NASA estimó prioritario obtener imágenes de alta resolución de Cidonia. «Teníamos la impresión de que los contribuyentes lo consideraban importante», explica Jim Garvin, científico-jefe de la NASA para el programa de exploración de Marte. «Fotografiamos la faz en cuanto pudimos hacerle una buena toma.» En abril de 1998, el equipo del Mars Orbiter Camera presentó una instantánea diez veces más nítida que las primera del Viking. La imagen reveló que el desconcertante rostro marciano no era más que una altiplanicie.
ILUSIONES
LA TOSTADA SAGRADA
Una región cerebral, el giro fusiforme, es responsable de nuestras asombrosas facul- tades para detectar rostros. Las neuronas de esta área se hallan tan exquisitamente afinadas para captar caras en el ambiente, que a menudo señalan «falsos positivos» cuando reciben datos difusos o dispersos. De esta manera, otorgamos rostros a las nubes, también al diseño del empapelado, incluso al morro de algunos coches y a cier- tos alimentos. Diane Duyse, de Florida, aca- baba de darle un mordisco a un empareda- do de queso recién tostado cuando observó una imagen pirograbada en el pan. «Vi que la dama me devolvía la mirada.» Diez años después, el emparedado, que fue anunciado en su día como una posible plasmación de la Virgen, se vendió a través del sitio de subastas en línea eBay por 28.000 dólares. La pareidolia puede resultar lucrativa.
DIOS SALVE A LA REINA
En 1954, la efigie de la joven monarca Isa- bel II decoraba unos billetes de curso legal que se emitieron en Canadá. Hasta ahí, todo normal. Sin embargo, el aire majestuoso y sereno que exhibía el retrato de la monarca escondía un rostro demoniaco arrebujado en los rizos de su melena, tras la oreja derecha (en rojo). Fue un real día a contrapelo. Los ciudadanos canadienses se quedaron com- prensiblemente horrorizados del resultado, hasta el punto de que los billetes corrían de mano en mano bajo el sobrenombre de «la cabeza del diablo» o «la faz del diablo». En 1956, el Banco de Canadá ordenó que las fábricas de moneda oscurecieran ciertos reflejos del cabello de la reina. Esa maniobra resultó un exorcismo eficaz para expulsar de la divisa canadiense al rey de los infiernos.
SALVADOR DALÍ, FUNDACIÓ GALA-SALVADOR DALÍ, SOCIEDAD DE LOS DERECHOS DE LOS ARTISTAS (ARS), NUEVA YORK 2012
G O RD C A RT ER / C O LE C C C IÓ N N A C IO N A L D EL M U SE O C U RR EN C Y, M U SE O C U RR EN C Y, B A N C O D E C A N A D Á TH E M IA M I H ER A LD , 2 0 0 4
OJOS DE TIGRE
A Péricles Maranhão-Filho y Maurice B. Vincent, neurólogos de la Universidad Federal de Río de Janeiro, les gusta recurrir a ilusiones de detección facial como auxiliar heurístico para el diagnóstico de trastornos neurológicos. Un ejemplo es la neurodegeneración asociada a la pantotenato-quinasa (NAPK). La causa principal de la NAPK reside en las mutaciones que presentan los genes responsables de la síntesis de la coenzima A. Este trastorno se manifiesta por lo común durante la infancia, y al cabo de unos quince años casi todos los afectados pierden la capacidad de andar. En estos casos, el cerebro muestra una reducida activi- dad en el globo pálido (estructura que participa en el control de los movimientos) a causa de la acumulación de hierro, además de un área central más oscura a con secuencia de la necrosis. La neuroimagen caracte- rística del trastorno se antoja felina, de ahí la denomi- nación de «signo del ojo de tigre».
EN LA CIENCIA Y EL ARTE
Las técnicas de formación de imágenes médicas abren terreno virgen y fértil para la pareidolia. Los urólogos G. Gre- gory Roberts y Naji J. Touma, de la Uni- versidad Queen’s de Ontario, quedaron atónitos al descubrir una cara contorsio- nada en las ecografías escrotales (izquier- da) de un paciente de 45 años que sufría dolor testicular agudo. Los médicos flir- tearon con la idea de que la imagen era una manifestación de Min, dios egipcio de la virilidad. Al final concluyeron que los rasgos faciales del tumor benigno se debían a la casualidad.
