• No se han encontrado resultados

El “Caso Preciado” a la luz del “principio de autocobaya”.

CONSIDERACIONES TECNO-BIO-GRAFO POLÍTICAS DE LAS TECNOLOGÍAS DEL

2. Corporalidades (in)apropiadas e (in)apropiables: el corpus de la escritura.

2.1. El “Caso Preciado” a la luz del “principio de autocobaya”.

Tras señalar la necesidad de situar el análisis de las biotec- nologías farmacopornográficas en el marco de una tercera (y nueva) episteme postmoneyista, Preciado extrae (y acusa) una consecuencia fundamental: Foucault, limitando su análisis a las tecnologías propias del siglo XVIII y XIX, no sólo no habría podido dar cuenta de la especificidad de su contemporaneidad bio-tecnológica y farmacopornográfica, sino que como con-

secuencia de ello, su propuesta teórica adolece de una doble miopía. Por un lado, el corpus foucaultiano se muestra como incapaz de alumbrar la existencia de los movimientos (ni de los sujetos y voces) de la disidencia sexual de su propia con- temporaneidad, incluso lo acusará de “acallar el grito de los movimientos sexuales vivos”20; por el otro, y como consecuen- cia de lo anterior, el dispositivo textual de Foucault padecería también de una miopía constitutiva para leer –y por tanto, ins- cribir– las (nuevas) estrategias de resistencia inmanentes a la regulación fluída y bio-tecnopolítica del tardocapitalismo:

Pero el cuerpo farmacopornográfico, como antes el cuerpo sexo-disciplinado de finales del siglo XIX, y a diferencia de lo afirmado por Foucault, no es dócil. No es un simple efecto de los sistemas farmacopornográficos de control, sino que es primero y ante todo potencia de vida, potentia

gaudendi que aspira a transferirse a todo y a todos, ganas

de correrse con el universo, fuerza de transformación del todo planetario tenocultural interconectado.21

Aún cuando la dirección hegemónica de estas tecnologías es la “producción de una prótesis política viva: un cuerpo suficien- temente dócil como para poner su potentia gaudendi”, el mismo se presentará como la ocasión de “agenciamientos colectivos” y “resignificaciones apropiadoras”. El cuerpo farmacoporno- gráfico está abierto a esa inmensa potencia de vida que, como dijera Nietzsche, quiere transformarse y devenir22. En este flujo farmacopornográfico: “el cuerpo, los cuerpos de todos y cada uno de nosotros, son los preciosos enclaves en los que se libran complejas transacciones de poder. Mi cuerpo = el cuerpo de la multitud”.23 La (de)construcción de la programación de género

20.  Cf. B. Preciado: "Biopolítica del género" en Ají de Pollo (eds), Biopolítica, ed. cit.

21.  B. Preciado, Testoyonki, ed. cit, p. 90.

22.  Cf. F. Niezsche, "De la superación de sí mismo", en Así habló Zaratustra, trad. A. Sánchez Pascual, Madrid, Altaya, 1997.

se apoya en las mismas herramientas o condicionamientos que parecerían inexorables, y que se dan citan en el locus de nuestra corporalidad. De allí que, concluya Preciado, sea “necesario desarrollar micropolíticas del género, del sexo y de la sexuali- dad, basadas en prácticas de autoexperimentación (más que de representación) intencionales que se definan por su capacidad de rechazar y de resistir a la norma, de crear nuevos planos de acción y de subjetivación”24.

