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El carácter de Dios: la base de la ética cristiana La base absoluta de la

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ética cristiana es Dios. No hay otro estándar o ley más allá de Dios. La ley, tal cual se la revela en las Escrituras, está basada en el carácter de Dios. Los atri- butos mayores de Dios, señalados tanto en el Antiguo Testamento como en el Nuevo, son el amor y la justicia (Éxo. 34:6-7; 1 Juan 4:8;Apoc. 16:7;19:2).

Puede considerarse al amor como el resumen de la ley, mientras que la jus- ticia define su contenido.27 La historia bíblica es una muestra del amor y la

justicia en acción, al relacionarse Dios con un mundo que sólo piensa en sí,

en medio del pecado.

El concepto de "amor", así como el concepto de "dios", es una idea sin sig- nificado a menos que se la defina. El cristiano bíblico mira a la Biblia para tener la definición de amor, porque allí está el Dios que es amor y se ha reve- lado a sí mismo en una forma concreta y entendible a la mente humana. Se puede estudiar el amor cristiano en 1 Corintios 13, en las acciones y actitu- des expresadas por Jesús (Lucas15 presenta bastante en este punto), y en el

significado subyacente en los Diez Mandamientos. Aun un corto estudio revelará que hay una notable diferencia cualitativa entre lo que los seres

humanos a menudo llaman amor, y el concepto bíblico de amor divino, que obra para el bien de los otros, aun de los que generalmente se piensa que son enemigos. John Powell captó la esencia del amor divino cuando señaló que el amor se concentra en la acción de dar en lugar de la de recibir.2 8

Asimismo, Anders Nygren, en su importante estudio del amor humano y el amor divino, concluyó que "no puede haber ninguna síntesis real entre dos fuerzas que son completamente contrarias entre ambas, como eros [el

amor humano que busca obtener una recompensa del objeto de su aten-

ción] y agape [el amor divino que encuentra su gozo en dar al objeto de su atención]". El eros comienza con un sentido de pobreza y vacío y busca a Dios y a otras personas a fin de encontrar satisfacción para sus propias nece- sidades; mientras que el agape, "siendo rico en gracia divina, se derrama a sí mismo en amor" hacia otros.29Así el amor cristiano es radicalmente diferen- te de lo que generalmente se piensa que es el amor humano.

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Carl Henry apropiadamente escribió que "la ética cristiana es una ética del servicio".3 0 La expresión más básica de esta ética se encuentra en los dos

grandes mandamientos de Cristo: amor a Dios y amor a los seres humanos (Mat.22:37-40).Algunos cristianos consideran a los Diez Mandamientos

como la declaración básica de la ética cristiana. En esto yerran. El Nuevo Testamento hace evidente que el amor es el cumplimiento de la ley (Rom.

13:9;Gál.5:14).Se puede considerar que los Diez Mandamientos delinean y particularizan la Ley de Amor. Los primeros cuatro mandamientos explican los deberes de una persona referentes al amor a Dios, mientras que los últi- mos seis explican los aspectos del amor de una persona a otros individuos.

En cierto sentido, los Diez Mandamientos pueden considerarse como la

explicación negativa de la Ley de Amor y como un intento de dar a las per- sonas una guía definida que ellas puedan captar en forma concreta.

Parte del problema con esta expresión negativa como base ética es que los seres humanos siempre están buscando saber cuándo pueden dejar de amar a su prójimo, cuándo se ha llegado al límite. La pregunta de Pedro en cuanto a los límites del perdón es un ejemplo. Pedro, al igual que todos los individuos "naturales" estaba más interesado en cuándo podía dejar de amar a su prójimo que en cómo podía continuar amándolo (Mat.18:21-35).La res-

puesta de Cristo es que no hay límite para el amor cristiano. Nunca hay un

tiempo cuando podemos dejar de amar y liberarnos para mostrar nuestro

"verdadero yo". Este es el mensaje de los dos grandes mandamientos. El amor cristiano positivo es una actitud de la mente y del corazón que nunca se puede cortar de la vida cristiana. Es una relación en constante cre- cimiento tanto con Dios como con otras personas.Así como Dios busca sus ovejas perdidas, así como Jesús murió por nosotros mientras aún éramos sus enemigos, así también nosotros debemos, con amor desinteresado, buscar relacionarnos con otros.

