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EN CASA: QUÉ HACER Y NO HACER 

In document Educacion - Tecnicas de Estudio Eficaces (página 98-101)

Ninguna técnica para mejorar las condiciones de aprendizaje es generalizable a todas las familias, y cualquier consejo puede variar en la forma, intensidad, calidad, persistencia y continuidad con la que cada una las aplique, lo que sin duda condiciona su eficacia. Incluso otros factores externos o la no implicación de su hijo pueden hacer fracasar el plan, precisándose paciencia y persistencia hasta tener éxito. Las amilias  suelen atravesar diferentes estados o momentos  en la etapa escolar, pudiendo aparecer una o varias de las siguientes situaciones:

Conducta y actitud de evitación, cuando no se colabora o implica en la educación del niño o se delega en uno de los progenitores (yo no entiendo de esto; es mi mujer la que se ocupa del colegio; tú tienes más tiempo…).

Actuación solo en caso de malos resultados o alerta en el centro escolar (caso de alumnos que al empezar a suspender empiezan a recibir interés y atención en casa respecto a los estudios, casi siempre demasiado tarde).

Culpabilización al otro progenitor, bien por no haber colaborado, o desde el otro lado por no haber sabido gestionar bien el tema de los estudios (nunca te han interesado sus estudios; no has sabido encargarte de él; dijiste que le ibas a ayudar y no lo has hecho bien, es culpa tuya).

Actuaciones exageradas, que además no se cumplen y que suelen darse cuando ya es demasiado tarde (no sé por qué lo he dejado en tus manos, a partir de mañana me encargo yo y no sale de casa ni ve la tele hasta que apruebe todo).

En su colegio o entorno, dispondrá de profesionales (psicólogos, pedagogos y trabajadores sociales) que puedan conocer y evaluar la situación individual en el centro y en casa, y puedan complementar este enfoque general y establecer con usted el mejor plan individualizado de intervención y mejora para su hijo.

Respecto a los deberes, es la valoración que cada familia haga de su situación, unto con los consejos y metodología elegida por los profesores, lo que hará tomar la mejor decisión (por ejemplo, si el profesor opta por mandar deberes no es recomendable que usted se posicione en contra y su hijo no los haga, entrando así en conflicto con la metodología del colegio y anulando el principio de cooperación y coherencia educativa). Que se trabaje en casa es positivo, adquiriendo un hábito de esfuerzo le beneficiará a corto y largo plazo. La cantidad y tipo de deberes, y cuidar las condiciones en las que los hace, es lo que determina que la medida sea o no buena.

En esta temática hay otro error frecuente que muchos padres cometen con la mejor de las intenciones, y que ya se ha comentado previamente, como es realizar

con sus hijos los deberes. La clave es “ayudar en los estudios, pero sin hacer los deberes de sus hijos”. Los padres pueden guiar en edades más infantiles, enseñarles un método de trabajo en casa, apoyarles en el esfuerzo y rutina, pero nunca como un factor participante continuo. Enseñe, permita y exija progresivamente a su hijo que decida y gestione su tiempo, aprendiendo las consecuencias negativas de no cumplir con la parte más aburrida. No haga dependiente a su hijo de usted a la hora de hacer los deberes ni otras cosas que pueda y deba hacer solo.

Ya se ha puesto algún ejemplo de alumnos que han sido acompañados de forma constante, y que fracasan estrepitosamente en la educación secundaria o universidad, donde de repente, ese apoyo ya no está en la mesa sentado junto a él, diciéndole lo que debe hacer o animándole en voz alta. De hecho, en estos casos el control en otras facetas de la vida suele ser también sobreprotector (controlar de forma extrema dónde y con quién está, qué hace, y tomar decisiones por ellos), con lo que la etapa universitaria, sobre todo si el lugar de residencia es distinto del familiar, es visto como una etapa de “liberación”. Francamente, es muy improbable que un joven pase de repente a llevar de forma responsable el timón de su vida, ni en estudios ni en hábitos, relaciones sociales y conductas saludables, cuando nunca se le ha dejado ni exigido hacerlo y asumir las consecuencias.

“Si, pero es que si no estoy con él haciendo los deberes, no lo entiende y no hace nada, o se nos hace tardísimo”. Por desgracia, las personas nos acostumbramos a lo

bueno y no toleramos la frustración ni las tareas que nos cuestan. A veces ponemos un ejemplo para que estos padres vayan “desenganchando” a sus hijos de la ayuda a la que ya se habían acostumbrado. Les pedimos que se sienten en la mesa, pero en vez de leer sus deberes, que dejen que los hagan solos, y ellos mientras escriban sus cosas en un cuaderno o se lean un libro. Progresivamente, el alumno irá siendo más autónomo, y tolerará que su madre o padre esté en la habitación pero sentado más lejos, y después que lea ese libro en otra habitación, y al final que se esté relajando o haciendo cosas por casa, acudiendo solo en caso de alguna necesidad o duda. En estas situaciones, hay que enseñar a un alumno cómo se resuelve una duda, siempre por supuesto teniendo en cuenta su edad y habiéndole enseñado antes las habilidades que luego se le exigen. “Busca en el diccionario” en vez de “vamos a buscarlo”, “tal vez lo encuentres en internet” en vez de “voy a buscártelo”, etc., son ejemplos de cómo

dotar de progresiva autonomía a su hijo.

Crea a los expertos: la autonomía solo aparece ante la necesidad de crearla, sino, la comodidad suele ganar. Realizando una tarea a solas es cuando se va completando el proceso de aprendizaje: en casa aparecen dudas, hay que resolverlas repasando lo explicado en clase (si no cogió apuntes comprobará las consecuencias negativas y se esforzará la próxima vez), y si eso no es suficiente, al día siguiente tendrá que preguntar al profesor y reconocer con naturalidad y sin que pase nada que no supo hacerlo. Parece que tenemos miedo a decir “no lo he hecho porque no sabía” o “no lo entiendo”. Conocemos casos de padres que hacen los deberes de sus hijos y

tratan de engañarnos conjuntamente: ¿de verdad cree que enseñar a su hijo a mentir es la mejor solución, en vez de enseñarle que no pasa nada por decir que existen dudas? Los profesores mandamos deberes, entre otros motivos, para conocer y evaluar en qué medida un alumno ha entendido la tarea y contenidos. Si los alumnos vienen a clase con la tarea bien hecha, porque sus padres les han ayudado, ¿dónde queda ese importante proceso de corregir en voz alta, y enseñar al alumno a aprender de sus errores?

Tolerar la frustración, el error y la duda, es esencial y bueno para el desarrollo y madurez. No prive a sus hijos de experiencias o sentimientos negativos. Enséñele a reconocerlos, valorarlos, aceptarlos y aprender de ellos y obtener un resultado positivo de las dificultades. Cuando experimente de joven o adulto un problema realmente serio, esa fortaleza de su estructura interna gestada desde pequeño marcará la diferencia en cuanto al afrontamiento de las dificultades y la responsable búsqueda de soluciones.

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