En este sentido, los procesos deconstructivos de nuestra naturaleza-corporal no sólo reproducen los códigos hegemó- nicos de los sexo-géneros, sino que, en ocasiones, incluso los sub-vierten, los transfiguran. Como señala Cabral, la estrategia textual de Preciado radica en construir una narración que visi- bilice “la ambivalencia constitutiva del régimen tecnobiopolíti- co”25. De este modo, los códigos de feminidad y/o masculinidad se “revelan” (o se producen en la re-presentación narrativa de ellos) como pasibles de ser reapropiados de manera “inapro- piada”, es decir, por cuerpos y subjetividades “im(propias)”, no exitosamente normalizas, más o menos “perversas”, “inade- cuadas” o “anormales” en términos de la orientación hegemó- nica de nuestras prácticas, tecnologías y códigos de legibilidad corporales, afectivos, estilísticos, o narrativos. Así, por ejemplo, la pornografía, la arquitectura, así como las nuevas tecnologías quirúrgicas y farmacológicas que producen al cuerpo como locus de aplicación del poder normalizador de los biocódigos de género, acaban por instituir las condiciones de posiblidad (esquiva pero indócil) de la materialización de encarnaciones, o modos de ser –y hacer(se)– cuerpos “inapropiados” (para el dispositivo normalizador), incluso, dirá Preciado, “auto-dise- ñados”, “contra-naturales” y “bioterroristas”. Cuerpos que, como explica Lohana, “cada uno o cada una lo construye como puede o como se le da la gana o con las herramientas que ten-

24.  B. Preciado, Testoyonki, ed. cit., p. 255.

25.  M. Cabral, "Salvar las distancias. Apuntes acerca de 'Biopolíticas del género'" en Aji de pollo (eds), Biopolítica, ed. cit.

ga”26. Y dicha (de)construcción se apoya en esos mismos ele- mentos o condicionamientos que parecían ser inexorables, y que se muestran, sin embargo, fallidos, vulnerables, “re-apro- piados” en el modo de la diferencia, de una transformación corporal que no reproduce los códigos hegemónicos de los géneros, y que se abre a una re-inscripción textual y corporal resistente a los ideales e imperativos culturales hegemónicos.

Las prácticas de (auto)experimentación, en las que se abre la potencia de la subversión, encuentran su justificación metodólogica y micropolítica, así como su inscripción au- to-bio-hetero-gráfica en lo que Preciado denomina el “princi- pio de autocobaya”:

Este principio de autocobaya como modo de producción de saber y transformación política, expulsado de las narrativas dominantes de la filosofía contemporánea, re- sultará decisivo en la construcción de las prácticas y los discursos del feminismo, de los movimientos de libera- ción de minorías sexuales, raciales y políticas. … El que quiera ser sujeto de los político que empiece por ser rata de su propio laboratorio27.

Este principio de autoexperimetación, nos advierte lx autorx, no es sólo central a la hora de explorar las prácticas bioterroristas que tiene la capacidad de trastocar las normas sexo-generizadas para producir nuevas corporalidad y nuevos modos de hacer subjetividad, se convierte también en un imperativo escritural. No sólo rige la economía de las prácticas (corporales de sí) sino que también ordena una inscripción genealógico-comunitaria en la que la primera persona del singular se extasía y (se) expo- ne a la primera persona del plural. El principio teórico-práctico que ordena producir un saber y una transformación política a partir de la auto-experimentación y la auto-inscripción escritu- ral en una genealogía común al feminismo y los movimientos 26.  L. Berkins, “Un itinerario político del travestismo” en: D. Maffía (comp), Sexualidades migrantes. Género y transgénero, Bs. As., Feminaria editora, 2003. 27.  B. Preciado, Testoyonki, ed. cit., p. 248. La negrita es mía.

de la diversidad sexual contemporáneos, tensa (nuevamente) los hilos que anudan la trama entre el yo y el nosotros, entre la auto-biografía y la hetero-grafía, entre unx y lxs otrxs. Dice Preciado al inicio de Testoyonki:

No me interesa lo que de individual hay en ellos, sino cómo son atravesados por lo que no es mío. (...) Si el lector encuentra dispuestos aquí, sin solución de continuidad, reflexiones filosóficas, narraciones de sesiones de admi- nistración de hormonas y relatos detallados de prácticas sexuales es simplemente porque este es el modo en el que se construye y se deconstruye la subjetividad. 28