En este punto debemos notar que la instrucción bíblica -"sed, pues,

vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto"- fue dado en el contexto de amar al enemigo (Mat.5:43-48).El amor perfec-

to, como Dios lo define, es el ideal ético cristiano. Refiriéndose a lo mismo, Jesús implicó en su parábola de las ovejas y los cabritos, que el amor cristia- no en acción es la única base para su juicio final (Mat.25:31-46;véase tam-

bién Santiago1:27).Esto no debería ser interpretado como salvación por

obras. La ayuda de un cristiano a otro individuo debería ser vista como una muestra de interés y cuidado por otra persona debido a la aceptación per- sonal del amor de Dios. Es una respuesta activa de amor concreto hacia otras personas porque reconocemos, aceptamos y nos apropiamos del amor de

UN PLA NTEA MIENTO CRI STIA NO DE LA FILOSOF ÍA • 197

Dios en nuestras vidas. Es la respuesta de una persona que ha sido justifica- da por fe mediante la gracia. En este contexto nos damos cuenta de que el amor a Dios no puede estar separado de ninguna manera del amor hacia las demás personas.

La tensión legalismo-antinominianismo. Un área de la ética muy difícilpara

muchos cristianos es vivir la vida cristiana sin sucumbir ante las trampas polares de la ética cristiana: el legalismo y el antinomianismo. El legalismo ve la Biblia y la ley de la misma manera como la vieron los fariseos en el tiem- po de Cristo. El legalista ve la Biblia como el libro de reglas éticas que ofre- ce un consejo para cada caso que surja. Desde la perspectiva del legalismo, las reglas son extremadamente importantes y las personas deben estar bajo su jurisdicción de manera inflexible. ("Lo que es correcto es correcto; no tra- tes de explicar tus acciones basado en circunstancias especiales".) El extre- mo opuesto es el antinomianismo, que rechaza toda la ley moral y no tiene lugar para principios universales.

Arthur Holmes ha hecho notar que el legalismo podría ser definido como un absolutismo ilimitado, mientras que el antinomianismo es el relativismo ilimitado.31Jesús rechazó el absolutismo ilimitado, y su vida fue una conde- na continua a los fariseos, que seguían mil leyes pero no amaban ni a Dios ni a los hombres. Un ejemplo de este rechazo se encuentra en la relación de Cristo hacia el sábado. En vista de los eventos de Marcos 2 y 3, Jesús enun- ció los principios de que "el sábado por causa del hombre fue hecho", y de que se puede trabajar en sábado si uno está haciendo un bien para otra per- sona (Marc. 2:23-3:6). En efecto, Jesús está diciendo que los seres humanos son más importantes que las reglas y que ciertas situaciones pueden hacer permisible romper la letra de la ley De ninguna manera Jesús es un absolu- tista o un legalista ilimitado.

Por otro lado, tampoco puede Jesús ser clasificado como un relativista ili- mitado o un antinomianista. El declaró en el Sermón del Monte que no había venido para destruir la ley, y cerca del final de su carrera terrenal dijo que

había guardado la ley de su Padre y que sus seguidores debían hacer lo

mismo (Mat.5:17;Juan15:10).

Holmes le ha puesto un nombre al intento de colocarse entre los extre- mos polares del absolutismo ilimitado y el relativismo ilimitado: el relativis- mo limitado.32Una expresión moderna de esta posición se ve en la escuela de pensamiento que sostiene la ética situacional. La esencia de la ética situa- cional, declara Joseph Fletcher, uno de sus mayores exponentes, es que "todo y todos están en lo correcto o lo incorrecto, de acuerdo con la situación". Él asevera que la buena acción debe ser el acto de más amor y cuidado.3 3

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La ética situacional está en lo correcto en su repudio del legalismo y en su admisión de una relatividad ética limitada. Su mayor problema es que rechaza los principios y reglas morales y consecuentemente extiende el rela- tivismo a toda cuestión moral específica.34 Por lo tanto, la ética situacional mal interpreta el amor cristiano. Como se notó anteriormente, la Biblia

nunca separa el amor de la ley moral. Por el contrario, repetidamente une los dos. El amor, desde la perspectiva de Cristo, era el cumplimiento y la expre- sión total de los mandamientos. La posición bíblica rechaza el relativismo limitado, o la ética situacional, con su inhabilidad de fijar límites morales.

Si no fueran todos los valores y las reglas de conducta absolutos, entonces se daría por sentado que lo que las personas necesitan son absolutos limita- dos en lugar de los absolutos ilimitados de los legalistas. Una cuarta posición ética, una que se alinea mejor con la posición bíblica, podría ser llamada el absolutismo limitado. Esta posición permite que el amor retenga su conteni- do cognoscitivo tal como se expresa en las acciones y actitudes de Dios y en los Diez Mandamientos. Retiene los principios universales eternos para la

aplicación de la ley a diferentes situaciones, mientras que provee de libertad al cristiano allí donde la ley permanece en silencio. Por lo tanto, el absolutis- mo limitado, permite navegar entre los peligros del legalismo y el relativismo, y señala una solución "por la cual el relativismo está limitado por las leyes".