La capacidad del cerebro para estable- cer vínculos infundados entre elementos sin auténtica relación constituye una pieza fundamental del método crítico- paranoico, técnica pictórica inventada por el pintor surrealista Salvador Dalí. En su cuadro Mercado de esclavos con el busto invisible de Voltaire, diversos rasgos del retrato del filósofo y escritor francés están formados por los cuerpos de per- sonajes de la escena (debajo).
En fecha reciente, Ming Meng, neu- rocientífico del Colegio Darmouth, y sus colegas exploraron, mediante técnicas de neuroimagen, el cerebro de probandos que miraban bien rostros reales o bien objetos que se asemejaban a caras. Halla- ron que el giro fusiforme izquierdo de los sujetos se activaba ante unos y otros. En cambio, la parte diestra del giro fusiforme se excitaba más ante los rostros auténti- cos que ante las meras semejanzas.
Para saber más
Was there Satan’s face in the World Trade Center fire? A geometric analysis. V. Krei- novich y D. Iourinski en Geo
combinatorics, vol. 12, n.o2,
págs. 69-75, 2003.
Neuropareidolia: Diganostic clues apropos of visual illu- sions. P. Maranhão-Filho y M. B. Vincent en Arquivos
de NeuroPsiquiatria, vol. 67,
n.o4, págs. 1117-1123, diciembre
de 2009.
The face of testicular pain: A surprising ultrasound fin- ding. G. Gregory Roberts y Naji J. Touma en Urology, vol. 78, n.o3, pág. 565, sep-
tiembre de 2011.
Satan in the smoke? A photo- journalist’s 9/11 story. Mark D. Phillips. South Brooklyn Internet, 2011.
Lateralization of face pro- cessing in the human brain. Ming Meng, Tharian Cherian, Gaurav Singal y Pawan Sinha en Proceedings of the Royal
Society B. Publicado en Inter-
net el 4 de enero de 2012.
En nuestro archivo
Por la cara. Susana Martinez- Conde y Stephen L. Macknik en MyC n.o 56, 2012.
La superstición en la mente. Susana Martinez-Conde y Stephen L. Macknik en MyC n.o 64, 2014. D E « TH E E YE -O F- TH E- TI G ER SI G N ». R . P A U L GU IL LE R M A N E N RA D IO LO G Y, V O L. 2 17 , D IC IE M B RE D E 2 0 0 0 A N D Y G EH RI G / I ST O C K PH OT O
DE «THE FACE OF TESTICULAR PAIN: A SURPRISING ULTRASOUND FINDING». G. GREGORY ROBERTS Y NAJI J. TOUMA EN UROLOGY, VOL. 78, No. 3, SEPTIEMBRE DE 2011. REIMPRESO CON PERMISO DE ELSEVIER
RETROSPECTIVA
S
tanley Milgram emprendió en 1961 un pro grama de investigación que habría de cam biar la psicología para siempre. Espoleado por el deseo de comprender cómo ciudadanos ale manes normales y corrientes pudieron participar en los horrores del Holocausto, decidió investigar cuándo y por qué se obedece a la autoridad. A tal fin, concibió y desarrolló un paradigma experi mental ingenioso, a través del cual desveló el gra do en que individuos normales están dispuestos a infligir dolor a sus semejantes.Sus estudios demostraron que no se requiere una personalidad perturbada para causar daño a otros: personas sanas y bien adaptadas se mostra ban prestos a administrarle descargas eléctricas letales a un congénere cuando así se lo indicaba una figura con autoridad. Los hallazgos de Mil gram provocaron una convulsión en el ámbito de la psicología; también horrorizaron al público general. Asimismo, su trabajo dejó abiertas cues tiones apremiantes sobre la naturaleza del con formismo. Los psicólogos, movidos por dilemas éticos, se han esforzado durante decenios para diseñar experimentos igual de reveladores pero que no inflijan angustia ni remordimiento en los participantes.