torno por déficit de atención e hiperactivi dad, pero que consumen fármacos sin rece ta con el fin de mejorar en las actividades académicas, el impacto intelectual de los estimulantes resulta mediocre. Psicólogos de la Universidad de Pensilvania constata ron en 2012 en un estudio que analizaba los efectos de la anfetamina Adderall en personas sin TDAH que los probandos no presentaban ninguna mejora, según se desprendía de las numerosas mediciones cognitivas que llevaron a cabo. Tampoco se daba ese efecto en las personas que to maban la medicación y opinaban que su rendimiento había incrementado.
Algunos expertos indican que el aumen to de la concentración aporta beneficios, pero muchos niños con TDAH necesitan ayuda en otras áreas para tener éxito en la escuela. «Existen diferentes factores», afirma Joshua Langberg, de la Universidad de Virginia Commonwealth en Richmond. «Uno de ellos es, por supuesto, la conducta y la capacidad de concentración, aspectos en los que la medicación contribuye, pero a ello se suman unas habilidades básicas en matemáticas y lectura, el cociente de inteligencia y la capacidad para planificar y utilizar bien su tiempo. No está claro por qué esperamos que la medicación actúe en todos estos ámbitos.»
Con todo, algunos investigadores pien san que la falta de pruebas sobre los be neficios académicos a largo plazo se debe a un mal diseño del estudio. Peter Jensen, uno de los principales autores del MTA, cree que si se hubiera mantenido a los ni ños en el protocolo de la investigación, los avances en su rendimiento habrían perdu rado. Ensayos aleatorios controlados más prolongados serían un desafío desde el punto de vista técnico y ético, pero ponen
AVANCES
al descubierto otro problema: la diferencia entre el cuidado óptimo durante el ensayo y el que reciben la mayoría de los niños en su rutina diaria.
Tras 14 meses (período del ensayo alea torio), los participantes del estudio MTA comenzaron a recibir lo que Jensen de nomina «tratamiento en la comunidad» y describe como de escasa calidad. Según señala, pocos médicos supervisan de ma nera adecuada a los niños, lo que les impi de conocer la dosis óptima que requieren o identificar y tratar alteraciones concomi tantes, como en el caso de la depresión y la ansiedad, que afectan al 70 por ciento de los pacientes con TDAH. «Tan solo uno de cada cuatro niños consigue algo parecido a lo que llamaríamos un buen tratamiento», subraya Jensen.
Cuando el grupo de autores del MTA examinó los datos de seguimiento de los pacientes, advirtió que numerosos elemen tos fuera del ámbito clínico desempeña ban una función destacada en la mejora de larga duración. Al parecer, no dependía tanto del tipo de tratamiento como del conjunto de factores presentes al comien zo de la terapia para el buen resultado de la misma. Así, los niños con más ventajas personales y sociales (mayor inteligencia, mejores habilidades sociales, estructuras familiares sólidas, educación superior de los padres, menores problemas de con ducta o situación socioeconómica más elevada) obtenían beneficios antes y los
conservaban durante más tiempo sin im portar el tratamiento que habían recibido. En cambio, los niños en una situación más desfavorecida, por lo general, progresaban con mayor lentitud y sufrían una regresión cuando se finalizaba la intervención tera péutica. Tanto la medicación como la tera pia conductual les resultaban beneficiosas. «Los niños con más problemas necesitan esta combinación», explica Jensen.
Futuras investigaciones podrían averi guar si la medicación proporciona mejoras sutiles que no se reflejan en los resultados de las pruebas ni en las calificaciones. Nu merosos investigadores opinan que una temporada recibiendo medicación, cuan do es necesaria, puede originar una espiral creciente de autoestima, lo que supondría una diferencia crucial en la vida del niño; no obstante, no existen datos consistentes que sostengan tal teoría. «Puede ser que el tratamiento no suponga unas mejores calificaciones a largo plazo, pero lo que me gustaría ver es si estos niños se encuentran más integrados», apunta Jensen.
Algunos expertos piensan que poner el foco de atención en los logros académicos constituye un error. Según ellos, el objetivo de los fármacos no debe centrarse en me jorar las calificaciones de los niños o en su probabilidad de ser admitidos en las uni versidades más prestigiosas. «Los fárma cos se dan por sus efectos a corto plazo», afirma Swanson. «No hay que esperar que la medicación consiga deshacerse de cada
dificultad que tenga el niño. Sin embargo, si el problema en ese momento reside en que no supera segundo de primaria o no tiene ningún amigo en tercero, debemos actuar ahora para solucionarlo.»
Algunos padres parecen entenderlo. La madre de Ben asegura que las esperanzas que ha puesto en la medicación son mo destas. Quiere que su hijo permanezca en el centro hasta sexto de primaria mientras busca un colegio de enseñanza secundaria que le pueda proporcionar la estructura que necesita. «Mi objetivo ahora no es conseguir que entre en una buena uni versidad», aclara, «sino mantenerlo en el colegio».
Otros padres pueden depositar en estos fármacos esperanzas poco realistas al ver que su consumo ha aumentado a escala mundial. «La competencia en la actual eco nomía global se refleja en el fuerte incre mento de la utilización de fármacos para el TDAH, sobre todo en Estados Unidos», señala Richard Scheffer, de la Universidad de California, en Berkeley. Para Currie, la cuestión se reduce a la transparencia. «Los padres se preocupan por lo que sus hijos hacen en el colegio», explica, «es engañoso decirles que esa medicación ayudará a sus niños a triunfar, cuando no existen prue bas de que ello vaya a suceder».
Para saber más
A 14month randomized clinical trial of treatment strategies for attention deficit/ hyperactivity disorder. Grupo cooperativo MTA en JAMA Psychiatry, vol. 56, n.o12, págs. 1073-
1086, 1999.
Does long term medication use improve the academic outcomes of youth with attention deficit/ hyperactivity disorder? J. M. Langberg y S. P. Becker en Clinical Child and Family Psy
chology Review, vol. 15, n.o3, págs 215-233, 2012.
Objective and subjective cognitive enhancing effects of mixed amphetamine salts in healthy people. I. Iilieva, J. Boland y M. J. Farah en Neu
ropharmacology, vol. 64, págs. 496-505, 2013.
Katherine Sharpe
Periodista científica
Artículo original publicado en Nature,
vol. 506, págs. 146-148, 2014. Traducido con el permiso de Macmillan Publishers Ltd. © 2014
RECETAS POPULARES
En Estados Unidos se prescriben muchos más fármacos para el TDAH que en todo el resto del mundo, aunque algu- nos países empiezan a reducir esta brecha.
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l cerebro humano desarrolla cons tantemente hipótesis sobre el fu turo próximo, con el propósito de predecir qué ocurrirá en su entorno. Para ello, utiliza la experiencia previa, elabora conjeturas, las pone a prueba y, finalmen te, las rechaza o acepta según haya consta tado los sucesos previstos. El denominado método hipotéticodeductivo no es más que una extensión del funcionamiento de nuestro cerebro.De esta manera, nos comportamos in conscientemente como investigadores desde que nos levantamos de la cama. A primera hora de la mañana ya buscamos corroborar la hipótesis de que si pulsa mos el botón del despertador se apagará la alarma.