De acuerdo con Holmes, el absolutismo limitado permite varios tipos de relatividad: (1) relatividad en aplicar los principios universales a situaciones únicas (por ejemplo, Cristo ilustró que hay veces cuando el trabajo puede y debe hacerse en sábado); (2) relatividad en nuestro entendimiento de prin- cipios éticos y cómo estos principios fueron aplicados en forma diferente en los períodos diferentes de la historia (por ejemplo, la posición bíblica sobre la esclavitud y la poligamia); y (3) la relatividad en cuestiones morales que se

deben a diferencias en cultura en lugar de diferencias en principios (por

ejemplo, las prácticas bíblicas sobre el cortejo y el casamiento comparados con los nuestros).

Al mismo tiempo, continúa diciendo Holmes, la ética bíblica del absolu- tismo limitado también afirma elementos absolutos: (1) el carácter incam- biable de Dios, quien articula la ley no como un código arbitrario, sino como una guía sabia para la vida humana; y (2) la ley moral como fue dada en la

Ley de Amor y los Diez Mandamientos, interpretados en el Sermón del

Monte, y aplicada a situaciones históricas en los escritos proféticos y apos- tólicos.3s

Algunas observaciones éticas adicionales.Antes de concluir nuestra dis- cusión sobre ética cristiana, hay varios puntos más que deben considerarse

UN PLANTEAMIENTO CRISTIANO DE LA FILOSOFÍA • 199

brevemente. En primer lugar, la ética bíblica es interna en lugar de externa. Jesús declaró que el tener pensamientos de odio o adulterio era tan inmoral como el acto en sí mismo. También dijo que de la abundancia del corazón habla la boca (Mat. 5:21-28; 12:34). Las acciones externas, desde la perspec- tiva bíblica, son el resultado de las actitudes mentales de la persona. "En rela- ción con la moral,

el pensamiento es la clave.

El odio no lleva solamente al homicidio; moralmente

es

homicidio".3G De esta manera, la ética bíblica va mucho más profundo que el modelo provisto por el conductista en sicolo- gía. La ética cristiana señala más allá de los hechos abiertos y de sus conse- cuencias, al ámbito de los pensamientos y los motivos. En este sentido, es una ética muy demandante.

En segundo lugar, la ética cristiana está basada en relaciones personales tanto para con Dios como para con los demás. Involucra atender a los demás y no puede satisfacerse con una relación meramente legal y/o mecánica. Por necesidad, nuestra relación con otros debería ser legal, pero más allá de esto también debería ser personal.

En tercer lugar, la ética bíblica está basada en el hecho de que todo indi- viduo es creado a imagen de Dios y puede razonar de causa a efecto y tomar decisiones morales. Los individuos pueden, por lo tanto, vivir moralmente dentro de un marco de absolutismo limitado. La conducta ética es más que

seguir reglas y leyes en términos de recompensa y castigo (por ejemplo,

cielo e infierno). Es un proceso inteligente. Una moralidad irracional es una contradicción de términos.

En cuarto lugar, la moralidad cristiana no se preocupa solamente con el bien de las personas. Quiere lo mejor. C. S. Lewis relata la historia del niño a

quien se le preguntó cómo pensaba que era Dios. "El contestó que, hasta

donde él podía saber, Dios era `la clase de persona que está siempre espian- do para ver si alguien está pasándola bien y luego para tratar de que no sea

así"'. La ética cristiana, por el contrario, no es algo que interfiere con la

buena vida. "En realidad, las reglas morales son instrucciones para hacer mar- char la maquinaria humana. Cada regla moral está allí para prevenir que el funcionamiento de esa máquina se detenga, o se fuerce, o que haya una fric-

ción".37La ética cristiana debería ser vista desde una perspectiva positiva en

lugar de negativa. Un corolario de esta posición es que lo principal en nues- tra vida cristiana no es que hemos muerto a la vida antigua, sino que hemos nacido de nuevo a una nueva forma de vida. Muy a menudo los cristianos miran la moralidad desde un punto de vista negativo. El crecimiento cristia- no no viene de lo que no hacemos. Por el contrario es un producto de lo que activamente hacemos en nuestras vidas diarias. La ética cristiana es una ética

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