Los ejercicios experimentales de auto-constitución corpo-es- criturales entretejen el Corpus-Preciado: un cuerpo en el que convergen belicosamente lo individual y lo común, el sí mismo y el otro, el “yo” y el “nosotrxs”. La construcción escritural de este “caso Preciado”, inserto en ese doble vector de “lo indi- vidual” y lo “común”, del “yo” y el “otro”, nos enfrenta a la pregunta por la producción bio-escritural de un “nosotrxs” que colectiviza una serie de prácticas, experiencias, corporalidades y narraciones que no son propias, y que aún así, consituyen su locus discursivo y su apuesta teórico-práctica. El sujeto político “Beto/Beatriz Preciado” emerge en la tensión en el que la tecno- logía corpo-escritural de sí (la inscripción narrativa y el análisis de la experiencia de autointoxicación voluntaria y afecciones se- xo-afectivas en el marco del dispositivo bio-tecno-político de su tiempo) deviene, de manera inevitable, tecnología del nosotrxs.29

28.  B. Preciado, Testoyonki, ed. cit., pp. 15-16. Cabe recordar aquí que Testoyonki se auto(re)presenta como un escrito de "autoteoría" y "ficción autopolítica" en la que B.P. relata-ficcionaliza-analiza-propone un protocolo de autointoxicación a base de testosterona. En este sentido, lx autorx despliega un experimento auto-hetero-corpo-escritural en el que se pone a rodar el dispositivo (hermenéutico) de la "era farmacopornográfica". 29.  A propósito de esto, cabe señalar la doble inscripción genealógica que Preciado opera en la construcción del “caso-texto-corporal-Agnès”. El análisis de la historia (genealógica) de Agnès le permite desplegar no sólo algunas de las claves de inteligibilidad de la (auto)construcción de nuestros cuerpos

Y esto porque el mentado principio de autocobaya, decíamos, no rige sólo la práctica de autointoxicación voluntaria, sino también la de una auto-inscripción genealógica. Genealogía en sentido doblemente foucaultiano. Por un lado, es genealógica en el sentido de que “no deducirá de la forma de lo que somos lo que nos es imposible hacer o conocer: sino que extraerá de la contingencia que nos hizo ser lo que somos la posibilidad de ya no ser, hacer o pensar lo que somos, hacemos o pensamos” 30; de allí que se abocará a mostrar el carácter producido (y no dado) de lo que somos, alumbrando los principios y dispositi- vos –muchas veces invisibles– que nos construyen –y limitan–. Por otro lado, la inscripción auto-hetero-gráfica de Preciado es genealógica en tanto inscribe la narración de sí “autoteórica” en el marco comunitario de una historia y lucha compartida, la de los movimientos feministas y de la diversidad sexual, ie. la de un colectivo (fantasmático también) en el que se disputa el “nosotrxs” que colectiviza la escritura, y cuya apropiación representa no sólo una apuesta política, ética, escritural, sino también un riesgo, y un llamado, del que no debemos rehuir. Y aquí cabe recuperar, hacer(se) eco, una y otra vez, de la ad- vertencia de M. Cabral a propósito de “la naturalización de devenir objeto apropiado de las experiencias trans e intersex para la teoría queer, su colectivización habitual en términos de las expresiones institucionalizadas de esa teoría”31. Este ries- go “apropiador” es el peligro que corre todo texto que intenta enunciar, y colectivizar, la experiencia, el nombre, el texto, el en la era de la bio-tecno-política, sino que también oficia de puente con ese colectivo, ese "nosotrxs", en la que se inscribe el texto-yonki: la comunidad de la disidencia sexual (en este caso en particular). Sin esta doble escritura genealógica, posada en el análisis de las tecnologías del cuerpo y en la (re) construcción ético-política de un "nosotrxs" disidente, Preciado no podría emerger ella misma como un otro-caso en el que se despliega la potencia (a la vez normalizadora y resistente) de la episteme farmacopornográfica. 30.  M Foucault, "¿Qué es la ilustración?" (versión 1984), en ¿Qué es la ilustración?, Madrid, Ediciones de La piqueta, 1996, p. 105.

31.  M. Cabral, Salvar las distancias. Apuntes acerca de 'Biopolíticas del género'" en Aji de pollo (eds), Biopolítica, ed. cit., p. p. 134.

sexo, el cuerpo, o el verbo del otrx. Entonces, repreguntemos, ¿qué (no) puede un cuerpo escritural? ¿De qué y quienes pue- de apropiarse nuestros textos?

2.2. La lógica bio-tanato-gráfica de la producción (resis-